CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Viaje
alucinante
Un particular
recorrido sentimental por una década tantas veces revisitada
como los 60 siguiendo los pasos de los temas de los Beatles,
alentado por los aires de nuevos tiempos y rupturas que
planearon sobre la eclosión y evolución del cuarteto inglés, es
lo que propone Julie Taymor en este viaje alucinante
llamado “Across the universe”. La inspiración en imágenes de un
larguísimo repertorio de canciones es la base a esta historia de
unos jóvenes que, de Liverpool a Nueva York, se ven inmersos en
los principales hechos cambiantes de la época.
La directora
Julie Taymor ha sido la responsable de dos irregulares
largometrajes: "Titus",
la muy peculiar adaptación de Shakespeare, y
"Frida",
biopic de la célebre pintora mexicana Frida Kahlo, obras de
resultados objetables pero que, ante todo, dejaban la sensación
de estar ante una autora de innegable sensibilidad visual,
propiciada además por los terrenos en los que se movía, como
eran la fastuosa Roma Imperial y la rica paleta cromática que
rodea la vida de Frida Kahlo. Lo intuido en aquellos primeros
trabajos se confirma en “Across the universe”, y Taymor,
prestigiosa escenógrafa teatral, despliega en la pantalla una
estimable capacidad para traducir en imágenes las canciones, con
los recuerdos y lugares comunes más recurrentes de aquellos años
como telón de fondo.
De esta
forma, la brillante factura visual es lo más destacado de una
cinta que, sin embargo, adolece de un guión limitado a una
historia que pronto se agota en sí misma y al repaso más
bien superficial de algunos acontecimientos e ideas de la década
—de los disturbios raciales a las protestas por la Guerra del
Vietnam—. Al parecer los continuos enfrentamientos entre la
producción y la realizadora, y la postura irreconciliable
respecto al montaje final retrasaron su estreno más de un año.
Finalmente, después de varios pases de prueba, llegó a las salas
una versión más extendida tal y como quería Taymor, pero estos
problemas suelen ser un mal augurio, como una vez más así se ha
confirmado. Algunas secuencias adquieren una considerable
fuerza, incluso varios momentos inspirados por las canciones se
convierten en pequeñas piezas de arte —mención especial para la
puesta en escena de “Strawberry fields forever"—, con una
excelente fotografía del francés Bruno Delbonnel
—responsable de "Amelie"
y "Largo domingo de noviazgo"—,
pero el conjunto parece no poder evitar caer en lo pretencioso,
en la cursilería y en cierta autoconciencia de estar haciendo
una obra única.
El hecho de
no dominar el sentido de las letras de los Beatles, o estar un
tanto al margen de su extendido imaginario, no impide dejarse
llevar por su identificación con los sinsabores de una década
cargada de acontecimientos de la que somos directamente
herederos. Sin duda más de una referencia puede escaparse, pero
el sentido global que estas canciones han adquirido con el paso
del tiempo en la conciencia colectiva encaja con los cambios,
estados de ánimo y rebeldía que acompañan. Se pueden escuchar
hasta 33 versiones, entre las que destaca la de un transformado
Joe Cocker de “Come together”. Este proyecto pretende sumarse a
la ya lejana estela del éxito de "Moulin Rouge",
adaptaciones de temas conocidos, fragmentación videoclipera y
montaje mareante, pero se olvida que aquel film funcionó en
buena medida por la química que desprendía la pareja Ewan
McGregor y Nicole Kidman en su mejor momento y el encanto de su
historia de amor. En esta ocasión, Evan Rachel Wood y
Jim Sturgess cumplen con corrección pero sin excesivo
carisma en el papel de unos jóvenes de distinta extracción
social que conviven en el Greenwich Village de Nueva York y sus
poco inspiradas complicaciones sentimentales.
Por tanto, el
discutible resultado parece destinado a interesados en nuevas
experiencias visuales, amantes de los Beatles —siempre y cuando
sus acérrimos seguidores estén dispuestos a aceptar versiones
más que curiosas, si bien es cierto que cada vez que suenan todo
parece animarse, y ésta es su gran baza— y nostálgicos de la
aureola que rodea aquellos años. La directora se esfuerza en
destacar una y otra vez los efluvios psicodélicos en los que se
ven envueltos sus personajes, y si por psicodelia entendemos la
recién incorporada definición de la RAE —capaz de arrancar una
sonrisa— como una tendencia surgida en los 60 caracterizada por
«la excitación extrema de los sentidos, estimulados por drogas
alucinógenas, música estridente, colores cambiantes», en el film
se pueden encontrar estos y otros muchos tópicos asociados a
aquella década.
Experimentos como “Across the universe” llevan a preguntarse una
vez más si el Musical como género está definitivamente
desaparecido. Por supuesto que cada año llegan a la pantalla
las correspondientes adaptaciones de éxitos de Broadway —algunos
de los clásicos también lo eran—, dirigidas con frecuencia con
eficacia, pero más allá de casos puntuales, los especialistas
del género como tal, los nombres de realizadores o intérpretes
identificables de inmediato con la magia del Musical, parecen
haberse extinguido. El último de esos grandes nombres, Bob
Fosse, firmó su testamento al respecto, la magnífica “Empieza el
espectáculo”, hace más de dos décadas. Este inexplicable y
aparente temor al Musical clásico se traduce en multitud de
cintas, muchas exitosas, que simplemente yuxtaponen canciones
conocidas en boca de sus interpretes, que se esfuerzan por
cantar y ejecutar pasos de baile. ¿Quiénes serían los Gene Kelly
o Stanley Donen de nuestra época? El genio irrepetible de
Vincente Minnelli ha resultado precisamente eso, irrepetible.
Calificación:
    
Imágenes
de "Across the universe" - Copyright © 2007
Revolution Studios, Matthew Gross/Team Todd Productions.
Fotos por Abbot Genser. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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