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Dirección: Peter Hedges.
País: USA.
Año:
2007.
Duración: 98 min.
Género:
Comedia dramática.
Interpretación: Steve Carell (Dan Burns),
Juliette Binoche (Marie), Dane Cook (Mitch Burns), Dianne Wiest
(Nana), John Mahoney (Poppy), Emily Blunt (Ruthie Draper),
Alison Pill (Jane), Brittany Robertson (Cara), Marlene Lawston
(Lilly), Norbert Leo Butz (Clay), Amy Ryan (Eileen), Jessica
Hecht (Amy).
Guión: Peter Hedges y Pierce
Gardner.
Producción: Jon Shestack y Brad
Epstein.
Música: Sondre Lerche.
Fotografía: Lawrence Sher.
Montaje: Sarah Flack.
Diseño de producción: Sarah Knowles.
Vestuario: Alix Friedberg.
Estreno en USA: 26 Octubre 2007.
Estreno en España: 19 Marzo 2008. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Parece mentira que
Peter Hedges fuese el
guionista de
"Un
niño grande"
(2002), pues su nueva película, “Como la vida misma”, constituye
el reverso de la primera en su manera de interpretar los
romances y las comedias. Mientras otros se amargan con los años,
él necesita azucarar su vida —trayecto que comenzó en
"Retrato
de April"
(2003), su debut en la dirección— hasta creerse que el
fantabuloso nirvana de esta historia ¿cotidiana? está al
alcance de su mano. El terreno de los personajes denominados
“perdedores” requiere de mirada experta, sabia y comprensiva, no
piadosa, feérica o diletante de las modas. A caballo entre el
absurdo y la Cenicienta, este cuento de hora y media dilata el
contenido típico de las ilusiones infantiles, precisamente
trasladadas a un personaje adulto que sufre el desprecio de
allegados y familiares.
Tan
desdichado hombre es Dan (Steve Carell),
un columnista viudo que carga con tres hijas, en dos tercios
hormonadas e insoportables. Las vacaciones familiares en la
casa de los abuelos, según la tradición estadounidense,
propicia un microclima de fingida felicidad, donde los
premios se aplauden sin emoción y las afrentas provocan
violentos odios y cruce de puñales verbales. Ahora que se
explota la faceta seria-pero-graciosa de Carell,
resulta curioso que la empatía más fuerte se derive hacia
él, silencioso y torpe, como consecuencia de unos parientes
trazados a brocha gorda, que tan rápido se mofan de Dan como
lo acarician cargados de paternalismo, ambas actitudes
hipócritas, desmotivadas e intragables. Sin embargo, lo
chocante es que Hedges no presta atención a la sátira
familiar y que, muy posiblemente, ame a esa pandilla de
ciegos, incapaces de ver la atracción entre Dan y la novia
de su hermano, Marie (Juliette Binoche).
Si ya de
entrada la pareja de actores provoca una vaga extrañeza,
solventada por la naturalidad de la escena en que se conocen en
la librería, el conflicto, entre enamorado y pareja de otro,
despierta un inmediato olorcillo a telefilme de básicos trucos
cómicos. El guión desaprovecha el estrés de la situación, el
disimulo tácito entre dos personas atrapadas —a veces
literalmente— en el convencionalismo que los demás esperan de
ellos. Apenas unos apuntes de humor físico —¿aceptamos la caída
del tejado como broma nostálgica?—, una entrecortada
conversación de dobles sentidos durante la cena y las salidas
más perezosas ante apuros que habrían hecho avanzar la acción.
Hedges se confirma como fan del momento-guitarra para explicar
el problema que no se ha sabido tejer progresivamente, aparte
del juego de dobles parejas que despierta los incomprensibles
celos de Marie, quien apenas conoce a Dan de unas horas.
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Y es que
el principal bache que se encuentra “Como la vida misma” es su
planteamiento: clásico en el género, el “chico
conoce chica para toda la vida y lo sabe en un minuto” no
conmociona a nadie ni extraña debida la procedencia de la
película. Lo que causa una incredulidad mayor es el tono serio y
convencido en el que se envuelven los hechos:
nada más descubrir la dificultad que los separa y en medio de un
jolgorio de numerosos familiares, Dan conversa con Marie como un
amante al que sobrepasa el peso del secreto. Al principio
jocosa, ella también irá cayendo en la red de una quimera
adolescente —la propia hija de Dan protagoniza un sonrojante
paralelismo amoroso— , todo maquinado a fin de devolver la
confianza en el ideal romántico, más aún cuando el personaje se
aqueja de un luto demasiado prolongado y benévolo. Aun a
sabiendas de que en la comedia los protagonistas deben recibir
lo que merecen, Hedges escribe líneas de redacción escolar y
encadena acontecimientos con la esperanza de alguien ávido e
ingenuo, que no perdona la ñoñería con dosis de buen humor.
«El amor no es un
sentimiento, es una habilidad», dice la egoísta hija de Dan.
Lo mismo podría aplicarse a la tarea de filmar, dirigir o
escribir, al menos cuando las emociones desbocadas empiezan a
copar demasiado espacio y en el horizonte amenaza lluvia de
previsibilidad. Tan aleatorio como arrancó el romance pueden
resolverse las demás subtramas, los problemas colaterales y las
apariciones gratuitas —Emily Blunt
en busca del protagonismo soñado—. Por eso la máxima broma que
puede arrancarse de la película es su propio título, tanto
original como español, grandilocuente al insinuar un
totalitarismo del tema argumental y una sentencia definitiva de
la recompensa que merecen esos grises perdedores fabricados por
quienes los rodean. Me gustaría saber como la vida misma de
quién. Tal vez si todo esto fuese un “basado en hechos reales” o
un docudrama con cámara oculta, alguien se lo tragaría. El morbo
realista impera, pero el cuento de hadas no se disuelve; sólo
hay que saber cantarlo, amigo Peter.
Calificación:
    
Imágenes
de "Como la vida misma" - Copyright © 2007
Touchstone Pictures y Focus Features. Fotos por Merie W.
Wallace. Distribuida en España por
Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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