CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Representación del genocidio armenio
Mucho tiempo ha pasado desde
que los hermanos
Taviani
firmaran “Padre Padrone”, con una frescura y fuerza después
olvidadas. Su filmografía posterior siguió pegada al terreno de
la denuncia social, pero derivó hacia el esteticismo
academicista presente ya en “La noche de San Lorenzo” o “Las
afinidades electivas”. Una coproducción los trae de nuevo a
nuestra cartelera para recoger el drama del genocidio armenio a
manos turcas, tan cruento y salvaje como en su día lo fue el
nazi sobre los judíos, pero silenciado durante todo el siglo
pasado.
Es adaptación de la novela de
Antonia Arslan
“La casa de las alondras”,
lugar de acogida para los armenios de una pequeña ciudad cuando
se desencadena su persecución por parte del ejército turco en
1915. Amenazada y temerosa por el poderío de Rusia, la Gran
Turquía aspira a otra pureza de raza y procede al exterminio de
aquellos que poseen tierra y riqueza, aunque durante décadas
hayan convivido pacíficamente con ellos e incluso emparentado.
Es el caso de la familia de Nunik, joven enamorada de un oficial
turco que verá cómo los hombres de su pueblo son masacrados y
las mujeres conducidas al desierto, en una penosa odisea sin
rumbo entre todo tipo de humillaciones, torturas y muerte.
Hay que agradecer que los
Taviani hayan decidido dar a conocer esta otra página oscura del
siglo XX, y que lo hagan con una primorosa factura que cuida
toda la ambientación, vestuario y demás elementos artísticos en
su intento de reconstrucción histórica. Sin embargo, ese mismo
academicismo termina por desvitalizar la historia y dejarla en
una representación dramática acartonada y sin fuerza.
El poderío de lo contado queda diluido por una puesta en
escena excesivamente solemne y pretenciosa, por una
planificación artificiosa,
y por una dirección de actores a los que se les quita la
espontaneidad y el desgarro que los hechos exigen. La primera
parte se reduce a la recreación del marco de convivencia y su
enrarecimiento, a la presentación de los personajes con sus
dudas y traiciones, y a un desenlace con más sangre salpicada
que dolor interiorizado. La segunda, con la caravana de mujeres
hacia ninguna parte, no deja más que algunos salvajismos más,
una inverosímil historia de amor con otro oficial que el guión
se saca de la manga, y nuevas representaciones trágicas que
tienen más de teatral o televisivo que de cinematográfico.
Si las dos historias de amor
de Nunik resultan frías y estereotipadas, la figura del
mendigo-predicador turco Egon pasa por ser tan fantasmagórica y
misteriosa que aleja definitivamente al espectador del drama al
que asiste: se sitúa tan fuera de lo que está sucediendo, tan
impasible y por encima del fatal curso de los acontecimientos,
que parece un “comodín” del guión para hacer correr la historia.
A pesar de los esfuerzos de interpretación de
Paz Vega,
Ángela Molina
o Moritz Bleibtreu,
por ejemplo, no se aprecia sintonía entre los actores, con
relaciones distantes por mucho que se abracen o besen, se
protejan o se maten. Son figurines que en ocasiones
sobreinterpretan su papel —como el cónsul español y tantos
otros, que aparecen y desaparecen en un santiamén— de una puesta
en escena solemne y diálogos literarios, con escenarios muy
cuidados pero despojados de su veracidad, con numerosos
flashbacks innecesarios que rompen la narrativa y el ritmo
—si es que en algún momento llegó a tenerlo— al querer explicar
al espectador lo sucedido a algunas mujeres de la caravana...
¡hasta tres veces consecutivas! Asistimos a momentos de gran
dureza como la masacre en la “casa de las alondras” o a los
castigos en las proximidades de las murallas —mujeres quemadas
desnudas y a quienes se les cortaba luego la cabeza—, pero en
cierto sentido con un tratamiento desdramatizado porque el
espectador nunca ha sintonizado con lo que se le cuenta ni con
los sentimientos de Nunik y su familia.
Fallido intento de traer a la
memoria un genocidio tan cruel, con una historia desaprovechada,
encorsetada y ahogada por el esteticismo de los directores
italianos. A pesar de su cuidada labor de
ambientación histórica, ni la trama personal ni la colectiva
arrancan emociones ni
las necesarias repulsas —y eso que sangre y salvajismos no
faltan—, pues la cinta queda lastrada por su artificiosidad y
sus aires de denuncia, algo que hubiera exigido una puesta en
escena más libre y arriesgada, más realista —no más cruda
necesariamente— y verosímil, y que se queda en una
representación reseca y desinflada de uno de los momentos más
tristes y penosos del siglo más sangriento.
Calificación:
    
Imágenes
de "El destino de Nunik" - Copyright © 2007
Ager 3, Rai Cinema y Eagle Pictures. Distribuida en España por
Sagrera. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El destino de Nunik"
Añade "El destino de Nunik" a tus películas favoritas
Opina
sobre "El destino de Nunik" en nuestro blog

Recomienda
"El destino de Nunik" a un amigo
|