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Dirección: Pete Travis.
País: USA.
Año:
2008.
Duración: 90 min.
Género:
Drama, thriller,
acción.
Interpretación: Dennis Quaid (Thomas Barnes), Matthew
Fox (Kent Taylor), Forest Whitaker (Howard Lewis), Sigourney Weaver
(Rex Brooks), William Hurt (presidente Ashton), Bruce McGill
(Phil McCullough), Ayelet Zurer
(Verónica), Edgar
Ramirez (Javier), Eduardo Noriega (Enrique), Saïd Taghmaoui
(Suarez), Zoe Saldana (Angie Jones), James LeGros (Ted Heinkin),
Richard T. Jones (Holden).
Guión: Barry L. Levy.
Producción: Neal H. Moritz.
Música: Atli Örvarsson.
Fotografía: Amir Mokri.
Montaje: Valdis Óskarsdóttir.
Diseño de producción: Brigitte Broch.
Vestuario: Luca Mosca.
Estreno en USA: 22 Febrero 2008.
Estreno en España: 29 Febrero 2008. |
CRÍTICA
por
José Arce
Superado ya definitivamente
el trauma post-11S, Hollywood vuelve a verse capaz de tratar de
manera abierta los recientes tabúes generados en torno a la
paranoia terrorista que, durante estos últimos años, se ha
adueñado de Estados Unidos. La película que ahora llega a
nuestras pantallas es una buena muestra de ello, un producto
palomitero y carente de sustancia, anecdótico y pasajero, que se
distingue de otras propuestas en que sitúa la acción en un
entorno exótico para los americanos: Salamanca.
Durante una cumbre en la que la mayoría de los países del
mundo se reúne para tratar de unificar criterios a fin de acabar
con la lacra terrorista, el presidente de Estados Unidos (William
Hurt) es abatido por un francotirador. “En el punto de mira”
nos ofrece el trágico acontecimiento desde las múltiples
perspectivas de varios implicados en el hecho en mayor o menor
grado: dos agentes del Servicio Secreto (Dennis Quaid y
Matthew Fox), un turista (Forest Whitaker), un
policía local español (Eduardo Noriega), un equipo
televisivo encabezado por Rex Brooks (Sigourney Weaver)...
y así, hasta ocho vistas distintas del atentado a lo largo de un
metraje de hora y media en la que el director, Pete Travis,
consigue volver loco a cualquiera que se acerque a esta
propuesta, fallida e hiperbólica a partes iguales. Y es que el
mayor problema del film es, por una parte, su excesivo localismo
—temático, que no geográfico—, un producto destinado tan sólo al
mercado yanqui, identificado con un guión que se presta de modo
complaciente, casi pueril, al repetitivo recurso argumental de
que el país de las barras y las estrellas es el centro de los
odios injustificados de todos los enemigos de la libertad y la
democracia; por otro lado, la táctica empleada por el equipo
—dedicar un pequeño lapso de tiempo a cada participante para que
compartamos su involucración en la tragedia e, inmediatamente
después, volvamos al hecho central mediante el rebobinado de las
imágenes—, agota tras el segundo capítulo de este poliedro
inconsistente. Porque las historias se entrecruzan sin un peso
equilibrado entre los protagonistas, de suerte que algunos
resultan tremendamente vacuos —puede que Eduardo Noriega entre
en el ruedo USA con este título, pero su papel podía,
perfectamente, no existir— y otros resultan tan tópicos e inanes
que llegan incluso a pasmar a una platea que no entiende buena
parte de sus actos —Forest Whitaker, alucinado e inverosímil
héroe casero circunstancial—. Aun así, hay que reconocer el
elenco actoral que ha reunido el director, ya que al
espectacular reparto central se unen, según se van sucediendo
los acontecimientos, Richard T. Jones, James LeGros,
Zoe Saldana, Bruce McGill o Edgar Ramirez,
entre otros.
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A las prisas de Travis, que
sorprendentemente consigue que su metraje acabe resultando
incluso pesado gracias a la enrevesada intrascendencia de todo
lo que propone, hay que sumar algo que, si bien a su público
natural no le importa lo más mínimo, arrancará sonoras
carcajadas en nuestro mercado, sorprendido de que los extras y
secundarios pretendidamente españoles no sean sino actores
mexicanos a los que se les ha pulido parte de su acento para
hacerles pasar por lo que no son. Si bien la recreación de la
Plaza Mayor salmantina es más que correcta, las consecuencias
del atentado no lo son tanto, reducida a unos cuantos planos
nerviosos, y buena parte de las persecuciones a pie o en
automóvil que se suceden, supuestamente, en los aledaños del
lugar atacado, no pueden ocultar el trazado urbano de la ciudad
mexicana de Puebla —donde se llevó a cabo el rodaje—, por mucho
que estén protagonizadas por coches de nuestra policía o guardia
civil. Situar la trama en una localidad europea para tratar de
universalizar el tema que trata es, a priori, una buena idea,
pero un enfoque tan excesivamente infantil, tanto en la
recreación del entorno como en la de los propios personajes
sobre los que recae el peso de la narración, resulta una traba
insalvable a la hora de valorar el gigantesco vacío en que se
convierte este pomposo torbellino, de regusto incluso casposo,
que finalmente no queda sino en un débil suspiro inapreciable.
Calificación:
    
Imágenes
de "En el punto de mira" - Copyright © 2008
Columbia Pictures, Relativity Media y Original Film. Fotos por
Daniel Daza. Distribuida
en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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