CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Según la mitología
romana, la diosa Juno responde a un estatus de preeminencia, de
fiera contrarréplica frente a la dominancia masculina, genio
irascible y fuerza vital. Es decir, todo lo que se supone no es
una indecisa adolescente de dieciséis años. Sin embargo,
Jason Reitman
tampoco debutó precisamente como un director de comedias
generacionales al uso en
"Gracias por fumar"
(2005), por lo que su aproximación al universo de los embarazos
no deseados, prematuros y soluciones abortistas auguraba un buen
sabor muy superior al que pueden provocar engañosos
premios
y
nominaciones.
Después de que el nuevo humor estadounidense demostrase su buen
estado de salud en
"Lío embarazoso"
(2007), otra comedia atípica y compleja en el apartado genérico
sobre el mismo tema, “Juno” rubrica la marcha iniciada, si bien
no es descabellado temer un tropezón ante tanta autosuficiencia.
Al
igual que ocurriese en la cinta de Judd Apatow, el segundo
largo de Reitman lanza su mirada sobre una concepción social
cambiante, donde parece que las parejas han modernizado sus
papeles para, en el fondo, seguir repitiendo los errores de
siempre. La propia Juno (Ellen Page)
lo ratifica al definir su situación como la de dos jóvenes en
busca de sexo, que se embarazaron por error y terminaron
enamorándose. Un desorden que, a pocos años vista, podía ser
el ceremonial lógico de no muy lejanas culturas. De esta
manera, el valor de una comedia que corre el riesgo de
enfangarse en la tradición soez de la adolescencia asume una
nueva dimensión que no teme recurrir al clasicismo. En vez de
explotar el gag fácil —apartado del que adolece el film,
rápidamente abarcable en un tráiler— o el apuro dramático del
problema, posa sobre ello una mirada consciente y audaz, sin
que el marcialismo domine la escena.
A pesar
de su presuntuoso nombre, Juno es una chica de fuerte
personalidad, dejes hormonales y proclive a diseccionar a sus
semejantes con certeza, pero apartándose de cualquier
irrespetuosa mala leche que la habría cubierto de prepotencia
juvenil. Interpretada con increíble dominio por Ellen Page, que
contrapone los rasgos propios de una adolescente —la
pronunciación, el estilo, la gesticulación, los andares— con una
actitud indiferente a lo que se espera de una embarazada, Juno
asume tal protagonismo gravitatorio que los demás personajes,
como inevitablemente sucede, se ven afectados a la baja. Sin
rozar la caricatura —algo que habría sido muy fácil para tratar
el personaje de Jennifer Garner,
madre adoptiva pija y ñoña—, bien es cierto que el escaso tiempo
del que disponen para desarrollarse y las situaciones extremas
en las que participan desdibujan a los secundarios que, en un
principio, se habían anunciado con la misma inteligencia que la
protagonista. Los padres pueden parecer un tanto alelados, al
marido de Garner (Jason Bateman,
pero sólo en la ficción) alimenta un repentino peterpanismo y no
se llega a entender del todo cuál es el estado mental de ese
compañero de clase-padre-novio-atleta (Michael
Cera). No obstante
estos trazos gruesos, y quizá también gracias a ellos, hasta las
apariciones más esporádicas despliegan su encanto, como si todos
fueran conscientes de la comedia en la que viven y donde no
merece la pena ofenderse por los pitorreos y aceradas críticas
de las que son objeto.
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Pero, si hubiésemos de
hablar de un supuesto
fenómeno "Juno", gran parte del éxito
correspondería a la misteriosa guionista Diablo
Cody, cachondo nombre
tras el que se halla Brooke Busey, ex stripper y voz de
líneas telefónicas eróticas que, de haber aprendido algo en
tantos años de desnudez, es a decir las cosas sin tapujos.
Especie de versión femenina y "con sentimientos" de Tarantino,
las referencias musicales y cinematográficas —con preferencia
por el icono hollywoodiense reconocible y el género slasher—
salpican los diálogos, aunque a veces den la impresión de haber
sido redactados expresamente para dichas citas culturales. Una
verborrea ligera que sabe detenerse en el límite del forcejeo
con la gravedad del asunto —momentos de suspensión light
que desplazan la comedia hacia un tono agridulce no siempre bien
resuelto, como si se adelantase a las preferencias de la carrera
por los premios y supiese del gusto académico por el atisbo de
madurez sobria entre la incorrección generalizada—.
Inserta en el proceso de cine
indie epidérmico —por serlo sólo en la superficie— que
encuentra sus mejores tratamientos de belleza en lugares como
Sundance,
Tribeca o
Toronto,
“Juno” es una respuesta aguda, pero no lo suficientemente
rupturista, un ejemplar más de la raza de moda en los más
selectos concursos y que todos quieren tener en su muestrario —Oscars®
incluidos—.
No será la película educativa favorita de las clases de
sexualidad —o sí, quizá la respuesta a nuestra mieditis social
se halle en la revelación de nuevas perspectivas—, y su
consideración entre los círculos prestigiosos durará lo mismo
que cualquier otro juguete que hizo gracia en su momento –léase
"Pequeña Miss Sunshine"
(2006)–. De momento, y antes de que su grafismo hoy innovador se
cuartee —ya destacó la secuencia de créditos de
"Gracias por fumar"—,
los tres pilares de Reitman, Page y Cody sustentan
una obra simpática y sensata dentro de la insensatez de
su planteamiento, eficaz crítica metalingüística contra la
predominancia de unos códigos audiovisuales y sociales que
amenazan con estropear la misma fuente de la controversia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Juno" - Copyright © 2007 Fox
Searchlight Pictures, Mandate Pictures y Mr. Mudd Productions.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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