CRÍTICA
por
Leandro Marques
Un director de cine se dedica
esencialmente a construir un universo, el de su punto de vista,
utilizando las herramientas técnicas, los personajes y las
historias que están a su disposición y que considera más
adecuadas para lograrlo. Enfrentado a este panorama, el
espectador puede optar entre dos alternativas generales: o
dialoga con ese universo de personajes percibiendo sus historias
a partir de la información que obtiene, no necesariamente
siempre de manera explícita; o se dedica a cuestionar y remarcar
carencias, es decir, todo aquello que la mirada del film
resigna, descarta, o que simplemente ni hace referencia. La
trama y el desarrollo de la historia de “Juno” evolucionan de
una manera especial. El largometraje de Jason
Reitman, protagonizado
por una tan descollante como joven y sensible
Ellen Page, aborda un
tema difícil, polémico y complejo como lo es el embarazo de una
adolescente de 16 años, con la particularidad de escoger un
recorrido sensatamente luminoso y optimista para transitarlo.
Llama
la atención la evolución que realizó la película tras su
modesto estreno en los cines de Estados Unidos. Debutó en las
carteleras norteamericanas proyectándose en apenas 7 salas,
que por el poder de la recomendación del boca a boca se
extendieron a 44 una semana después, 945 una más tarde, 1.956
luego, y alcanzan —en el momento de escribir este artículo— la
impactante suma de 2.448. Es complicado y muchas veces hasta
absurdo tratar de interpretar las verdaderas razones de una
cronología tan sorprendente como la que marcan estas
estadísticas. Sobre todo para un film que carece de efectos
especiales, explosiones, escenas de sexo y actores reconocidos
como estrellas de esas que se venden solas. Sin embargo, hay
una conmovedora sencillez en el film, en el tono que decide
adoptar para desarrollarse, en sus personajes, en su música,
en sus colores, en las vueltas que sigue la historia, que
permiten entender en parte la notable aceptación y
acercamiento que generó en el público.
En su
tramo inicial, "Juno" hace evidente un debate —y una postura—
sobre el tema del aborto, que la época actual prácticamente ya
da por descartado. En los tiempos que corren, tener un hijo,
traer alguien a la vida, sobre todo a una edad tan temprana, sin
haberlo buscado y sin pareja estable a la vista, es un suceso
posicionado al nivel de problemáticas más vinculadas a la muerte
y a la autodestrucción que a otra cosa. Y con la narración
planteada de esta forma, el giro que ofrece el guión apuesta por
una mirada destinada a la construcción de un enfoque menos
dramático y angustiante de la situación. Ante un evento que en
la mayoría de los casos puede ser tomado como traumático y
oscuro, la película propone imaginarse las cosas de una manera
diferente. La cámara acompaña a Juno en su dolor y da cuenta de
su irremediable soledad —pese a que sus padres y su mejor amiga
le brindan contención y amor—, porque en definitiva ella sola
debe enfrentarse a lo que le pasa y decidir qué hacer. No
obstante, Reitman aborda esta situación apelando a un tono
envuelto en frescura, humor, colorido visual y bellísimas
canciones.
Al fin y al cabo, no se trata
de la muerte de nadie: Juno está repleta de vida, sufre pero se
hace cargo de sus errores y obtiene réditos a cambio. Vive,
aprende, se conoce, descubre a la gente que tiene a su
alrededor. Es importante remarcar que la cinta
no es cursi, ni necesita de golpes bajos para comunicarse. No es
pretenciosa ni aspira a imponer un mensaje. Avanza con fluidez y
naturalidad,
escuchando a los personajes, dejándose llevar espontáneamente —y
casi en simultáneo— por sus personalidades desarrollándose ahí,
en esa situación especifica. Visualmente, la composición de cada
plano, de cada escena, es hermosa y delicada. Los diálogos son
sencillos y directos. Los personajes, pese a sus
comportamientos, que a simple vista pueden parecer inocentes o
extremadamente comprensivos, nunca lucen inverosímiles ni
inconsistentes. Y esto es importante: el espectador podrá o no
estar de acuerdo con sus formas de comportarse o con sus
decisiones, pero de ninguna manera será posible cuestionar la
solidez y coherencia en la composición de cada rol.
“Juno”,
nominada al Oscar®
en las categorías de mejor película, director, actriz principal
y guión original,
es una cinta de personas entrañables. Y además, básicamente, es
una enternecedora historia de amor. La protagonista,
interpretada por Page, acapara todas las miradas, por su
efervescencia, naturalidad y carácter. Más allá de conductas
cuestionables o reprochables en alguno de ellos, por ejemplo la
del ingenuo padre adolescente del hijo de Juno, el foco del
relato apunta a mostrarlos desde un costado de la comprensión.
Incluso para aquellos protagonistas a quienes se podría
cuestionar, el filme tiene una mirada envuelta por la
sensibilidad y se encarga de mostrar o dar a entender las
razones de ese comportamiento. Esta es una de sus
características más recurrentes porque, más allá de las
carencias que podrían achacársele, relacionadas con los puntos
que la historia prefiere hacer a un costado o tratar con un tono
más ingenuo o hasta con cierta levedad —leáse menos pesimista o
dramáticamente—, la propuesta del largometraje excluye con
intención ciertos aspectos que podrían ser parte de la trama. En
cambio, incluye una perspectiva fresca, dolorosa pero al mismo
tiempo vital, cuya principal virtud es encajar siempre dentro de
una lógica de verdad que se construye con coherencia y acierto
durante el transcurso de toda la película. En este punto, el
espectador deberá resolver si se queda e involucra con lo que
sugieren las imágenes, o si se dedica a reprochar todo lo que
ellas deciden no mostrar.
Calificación:
    
Imágenes
de "Juno" - Copyright © 2007 Fox
Searchlight Pictures, Mandate Pictures y Mr. Mudd Productions.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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