CÓMO SE HIZO "LA GUERRA DE
CHARLIE WILSON"
Notas de producción ©
2007
Universal Pictures
3. La producción
El rodaje de LA GUERRA DE
CHARLIE WILSON empezó en Marruecos, que hizo las veces de
Pakistán y Afganistán. Jere Van Dyk, experto en Afganistán, y
Milt Bearden, el jefe de la CIA en Pakistán desde 1986 hasta que
la retirada de la Unión Soviética, se aseguraron de que la
recreación fuera fiel al original. En 1981, Jere Van Dyk entró
en Afganistán, vivió con los muyahidines y mandó crónicas al New
York Times acerca de los ataques soviéticos, antes de escribir
un libro. Milt Bearden, tal como cuenta George Crile en Charlie
Wilson’s War, fue reclutado personalmente por Gust Avrakotos
para hacerse cargo de la oficina de Islamabad. La recreación de
varios campamentos de refugiados en el Atlas impresionó a los
dos asesores. Bastante más arriba del campamento base, donde
estaban las caravanas, vehículos de apoyo, el vestuario y el
catering, se instaló el campamento de refugiados con sus tiendas
variopintas, hogueras y los extras marroquíes vestidos con ropa
tradicional afgana y de los ochenta. “Cuando vi a toda esa
gente, los niños andando por el puerto, pensé estar en
Afganistán”, dice Jere Van Dyk. “Me pareció maravilloso ver a
esas familias. Era exactamente como lo que vi a principios de
los ochenta”. Milt Bearden elogia el esfuerzo de los cineastas
para ser fidedignos. Dice: “Afganistán fue lo que realmente
definió a Charlie Wilson. No cejó en su empeño hasta que los
soviéticos volvieron a cruzar el Puente de la Amistad y el río
Oxus”. A la altitud a la que estaba instalado el campamento, los
cambios de tiempo eran muy bruscos, pasando de sol a lluvia en
cuestión de media hora. Los actores y el equipo técnico se
alojaban en un hotel de una estación de invierno, donde se
quedaron atrapados cuando una tormenta de viento, nieve y
granizo cerró el puerto que llevaba a Marrakech, la ciudad más
próxima a una hora y media. Cuando por fin volvió el sol y el
ejército marroquí reparó la carretera, todos regresaron al
decorado. El departamento artístico y el de carpintería se
esforzaron en reparar los daños. Aunque acabó algo más
destartalado que antes, todos estuvieron de acuerdo en que lo
hacía aún más realista. También se rodó en Rabat, la capital de
Marruecos, en un precioso palacete con patio central y antesalas
con grandes arcos, cuyas paredes estaban decoradas con cerámica.
De regreso a Los Ángeles, tuvo lugar el rodaje de una de las
escenas más impresionantes, la velada durante la que Joanne
Herring convence a Charlie Wilson para que ayude a los
refugiados afganos. Se escogió la Residencia Chandler, en
Hancock Park, edificada en 1913. La mansión, de estilo Beaux Art
y 900 metros cuadrados, cuenta con seis dormitorios, siete
baños, sala de música y biblioteca, además de una piscina
interior.
Para recrear
la fiesta benéfica de Joanne Herring, el diseñador de producción
Victor Kempster tapó la piscina y colocó una fachada “estilo
afgano” contra la casa, tal como habría podido imaginárselo una
tejana de la alta sociedad.
También
diseñó una lujosa suite con jacuzzi en Las Vegas desde la que
hay una vista panorámica del Strip, creada por el supervisor de
efectos visuales Richard Edlund.
El equipo de
Victor Kempster también recreó un lugar mucho más serio: los
pasillos del Congreso. Charlie Wilson disfrutó mucho con la
recreación de su despacho y de su piso de soltero en Washington.
Le impresionó la copia del famoso “Speaker’s Lobby” del
Congreso: “No sé cómo lo consiguieron, pero es idéntico, desde
el suelo a los retratos de los portavoces. ¡Increíble!”, dice,
riendo.
Para plasmar
estos decorados en la pantalla, Mike Nichols recurrió a otro
viejo amigo, el director de fotografía Stephen Goldblatt, que
colabora por tercera vez con el director.
Las
secuencias de LA GUERRA DE CHARLIE WILSON filmadas en el Atlas
incluían hasta 900 extras y fueron un auténtico reto para el dos
veces oscarizado diseñador de vestuario Albert Wolsky y su
equipo. La preproducción y el rodaje se desarrollaron durante el
ramadán y fue necesario prepararlo todo con mucha antelación.
“Contratamos a un supervisor de vestuario únicamente para esas
escenas que se trasladó a Marruecos dos meses antes que
nosotros”, dice el diseñador. Hubo que comprar la ropa afgana en
Kabul y mandarla a Marruecos, donde, en muchos casos, se teñía y
envejecía para encajar con el vestuario de los refugiados.
El
departamento de vestuario se documentó y descubrió que el
vestuario de Charlie Wilson planteaba más problemas de lo que
esperaban. “Trabajar con ropa de época, me refiero a 50 años
atrás o más, no plantea tantas dificultades”, explica Albert
Wolsky. “Pero imitar algo que mucha gente recuerda es peliagudo,
sobre todo porque parece que la moda de los ochenta quiere
volver”.
Desde las
hombreras que lleva Bonnie Bach (interpretada por Amy Adams) a
los peinados de “Los Ángeles de Charlie”, el departamento tuvo
muchas oportunidades de sumirse en la moda de la época. “Amy
Adams tenía una vaga idea de lo que se llevaba en los ochenta.
Al final de la sesión de pruebas, estaba encantada. Descubrió
que las hombreras servían para que la cintura pareciera más
pequeña”, dice Albert Wolsky.
El estilo de
Charlie Wilson también era muy particular. El diseñador dice:
“Me alegro de haber conseguido que Tom se pareciera al auténtico
personaje. El estilo le iba muy bien. Charlie me dejó una de sus
camisas para usarla como modelo”. Las botas vaqueras también
ayudaron a Tom Hanks a imitar los andares del tejano.
Albert Wolsky
ya había trabajado en dos ocasiones con Julia Roberts, en Novia
a la fuga y El informe pelícano. Le diseñó un vestuario
elegante, sofisticado y en tonos más bien oscuros que
contrastaban con la famosa melena rubia de Joanne Herring.
Como
cualquier millonaria que se precie, Julia Roberts lleva
abundantes diamantes prestados por Cartier North America:
pulseras, collares, pendientes de diamantes de diez quilates
valorados en 1,5 millones de dólares y una sortija de 15
quilates valorada en dos millones de dólares. Naturalmente, dos
guardas armados acompañaban a la actriz en cuanto se ponía las
joyas.
Julia Roberts
estaba atónita ante su propia transformación: “Durante la
primera prueba de vestuario, me quedé boquiabierta ante lo que
conseguían. No me parecía en nada a la mujer que había llegado
con el pelo recogido en una coleta y unos pantalones de
chándal”.
Para la
fiesta benéfica, Tom Hanks llevó una chaqueta de esmoquin
blanca, muy parecida a la de Humphrey Bogart en Casablanca, la
película favorita de Charlie Wilson.
En cuanto a
Gust Avrakotos, nunca se ponía nada elegante ni de diseño.
Hablando de la caracterización, el diseñador Albert Wolsky dice:
“Nos basamos en sus gafas oscuras, su corte de pelo y unos
trajes que no llamaban la atención. Estábamos de acuerdo en que
su ropa debía ser casi invisible, como si siempre llevara la
misma”.
La invasión
de Afganistán por la Unión Soviética en diciembre de 1979, no
pilló por sorpresa a la CIA. Tal como George Crile escribe en
Charlie Wilson’s War, “la invasión cambió la opinión del
presidente Jimmy Carter acerca de la URSS. Se convenció de que
los soviéticos eran realmente malvados y que sólo entendían la
fuerza”.
Y Crile
añade, citando al vicepresidente Walter Mondale: “No sé si
‘miedo’ es la palabra correcta para describir nuestra reacción.
Pero lo que más nos asustó fue la sospecha de que el círculo más
cercano a Brézhnev no fuera racional. Sabían que la invasión
envenenaría los tratos con Occidente, empezando por los acuerdos
SALT (Conversaciones para la limitación de armas estratégicas)”.
El gobierno
Carter descartó oponerse con la fuerza. Ambos superpoderes
poseían un enorme arsenal de armas nucleares y estábamos en
plena Guerra Fría. Además, después de Vietnam, Estados Unidos no
quería entrar en otro conflicto cuyo final era más que dudoso.
Pero Carter
tomó ciertas medidas. Autorizó el boicot de los Juegos Olímpicos
de 1980 celebrados en Moscú; apoyó un embargo a la venta de
trigo a la Unión Soviética e introdujo la Doctrina Carter, por
la que Estados Unidos entraría inmediatamente en guerra si los
pozos petrolíferos de Oriente Próximo se veían amenazados.
Además, autorizó a la CIA a luchar contra el Ejército Rojo.
Así empezaron
las operaciones secretas de la Agencia para armar a los rebeldes
afganos. Sin embargo, la CIA tenía por costumbre no suministrar
armas que pudieran involucrar a Estados Unidos, por lo que el
primer envío consistió en bastantes armas ligeras y munición de
fabricación soviética para unos mil hombres.
Los
luchadores afganos fueron la mejor baza de la CIA. Encabezados
por sus jefes y mulás, llamaron a la yihad contra las decenas de
miles de soviéticos que entraron en su país. Según Crile: “El
pueblo afgano fue tratado con la misma brutalidad que luego
horrorizó al mundo cuando los serbios iniciaron la limpieza
étnica. Los aviones y tanques soviéticos arrasaban los pueblos
que podían apoyar a la guerrilla. Millones de afganos, hombres,
mujeres y niños, no tardaron en huir del país para refugiarse en
Pakistán y en Irán”.
Su situación
y su determinación conmovieron al congresista que representaba
al 2º distrito de Texas. Charlie Wilson se interesaba mucho por
la política exterior y sentía una fuerte antipatía por la Unión
Soviética. Por suerte para los afganos, era miembro de un
subcomité que actuaba de eslabón entre el Departamento de
Estado, el Pentágono y la CIA: el subcomité de Partidas
Presupuestarias para Defensa. Después de hablar con una
millonaria anticomunista muy bien situada, se dispuso a usar su
posición a favor del pueblo afgano.
Wilson tuvo
ocasión de ver de primera mano los devastadores efectos de la
invasión soviética cuando la millonaria Joanne Herring le llevó
a Afganistán. El ex congresista recuerda: “Joanne tenía a acceso
a Zia, el entonces presidente de Pakistán, y él le hacía caso.
Me convenció de que fuera a Afganistán y viera por mí mismo lo
que ocurría. Estaba indignada ante las atrocidades cometidas por
los soviéticos y le preocupaba la expansión de la Unión
Soviética”.
Joanne
Herring, ahora Joanne King, dice: “Me invitaron a Francia porque
soy sobrina de George Washington, y el tataranieto de Lafayette
quería presentarme a los que él consideraba los cinco mejores
estrategas del mundo. Uno de ellos era paquistaní y luego fue
embajador en Estados Unidos. Mi marido, en la época, era un
importante hombre de negocios que fundó Enron, no el que la
destruyó”.
“Ese hombre
quería que mi marido fuera cónsul honorario en Pakistán para
hacer negocios con él”, sigue diciendo. “Mi marido rechazó la
oferta, pero me propuso en su lugar. Era una idea realmente rara
para un país musulmán. Al principio no le gustó, pero aceptó por
temor a ofender a mi marido. No sabía qué podía hacer para
ayudar al país y empecé a trabajar con los más pobres. Cuando el
poder pasó a manos del presidente Zia, seguí en mi puesto porque
había sido útil para el país. Es más, incluso llegué a
asesorarle”.
Con el
permiso del presidente Zia, Joanne Herring produjo un
documental, que describía la terrible situación de los
refugiados afganos, para conseguir fondos en Estados Unidos.
Antes de que
Charlie Wilson viajara a Pakistán, Joanne llamó al presidente
Zia para avisarle de que “no debía tomar en cuenta el aspecto
extravagante del congresista ni lo que se contaba de él en
círculos diplomáticos acerca de su moral decadente”.
Charlie
Wilson recuerda: “El presidente Zia sentía profundamente lo que
les ocurría a sus hermanos musulmanes. Tenía mucho valor. Puso a
mi disposición helicópteros del ejército para llevarme a la
frontera con Afganistán. Lo que vi se me quedó grabado en la
memoria: personas, niños sobre todo, con las manos arrancadas
por las minas que los soviéticos tiraban desde helicópteros”.
“Quizá fue
esto lo que cambió mi vida durante los diez o doce años
siguientes”, sigue diciendo. “Salí de aquellos hospitales
decidido a que los soviéticos pagasen por lo que estaban
haciendo y a ayudar al pueblo afgano”.
De vuelta a
Washington, encontró un aliado inesperado en el agente de la CIA
Gust Avrakotos. De ascendencia griega y criado en la calle, era
una anomalía en la Agencia, que entonces estaba en manos de la
clase patricia estadounidense, pero Avrakotos era el hombre
perfecto para Charlie Wilson.
Le conmovió
el espíritu de los afganos y, según George Crile: “Nada le hacía
sentir mejor que matar comunistas. Algo se había despertado en
su interior al conocer al pueblo afgano. Eran máquinas de matar
y los comprendía. Querían vengarse. Él quería vengarse”.
Avrakotos y
Wilson, ayudados por un puñado de agentes, organizaron un
complicado plan para financiar, armar y entrenar a los
muyahidines con la ayuda de Pakistán, Israel, Arabia Saudí y
China.
Y
consiguieron que el Ejército Rojo volviera a cruzar el Puente de
la Amistad y abandonara Afganistán en 1989. “El ejército
soviético era el más temible del mundo”, dice Charlie Wilson.
“Era considerado invencible. El gran e indomable Ejército Rojo
había aterrorizado al mundo durante 50 años. Pero no pudieron
con guerreros tribales analfabetos armados con rifles Enfield
303. Siempre estuve convencido de que si les suministrábamos
armas bastante potentes para destruir los tanques y helicópteros
soviéticos, les echarían de su país. Nadie se lo creía excepto
Gust y yo, y lo conseguimos”.
Como indica
la palabra, de una operación secreta no se sabe nada. Y esto,
según George Crile, podía ser peligroso para Estados Unidos: “En
el mundo musulmán, la victoria de los afganos contra un
superpoder moderno fue considerada una hazaña que daría pie a
grandes transformaciones. Pero en casa nadie parecía darse
cuenta de que había pasado algo importante y que Estados Unidos
había sido la herramienta que lo había hecho posible”.
Imágenes
y notas de cómo se hizo "La guerra de Charlie Wilson" - Copyright ©
2007 Universal Pictures, Relativity Media, Participant Productions
y Playtone. Fotos por François Duhamel. Distribuida en España por Universal
Pictures International Spain. Todos los derechos
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