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LA GUERRA DE CHARLIE WILSON
(Charlie Wilson's war)


cartel
Dirección: Mike Nichols.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 97 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Tom Hanks (Charlie Wilson), Julia Roberts (Joanne Herring), Philip Seymour Hoffman (Gust Avrakotos), Amy Adams (Bonnie Bach), Ned Beatty (Doc Long), Emily Blunt (Jane Liddle), Om Puri (presidente Zia Ul-Haq), Ken Stott (Zvi Rafiah), Jud Tylor (Crysta Lee).
Guión: Aaron Sorkin; basado en el libro homónimo de George Crile.
Producción: Tom Hanks y Gary Goetzman.
Música: James Newton Howard.
Fotografía:
Stephen Goldblatt.
Montaje: John Bloom y Antonia Van Drimmelen.
Diseño de producción: Victor Kempster.
Vestuario: Albert Wolsky.
Estreno en USA: 21 Diciembre 2007.
Estreno en España: 22 Febrero 2008.

CÓMO SE HIZO "LA GUERRA DE CHARLIE WILSON"
Notas de producción © 2007 Universal Pictures

3. La producción

  El rodaje de LA GUERRA DE CHARLIE WILSON empezó en Marruecos, que hizo las veces de Pakistán y Afganistán. Jere Van Dyk, experto en Afganistán, y Milt Bearden, el jefe de la CIA en Pakistán desde 1986 hasta que la retirada de la Unión Soviética, se aseguraron de que la recreación fuera fiel al original. En 1981, Jere Van Dyk entró en Afganistán, vivió con los muyahidines y mandó crónicas al New York Times acerca de los ataques soviéticos, antes de escribir un libro. Milt Bearden, tal como cuenta George Crile en Charlie Wilson’s War, fue reclutado personalmente por Gust Avrakotos para hacerse cargo de la oficina de Islamabad. La recreación de varios campamentos de refugiados en el Atlas impresionó a los dos asesores. Bastante más arriba del campamento base, donde estaban las caravanas, vehículos de apoyo, el vestuario y el catering, se instaló el campamento de refugiados con sus tiendas variopintas, hogueras y los extras marroquíes vestidos con ropa tradicional afgana y de los ochenta. “Cuando vi a toda esa gente, los niños andando por el puerto, pensé estar en Afganistán”, dice Jere Van Dyk. “Me pareció maravilloso ver a esas familias. Era exactamente como lo que vi a principios de los ochenta”. Milt Bearden elogia el esfuerzo de los cineastas para ser fidedignos. Dice: “Afganistán fue lo que realmente definió a Charlie Wilson. No cejó en su empeño hasta que los soviéticos volvieron a cruzar el Puente de la Amistad y el río Oxus”. A la altitud a la que estaba instalado el campamento, los cambios de tiempo eran muy bruscos, pasando de sol a lluvia en cuestión de media hora. Los actores y el equipo técnico se alojaban en un hotel de una estación de invierno, donde se quedaron atrapados cuando una tormenta de viento, nieve y granizo cerró el puerto que llevaba a Marrakech, la ciudad más próxima a una hora y media. Cuando por fin volvió el sol y el ejército marroquí reparó la carretera, todos regresaron al decorado. El departamento artístico y el de carpintería se esforzaron en reparar los daños. Aunque acabó algo más destartalado que antes, todos estuvieron de acuerdo en que lo hacía aún más realista. También se rodó en Rabat, la capital de Marruecos, en un precioso palacete con patio central y antesalas con grandes arcos, cuyas paredes estaban decoradas con cerámica. De regreso a Los Ángeles, tuvo lugar el rodaje de una de las escenas más impresionantes, la velada durante la que Joanne Herring convence a Charlie Wilson para que ayude a los refugiados afganos. Se escogió la Residencia Chandler, en Hancock Park, edificada en 1913. La mansión, de estilo Beaux Art y 900 metros cuadrados, cuenta con seis dormitorios, siete baños, sala de música y biblioteca, además de una piscina interior.

 

  Para recrear la fiesta benéfica de Joanne Herring, el diseñador de producción Victor Kempster tapó la piscina y colocó una fachada “estilo afgano” contra la casa, tal como habría podido imaginárselo una tejana de la alta sociedad.

  También diseñó una lujosa suite con jacuzzi en Las Vegas desde la que hay una vista panorámica del Strip, creada por el supervisor de efectos visuales Richard Edlund.

  El equipo de Victor Kempster también recreó un lugar mucho más serio: los pasillos del Congreso. Charlie Wilson disfrutó mucho con la recreación de su despacho y de su piso de soltero en Washington. Le impresionó la copia del famoso “Speaker’s Lobby” del Congreso: “No sé cómo lo consiguieron, pero es idéntico, desde el suelo a los retratos de los portavoces. ¡Increíble!”, dice, riendo.

  Para plasmar estos decorados en la pantalla, Mike Nichols recurrió a otro viejo amigo, el director de fotografía Stephen Goldblatt, que colabora por tercera vez con el director.

  Las secuencias de LA GUERRA DE CHARLIE WILSON filmadas en el Atlas incluían hasta 900 extras y fueron un auténtico reto para el dos veces oscarizado diseñador de vestuario Albert Wolsky y su equipo. La preproducción y el rodaje se desarrollaron durante el ramadán y fue necesario prepararlo todo con mucha antelación. “Contratamos a un supervisor de vestuario únicamente para esas escenas que se trasladó a Marruecos dos meses antes que nosotros”, dice el diseñador. Hubo que comprar la ropa afgana en Kabul y mandarla a Marruecos, donde, en muchos casos, se teñía y envejecía para encajar con el vestuario de los refugiados.

  El departamento de vestuario se documentó y descubrió que el vestuario de Charlie Wilson planteaba más problemas de lo que esperaban. “Trabajar con ropa de época, me refiero a 50 años atrás o más, no plantea tantas dificultades”, explica Albert Wolsky. “Pero imitar algo que mucha gente recuerda es peliagudo, sobre todo porque parece que la moda de los ochenta quiere volver”.

  Desde las hombreras que lleva Bonnie Bach (interpretada por Amy Adams) a los peinados de “Los Ángeles de Charlie”, el departamento tuvo muchas oportunidades de sumirse en la moda de la época. “Amy Adams tenía una vaga idea de lo que se llevaba en los ochenta. Al final de la sesión de pruebas, estaba encantada. Descubrió que las hombreras servían para que la cintura pareciera más pequeña”, dice Albert Wolsky.

  El estilo de Charlie Wilson también era muy particular. El diseñador dice: “Me alegro de haber conseguido que Tom se pareciera al auténtico personaje. El estilo le iba muy bien. Charlie me dejó una de sus camisas para usarla como modelo”. Las botas vaqueras también ayudaron a Tom Hanks a imitar los andares del tejano.

  Albert Wolsky ya había trabajado en dos ocasiones con Julia Roberts, en Novia a la fuga y El informe pelícano. Le diseñó un vestuario elegante, sofisticado y en tonos más bien oscuros que contrastaban con la famosa melena rubia de Joanne Herring.

  Como cualquier millonaria que se precie, Julia Roberts lleva abundantes diamantes prestados por Cartier North America: pulseras, collares, pendientes de diamantes de diez quilates valorados en 1,5 millones de dólares y una sortija de 15 quilates valorada en dos millones de dólares. Naturalmente, dos guardas armados acompañaban a la actriz en cuanto se ponía las joyas.

  Julia Roberts estaba atónita ante su propia transformación: “Durante la primera prueba de vestuario, me quedé boquiabierta ante lo que conseguían. No me parecía en nada a la mujer que había llegado con el pelo recogido en una coleta y unos pantalones de chándal”.

  Para la fiesta benéfica, Tom Hanks llevó una chaqueta de esmoquin blanca, muy parecida a la de Humphrey Bogart en Casablanca, la película favorita de Charlie Wilson.

  En cuanto a Gust Avrakotos, nunca se ponía nada elegante ni de diseño. Hablando de la caracterización, el diseñador Albert Wolsky dice: “Nos basamos en sus gafas oscuras, su corte de pelo y unos trajes que no llamaban la atención. Estábamos de acuerdo en que su ropa debía ser casi invisible, como si siempre llevara la misma”.

  La invasión de Afganistán por la Unión Soviética en diciembre de 1979, no pilló por sorpresa a la CIA. Tal como George Crile escribe en Charlie Wilson’s War, “la invasión cambió la opinión del presidente Jimmy Carter acerca de la URSS. Se convenció de que los soviéticos eran realmente malvados y que sólo entendían la fuerza”.

  Y Crile añade, citando al vicepresidente Walter Mondale: “No sé si ‘miedo’ es la palabra correcta para describir nuestra reacción. Pero lo que más nos asustó fue la sospecha de que el círculo más cercano a Brézhnev no fuera racional. Sabían que la invasión envenenaría los tratos con Occidente, empezando por los acuerdos SALT (Conversaciones para la limitación de armas estratégicas)”.

  El gobierno Carter descartó oponerse con la fuerza. Ambos superpoderes poseían un enorme arsenal de armas nucleares y estábamos en plena Guerra Fría. Además, después de Vietnam, Estados Unidos no quería entrar en otro conflicto cuyo final era más que dudoso.

  Pero Carter tomó ciertas medidas. Autorizó el boicot de los Juegos Olímpicos de 1980 celebrados en Moscú; apoyó un embargo a la venta de trigo a la Unión Soviética e introdujo la Doctrina Carter, por la que Estados Unidos entraría inmediatamente en guerra si los pozos petrolíferos de Oriente Próximo se veían amenazados. Además, autorizó a la CIA a luchar contra el Ejército Rojo.

  Así empezaron las operaciones secretas de la Agencia para armar a los rebeldes afganos. Sin embargo, la CIA tenía por costumbre no suministrar armas que pudieran involucrar a Estados Unidos, por lo que el primer envío consistió en bastantes armas ligeras y munición de fabricación soviética para unos mil hombres.

  Los luchadores afganos fueron la mejor baza de la CIA. Encabezados por sus jefes y mulás, llamaron a la yihad contra las decenas de miles de soviéticos que entraron en su país. Según Crile: “El pueblo afgano fue tratado con la misma brutalidad que luego horrorizó al mundo cuando los serbios iniciaron la limpieza étnica. Los aviones y tanques soviéticos arrasaban los pueblos que podían apoyar a la guerrilla. Millones de afganos, hombres, mujeres y niños, no tardaron en huir del país para refugiarse en Pakistán y en Irán”.

  Su situación y su determinación conmovieron al congresista que representaba al 2º distrito de Texas. Charlie Wilson se interesaba mucho por la política exterior y sentía una fuerte antipatía por la Unión Soviética. Por suerte para los afganos, era miembro de un subcomité que actuaba de eslabón entre el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA: el subcomité de Partidas Presupuestarias para Defensa. Después de hablar con una millonaria anticomunista muy bien situada, se dispuso a usar su posición a favor del pueblo afgano.

  Wilson tuvo ocasión de ver de primera mano los devastadores efectos de la invasión soviética cuando la millonaria Joanne Herring le llevó a Afganistán. El ex congresista recuerda: “Joanne tenía a acceso a Zia, el entonces presidente de Pakistán, y él le hacía caso. Me convenció de que fuera a Afganistán y viera por mí mismo lo que ocurría. Estaba indignada ante las atrocidades cometidas por los soviéticos y le preocupaba la expansión de la Unión Soviética”.

  Joanne Herring, ahora Joanne King, dice: “Me invitaron a Francia porque soy sobrina de George Washington, y el tataranieto de Lafayette quería presentarme a los que él consideraba los cinco mejores estrategas del mundo. Uno de ellos era paquistaní y luego fue embajador en Estados Unidos. Mi marido, en la época, era un importante hombre de negocios que fundó Enron, no el que la destruyó”.

  “Ese hombre quería que mi marido fuera cónsul honorario en Pakistán para hacer negocios con él”, sigue diciendo. “Mi marido rechazó la oferta, pero me propuso en su lugar. Era una idea realmente rara para un país musulmán. Al principio no le gustó, pero aceptó por temor a ofender a mi marido. No sabía qué podía hacer para ayudar al país y empecé a trabajar con los más pobres. Cuando el poder pasó a manos del presidente Zia, seguí en mi puesto porque había sido útil para el país. Es más, incluso llegué a asesorarle”.

  Con el permiso del presidente Zia, Joanne Herring produjo un documental, que describía la terrible situación de los refugiados afganos, para conseguir fondos en Estados Unidos.

  Antes de que Charlie Wilson viajara a Pakistán, Joanne llamó al presidente Zia para avisarle de que “no debía tomar en cuenta el aspecto extravagante del congresista ni lo que se contaba de él en círculos diplomáticos acerca de su moral decadente”.

  Charlie Wilson recuerda: “El presidente Zia sentía profundamente lo que les ocurría a sus hermanos musulmanes. Tenía mucho valor. Puso a mi disposición helicópteros del ejército para llevarme a la frontera con Afganistán. Lo que vi se me quedó grabado en la memoria: personas, niños sobre todo, con las manos arrancadas por las minas que los soviéticos tiraban desde helicópteros”.

  “Quizá fue esto lo que cambió mi vida durante los diez o doce años siguientes”, sigue diciendo. “Salí de aquellos hospitales decidido a que los soviéticos pagasen por lo que estaban haciendo y a ayudar al pueblo afgano”.

  De vuelta a Washington, encontró un aliado inesperado en el agente de la CIA Gust Avrakotos. De ascendencia griega y criado en la calle, era una anomalía en la Agencia, que entonces estaba en manos de la clase patricia estadounidense, pero Avrakotos era el hombre perfecto para Charlie Wilson.

  Le conmovió el espíritu de los afganos y, según George Crile: “Nada le hacía sentir mejor que matar comunistas. Algo se había despertado en su interior al conocer al pueblo afgano. Eran máquinas de matar y los comprendía. Querían vengarse. Él quería vengarse”.

  Avrakotos y Wilson, ayudados por un puñado de agentes, organizaron un complicado plan para financiar, armar y entrenar a los muyahidines con la ayuda de Pakistán, Israel, Arabia Saudí y China.

  Y consiguieron que el Ejército Rojo volviera a cruzar el Puente de la Amistad y abandonara Afganistán en 1989. “El ejército soviético era el más temible del mundo”, dice Charlie Wilson. “Era considerado invencible. El gran e indomable Ejército Rojo había aterrorizado al mundo durante 50 años. Pero no pudieron con guerreros tribales analfabetos armados con rifles Enfield 303. Siempre estuve convencido de que si les suministrábamos armas bastante potentes para destruir los tanques y helicópteros soviéticos, les echarían de su país. Nadie se lo creía excepto Gust y yo, y lo conseguimos”.

  Como indica la palabra, de una operación secreta no se sabe nada. Y esto, según George Crile, podía ser peligroso para Estados Unidos: “En el mundo musulmán, la victoria de los afganos contra un superpoder moderno fue considerada una hazaña que daría pie a grandes transformaciones. Pero en casa nadie parecía darse cuenta de que había pasado algo importante y que Estados Unidos había sido la herramienta que lo había hecho posible”.


Imágenes y notas de cómo se hizo "La guerra de Charlie Wilson" - Copyright © 2007 Universal Pictures, Relativity Media, Participant Productions y Playtone. Fotos por François Duhamel. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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