CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Una nueva muestra de la apuesta-trampa que supone adaptar un
libro que ha conseguido esa rara condición de ser una especie de
best seller de calidad, un título cuyos lectores se
cuentan por centenares de miles y que, por esa misma razón,
mirarán con lupa cualquier plasmación en imágenes de un texto
que ellos ya han interiorizado según su propio criterio y
universo personales. Pero es que, además, en el caso de “Seda”
la cosa se complica, pues la obra original de
Alessandro Baricco
podría, engañosamente, parecer en un primer momento como fácil
de adaptar: pocas páginas, concisión en la acción, personajes y
escenarios definidos... de hecho, alguien podría decir que, en
realidad, en su redacción el guión se encuentra prácticamente ya
hecho para quien lo quiera aprovechar.
Y
sin embargo, nada más lejos de la realidad, porque “Seda”,
aunque breve, apunta muchas más cosas de las que refleja la mera
narración. Su prosa, de una extremada y sencilla belleza, va
abriendo las puertas a un mundo de sensualidad que acaba
impregnando la historia del joven oficial enviado desde un
pequeño pueblo de la Francia del siglo XIX a Japón para
conseguir unos valiosísimos huevos de gusano de seda, y el
cambio que se producirá en su interior y en su relación tanto
con su mujer como con la joven y bellísima esposa del cacique
local que le venderá la mercancía. Muchas décadas y varios
viajes después, ese mundo, con todo su sentido de la belleza, su
brutalidad y su erotismo, acabarán convirtiéndole en otra
persona.
Queda claro, pues, que “Seda” tiene mucho de viaje interior,
algo que puede terminar siendo letal para el mantenimiento del
magnetismo de la historia al cambiar de medio. Y hay que decir,
ya de antemano, que en ese aspecto la cinta de François Girard
apenas logra arañar la superficie dibujada por Baricco. Sin
embargo, sería injusto decir que la película carece de interés,
porque al menos su director sabe sacar rendimiento a los
generosos medios puestos al servicio de lo que, seguramente, sus
productores esperaban iba a ser un gran éxito (algo que, por
desgracia para ellos, no se ha visto luego confirmado por la
realidad). De hecho, es la apariencia lo que mejor funciona de
la cinta: la soberbia fotografía, el esfuerzo de producción, la
banda sonora firmada por Ryuichi Sakamoto,
el vestuario y los decorados...
Sin
embargo, en el apartado de las interpretaciones es donde el
largometraje ofrece sus puntos más débiles. Hay algo que no
acaba de funcionar en la pareja Michael Pitt-Keira
Knightley, mientras
que todas las escenas que transcurren en Japón, o con Madame
Blanche (Miki Nakatani)
tienen, por contra, una mayor fuerza derivada de unas
actuaciones mucho más ajustadas (especialmente
Kôji Yakusho como Hara
Jubei). Algo que sólo se repite, en el lado europeo, en las
secuencias en las que interviene Alfred Molina,
tan eficaz como siempre.
Todo ello hace de “Seda” una película tremendamente agradable de
ver, con más apariencia que verdadera esencia de gran obra, pero
que al menos ofrece un espectáculo visual elegante y correcto.
Quien quiera ir más allá de esta doble historia de amor, o
resucitar las sensaciones que le produjo la lectura del original
literario, inevitablemente quedará defraudado. Y quizá sea esa
falta de trascendencia real el principal escollo de una cinta
que es fácil pensar que nació con muchas mayores pretensiones. Y
como apunte lateral, la duda de si Keira Knightley ha decidido
instalarse definitivamente en
historias de época... aunque si
recordamos su última aparición en un film ambientado más en
nuestros días ("Domino"),
quizá sea mejor rogarle que siga por esta senda.
Calificación:
    
Imágenes
de "Seda" - Copyright © 2007 Picturehouse,
Odeon Films, Alliance Atlantis, Asmik Ace Entertainment, Medusa Film, Rhombus
Media, Fandango, Bee Vine Pictures, Productions Soie y Vice
Versa Films. Fotos por Jacques-Yves Gucia. Distribuida en España por
TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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