CRÍTICA
por
José Arce
A pesar de la complejidad
humana de la novela seminal de
Richard Matheson, “Soy
leyenda” (1954), el cine sigue tratando de adaptar el clásico a
la gran pantalla. Ahora llega la tercera y más ambiciosa —por lo
tremebundo de la producción— de las versiones, con
Will Smith
como un improbable Robert Neville, único representante de
nuestra raza en una Tierra desolada.
Durante los primeros minutos
de proyección, el aficionado al fantástico deduce dos cosas:
uno, que no va a presenciar una traslación fiel del texto de
Matheson, ni mucho menos; dos, que está ante una revisitación de
“El último hombre... vivo”, la película de 1971 con Charlton
Heston en el papel central, pasada por un filtro visual
espectacular propio de los adrenalíticos tiempos que corren. Así
que lo mejor es relajarse y dejarse llevar por un film que
aparece como un narrativamente extraño híbrido entre un drama
más o menos profundo y un vehículo de lucimiento del cada vez
más poderoso y relevante —comercialmente hablando— Smith. El
argumento, salvo variantes, es de todos conocido: un virus letal
ha arrasado el planeta. Tan sólo Robert Neville, científico
militar implicado en el Apocalipsis desde su inicio, parece ser
inmune a la plaga; pero no está solo, acompañado por unas
criaturas de pesadilla, una suerte de vampiros —sólo emergen en
la oscuridad de la noche— ávidos de la sabrosa carne de los
pocos humanos y animales que puedan encontrar. Si los hay,
claro.
Decíamos que el resultado es
extraño porque da la impresión de que los responsables han
tratado de construir un drama con ciertas gotas de acción. Las
obligadas concesiones inherentes a una superproducción
rompetaquillas pasan por planos que redundan en la sublimación
física del protagonista, que encuentra en una vacía Nueva York
un fabuloso marco en el que emerger como nuestra última
esperanza, carismático, encantador, perfecto. Por otra parte,
encontramos momentos netamente publicitarios —el prólogo, un
anuncio automovilístico en sí mismo— y decididamente ostentosos
—los innecesarios flashbacks que nos llevan una y otra
vez al desalojo de Manhattan y al bombardeo del puente de
Brooklyn—. Pero en definitiva, no son sino pinceladas de cara a
la galería. Lo realmente importante en esta nueva visión reside
en su calidad de drama de ciencia ficción, género en el que se
enmarca con mucha más facilidad y naturalidad. Smith compone un
personaje que encuentra en su realidad el fruto de su culpa,
creyéndose erróneamente responsable de lo acontecido. Su anhelo
por encontrar vida más allá de la suya regala los mejores
momentos de la trama en la llegada de Anna (Alice
Braga) y Ethan (Charlie
Tahan), que le revelan
como una especie de sociópata forzoso, incapaz de encontrar el
camino para recuperar su sociabilidad; y una vez más, la
obligatoriedad de mostrarse carismático echa por tierra la
posibilidad de encontrar una hondura mayor en su interpretación
de este héroe forzosamente legendario.
Las amenazantes criaturas no
son sino meras comparsas aleatorias, creaciones digitales que
recuerdan tanto por su aspecto como por sus movimientos al Sonny
de "Yo,
robot"
(2004), la última aventura tecnológica del actor. Se añora, es
innegable, la oscura y sucia humanidad de los infectados del
texto original, rabiosos y llenos de odio, encabezados por un
Ben Cortman aquí ferozmente presente aunque desdibujado —y
mudo...—. La conclusión y el cierre del film resultan un tanto
atropellados, innecesariamente esperanzadores, como si la platea
no pudiese encajar el mensaje originario; da más que pensar,
realmente, qué problemas de producción pueden haber provocado
que una de las propuestas más aparatosas del cine reciente
presente un metraje tan ajustado, poco más de hora y media
—aunque, en realidad, es un punto a su favor—.
Lo mejor es dejarse llevar por sus aciertos, encabezados por las
inagotables visiones de la ciudad de los rascacielos solitaria y
sobrecogedora, y
seguidos de cerca por los momentos en los que Will Smith se
identifica realmente con un Robert Neville desquiciado y
desequilibrado, aunque estos instantes se vean solapados
momentos después por su sumisión a la visión más simpática y
encantadora, que no cómica, que todos tenemos de él.
Calificación:
    
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de "Soy leyenda" - Copyright © 2007 Warner
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