CÓMO SE HIZO "COMETAS EN
EL CIELO"
Notas de producción ©
2007
Universal Pictures
1. El proyecto
La
novela Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini apareció en 2003
como salida de ninguna parte y no tardó en colocarse en las
listas internacionales de superventas, donde aún permanece al
cabo de cuatro años. Esta historia sumergida en la cultura
afgana, un país lejano y devastado durante décadas por la
guerra, no parecía la mejor candidata para alcanzar semejante
éxito. Pero temas universales como los lazos familiares, los
amigos de infancia, el valor del perdón y la salvación por el
amor hicieron que esta historia conmoviera a lectores de
cualquier procedencia cultural y social. Escrita por un médico
nacido en Afganistán que, como el protagonista de la novela,
dejó su país de niño y no regresó hasta décadas más tarde,
Cometas en el cielo transporta a los lectores a través de los
continentes mientras sigue el viaje de un hombre que se lanza a
una búsqueda desesperada para enmendar el terrible error que
cometió hace años y que no ha dejado de perseguirle desde
entonces. El autor demostró una gran habilidad para mezclar lo
personal con la política, forjando un relato rebosante de
suspense y de intensos sentimientos. Khaled Hosseini creció en
Kabul cuando esta ciudad aún era “la perla de Asia” y emigró a
Estados Unidos de adolescente, lo que le proporcionó la
experiencia necesaria para aportar una autenticidad y humanidad
a la historia que afecta profundamente a los lectores. Se han
vendido más de ocho millones de copias en 34 países. Khaled
Hosseini reconoce que la reacción en cadena de Cometas en el
cielo y el próximo estreno de la película del mismo título es
muy gratificante. “La reacción de los lectores me sigue
sorprendiendo”, dice el autor. “Supongo que se debe al intenso
núcleo emocional de la historia. Los temas de la novela,
culpabilidad, amistad, perdón, pérdida, deseo de expiación,
mejorarse a sí mismo, no son temas limitados a Afganistán, son
experiencias humanas que no tienen en consideración la
procedencia étnica, cultural o religiosa”. Estos temas atrajeron
la atención de los productores William Horberg y Rebecca
Yeldham, entonces compañeros en DreamWorks SKG, mucho antes de
que la novela alcanzara el nivel de superventas. Al leer la
prosa directa de Khaled Hosseini, se dieron cuenta de que tenían
algo extraordinario entre manos. “Es una de las obras literarias
más poderosas y más cinematográficas que he leído, es mágica”,
dice Rebecca Yeldham. “Nos enamoramos del libro. Nos pareció
impensable no llevarlo a la gran pantalla. La historia es
lírica, evocadora, maravillosa y se presta a la interpretación
visual. Literalmente se ven los acontecimientos mientras se
pasan las páginas”.
William Horberg añade: “Leer
Cometas en el cielo fue una experiencia maravillosa. La idea
central es muy poderosa: no importa lo que se haya hecho en el
pasado, hay una forma de volver a ser bueno. Atrapa al lector y
toca los secretos que todos tenemos. El lector viaja con esos
dos niños, entra en su cultura, su familia y conoce la redención
a través del personaje de Amir. Me pareció tremendamente
conmovedora además de tener mucho potencial como película”.
William Horberg y Rebecca
Yeldham hablaron de la novela con Walter Parkes y Laurie
MacDonald, que estaban a punto de dejar sus puestos como
codirectores de producción de DreamWorks para fundar una
productora independiente. Los cuatro se unieron para comprar los
derechos y se empezó a trabajar en el guión. Walter Parkes cree
que el poder del libro está en los misteriosos, aunque frágiles
lazos de una amistad de infancia porque son los mismos en todo
el mundo. “Enseguida me acordé de mi mejor amigo cuando tenía 10
u 11 años, y del mundo de fantasía que construíamos”, dice el
productor. La coproductora Laurie MacDonald añade: “Habla de la
capacidad de recuperación de los niños. Pueden encontrar
amistades y aventuras en un universo muy particular, que no por
eso deja de ser realista y conmovedor. Es lo que más me tocó de
la novela”.
Los cineastas convencieron a
Khaled Hosseini para que les ayudara a transformar la novela en
una película y se aseguraron de que participara en todo el
proceso. “Khaled era nuestro embajador en un mundo que todos
desconocíamos”, dice William Horberg.
La película estaba en pleno
desarrollo cuando William Horberg y Rebecca Yeldham dejaron
DreamWorks en 2005. El primero se unió a Sidney Kimmel
Entertainment (SKE), una productora conocida por trabajar con
cineastas de talento y guiones de calidad. Sidney Kimmel también
se entusiasmó con el proyecto. Jeff Skoll, de Participant
Productions, una joven empresa en auge cuyo lema es “Cambiar el
mundo de historia en historia”, también se convirtió en un
apasionado seguidor del libro y se unió a SKE como socio
financiero.
Fue entonces cuando la novela
tomó las librerías por asalto y se convirtió en un fenómeno
cultural. Los críticos estaban tan impresionados como los
lectores. La premiada escritora Isabel Allende dijo, hablando
del libro: “Es tan fuerte que, durante mucho tiempo, todo lo que
leí después me pareció insípido”. Los cineastas estaban
sorprendidos y entusiasmados por la inesperada popularidad de la
novela.
“Sinceramente, dudo que
alguno de nosotros sospechara que Cometas en el cielo iba a
tener tanto éxito”, dice Walter Parkes. “Es una historia genial
de proporciones heroicas y cinematográficas que trata de temas
esenciales, como la redención y la aceptación de uno mismo, pero
de ahí a pensar que se convertiría en un superventas y que, unos
años después, el cine estadounidense estaría abierto a ese tipo
de historias multiculturales... No, ninguno de nosotros podíamos
predecirlo”.
Ahora quedaba encontrar el
guionista capaz de llevar al mundo descrito por Khaled Hosseini
a la gran pantalla sin perder el tono intimista de la novela.
William Horberg y Rebecca
Yeldham hablaron con David Benioff, que también es novelista
(debutó como guionista con la adaptación de su novela La última
hora, que dirigió Spike Lee). Se unió al proyecto y se puso
manos a la obra para transformar un libro de 400 páginas en un
guión tenso y fascinante a partir de una nueva estructura.
“Todos estábamos muy abiertos
a cualquier idea, pero teníamos una en común, y era hacer
justicia a la maravillosa historia de Khaled e intentar retener
la humanidad y espiritualidad del libro”, dice el guionista.
“Siempre me pareció una historia de cobardía y valor, y de la
distancia que los separa. Desde el principio quise que fuera una
historia acerca de Afganistán, de los afganos, un pueblo que ha
pasado por lo peor, guerras y pobreza, pero que, dentro de este
horror, sabe encontrar la gracia, la belleza y el amor”.
David Benioff no dejó de
consultar con el autor durante todo el proceso: “Khaled no pudo
ser más generoso con su tiempo y experiencia; siempre estaba
dispuesto a contestar a todas mis preguntas”.
Uno de los mayores retos para
el guionista fue trasladar treinta años de acontecimientos a dos
horas de película. “Los saltos temporales son difíciles de
conseguir en una película”, explica. “La novela transcurre en un
periodo de 30 años y no fue fácil encontrar la estructura
adecuada para el guión. Se ve a Amir en momentos muy diferentes
de su vida, pero decidí que sólo le encarnarían dos actores.
Creo que, con más actores, se perdería la conexión con este
magnífico personaje. El guión contiene casi todos los momentos
más importantes, pero la cronología está simplificada. Por
suerte, la base de la historia es tan fuerte que no pierde nada
de fuerza a pesar de las restricciones de tiempo y espacio
impuestas por el cine”.
Khaled Hosseini reconoce
estar impresionado por el trabajo del guionista al reinventar la
historia para el cine. “Me quito el sombrero”, dice. “No lo
tenía nada fácil. Estructuralmente, la novela es todo un reto ya
que transcurre en un periodo de 30 años. Hay flashbacks, los
personajes envejecen; Amir deja Kabul como una ciudad
cosmopolita y regresa a un paisaje de destrucción. Cuando leí la
versión definitiva, le dije: ‘Será una película preciosa’”.
Los productores querían un
director con la suficiente sensibilidad cultural e imaginación
para plasmar en imágenes una historia que va de Kabul a
California, de los aniquilantes efectos de la violencia e
intolerancia al triunfo del honor y de la esperanza.
Escogieron a Marc Forster
porque ha sabido aportar lirismo y humanidad a cada película que
ha hecho sin importar el género, desde las fuertes emociones de
Monster’s Ball al mundo encantado de Descubriendo Nunca Jamás
pasando por la inventiva cómica de Más extraño que la ficción.
Además, ya había trabajado con David Benioff en el atemporal
thriller psicológico Tránsito.
“Admiramos el trabajo de
Marc”, dice William Horberg. “No importa el mundo que explore,
siempre encuentra personajes con los que el público puede
identificarse. Como la historia era muy diferente de todo lo que
había hecho antes, pensamos que lo tomaría como un reto”.
Marc Forster demostró tener
la sensibilidad que buscaban. “Marc no tiene miedo, no le
asustaba hacer una película acerca de una cultura que
desconocía”, dice Rebecca Yeldham. “Es capaz de superar
obstáculos que paralizarían a muchos otros. Más aún, llegó
inmediatamente al corazón de la historia y entendió por qué
había conmovido a millones de lectores”.
El realizador sintió que la
historia de la idílica amistad que une a Amir y a Hassan cuando
son niños, y los dramáticos acontecimientos que ensombrecerían
la nueva vida de Amir en Estados Unidos era irresistible. “Me
enamoré de la historia”, reconoce. “Leer el libro fue una
experiencia muy emocional. Supe enseguida que quería ser parte
del proyecto. Aunque es muy diferente de Monster’s Ball, también
es una historia acerca de cómo se puede romper el círculo de la
violencia y creer en la redención. El reto residía en plasmar un
viaje épico e introducir a los espectadores en una historia muy
intimista acerca de unas cuantas personas y de las consecuencias
de sus acciones”.
Pero ni siquiera Marc Forster
estaba preparado para una experiencia tan intensa como el rodaje
de la película, que le llevó desde Europa hasta Kabul, Pakistán
y China en un recorrido esclarecedor y, a veces, agotador, que
le ayudaría a construir la película.
Desde el principio, el
director supo que para dar vida a esta historia, debería
comprender la compleja cultura afgana y lo habló con Khaled
Hosseini, que le apoyó con entusiasmo.
“Me sentí muy feliz al saber
que Marc estaba decidido a hacer todo lo posible para que la
película fuera auténtica desde un punto de vista cultural.
Estaba empeñado en mostrar al público algo que no se había visto
antes”, dice el novelista. “Me habló con pasión y honestidad
acerca de la novela; le preocupaba no estar a la altura. Pero yo
no estaba preocupado porque sabía que la historia le había
cautivado. Luego, viéndole trabajar, supe que era un hombre de
mucho talento”.
Marc Forster añade: “David
supo capturar con maestría el espíritu de Cometas en el cielo en
el guión. Lo importante era no traicionar a Khaled y, como
director, quería ser el instrumento de la visión del autor que
había conmovido a tantas personas”.
David Benioff aún estaba
escribiendo el guión cuando se decidió que la película se
rodaría en dari, una de las dos principales lenguas habladas en
Afganistán. “Me pareció que rodar la película en otro idioma
sería un error”, dice Marc Forster. “No se puede tener a niños
en los años setenta en Afganistán hablando en inglés, no es
auténtico. Hay que construir una conexión emocional con la
realidad”.
A pesar de las complicaciones
de semejante decisión, el autor Khaled Hosseini la apoyó
plenamente. “Cuando Marc me dijo que rodarían la película en
dari, supe que quería respetar la novela. Es muy importante que
los personajes sean creíbles”.
El guionista y el director
hablaron mucho acerca de qué diálogos debían hablarse en dari o
en inglés. Una vez acabada la traducción del guión, lo mandaron
al novelista, que le dio los últimos retoques. También hay unos
pocos diálogos hablados en pashto, el idioma de los talibanes, y
en urdu, la lengua de Pakistán.
Para que todo fuera
auténtico, los cineastas contrataron a varias personas cuyo
idioma materno es el dari para vigilar los acentos y
entonaciones de los actores. Las traducciones durante el rodaje
corrieron a cargo de Ilham Hosseini, estudiante de Derecho en la
Universidad de Berkeley y prima del autor. Los cineastas también
contrataron a varios asesores culturales para asegurarse de que
todos los detalles fueran correctos.
2.
El reparto
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