CÓMO SE HIZO "COMETAS EN
EL CIELO"
Notas de producción ©
2007
Universal Pictures
3. La producción
Desde el primer
momento, la gran pregunta para los productores fue dónde rodar
COMETAS EN EL CIELO. Para contar la historia, había que recrear
mundos muy dispares y desaparecidos, entre ellos, Kabul en los
años setenta, una ciudad exótica y colorista donde se mezclaban
libremente varias culturas. El problema era dónde encontrar el
paisaje y la arquitectura de una ciudad que nació hace 3.000
años en un lugar con la logística necesaria para el rodaje de
una película de este calibre. El productor y jefe de producción
E. Bennett Walsh recorrió unos 20 países durante un año antes de
encontrar el lugar idóneo en el Oeste de China. E. Bennett Walsh
conocía China ya que había rodado Kill Bill Vol. 1, de Quentin
Tarantino, en ese país, pero encontró lo que buscaba para rodar
COMETAS EN EL CIELO en la escasamente poblada Región Autónoma de
Xinjiang. El jefe de producción fotografió paisajes majestuosos
entre las antiguas ciudades de Kashgar y Tashkurgan que
recordaban a Afganistán, el país vecino. Esta lejana porción de
la famosa Ruta de la Seda es hoy en día una activa zona
islámica, con marcada influencia india y persa. La ciudad de
Kashgar, levantada en un oasis, es un crisol de culturas repleto
de coloristas mercados que se alza como por arte de magia en
medio del árido terreno de aspecto lunar del desierto de
Taklimakan (que significa “entrarás pero no saldrás”), rodeada
por elevados picos. Pero rodar allí no era simple. “Una vez
tomada la decisión de rodar en China, la planificación fue
enorme”, recuerda Walter F. Parkes. “Fui a buscar localizaciones
durante diez días, y no recuerdo nada igual. Hubo un día, en un
mercado a las afueras de la ciudad, que llegué a pensar que
había regresado al siglo XVIII”. Cuando Marc Forster llegó a
Kashgar supo que era el lugar idóneo: “Había visto muchas fotos
de Kabul en los setenta. Después de visitar Kashgar, quedé
convencido. Tenía todo lo que necesitábamos: la arquitectura, el
paisaje, la amplitud y los extras”. La mayoría de las escenas
que transcurren en Kabul en los setenta y en 2000 se rodaron en
la parte antigua de Kashgar. Las calles que rodean la
impresionante mezquita Id Kah hicieron las veces de calles
paquistaníes de Peshawar, donde se sitúa la casa de té de Rahim
Khan. La mezquita, construida en 1442, es una de las más grandes
de China, y puede albergar a 10.000 fieles.
La peligrosa huida de
Amir y Baba de Afganistán, así como el viaje de regreso de Amir
años más tarde se rodaron en la famosa carretera de Karakoram,
la más elevada del mundo, que se abre camino por algunos de los
puertos más asombrosos del planeta. Otras escenas se rodaron en
decorados naturales en el lago Karakul a 3.900 metros de
altitud, donde actores y equipo durmieron en yurtas, las tiendas
típicas de la región.
Tashkurgan, una ciudad más pequeña, conocida como la “Ciudad de
piedra” por sus construcciones de hace 2.000 años, también hizo
las veces de Kabul en los setenta. Además, hubo dos semanas de
rodaje en Pekín, que se transformó en San Francisco.
Después de tres meses de rodaje en China, regresaron al
auténtico San Francisco para rodar la escena final de las
cometas en el parque César Chávez.
Uno
de los mayores retos fue conseguir que los actores y el equipo
se mantuvieran unidos a pesar de los largos y penosos viajes y
del cambio cultural. “Creo que todos aguantamos por la
historia”, dice E. Bennett Walsh. “Hubo momentos muy difíciles,
pero todos sabíamos que era una historia universal que debía
contarse. Ser conscientes de que teníamos algo muy especial
entre manos nos permitió superar los peores momentos”.
La
organización y mentalidad abierta de Marc Forster también
ayudaron a allanar las dificultades. “Marc es un cineasta
meticuloso muy bien organizado”, dice William Horberg. “Era
asombroso ver hasta qué punto había previsualizado mentalmente
la película”.
“Rodar en lugares así significa que uno debe estar abierto a
cualquier cosa”, dice Marc Forster. “Siempre había que estar
dispuesto a cambiar de planes. Reconozco que por primera vez
llegué al límite como director porque nunca sabía qué podía
pasar al día siguiente”.
Uno
de los requisitos del director era que el rodaje no dejara una
huella negativa en la población local. Quedó entusiasmado con la
cooperación que encontraron: “Es increíble ver el impacto que un
rodaje tiene en zonas donde no se han visto cámaras, ni siquiera
a muchos occidentales. Sentían curiosidad, pero sobre todo
demostraban tener un gran sentido de la hospitalidad”.
Entre actores y miembros del equipo técnico sumaban más de 28
nacionalidades, y se hablaban varios idiomas: inglés (Estados
Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica), dari
y pashto (Afganistán), farsi (Irán), urdu (Pakistán), uigur
(Región Autónoma de Xinjiang), tajik (Tashkurgan), chino
mandarín y cantones, además de alemán, español, francés e
italiano. A veces se conversaba más con gestos que hablando.
Rebecca Yeldham recuerda, riendo: “Hubo momentos realmente
divertidos en los que el director suizo de la segunda unidad
hablaba con un ayudante estadounidense, un intérprete afgano y
otro ayudante chino que lo traducía a otro en uigur que, a su
vez, lo traducía a la figuración en tajik”.
Marc Forster dice, resumiendo: “Los actores y el equipo dieron
lo mejor de sí mismos en circunstancias extremas. Quedé muy
satisfecho con las interpretaciones, los paisajes y todo lo que
nos proporcionó el Oeste de China, sobre todo por la enorme
calidad humana de su población”.
La
gran fuerza de la película no sólo se basa en las magníficas
interpretaciones, sino también en un esmerado diseño artístico
que lleva a la pantalla un mundo y una cultura poco conocidos
por el público occidental. Para conseguirlo, el realizador se
rodeó de un grupo de grandes profesionales, entre los que está
el director de fotografía Robert Schaefer, ASC, el diseñador de
vestuario Frank Fleming, los dos habían trabajado anteriormente
con Marc Forster, y el diseñador de producción Carlos Conti.
En
lo que al diseño visual de la película se refiere, el primer
requisito del director era la autenticidad, por lo que no sólo
hubo que encontrar localizaciones, sino recrear detalles de
época para crear el ambiente idóneo. Marc Forster dice: “El reto
estaba en encontrar los contrastes de color, las imágenes y
tomas que comunicaran las emociones de los personajes de
Hosseini en un decorado totalmente naturalista”.
La
enorme tarea de recrear el Kabul de los setenta en la ciudad
china fronteriza de Kashgar recayó en Carlos Conti, diseñador de
Diarios de motocicleta y Nuevo mundo/Golden Door, que transcurre
en gran parte en Ellis Island. “Escogimos a Carlos porque
siempre ha sido capaz de hacer cosas realmente asombrosas con
presupuestos limitados, además de encontrar soluciones para
transformar o construir decorados que se asemejan enormemente a
la realidad”, dice William Horberg. “Y en este caso hizo
milagros, encontrando detalles de un realismo increíble”.
Rebecca Yeldham, que trabajó con él en Diarios de motocicleta,
añade: “He tenido la ocasión de ver a Carlos volcado en la
película. Pone mucha atención en los detalles. Su diseño puede
pasar desapercibido por la elegante simplicidad que sirve para
realzar el conjunto de la película”.
Marc Forster explica el proceso de trabajo que siguieron:
“Carlos y yo empezamos estudiando imágenes y libros sobre Kabul
y Peshawar. Cuando llegamos a China, sabíamos claramente lo que
queríamos. Decidimos que los años setenta estarían llenos de
colorido y contrastarían con el año 2000, donde todo sería más
gris, más vacío, más duro”.
En
Kashgar, el diseñador de producción tuvo dificultades en
encontrar la casa de Baba, símbolo de sofisticación, clase y
estilo. “Estudiamos numerosas fotos del entonces elegante barrio
de Wazir Akbar Khan, en Kabul”, dice Carlos Conti. “Creamos una
casa de acuerdo con el estilo arquitectónico del barrio, pero
con tonalidades que encajasen en la película. La construcción
nos llevó ocho semanas en un terreno donde antes pastaban los
burros, las ovejas y picoteaban las gallinas. Construimos todo
el mobiliario, incluso creamos los cuadros. El equipo chino y
uigur fue increíble”.
Pero la auténtica prueba llegó el día que Khaled Hosseini visitó
el decorado. “La casa me transportó al Kabul de los setenta”,
dice el novelista. “La casa de Baba es una fiel reconstrucción
de cómo eran las casas de una cierta clase social adinerada. Me
conmovió verla, volví a un tiempo en el que Afganistán vivía en
paz. Era una visión de la época de mi niñez, cuando el país
vivía tiempos más felices”.
Otro decorado que costó trabajo reconstruir fue la plaza de las
Cometas de Kabul, donde transcurren los espectaculares torneos.
La escena se rodó en la plaza Ostangboye, de Kashgar. “Cuando vi
la plaza por primera vez, decidí que el torneo de cometas
tendría lugar allí. Lo escogí instintivamente”, dice el
realizador.
Fue
otro momento emotivo para Khaled Hosseini: “El torneo de cometas
debía ser una de las secuencias más visuales de la película”,
dice. “Pero lo que en mi libro está descrito en un par de
páginas requirió un ejército para la película, con 300 extras
repartidos en la plaza, los tejados y los postes. Me quedé
asombrado viendo a Marc organizando algo tan complicado. Los
espectadores descubrirán la belleza de Kabul con nieve en los
tejados, los niños corriendo en la plaza y las cometas
multicolores volando en el cielo”.
Para el regreso de Amir y Farid al Kabul gobernado por los
talibanes, Carlos Conti quiso contrastar las bulliciosas calles
de los setenta con calles silenciosas y vacías. “Hablé con Marc
de la posibilidad de dejar el encuadre casi vacío, sin un solo
coche, para dar la impresión de una época en la que estaba
prohibido hacer volar cometas, ver la tele o una película y oír
música. Mi objetivo ha sido diseñar imágenes potentes, pero
simples”.
El
gran trabajo del director de fotografía Roberto Schaefer, que ha
trabajado con el realizador en todas sus películas, también
contribuyó al aspecto naturalista de la película. Roberto
Schaefer decidió mezclar lo agreste con lo épico, usando al
máximo la iluminación disponible en Kashgar, llenando la
pantalla con espléndidas imágenes, texturas y colores.
“No
disponíamos de un presupuesto épico, pero Marc y yo estábamos
convencidos de que debía parecer una película épica”, explica el
director de fotografía. “Quería que fuera grande y utilicé todo
lo que tenía a mi alcance para diferenciar las épocas, los
decorados y los paisajes, aportando así una mayor dimensión a la
película”.
Consecuentemente, el diseño artístico y las imágenes de COMETAS
EN EL CIELO se convirtieron en mucho más que un simple telón de
fondo para la historia. Son una parte íntegra del relato,
transportando a los espectadores de un mundo a otro. “Creo que
gracias a esta película, el público empezará a ver Afganistán
como un lugar real”, dice Khaled Hosseini. “Espero que cuando
salgan del cine, después de ver COMETAS EN EL CIELO, Afganistán
les parezca un país con esperanzas, sueños y deseos como
cualquier otro del mundo”.
Marc Forster acaba diciendo: “Para poder contar la historia de
COMETAS EN EL CIELO, todos vivimos un viaje emocional lleno de
luchas, cambios y descubrimientos durante el que a menudo
ignorábamos lo que iba a pasar al día siguiente. Vimos qué dura,
difícil y dolorosa es la vida en Afganistán después de 30 años
de guerra. Pero también descubrimos una extraordinaria capacidad
de recuperación. No olvidaremos las ganas de superación del
pueblo afgano”.
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Cometas en el cielo" - Copyright © 2007
DreamWorks Pictures, Sidney Kimmel Entertainment y Participant
Productions. Distribuida en España por Universal Pictures
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