CRÍTICA
por
José Arce
El realizador
Frank Darabont ha
conocido sus mayores glorias profesionales adaptando obras del
genio de Maine, Stephen King.
Más allá de un cortometraje inicial de 1983 basado en uno de los
relatos recopilados en “El umbral de la noche”, el realizador
encumbró los textos del prolífico autor a una categoría
artística superior pocas veces igualada, capaz de acumular
méritos, premios y reconocimientos fuera de círculos
fantaterroríficos; así, "Cadena perpetua" se considera una
de las grandes obras del cine moderno, mientras que
"La milla verde",
si bien no puede tenerse como un trabajo capital del séptimo
arte, no le queda a la zaga —aún así, no deja de resultar
curioso que entre las dos acumulen once nominaciones a los
Oscar® y ninguna estatuilla—. El director, mostrándose fiel a
sus fuentes, regresa una vez más a su inspirador en una
propuesta de aspiraciones comerciales más modestas pero
tremendamente efectivas.
Un
pequeño pueblo —ya sabemos cuál— se ve inmerso en una densa
niebla sin motivo aparente. La masa, inquietantemente
compacta y opaca, desciende de las montañas en dirección a
unos ciudadanos que, en principio y lógicamente, no
desconfían de este fenómeno natural. Sin embargo, algo se
esconde en la bruma, un ente físico y letal dispuesto a
exterminar a todo el que no se oculte a su contacto. La
acción nos sitúa junto a un puñado de vecinos que se
refugian en un colmado de la localidad; entre ellos, David (Thomas
Jane), figura
central de la historia, dibujante de carteles de películas
atrapado junto a su hijo (Nathan Gamble)
en tan extraña situación. "La niebla de Stephen King"
aparece ante el espectador como una producción de serie B de
autocine de sabor añejo, divertida, efectiva y efectista,
que dibuja con acierto una amplia paleta de personajes en
torno al protagonista, participantes cuyos caracteres,
actitudes y talantes chocarán inevitablemente en un contexto
exasperante cuya resolución no está en sus manos. Sin
embargo, la narración transita con acierto, a medida que
avanza la trama, a terrenos más profundos y temáticamente
interesantes gracias al pulso de Darabont, que apuesta por
extender el metraje a las dos horas de duración para poder
trabajar con comodidad participantes y situaciones.
Y es que
si bien la primera mitad de la trama opta por explotar los
chascarrillos más palomiteros del género, apoyados en unos
—involuntariamente, cuestión de presupuestos— efectos digitales
más bien apurados y en la utilización más arquetípica de roles
inevitables —el abogado petulante y descreído, la anciana
entrañable, el redneck, o el gerente flojo y debilucho
que sirve, aparentemente, de contrapunto cómico—, estamos tan
sólo ante una herramienta que sirve a un propósito mayor:
posicionarnos frente al amplio elenco, elegir de qué lado
estamos, quién queremos que viva y quién deseamos que muera —a
eso se reduce, tantas veces, el horror contemporáneo—, para
luego dar la vuelta a los acontecimientos a medida que el tiempo
pasa y entran en juego prejuicios y tensiones; de pronto, surgen
desvaríos religiosos (estupenda Marcia Gay
Harden) o críticas a
la inoperancia militar, todo ello sin abandonar un tono
sorprendentemente sostenido, un riesgo por parte del cineasta,
que se expone a aburrir a una audiencia que puede necesitar un
ritmo más proclive a la acción y a un enfrentamiento continuado
y dinámico con la tentaculosa amenaza que acecha en el exterior,
sin detenerse a considerar que el verdadero peligro está dentro,
a nuestro lado. Y aunque es indudable que se puede acusar al
film de exhibir una orgullosa lentitud, no debemos olvidar que
esa, precisamente, es su gran apuesta: la profundidad temática
disfrazada de película de monstruos, una cinta que vende lo que
no es, dicho esto en el buen sentido, porque en realidad ofrece
mucho más de lo que se pudiera esperar.
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Oscura, arriesgada, un
torbellino emocional finalmente controvertido, con un epílogo
crudo y espectacularmente atrevido y devastador, que no deja
indiferente, más bien todo lo contrario. Uno de esos títulos que
se comentan al salir de la sala, en el que sus aciertos solapan
sus defectos, que por otra parte tampoco abundan. Terror de
siempre, mezclado con terror de hoy. Oportunidades como estas no
se pueden desperdiciar, máxime si viene adornado por las
presencias de William Sadler,
Jeffrey DeMunn,
Andre Braugher,
Frances Sternhagen,
Toby Jones
o Laurie Holden.
Calificación:
    
Imágenes
de "La niebla de Stephen King" - Copyright © 2007 Dimension
Films y Darkwoods Productions. Distribuida en España por Notro
Films. Todos los derechos
reservados.
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