CÓMO SE HIZO "THIS IS
ENGLAND"
Notas de producción © 2006
Festival Films
This Is England está ambientada en la Inglaterra de principios
de los ochenta; el mundo de Duran Duran, del aeróbic, de Los
Cazafantasmas, de Margaret Thatcher, de la crisis de las
Malvinas, de disturbios raciales, y de cabezas rapadas. A partir
de muchas experiencias de la época en la que le tocó crecer,
Shane Meadows crea un retrato de un momento de nuestra historia
cultural al que a menudo no se presta la debida atención. Con el
mundo de los skins como telón de fondo, dentro de un anodino
pueblo costero asistimos, a través de los ojos de un niño de
doce años al paso a la madurez, personal y cultural. La idea
para This Is England le vino a Shane mientras trabajaba en su
película anterior, Dead Man’s Shoes, una historia sobre el
precio de ser víctima, sobre el abuso del poder y sobre la
venganza, en la Inglaterra rural. Con aquel proyecto, el
director se puso a reflexionar sobre la naturaleza del acoso y
de la violencia física. Hubo, concretamente, un incidente en su
propia vida, cuando él tenía 12 años y se había hecho skinhead,
que le ha servido como referente. Él mismo explica: “Yo pensaba
que lo más emocionante en la vida era ese tipo de masculinidad
dura en los hombres. Yo quería ser como Jimmy Boyle, o John
McVicar, o Kray. De la misma manera en que los niños de ahora
quieren ser Beckham, yo adoraba a Jimmy Boyle. Yo quería ver a
hombres peleando, y recuerdo que una vez casi provoqué un acto
de violencia, y eso se convirtió en algo con lo que me empezó a
resultar difícil vivir.” Irónicamente, fue esta experiencia,
junto con el ejemplo de una figura como Jimmy Boyle, un criminal
que luego se convirtió en un artista, lo que, a la larga,
terminó siendo muy positivo para Shane. Sobre su infancia en
Uttoxeter en los años ochenta, que en aquella época era un
pequeño pueblo de los Midlands de unos diez mil habitantes con
una alta tasa de paro, y donde proliferaban deshauciados rurales
del thatcherismo, el director dice: “Si uno es de un pueblo como
Uttoxeter, nadie espera que vaya a abandonar un lugar así para
intentar ser cineasta. De cierta manera, mi reacción a aquel
acto de violencia fue el primer paso para salir de esa forma de
vida.”
Para Shane, hacer This Is
England se convirtió en una manera de exorcizar los demonios de
aquella noche de violencia. El impacto de esas primeras experiencias
se nota en el conjunto de su obra. De hecho, todas sus películas
tratan el tema de la masculinidad, desde el club de boxeo de
TwentyFourSeven, hasta la amistad comprometida de la infancia de
A Room For Romeo Brass, o el tema de las estructuras del poder
masculino y de la venganza en Dead Man’s Shoes, sin hablar de
las tribus adolescentes y las figuras paternas de This Is
England. “En términos fílmicos, es casi como la serie de La
guerra de las galaxias,” bromea. “Ahora estoy con la pre-cuela
de mi serie. This Is England se hizo antes de todas mis otras
películas. Las otras están basadas en una época determinada, a
partir de los quince años, cuando, aunque yo aborrecía la
violencia, era un pequeño embustero. Creo que con This Is
England he mirado hacia atrás, y ha encontrado la raíz, el
porqué he empezado a hacer películas”.
El casting es una parte
esencial de cada película de Shane Meadows. Trabaja
principalmente con actores no profesionales, y es un director
muy intuitivo que permite que la historia vaya cogiendo forma
gracias al trabajo realizado en talleres de interpretación para
jóvenes. La estructura de una película se desarrollará
orgánicamente en torno a la personalidad de sus actores, que a
menudo son gente joven que ha llegado al mundo de la
interpretación por vías nada tradicionales. Para This Is
England, se encontró ante todos los puntos límite: la cultura
skin, el crecer en los años ochenta, una infancia truncada por
la violencia. Sin embargo, para que la película funcionase era
muy importante dar con el protagonista perfecto, tarea que
implicaba no sólo un trabajo duro, sino que también dependía
mucho de la suerte y de algo parecido a la magia.
En el transcurso de la
búsqueda de Shaun, Shane y su colaboradora y socia de toda la
vida, Louise Meadows, que había encontrado, ella sola, el resto
del reparto, hicieron muchas pruebas a niños en talleres de
ciudades de todo el país. Se dieron cuenta de que lo que
necesitaban era “un niño de la calle de verdad”, como decía
Louise, y decidieron solicitar la ayuda del genio del casting,
Des Hamilton. Tras haber trabajado con directores como Lynne
Ramsay, cuya película, Ratcatcher, contó con un reparto de niños
actores no profesionales, Des siempre ha tenido un planteamiento
especial a la hora de buscar actores para cualquier película, y
es un conocido experto en el casting de personajes de la calle.
En sus charlas con Shane se estableció un sentido muy claro del
tipo de personaje que se buscaba. A partir de allí, Des buscó
con especial atención en aquellas zonas donde pensaba que
existiría un Shaun de verdad. Se mandaron invitaciones para el
casting a los campamentos de verano a lo largo de la costa este,
y Des hizo especial hincapié en la ciudad de Grimsby. Des
encontró la calidad que buscaba en un programa para niños
socialmente marginados, llamado Space Project. Muchos de esos
niños han sido excluidos de las escuelas y Des encontró en ellos
esa sutil combinación de inocencia y dureza, que les distinguía
de otros niños.
Allí, el equipo dio, por
casualidad, con Thomas “Tommo” Turgoose, un niño de 13 años, que
había crecido con todo en su contra. Pequeño de estatura,
parecía mucho más joven de lo que era, pero tenía muchas
agallas. Por supuesto que todos los niños con los que Shane y
Louise se veían tenían muchas ganas de estar en la película,
pero Tommo era distinto. Cobraba por cada prueba que hacía,
mostrando así sabiduría callejera y su lado de comerciante duro,
al mismo tiempo que se mostraba incapaz de entender cualquier
tipo de intercambio que no fuera de esa naturaleza. El productor
Mark Herbert recuerda cómo le impresionó en la primera prueba.
“Era, ‘uno de ellos’; tenía tantas agallas, tanto espíritu. Pero
al mismo tiempo hacía cosas asombrosas…era mucho más sutil”.
“Tuve esa sensación que
tienen los directores cuando ven algo que tiene magia, el factor
X de Simon Cowell,” dice Shane, a quien le impresionó incluso
más ese chico joven. “Podía verme a mí mismo en aquel chico.
Recuerdo que había profesores en mi colegio que me decían que yo
iba a terminar en la cárcel, que en la vida sólo me esperaban
cosas malas. Pero la gente creía en mí, y he terminado haciendo
algo con mi vida.” En el momento de elegir a Tommo para el
papel, había otros dos chicos en la lista, actores del taller
Carlton, de Nottingham, que tenían experiencia suficiente, y por
lo tanto muy adecuados para interpretar un papel más grande.
Tommo, al contrario, tenía muy pocas estructuras en su vida, le
habían diagnosticado una incapacidad para concentrarse mucho
tiempo, sólo pasaba una hora a la semana en la escuela, y hacía
poco había sido incapaz de hacer un papel de extra en la obra de
teatro escolar.
Sin embargo, para Shane,
elegir a Tommo no era sólo evidente, sino también una cuestión
de verdad artística. “Prefería arriesgarme con un chico como
Tommo, y con ello a un posible fracaso. Si das la espalda a la
persona que ha de hacer el papel, no deberías hacer la película.
El gran círculo se había cerrado: yo pretendía hacer una
película, que en el fondo era sobre mí mismo, y mira por dónde,
terminé dando con un actor niño que era yo. Increíble.”
Consecuentemente, This Is England se convirtió tanto en la
historia de Tommo como en la historia de Shane. Se hizo especial
hincapié en la pérdida de la figura paterna, y Tommy fue capaz
de aportar un nuevo aspecto al personaje de Shaun, un chico que,
como Shane, es más feliz cuando está solo.
Por supuesto que los riesgos
de elegir para el papel a un niño como Tommo eran muy altos.
Está en cada escena, que es un reto agotador para cualquier
actor. Y no fue una experiencia desprovista de problemas. Al
final de la primera semana, cuando Tommo entendió plenamente lo
duro que iba a tener que trabajar, llegó a decir que no se creía
capaz de hacerlo. Eso fue un golpe muy duro para Shane y
recuerda que incluso llegó a pensar que convenía recordarle al
niño actor que estaba obligado por contrato. Pero al final pensó
que lo mejor era una charla seria y sincera con él. “Entonces
opté por decirle ‘mira, creo que si te rajas ahora, lo vas a
lamentar el resto de tu vida, porque si no superas esto, nunca
vas a superar nada en la vida. A mí me llegó mi oportunidad un
poco más tarde que tú ahora, y, para ser sinceros, Tommo, no lo
hubiese podido hacer si tuviese tu edad…’ Sabía que para él eso
podía marcar la diferencia entre tener una vida, o no tenerla”.
Esas palabras le llegaron
aTommo, y, al igual que con Andrew Shim, la joven estrella de A
Room For Romeo Brass, en cuanto Tommo decidió afrontar
seriamente el reto, cogió un apetito insaciable para el cine.
Quería aprenderlo todo, desde el trabajo con la cámara hasta el
montaje. “Incluso cambiamos sus costumbres alimenticias. Dejó la
coca cola y las patatas fritas, y al final del rodaje bebíamos
Purdeys juntos, y sólo nos faltaba un monitor de gimnasio en el
plató”.
Tommo llegó a llevarse bien
no sólo con Shane, sino también con sus co-protagonistas Andrew
Shim, que interpreta a Milky, y Stephen Graham, que interpreta
el papel protagonista de Combo. Del trabajo con Tommo, dice
Stephen: “Estamos ante un nuevo Robert De Niro; es el mejor
actor con el que jamás he trabajado; se entrega totalmente al
momento.” Y el mismo Tommo dice que la manera en que ve las
películas ha cambiado desde su trabajo con Shane. “Ahora busco
el micrófono en los extremos de la pantalla.” Andrew entendía
muy bien lo que sentía Tommo, ya que el mismo director le dio su
primera oportunidad hace siete años. “Me recordaba a mí mismo,”
dice. “Nunca me preparaba para un escena. Yo era siempre el que
se reía y hablaba, hasta el grito de ‘acción’. Como Tommo ahora.
Cada vez que tomaba una coca cola, se ponía hiperactivo, y podía
volver locos a todos, pero al oír ‘acción’, se le cambiaba la
cara y se metía en el trabajo enseguida.” Stephen, que hace de
duro en películas como Gangs of New York y Snatch, era alguien
al que Tommo admiraba especialmente. Como sucede en la pantalla,
los dos se hicieron muy amigos fuera de la pantalla, e incluso
llegaron a hacer un pequeño variété para el equipo durante el
rodaje. Pero trabajar con un niño como Tommo conlleva cierta
responsabilidad. Significa mucho más que hacerse amigo de él
durante las seis semanas de rodaje, como ocurre tan a menudo en
el cine, para no volver a verle nunca más.
Dice Shane: “Sabía que si iba
a decirle todas esas cosas, para que él hiciera la película, no
podía simplemente olvidarme de él al terminarla. Como adulto, no
se puede hacerle eso a un niño, porque al final se sentirá
utilizado, como si todo no fuese más que un engaño conveniente.”
Los tres hombres, Andrew, Shane y Stephen, hicieron un pacto de
caballeros: decidieron que iban a estar allí para Tommo. Ahora
Tommo pasa tiempo con el director y con Stephen, en su casa, con
sus respectivas familias. Está, actualmente, haciendo una
producción dramática de la BBC, dirigida por Stephen, mientras
su compañero de profesión le busca papeles en otras
producciones.
Shane y Louise tienen, desde
hace tiempo, una relación muy especial con el Taller Infantil de
Carlton Television, de Nottingham, dirigido por Ian Smith. Fue
allí donde hicieron el casting para TwentyFourSeven, y donde
descubrieron a Andrew Shim y Vicky McClure, que protagonizaron A
Room For Romeo Brass, y a Toby Kebbell, que interpretó al
indefenso hermano menor, junto al ángel vengador de Paddy
Considine, en Dead Man’s Shoes. Dentro de esta línea de
colaboración dinámica, Shane encontró a muchos de los otros
miembros de la banda gracias a su trabajo con este taller.
Joe Gilgun fue elegido para
el papel de Woody, el jefe no oficial de los skins, que se hace
amigo de Shaun después de que éste haya sido físicamente acosado
por llevar pantalones campana el último día de colegio. Hubiese
sido muy fácil apostar por el típico duro, jefe de una pandilla,
pero Joe aporta una frescura extraordinaria al papel. Explica
Mark Herbert: “Joe es una persona muy divertida. En las pruebas
nos hizo a todos reír mucho. En ese momento elegimos a muchos de
los que iban a ser los miembros de la banda, y veíamos cómo
respondían a él, no únicamente porque fuera grande y machote,
sino porque se reían de él. A Shane le encantaba eso, más que la
dureza.” Lo mismo puede decirse de Rosamund Hanson, que aportaba
un elemento cómico al personaje de Smell, una estrambótica punk
que llega a ser la primera novia de Shaun. “Es tronchante,” dice
Mark. “Tiene un sentido cómico impecable. Tiene algo especial,
fuera de lo común. Además, creo que a Tommo le gustaba, y eso
siempre ayuda”.
Para los papeles clave de
Milky y Lol, Shane eligió a sus viejos amigos, Andrew Shim y
Vicky McClure, con los que trabajó en A Room For Romeo Brass.
Milky es el único personaje negro de la película y desmantela
las actitudes racistas, mientras Lol es la líder de las chicas.
“Gracias a Shane, he dado con un papel y un personaje
difícilmente mejorables,” dice Vicky. “He aprendido mucho con
él. En los ensayos, aprendimos tanto el uno del otro que a nadie
le daba miedo hablar de sus experiencias pasadas.” Aparecen, al
principio, como personajes secundarios, pero el impacto que
llegan a tener sobre los acontecimientos de la película y sobre
el público es crucial. Milky se convierte en el enfoque
principal de Combo, su punto de odio racial. Andrew describe
esto como lo más duro que ha hecho nunca como actor. “La gente
me preguntaba cómo me sentía haciendo algo así, y al principio
no me preocupaba. Pero, por otra parte me preocupaba que a lo
mejor no estuviera del todo preparado para hacer algo así y no
quería defraudar a Shane. Pero cuando llegamos a la escena, me
afectó, y es la primera vez que yo lloré en una escena.” Dice
Shane: “Yo necesitaba a alguien que entendiera mi obra y en el
que pudiera confiar para interpretar el papel de Milky, y tenía
que ser alguien cercano a mí, que creyese en lo que yo hacía”.
En This Is England, las
chicas constituyen un eje tan importante como los chicos. Al
igual que Lol, Vicky aporta mucha fuerza y credibilidad a su
personaje. “Las chicas skin no eran nada tímidas. Eran agresivas
y siempre dispuestas para una pelea,” dice Shane. “Mi hermana
era skin y siempre estaba metida en alguna pelea. No podía ser
de otra manera. Tenía que ser Vicky.” De su personaje dice que
es la observadora del grupo, que da un tirón de orejas a los
chicos cuando se pasan. “Yo sí peleo si hace falta,” explica
ella. “Pero no vamos por ahí haciendo daño a la gente y metiendo
cizaña porque sí”.
Shane no sale de su asombro
cuando compara cómo fue trabajar con este dúo en A Room for
Romeo Brass y cómo ha sido trabajar con ellos en This Is
England. “Ver a Shimmy evolucionar del niño de Romeo Brass hasta
convertirse en el más consagrado de sus compañeros en This Is
England, verle en el plató controlando a los demás, ha sido
realmente divertido. Cuando era niño, era una cosa bestial. Era
como Tommo, un animal de feria. Sólo ver cómo ha evolucionado es
una delicia…” Añade Mark Herbert: “Además, Vicky y Shimmy ahora
son pareja. Creo que él se enamoró de ella durante el rodaje de
Romeo Brass, y que ese amor se fue madurando mientras él a su
vez crecía, hasta que llegó el momento en que la invitó a
salir”.
De la misma manera, Jo
Hartley ya era una actriz con experiencia que había trabajado
con Shane en Dead Man’s Shoes. En aquel proyecto, había
representado la unidad familiar, y en esta cinta, como la madre
de Shaun, retoma facetas de ese papel anterior.
Stephen Graham, que
interpreta a Combo, el catalizador del paso de Shaun a la
madurez, fue de los primeros actores elegidos para This Is
England. Shane siempre había querido conocer al actor desde que
le viera en Snatch, y cuando por fin llegó ese día, recuerda
cómo “no podía creer que era de Liverpool, que vivía a tan sólo
unos veinte kilómetros de mí. Estaba convencido de que era
cockney.” Stephen parecía reunir las perfectas condiciones
físicas y geográficas para interpretar el papel de Combo, pero
también aportaba otra capa de complejidad al papel. Por sus
orígenes, por ser el producto de dos razas mezcladas, yo creo
que él supo sacar mucho de esa confusión que sin duda vivía
cuando crecía, para añadir profundidad a la historia de Combo.
Shane recuerda cómo reaccionó cuando recibió la noticia. “Yo
dije, ‘Es lo mejor que he oído en toda mi vida’. Estaba
encantado. Nos dimos cuenta de que era exactamente lo que
buscábamos en la película. No es tanto el color como la
identidad, el sentido de pertenencia.” Sobre la experiencia de
hacer This Is England, dice Stephen: “A todo el mundo, al equipo
entero, desde el chico de los recados hasta el técnico de luces,
le ha encantado la experiencia. Todo el set. Todo el mundo lo ha
vivido así”.
Recrear los años ochenta en
This Is England implicaba una serie de retos nuevos para un
director que nunca había hecho una película de época. Aunque
parezca una época reciente, retratar los ochenta de manera
convincente puede resultar tan complicado como recrear la época
victoriana. Aunque muchas de las viviendas protegidas tienen,
fundamentalmente, el mismo aspecto que tenían hace veintiséis
años, hay diferencias sutiles, como por ejemplo las ventanas
PVC, y las antenas parabólicas.
Tras una intensa búsqueda de
localizaciones, el director de localizaciones, Richard Knight,
descubrió una casa con viviendas de protección oficial en St.
Annes, Nottingham, donde se rueda el grueso de la acción de la
película. Es, por ejemplo, uno de los pocos sitios, que, parece
que por milagro, no han sido tocados. Se trata de una zona
prácticamente peatonal, tal como se construyó en los años 70, un
lugar que podía existir sin coches, y que nunca había sido
modernizado.
Con un presupuesto bastante
modesto, la tarea del diseñador de producción Mark Leese, fue la
de crear un mundo sencillo, auténtico, que, a diferencia de
muchas películas de época, tuviera el aspecto de un lugar en el
que realmente vive gente. Pequeños detalles como el papel en la
pared sobre el cabecero de la cama de Shaun añadían a la
credibilidad. “Tuve largas conversaciones sobre mi propia
infancia con Mark Leese,” dice Shane. “Sobre cosas muy
sencillas, como por ejemplo el tipo de papel en la pared, o
sobre cómo lo iba levantando cuando me aburría, y entonces
quedaban trozos descorchados en la pared. Cosas así no cuestan
nada.” Danny Cohen, el director de fotografía, encontró la
belleza de ese tipo de mundo urbano, rodando en 16mm, para dar
un aire más descarnado, y volver así a las películas que había
visto Shane cuando era niño, como Made In Britain, y otras de
las primeras películas de Alan Clarke, sin hablar del cine de
Mike Leigh y Ken Loach.
El mundo de un pueblo costero
también constituye una parte fundamental de las memorias
infantiles de Shane: “Cuando ocurría algo importante en el mundo
skin, ocurría en un pueblo costero. Cuando era niño, yo salía a
buscar peleas por las calles.” La costa británica también tenía
otras connotaciones para Shane. “Volvieron a mi mente todos
aquellos recuerdos de cuando fui a Skegness, como niño, y me
pareció un paisaje tan bonito. La tristeza de los lugares
costeros como adulto… cuando vuelves, pensando que habrá
cambiado mucho, y lo que ves ahora es el agua sucia que nos
rodea, te das cuenta de que quien ha cambiado eres tú.” Por
sugerencia de Mark Herbert, se decidió que Grimsby iba a ser el
lugar para rodar las secuencias costeras. También iba a ser la
ciudad donde encontrarían la estrella protagonista. Se
convirtió, por lo tanto, en una localización importante donde el
joven actor seguiría sintiéndose vinculado a su vida normal y
cotidiana fuera del rodaje y fuera de la película.
Durante sus investigaciones,
Shane había vuelto a visitar muchos lugares emblemáticos de la
cultura skin. De aquel libro de fotografía de Gavin Watson,
Skins, dice: “Es un libro realmente muy especial para mí; son
como mis amigos, y son como la gente con la que me crié. Aunque
las imágenes no llegaron al corte final de la película, me
inspiraron a salir a buscar a alguien como Tommo. Por ejemplo,
había imágenes de un chico joven en un Cromby, al lado de un
chico más grande; se convirtió en el ideal de Woody y Shaun”.
El estilo skin de las camisas
de Ben Sherman, hasta las botas Dr. Martin, y, por supuesto, los
peinados, fueron meticulosamente recreados. Mark Herbert
recuerda sus nervios cuando las actrices de la película tuvieron
que cortar el pelo. Vicky McClure fue el caso más dramático,
porque ella tenía un pelo que le llegaba hasta la espalda, y fue
cortado, para crear el llamativo peinado de Lol; Jo Hartley tuvo
que hacerse una permanente de los ochenta, bastante drástica.
“Fue de las cosas más tensas que jamás haya vivido,” dice el.
“Estábamos todavía cerrando la financiación de la película y a
estas pobres chicas ya les estaban cortando el pelo.
El personaje de Shaun, que es
una amalgama entre Shane y el joven actor, Tommo, es un niño que
está creciendo sin padre. Su padre ha muerto en combate en la
guerra de las Malvinas, conflicto de la historia reciente ya
prácticamente olvidado. A diferencia de los que han muerto en
combate en las dos guerras mundiales, no hay ninguna celebración
grande para conmemorar aquella “victoria”. Seguramente habrá
ayudado a consolidar a Margaret Thatcher en el poder, pero la
crisis de las Malvinas ya no se recuerda como una guerra
heroica; cuando se recuerda. Para Shane es fácil establecer un
paralelismo entre esta guerra y las dos guerras iraquíes
recientes. “Recordamos lo de Irak como algo donde entramos,
donde volamos muchos edificios y de donde volvimos a salir.
Ninguna guerra es tan simple. Irak ahora es la encarnación de la
complejidad. Para mí es una guerra que tiene algo muy parecido a
lo de las Malvinas, casi como una guerra de broma, por la manera
en que se la recuerda… Desde mi punto de vista, si se muere tan
sólo una persona, debería recordarse. Yo quería hacer hincapié
en el efecto mariposa de todo aquello a través de los ojos de un
niño.” Dentro del tejido de la historia de Shaun, que es a la
vez la historia de un anodino pueblo pequeño, se han incorporado
imágenes de archivo de telediarios de ITN de la época. No hay
nada ni fuerte, ni condenatorio. This Is England simplemente
presenta imágenes de archivo de gente que hace sus cosas
cotidianas, y es aquí donde realmente el espectador puede
pararse a pensar. “Nuestros tipos no se portan como cerdos
asquerosos, bailando sobre cuerpos muertos, pero cuando se ve a
un soldado inglés, con un cigarrillo en la boca mientras tira un
cadáver argentino al suelo, te das cuenta de que es una
situación imposible”.
Según Gavin Watson, el
fotógrafo por excelencia de la movida skin de los años 80, que
la vivió y la fotografió como nadie, los skins eran “otro culto
juvenil más”. Nada de lecciones sociológicas, por favor. Hoy, el
racismo, el nazismo, la violencia callejera y todas las otras
formas de conducta antisocial asociadas con los skins se han
convertido en juicios precipitadamente hechos sin conocimiento
suficiente. No ha sido siempre así. Los skins originales
provienen de finales de los 60. Empezó con los Mods, que fueron
recibidos en el mundo de los clubs de reggae de Londres, como
por ejemplo Ruby’s, de la calle Carnaby. Allí descubrieron no
sólo la música ska, sino también los componentes estilísticos
clave que definían el look skin original. La cultura skin fue
adoptada por los hijos de las clases obreras, tanto blancos como
negros, que trabajaban en los astilleros y en las fábricas, que
encontraron vínculos comunes en su amor por el reggae y que
pudieron así forjar una forma de identidad británica muy
especial, con tirantes, trajes, botas, y a veces sombreros
Cromby posados sobre cabezas rapadas, al estilo militar. Paz y
amor no era el lema de éstos. La vida era una larga sucesión de
golpes duros, y este aspecto de duro peleón era la manera
elegida para exponer aquellas verdades.
La segunda ola de skins, de
principios de los ochenta, era, de cierta manera, parecida:
chicos procedentes de zonas de viviendas protegidas, buscando su
lugar en el mundo al reconocer su diferencia, como les pasa a
los adolescentes de cualquier lugar del mundo. Sólo que ahora se
juraba fidelidad y pertenencia a bandas que reconocían la
herencia del ska, grupos como Mandes, y The Specials. Al mismo
tiempo, surgió un nuevo género, el Oi!Music, un ritmo rompedor,
machacón y cargante, que incitaba al ajetreo. Vestidos con botas
Dr. Martin, y con sus cabezas rapadas al estilo militar, estos
chavales hacían un corte de mangas a cualquiera que les mirase
mal. Eran jóvenes procedentes de zonas con altas tasas de paro,
que buscaban algo de solidaridad más allá de la cultura
egocéntrica del thatcherismo. Fueron abandonados por la
sociedad, y eso, por supuesto, les hizo particularmente
susceptibles a lo que pudiera ofrecerles el Frente Nacional.
Como skin de la segunda ola,
que siempre había sido consciente del legado de los 60, Shane
consideraba necesario crear una imagen justa y equilibrada de
aquel mundo como lo había vivido él. “Los skins, que, por su
agresión y aspecto exterior, parecen soldados – casi -, eran
candidatos idóneos para convertirse en lugartenientes del Frente
Nacional. No ves la contradicción de estar escuchando música
negra al mismo tiempo que te estás alistando en el Frente
Nacional. El cuadro que se me pintaba era el de aquella visión
churchilliana de familias asiáticas entrando a remo y en masa en
los blancos acantilados de Dover, donde, en las playas, habría
skins luchando por impedir su entrada en nuestro país. Cuando
uno tiene doce años, ésa es una imagen bastante romántica, del
tipo “eso es lo que ha hecho mi abuelo”.
“Cuando uno tiene doce años,
y ves que nadie en tu pueblo puede conseguir un trabajo, y
alguien te dice ‘la culpa es de esa gente’, es fácil creerlo,”
dice Shane, hablando del racismo que él encontró entre los
skins. “Eso me lo creí durante unas tres semanas, más o menos, y
hay mucha gente que sigue creyendo eso cuando llega a adulto, y
eso da miedo.” Para captar las contradicciones inmanentes de la
cultura skin, Shane presenta un variopinto surtido de personajes
creíbles, cuya conducta a menudo resulta tan amenazante e
inquietante como burlesca. Por ejemplo, Combo, el líder racista
de la pandilla tiene matrículas de coche con la letra “L”; o
como, por ejemplo, cuando intentan escribir “JÓDETE” en graffiti
sobre las paredes y dejan en evidencia sus lagunas ortográficas.
Son perdedores, pero Shane nunca deja que el espectador olvide
que hay alguna razón para ese tipo de conducta.
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