CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Con un retraso bastante
considerable, llega a nuestras pantallas, con el comienzo del
año, la enésima demostración de que la cinematografía británica
aún no terminó de apurar un filón que, lejos de denotar signos
de agotamiento, todavía mantiene una vitalidad envidiable: se
trata de ese retrato social de un entorno urbano deprimido y
azotado por la marea thatcherista que, desde comienzos de
los ochenta del pasado siglo, en un proceso que aún ofrece a día
de hoy sus últimos coletazos, ha hecho del otrora imperio
británico un gigante en horas bajas, que ha constituido un
excelente caldo de cultivo para que un buen puñado de cineastas,
con Ken Loach a la cabeza, se ceben de manera inmisericorde en
una crítica feroz que ha terminado convirtiéndolos en una suerte
de su “contra-azote” vía celuloide. A los comienzos de esa
época, primeros de los ochenta, se remonta esta más que
estimable pieza de Shane Meadows,
"This is England", para ofrecernos una visión descarnada, dura,
contundente de una realidad social y económica nada amable ni
complaciente.
Para
ello, Meadows articula una historia que se basa en el viaje
iniciático de un preadolescente, Shaun (encarnado por
Thomas Turgoose,
jovencísimo actor —cuya presencia física evoca tremendamente
el recuerdo del Oskar de "El tambor de hojalata"— que raya a
una altura inconmensurable; atención a este crío, llamado a
hacer grandes cosas en un futuro inmediato), marcado por una
vivencia personal (la muerte de una persona muy cercana) y
social (su entorno de relaciones y el ambiente deprimido de su
localidad de residencia), que le abocan a adentrarse en
experiencias que le exceden en mucho: vivencias de corte
seudopolítico, asociadas a un grupúsuculo de skinheads
encabezado (valga la contradicción) por un descerebrado de
comportamiento psicopáticamente violento. No es un tipo de
planteamiento novedoso, evidentemente, pero Meadows consigue
que, a través del poderoso y vivísimo retrato de ese universo
alrededor del cual gira la vida del protagonista, el mismo
cobre un aire de credibilidad y consistencia que nos lo haga
muy, muy atractivo.
Atracción que gira alrededor de un ritmo
narrativo vigoroso, tenso, que da desarrollo a la historia con
una energía acorde con su trasfondo temático;
y que se sustenta, igualmente, en el punto de equilibrio
obtenido entre el peso de un protagonista, alrededor del cual
pivota el desenvolvimiento de la trama (no estamos, pues, ante
una película, ni muchísimo menos, coral), y el núcleo de
personajes, juveniles en su gran mayoría, que, aunque
bosquejados en gran parte de los casos sobre la base de meras
pinceladas —un bosquejo tan frágil y tenue como el de las
relaciones que entre los mismos se entablan: superficiales,
huecas, más basadas en la asunción compartida de códigos de
imagen que en procesos más reflexivos y/o emocionales—,
transmiten también intensidad y sirven para cohesionar y
compactar el paisaje humano sobre el que se erige la historia.
Si a eso le añadimos el acierto innegable que constituye un
tratamiento fotográfico un tanto “sucio”, con un granulado
grueso que acerca al film a un aparente documental; o el
intercalado de imágenes reales de la época en que se despliega
la acción con una frecuencia y volumen muy medidos; o la
introducción, también muy mesurada, de piezas musicales de
impacto, terminamos completando un producto cinematográfico de
calidad más que estimable.
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Siempre habrá quien pueda
reprochar (¿y por qué no?) a Meadows el hecho de que haya
recurrido a un tema tan manido y ya transitado como el del
fresco social de esa Inglaterra deprimida al que permanentemente
acuden tantos y tantos cineastas de las islas. Estaríamos ante
ese reproche bien conocido para los seguidores del cine español,
que, durante bastantes años —ahora ya, afortunadamente, algo
menos—, tuvimos que soportar estoicamente aquella vieja
cantinela con que sus detractores nos martilleaban los oídos día
sí, día también: “otra de la Guerra Civil”… Pero se trata de una
objeción fácilmente rebatible: siempre hay que
dar la bienvenidad a una mirada poderosa y a una factura de
calidad a la hora de contar una historia, aunque se trate de una
historia mil veces contada.
¿De qué manera, si no, vienen funcionando las estructuras del
cine comercial desde la noche de los tiempos? Bienvenida sea,
pues, la propuesta de Meadows, y ojalá sólo sea un esperanzador
augurio de todo cuanto haya de traer a nuestras carteleras el
cine europeo a lo largo de los próximos meses. Y ustedes, y yo,
que lo veamos…
Calificación:
    
Imágenes de "This is England" - Copyright © 2006
FilmFour, UK Film Council, EM media, Screen Yorkshire, Warp
Films y Big Arty Productions. Distribuida en España por Festival
Films. Todos los derechos
reservados.
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