CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Wes Anderson
pertenece a ese reducido grupo
de nuevos cineastas que han conseguido la cuadratura del
círculo, trabajando en Hollywood con algunos de los nombres más
cotizados de la industria (echar un vistazo a los repartos de
sus anteriores entregas —"Life aquatic"
y
"Los Tenenbaums. Una familia de
genios"—
literalmente marea) pero, a la vez, manteniendo una libertad
creativa que les permite firmar obras extremadamente personales,
en las que dejar su sello como creadores y que, por ese motivo,
es difícil que queden en tierra de nadie: o se las odia o se las
ama.
Sin embargo, a pesar de
compartir ese punto de vista más o menos excéntrico (en este
caso, acompañando a tres hermanos —interpretados por
Owen Wilson,
Adrien Brody
y Jason Schwartzman—
a lo largo de un viaje a través de India en el que intentarán
retomar una relación que ha quedado en suspenso durante más de
un año, a la vez que buscan profundizar en el plano espiritual),
“Viaje a Darjeeling”
es el título de Anderson con
más agarraderas, de más fácil acceso para el espectador medio.
Tanto es así, que los planteamientos extremos, esto es, las
decisiones arriesgadas, aparecen minimizadas en beneficio de una
historia de reencuentro menos original de lo que parece.
De hecho, hay una apariencia
de sencillez en la puesta en escena que hace de la película un
relato que se sigue con interés. Frente a un Jason Schwartzman
que carga con el personaje a priori menos atractivo —por
distante—, Owen Wilson y, sobre todo, Adrien Brody, dibujan unos
caracteres que despiertan más fácilmente la empatía del público,
en gran parte por la enorme humanidad de sus reacciones de
hermanos nacidos en una familia rica pero desnortados por
la muerte del padre y la falta de contacto con una madre (Anjelica
Huston) que vive
entregada a su labor misionera. Y así, con esos mimbres y un
prólogo en forma de corto que, la verdad, poco aporta a la
historia, y que tiene en el atisbo de desnudo de
Natalie Portman
su mayor foco de interés, Anderson levanta el clásico relato de
viaje iniciático en el que sus protagonistas saldrán, lo quieran
o no, cambiados.
Lo que hace atractiva a esta
historia es, sobre todo, la gran elegancia y eficacia con que su
director es capaz de convertirla en imágenes. Huyendo de los
empalagos y peligros que en tantas ocasiones acecha tras el
exotismo, el marco del tren y el mundo rural indio se convierten
en el paisaje adecuado para que los personajes respiren,
interactúen y, tras la aparente liviandad de la mayor parte de
las cosas que les suceden, se muestre la evolución interna que
experimentan, el cambio de la visión que unos tienen de otros y
de su lugar en el mundo. Incluso, las licencias estilísticas
marca del director están, en este caso, plenamente al servicio
de lo que vemos en pantalla, como el caso del extraordinario
plano secuencia en el que todos los personajes que hemos ido
viendo a lo largo del metraje parecen compartir un metafórico
tren cuyos departamentos reproducen los distintos escenarios que
han ido desfilando ante nuestros ojos.
Al final,
uno tiene la sensación de que quizá la historia podría haber
dado más de sí, pero en ningún momento la de haber presenciado
el desperdicio de un buen planteamiento por la obsesión de ser,
a toda costa, rompedor.
El siguiente título de Anderson dirá si sigue por esta vía o si
prefiere recuperar otros tics más extremos, pero quizá no sería
descabellado decir que “Viaje a Darjeeling” puede ser el film
que marque el inicio de la madurez de un cineasta con un enorme
potencial.
Calificación:
    
Imágenes
de "Viaje a Darjeeling" - Copyright © 2007
Fox Searchlight Pictures, Collage y American Empirical.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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