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VIAJE A DARJEELING
(The Darjeeling Limited)


Dirección: Wes Anderson.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 91 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Owen Wilson (Francis), Adrien Brody (Peter), Jason Schwartzman (Jack), Anjelica Huston (Patricia), Amara Karan (Rita), Camilla Rutherford (Alice), Irrfan Khan (Padre del pueblo).
Guión: Wes Anderson, Roman Coppola y Jason Schwartzman.
Producción: Wes Anderson, Scott Rudin, Roman Coppola y Lydia Dean Pilcher.
Fotografía: Robert Yeoman.
Montaje: Andrew Weisblum.
Diseño de producción: Mark Friedberg.
Vestuario: Milena Canonero.
Estreno en USA: 26 Octubre 2007.
Estreno en España: 4 Enero 2008.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Wes Anderson es uno de esos tipos raros a los que se ve venir. Uno más de la quinta de realizadores acomodados que pretenden romper esquemas, más cercano a Sofia Coppola que a Spike Jonze, al indie de elevadas alturas que al producto desapercibido, al silencio que al guión denso de premisa fantástico-intelectual. A pesar de ello, quien suscribe siente cierta simpatía por él, en ningún caso provocada por el esnobismo que olfatea las corrientes de moda. Aunque su cine peca de la pretenciosidad propia del niño bien que dispone de los recursos y actores fetiche a su alcance, la mezcla grumosa de comedia absurda y drama emocional suele salirle bien. Suele, porque en “Viaje a Darjeeling” le ha salido a medias.

 

  Tres hermanos que no se han hablado en un año —tampoco es para tanto, vistas las crecientes familias disfuncionales—, se reúnen en la India para reconectarse en la región de Darjeeling (aunque ése es más bien el nombre del tren en el que viajan; los doblajes españoles demuestran una vez más su escasa certeza). Previo a este periplo existencial, Anderson rodó un cortometraje que sólo en algunos países —al fin recibimos un privilegio— tenemos el gusto de contemplar tal como fue pensado. “Hotel Chevalier”, título y escenario, pondrá de los nervios al público enemigo de las piezas calmosas, en las que no se dice gran cosa ni sucede nada espectacular. Tampoco termina resultando clave para la película posterior, pues únicamente aclara determinados aspectos acerca de la vida amorosa de Jack (Jason Schwartzman) —y un chiste musical—, mientras los pasados recientes de sus hermanos Peter (Adrien Brody) y Francis (Owen Wilson) permanecen en el anonimato. Lo más probable es que, de pasar a la Historia, lo haga por el primer desnudo —consentido tras la posproducción, lo cual elimina a "Closer" (2004)— de Natalie Portman, muy a lo Jean Seberg. Triste, rodado con una cámara lánguida que perpetúa su mirada en el resto del viaje.

  Disponen de dinero y sus semblantes sólo reflejan la apatía de una vida sin mimos, lazos estrechos o dificultades laborales. Interpretados con la suficiente gelidez, que parece próxima a quebrarse al más mínimo estímulo real, los tres hermanos son criaturas típicamente Anderson, primos lejanos de "Los Tenenbaums. Una familia de genios" (2001) o adultos de éxito tras la academia “Academia Rushmore” (1998). Esos ricos con derecho a quejarse que han ocupado una nueva parcela de cine cool y que causan las iras de no menos espectadores con el mismo derecho a expresar sus discrepancias. Sin embargo, bajo la cubierta de cineasta esteta que colecciona colores, olores y sabores exóticos, late una historia universal acerca de la fraternidad sin costes y las intenciones honestas sin diferenciación de raza o credo. Al final, Anderson destapa esos botes de cristal en los que ha ido coleccionando mariposas para permitirles el vuelo, el trayecto siempre imprevisto de un tren que puede perderse y encontrarse en el desierto. El travelling horizontal que revela todo esto resulta un tanto maniqueo al querer unir personajes esporádicos —tanto como la propia Portman o un fugaz Bill Murray—, pero el propósito está ahí, impresionista y sincero.

  La suma de lo superfluo —siempre contrapuesto a una tragedia que escapa al control de los protagonistas— significa en Anderson la reivindicación de la casualidad como tejedora de un destino insorteable. Tremenda paradoja cuya sutileza se pierde subrayando las coincidencias de los tres hermanos, haciéndoles compartir futuro y dibujando uniones redundantes entre el presente y el pasado mediante un calculado flashback. Además, aunque el efecto ponga un poco de los nervios, el ralentí empleado en momentos clave, generalmente carreras, señala la importancia de las decisiones espontáneas y los actos impremeditados, como si en ese lento discurrir del tiempo —el odioso "no pasa nada"— pudiésemos leer algo que los personajes nunca notarán al repasar sus vidas. Dicho recurso construye la estructura del sencillo guión de Anderson, Roman Coppola y Schwartzman —hermano y primo de Sofia, respectivamente, percibiéndose el colegueo o el enchufismo, según se quiera llamar—. Quizá una narración demasiado pendiente de sí misma —como los relatos que escribe Jack— y que desprecia los añadidos imprudentes e insospechados que hicieron más fresca a "Life aquatic" (2004).

  La modernidad de la película la imprime una banda sonora ecléctica, pero armónica, que con independencia de la canción escoge el espacio y el tiempo precisos para colocarla, si bien otro punto de ataque habitual en los detractores de este tipo de cine es que alguien alabe gratuitamente la música. Menos evidente en este apartado que algunos de sus coetáneos, Anderson sabe que una buena banda sonora cuenta la acción y no vende discos, al menos como objetivo primordial. De ahí la contraposición de un cierre de movimiento optimista —el tren avanza hacia el horizonte— y actos ambiguos, los hermanos a punto de equivocarse entre los dulces hábitos o el aburrimiento repetitivo. Un díptico opuesto a la letra de “Les Champs-Elysées”, el perfecto paraíso que Jack no encontró en París con su ex novia y que difícilmente sobrevivirá a las desavenencias de tres hombres unidos por la sangre y las manías familiares. La ingenuidad podría ser la de un cuento de hadas moderno que debe escapar de la urbe para hallar la espiritualidad y el sentido vital perdidos —filón que se acabará cuando las mismas zonas exóticas dilapiden su inocencia y no sirvan de escape, algo que no está muy lejos de ocurrir definitivamente—. Pero los héroes modernos no se tragan su propia historia y son conscientes del esfuerzo que deben realizar, sin narrador ni destino omniscientes, aprisionando los sentimientos en cuanto aparecen, forzando el roce entre hermanos para que nazca el cariño. Y así, de una pluma de pavo real enterrada bajo una torreta de piedras para que no se escapase, a Anderson le salió la fábula más tierna de su repertorio, en la que sujetó la humanidad mientras huía el marcianismo.

Calificación:


Imágenes de "Viaje a Darjeeling" - Copyright © 2007 Fox Searchlight Pictures, Collage y American Empirical. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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