CÓMO SE HIZO "10.000"
Notas de producción ©
2008
Warner
Bros. Pictures
1. El proyecto
El visionario director Roland Emmerich ha realizado todo tipo de
trabajos, desde guerras alienígenas a gran escala hasta
desastres naturales, en algunos de los éxitos de taquilla más
importantes de la última década, incluyendo Independence Day y
El día de mañana. Girando ahora su cámara al pasado para crear
10.000, el director se enfrenta quizás al rodaje más ambicioso y
arriesgado que se le ha planteado hasta la fecha. Creando un
nuevo mito de un héroe que emerge de una tribu aislada para
retar a un imperio, Emmerich busca transportar al público a una
aventura diferente de todo lo que han experimentado, mientras
aumenta los límites que deberían definir una película. “Siempre
me ha intrigado la idea de la narración clásica, la forma eterna
en que se han contado historias alrededor del fuego durante
generaciones”, comenta Emmerich. “Cuando tu tema es un hombre
joven, tienes la oportunidad de contar historias llenas de
heroicidad en las que un personaje tiene que hacer lo imposible.
Quería hacer una película que permitiera al público sumergirse
en ese otro mundo que parece y da la sensación de ser algo que
no han visto jamás”. Para transportar al público a un viaje
lleno de aventuras de otro tiempo y lugar, Emmerich, su reparto
y equipo tenían que viajar al otro lado del mundo. La producción
les llevó del frío helador del invierno de Nueva Zelanda al
clima caluroso y húmedo de Cape Towm, Sudáfrica, y al paisaje
desértico y árido de la nación africana de Namibia. El productor
Michael Wimer comenta: “un director como Roland siempre está
buscando algo original, pero es muy difícil encontrar un cuadro
que aún no se ha pintado, por así decirlo. Supuso un reto
extraordinario a todos los niveles. De hecho, Roland dijo que
ésta era la película más exigente en la que había trabajado
jamás. Sin embargo, creo que los retos son lo que fortalece a un
director como él”. Harald Kloser, co-guionista de la película
junto con Emmerich (además de la producción ejecutiva y componer
la música con Thomas Wander), señala que 10.000 es un viaje a un
tiempo en el que el misticismo y el mundo espiritual eran una
parte real de la vida. “Roland y yo no pretendimos nunca que
10.000. fuera un documental”, indica Kloser. “Es más, queríamos
hacer una gran aventura sobre el viaje de la humanidad mientras
se lanzó y enfrentó a todas estas fuerzas que no pueden
explicar. Nos gusta la idea de alargar los límites de lo
posible”.
Después de realizar su
tercera película con el director, Mark Gordon añade: “Roland es
el tipo de director que no quiere repetirse nunca. Su
imaginación le permite ir a lugares a los que la mayoría de la
gente no va. Era el director perfecto para hacer esta película
por la clase de historias que le gusta contar y su alcance
visual como narrador”.
La película tiene todos los
elementos de un espectáculo de acción, pues presenta cazas de
gigantescos mamuts, batallas épicas, y vistas espectaculares de
pirámides gigantes y civilizaciones perdidas, con hilos
entretejidos de mitos y misticismo. No obstante, como apunta
Camilla Belle, que interpreta a Evolet, “en el corazón de esta
película se esconde también una poderosa historia humana. Estas
dos personas, D’Leh y Evolet, son arrancados el uno del otro, y
tienen que volver a encontrarse, en medio de este asombroso
viaje. Para ellos, y para el público, es realmente una huida a
otro mundo”.
“Hay algo muy bonito en el
hecho de que la condición humana no haya cambiado mucho a lo
largo de milenios”, comenta Steven Strait, el actor que encarna
al joven guerrero D’Leh. “Lo que nos hace seres humanos no ha
cambiado desde tiempos prehistóricos: amor, compasión,
conciencia, simpatía. Todas estas cosas pueden verse en la
película, y se puede decir que no importa la época en la que se
viva”.
“Hay leyendas y profecías
junto con otros elementos viscerales”, comenta el miembro del
reparto Cliff Curtis, en el papel de Tic’Tic. “Aparecen pájaros
depredadores terroríficos y tigres dientes de sable, y, por
supuesto, mamuts, pero la historia tiene también un trasfondo
espiritual, y creo que ése es el pegamento que lo une todo”.
La historia comienza en un
valle remoto en el que la tribu Yagahl subsiste derribando uno
de los mamuts de las manadas que pasan en su migración anual.
“Se conoce a los yagahl como cazadores de mamuts porque confían
en estos animales para sobrevivir”, apunta Emmerich. “Los mamuts
representan lo mismo que el búfalo para los indios americanos:
por un lado la tribu los caza, pero también les honra: se
sienten bendecidos por ellos. Es una relación animal/cazador muy
especial”.
“Los yagahl viven al borde de
la subsistencia, sobreviviendo apenas de lo que encuentran y
sacan de la manada”, señala Kloser. “Ahora están al final de la
Edad del Hielo, por lo que el clima está cambiando. Se dan
cuenta de que los mamuts ya no vienen de forma tan regular”.
La tribu se mantiene unida
por su líder espiritual, la Anciana Madre, encarnada por Mona
Hammond, y el cazador que lleva la Lanza Blanca, responsable de
alimentar y proteger a la tribu. La Anciana Madre ha visto el
futuro de los yagahl, y profetizó que nacería un gran cazador y,
con Evolet, conducirían a su pueblo a una vida nueva antes de
que los mamuts desaparecieran de la tierra. Nadie cree que ése
cazador sea D’Leh, cuyo padre misteriosamente abandonó la tribu
cuando él era un niño: por eso le llaman el hijo del cobarde.
“D’Leh es el extraño del
grupo”, afirma Steven Strait. “Ha sido rechazado por el resto
del clan por algo que su padre hizo en el pasado. Abandonar la
tribu es para ellos lo más vergonzoso que un hombre puede hacer,
y D’Leh tiene que vivir con ese legado. Pero mientras hace de su
vida algo más que un reto, también le da fuerza”.
“Me atraen los conflictos
padre-hijo”, señala Emmerich. “D’Leh fue abandonado de niño, y
como a muchos niños cuyo padre ha huido, la tribu le ha
estigmatizado y tiene una marca en el hombro. Finalmente
descubre que su padre lo hizo por una razón”.
Después de una búsqueda de reparto por Estados Unidos, Europa,
Sudamérica y Nueva Zelanda, Emmerich halló al actor ideal en un
póster de una película independiente titulada Undiscovered. El
director recuerda: “vi la cara de Steven y dije: ‘¿Quién es?’”.
Le hicimos la prueba, así como a otras personas, pero siempre
volvía a Steven. En aquel momento sólo tenía 18 años, y cuando
comenzó esta película era bueno, pero no estaba seguro de sí
mismo. Yo estaba muy orgulloso de él porque, al igual que D’Leh,
se transforma totalmente en esta película. Esencialmente tenía
que sacar adelante la película, y lo hizo. Era algo maravilloso
de ver”.
Strait estaba entusiasmado
ante la posibilidad de trabajar con Emmerich. “Soy un gran fan
de sus películas, así que estaba emocionado por tener una
oportunidad de trabajar con él”, comenta el actor. “Roland es,
principalmente, un narrador de historias, incluso sus obras más
espectaculares están conducidas por los personajes. Cuando leí
el guión, recuerdo que pensé: ¡qué aventura tan extraordinaria!,
y rodar la película fue una aventura mucho mayor de lo que había
imaginado”.
La aventura de D’Leh comienza
con la presentación de otro extraño al grupo, Evolet, una
refugiada de una tribu atacada por lo que llamaron “demonios de
cuatro patas”. “La encuentran en las montañas agarrada a una
mujer muerta”, apunta Emmercih. “Antes de encontrarla, la tribu
creía que no había nadie más en el mundo. Es el primer signo de
otras civilizaciones”.
La Anciana Madre cree que
Evolet es la clave de la profecía: está unida de manera compleja
al cazador que heredará la Lanza Blanca y llevará a la tribu a
una tierra nueva. Aunque nadie cree que este hombre sea D’Leh,
éste hace un pacto secreto con Evolet, su compañera extranjera.
“Evolet es una huérfana que la tribu acogió cuando era una
niña”, explica Camilla Belle. “Está enamorada de D’Leh y él está
enamorado de ella. Quiere huir con él, pero él sabe que no
pueden. Es como Romeo y Julieta, porque la Anciana Madre cree
que Evolet está destinada a casarse con otra persona”.
Michael Wimer percibe que
Camilla Bella posee las cualidades exóticas que buscan para el
personaje y recuerda que les dejó pasmados en la primera
reunión. “Cuando Camilla vino para hacer la prueba, llevaba una
bisutería interesante, y asumí que se la había puesto para
llamar nuestra atención... luego me di cuenta de que era su
propio estilo. Tiene una belleza y un talento extraordinarios,
pero también aportó tanta fuerza al papel que nos dejó
boquiabiertos”.
Mark Gordon está de acuerdo,
y añade: “Camilla es vulnerable pero al mismo tiempo crees que
podría ponerse a la altura de las circunstancias y mostrar su
heroicidad. A pesar de lo que le ocurre, no es una víctima”.
Belle plantea que el viaje
del personaje en la película saque su fuerza interior,
comentando: “Me llevó algo de tiempo encontrar una forma de
representar su fuerza. Quería que fuera alguien a quien las
adolescentes pudieran mirar como un personaje modelo más que
como una damisela en peligro, porque está peleando no sólo por
ella misma sino también por su gente”.
Tic’Tic, interpretado por el
neocelandés Cliff Curtis, es el hombre que hereda la Lanza
Blanca del padre de D’Leh y debe entregarla al próximo jefe de
la tribu. “Tic’Tic tiene dos propósitos: uno de ellos es vigilar
la entrega del manto de líder a D’Leh; el otro es respetar la
mitología y la profecía de que D’Leh y Evolet conducirán a la
tribu hacia su supervivencia”, afirma Curtis. “Tic’Tic es un
tradicionalista. Cree en la mitología y en la profecía. Cree en
este muchacho, y finalmente cree en el amor de D’Leh hacia esta
joven y que sus destinos están entrelazados. Lo curioso del
personaje para mí era que no lo interpretaba como un tipo mayor
y sabio con todas las respuestas. Es gruñón y tiene miedo. Es
mucho más que un mentor reacio”.
Emmerich apunta que igual que
su personaje, Cliff Curtis se convierte en algo similar a un
mentor para la joven estrella Steven Strait. “D’Leh es una
personaje inseguro de sí mismo; no sabe qué debe hacer, y esta
aventura le obliga a descubrir su destino y quién es realmente.
Es asombroso como Cliff Curtis, un actor con experiencia,
protege a Steven. Se llevan tan bien el uno con el otro porque
la relación entre los personajes reflejaba lo que pasaba en la
vida real”.
El único amigo de D’Leh y
Evolet, Baku, está interpretado por el novel inglés Nathanael
Baring en su debut en el cine. “Baku es muy joven”, apunta
Baring. “Trata desesperadamente de impresionar a D’Leh y Tic’Tic
y verdaderamente quiere formar parte del grupo, pero la verdad
es que supone un obstáculo más que una ayuda”.
Cuando los “demonios de
cuatro patas” (tratantes de esclavos a caballo) atacan a la
tribu y raptan brutalmente a los jóvenes, Evolet entre ellos,
D’Leh propone perseguirlos hasta donde sea necesario para
rescatarles. “Vienen en caballos y parecen demonios”, explica
Emmerich. “Son tan poderosos que los yagahl no tienen ninguna
oportunidad. En cierto modo, es una llamada a la acción para
D’Leh. Se llevan a Evolet, y D’Leh tiene que seguirla”.
A pesar de que ha dejado la
Lanza Blanca, D’Leh se niega a echarse atrás, y finalmente
Tic’Tic, su rival Ka’ren (interpretado por Mo Zainal) y el joven
Baku se unen a él y también se niegan a quedarse atrás. Su
traicionera misión les lleva a través de montañas nevadas a un
Valle Perdido, en el que tienen que luchar no sólo con los
tratantes de esclavos, sino también con pájaros misteriosos y
terroríficos que les siguen como presas. “En el Valle Perdido
hay una bandada de pájaros terroríficos que viven entre la
hierba alta”, describe Emmerich. “Son entre dinosaurios y
avestruces, pero cazan como tiburones, saliendo de la hierba y
desapareciendo de nuevo”.
Finalmente, su viaje les
lleva a una nueva tribu (los Naku) y ante su jefe, Nakudu
(interpretado por Joel Virgel), cuyo propio hijo fue raptado por
los tratantes de esclavos.
Hambrientos, deshidratados y
enemistados, al final alcanzan una llanura desértica en la que
pirámides gigantes interrumpen el cielo, y legiones de esclavos
trabajan por miedo a un ser que se llama a sí mismo dios. “Par
mí, la pirámide es un símbolo de arrogancia absoluta”, afirma
Emmerich. “Contrasta perfectamente con los estilos de vida de
los cazadores de mamuts, que tienen un profundo respeto por los
animales que cazan”.
Para enfrentarse a la brutal
cultura que ha esclavizado a su gente, D’Leh debe dejar de ser
un cazador y convertirse en el líder que estaba destinado a ser.
“D’Leh tiene que ir hasta el fin del mundo para rescatar a
Evolet”, explica el director. “Pero durante su viaje, aprende
que tiene que responsabilizarse de algo más que de esta chica”.
Completando el elenco
internacional se encuentran Marco Khan, que interpreta al
tratante de esclavos Un-Ojo y Ben Badra como el jefe de los
tratantes de esclavos, Warlord, el Señor de la Guerra. “Hicimos
pruebas a mucha gente y elegimos a un conjunto de actores para
estos papeles que aportarían figuras muy ricas y diferentes”,
describe Emmerich. “Estos actores eran de origen asiático,
latino, indio, africano, entre otros. La película es un paisaje
de rostros, y creo que tenemos algunas caras increíbles”.
Los directores también
disfrutaron del honor de contar con el legendario actor egipcio
Omar Sharif como narrador de la película. “Aportó todo el peso
de su experiencia e historia, así como su humanidad, para
narrarla. Contar con él fue una auténtica revelación”, afirma
Wimer.
Para representar los
cazadores-recolectores que vivían al aire libre, ciertos actores
se enrolaron en un programa de formación en un campamento de
entrenamiento militar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica,
supervisados por el coordinador de dobles Franklin Henson.
Además de la buena forma física, su entrenamiento incluía
aprender danzas tribales y movimientos de lucha que serían
adecuados para los personajes. Para Nat Baring, esto supondría
trepar a los árboles para alejarse de los pájaros terroríficos.
Para Strait y otros de los cazadores de mamuts, supondría
aprender los movimientos del cazador.
Strait, que había aumentado
de peso para una película anterior, perdió más de 13 kilogramos
de músculo con dietas y entrenamiento para representar al
fibroso cazador D’Leh. “No existen referencias escritas acerca
de cómo era la gente en aquel tiempo”, señala el actor, “así que
observé las culturas tribales de todo el mundo. No sólo supe
cómo vivían, sino que basé mis movimientos corporales y mi forma
de andar en la idea de que esas tribus habrían estado cazando
para alimentarse durante todas sus vidas. Su forma atlética era
por supervivencia, así que la mayoría del entrenamiento que
realicé para perder peso incluía correr”.
Para los actores que
representaban a los tratantes de esclavos, el entrenamiento
físico requería también muchas horas trabajando con caballos. El
entrenador hípico Peter White se encargaba de entrenar no sólo a
los actores sino también a los caballos. White tenía 20 caballos
bajo su protección que se habían traído de los establos de
Ciudad del Cabo. “Eran principalmente cruces, por lo que tienen
una mayor resistencia a las enfermedades, y también tienen menos
temperamento que los purasangre”, cuenta White. “Tardamos
bastante tiempo en acostumbrarlos a lo que iban a experimentar
en el rodaje: cámaras, luces, humo, fuego, etc“.
En cuanto a los actores,
White tenía que conseguir que se sintieran cómodos cuando usaran
palos, espadas, cuerdas y redes (lo que exigía montar con una
mano) así como el equipo y el vestuario pesado. “Los trajes
tenían cuerpos rígidos muy firmes que restringían bastante y
dificultaban bastante el poder doblarse”, comenta White. “Las
sillas eran normales, ligeras, por lo que aportaban mayor
comodidad a caballos y jinetes, pero tenían bolsas y cueros”.
Los caballos fueron
transportados desde Ciudad del Cabo en un viaje de cuatro días
hasta el lugar de rodaje de Namibia, donde se mantuvieron en un
entorno en cuarentena para reducir el riesgo de infección de los
caballos nativos. White también se preocupó de que los caballos
estuvieran bien hidratados, por el clima seco del desierto.
Asimismo, se enfrentó a
diferentes retos cuando comenzó el rodaje de la película en
Nueva Zelanda, donde utilizó caballos con los que había
trabajado con anterioridad. “Tuvimos un periodo de gracia de dos
semanas antes de empezar a rodar, así que trajimos los caballos
hasta la mitad de la montaña, donde podrían aclimatarse al clima
frío y la altitud”.
A lo largo de su carrera,
Emmerich ha llevado al límite los efectos especiales, creando
imágenes en las pantallas tan memorables como la explosión de la
Casa Blanca en Independence Day y la ola gigante en El día de
mañana. Los avances tecnológicos actuales permitieron que
Emmerich liberase su imaginación para la experiencia épica que
buscaba para crear 10.000.
El director contrató al
supervisor de efectos visuales Karen Goulekas, con quien ya
había colaborado en películas anteriores como Godzilla y el Día
de mañana, para supervisar los grandes efectos de la película.
“Karen es una de las personas más ingeniosas y visualmente
inventivas con las que he trabajado”, afirma Emmerich. “No hay
nada imposible para ella. Sé que puedo contar con ella para
plasmar mis conceptos más ambiciosos en la pantalla, y a menudo
son más espectaculares de lo que había imaginado”.
El trabajo más exhaustivo
incluiría la creación del conjunto de criaturas impresionantes y
primitivas (mamuts, tigres dientes de sable y aves
terroríficas). Emmerich quería que estas criaturas se movieran
de forma natural y que se parecieran a sus parientes modernos.
“Utilizamos mucho material relacionado con elefantes, tigres, o
avestruces”, dice. “La cuestión más importante era que nadie
sabía exactamente cómo se movía un mamut real. Eran animales muy
diferentes. Sólo se puede entender cómo actúa un animal a partir
de imágenes de este animal”.
El aspecto más desafiante de
recrear los inmensos animales de la época del Pleistoceno era su
pelo: largo y enmarañado en el caso de los mamuts, plumas para
las aves, y, en el caso de los tigres dientes de sable, que
reaccionase con el agua. “Básicamente tuvimos que reinventar el
movimiento del pelo para que la fotografía fuera real”, comenta
Emmerich. “Hacer todo bien es un reto, y contratamos dos
empresas en Reino Unido para hacer que estos animales parezcan
tan reales que la gente crea que puede alargar la mano y
tocarlos”.
Goulekas se unió al proyecto
dos años antes del comienzo de la fotografía principal y empezó
su trabajo analizando el guión según sus necesidades de
fotografía, traduciendo finalmente cada tema al arte conceptual,
maquetas (esculturas para escanear por ordenador) y modelos. Su
mayor preocupación eran las tres partes principales del rodaje
de la película: la caza de mamuts, la secuencia de las aves
terroríficas, y los encuentros de D’Leh con el tigre dientes de
sable.
Goulekas elaboró una
colección de ilustraciones, fotografías e imágenes CG a partir
de programas de televisión como referencia para las criaturas de
la película. También visitó el museo La Brea Tar Pits en Los
Ángeles, que le supuso una fuente de investigación sobre los
mamuts, y la reserva Tala Game en Durban, Sudáfrica, donde grabó
metrajes de alta definición de varios animales, entre otros
leones, tigres, leopardos, elefantes y avestruces. Las imágenes
que reunió permitieron que los animadores estudiasen los
movimientos de los animales desde diferentes ángulos.
Uno de los proyectos más
desafiantes de Goulekas fueron las aves terroríficas:
depredadores voladores con enormes picos, basados en criaturas
que existieron en Sudamérica. “Eran gigantescos”, comenta
Goulekas. “Sabemos lo rápido que puede correr una avestruz y el
daño que puede hacer con sus poderosos pies, y lo combinamos con
el hecho de que existe una relación directa entre las aves del
terror y los dinosaurios. Basamos su apariencia en un conjunto
de varias ilustraciones”.
Perfeccionar los movimientos
de las criaturas requería dar múltiples pasos a la hora de
diseñarlos, colaborando estrechamente con Emmerich. “Se trata de
un proceso de descubrimiento”, explica Goulekas. “Se cambia y se
cambia hasta que lo consigues. Esta película era creativa y
requería colaboración y de una constante evolución. Rolan me dio
todo lo que necesité pero también mucha libertad creativa”.
Una vez estuvieron
finalizados los diseños de las criaturas, su equipo de 18
personas, incluidos los animadores de personajes y los
co-productores, comenzó la previsualización (previo), un guión
gráfico animado en 3D de todas las secuencias con efectos
especiales. “Por ejemplo, para una escena en la que D’Leh camina
a través del desfiladero del tigre, construimos un decorado en
3D del desfiladero y el artista animaba al tigre saltando a
vista de pájaro de la escena, como método para bloquear la
acción”, describe Goulekas. “Después lo pusimos en varios
ángulos de cámara y, con nuestro editor del previo, Steve Pang,
y sus supervisores, observamos todos los cortes y comentamos qué
debíamos hacer con cada artista”.
El previo se convirtió en una
herramienta de incalculable valor para el reparto y el personal.
“Siempre muestro el previo a los actores antes de empezar una
escena para que vean la escena completa de lo que ocurre a su
alrededor”, comenta Emmerich.
Para el director de
fotografía Ueli Steiger, también proporciona una gran ayuda a la
iluminación. “El previo es una verdadera pauta para ver cómo
rodar una escena concreta”, afirma. “Obviamente acaba siendo muy
diferente de cómo se rodó, y en el momento del rodaje hay mucha
improvisación, pero es una pauta”.
El espíritu colaborador de
Emmerich permitió que los artistas del equipo de Gouleka
liberasen su imaginación, siempre en estrecha relación con ella
y el director. “Discutíamos sus sugerencias y a menudo
incorporábamos sus ideas al trabajo”, apunta. “Como
consecuencia, el trabajo adquirió una calidad mucho mayor.
Existe un sentido de la propiedad por parte de los artistas,
sienten como si fueran parte de la historia”.
Durante la producción,
Goulekas y su equipo reunieron a los actores y al personal del
rodaje y se les equipó con barras de medición, banderas y otros
objetos pintados de azul, para reemplazarlos finalmente por
criaturas digitales en movimiento. “Para la secuencia de las
aves del terror teníamos una cabeza azul de uno de ellos en un
palo, para que cuando hiciéramos el montaje pudiéramos
visualizarlo”, explica. “Para la escena del tigre, teníamos un
tigre a tamaño real plasmado en una bandera que podríamos ondear
por el encuadre. Si el encuadre no es bueno, luego te pasa
factura. Con la barra de medición, el actor puede ver lo que
está observando, y el director puede rodar lo que quiera”.
Interactuar con los
accesorios de los efectos especiales supuso un ejercicio
interesante para los actores jóvenes de la película. “Es una
oportunidad única para utilizar la imaginación de forma real”,
señala Steven Strait. “Hay mucho espacio para practicar porque
no existe nada físico que te limite. Durante el rodaje de la
caza de mamuts, hubo una intensa sensación de libertad al
interactuar con algo que no existe”.
2.
La producción
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Fotos por Ollie Upton. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
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