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Dirección: Roland Emmerich.
País: USA.
Año:
2008.
Duración:
109 min.
Género:
Aventuras, drama,
acción.
Interpretación: Steven Strait (D'Leh), Camilla
Belle (Evolet), Cliff Curtis (Tic'Tic), Joel Virgel (Nakudu),
Ben Badra (Warlord), Mo Zainal (Ka'ren), Nathanael Baring
(Baku), Marco Khan (Un-Ojo), Reece Ritchie (Moha), Kristian
Beazkey (padre de D'Leh), Mona Hammond (Vieja Madre).
Guión: Roland Emmerich y
Harald Kloser.
Producción: Michael Wimer, Roland
Emmerich y Mark Gordon.
Música: Harald Kloser y Thomas
Wander.
Fotografía: Ueli Steiger.
Montaje: Alexander Berner.
Diseño de producción: Jean-Vincent Puzos.
Vestuario: Odile Dicks-Mireaux y
Renée April.
Estreno en USA: 7 Marzo 2008.
Estreno en España: 7 Marzo 2008. |
CRÍTICA
por
José Arce
Seamos sinceros:
Roland Emmerich
no hace buenas películas. Tendente a los excesos, desde que
iniciara su carrera tras las cámaras con “El principio del arca
de Noé” en 1984, su trayectoria se ha convertido en un tour
de force exagerado e hiperbólico, un puñado de producciones
en las que lo ofrecido y lo costoso no siempre han guardado
relación equitativa. Pero hay que reconocerle el mérito de
generar para los estudios sonoros taquillazos, gracias a la
fidelidad de un público sabedor de que va a pasar un rato
entretenido con cada film que lleva su firma personal.
Cuando
anunció que iba a encargarse de “10.000”, los aficionados
comenzaron a fantasear con un retorno —más simbólico que de
facto— del entrañable y añorado pulp sesentero,
aquellas maravillosas propuestas que a golpe de stop
motion y turgentes pin ups hacían las delicias de
una platea entregada. Sin embargo, para pasmo de todos,
estamos ante la peor película del germano —al menos desde
"Godzilla"
(1998)—, lo que, si bien tampoco es mucho decir, alarma por
lo que en el futuro el realizador pueda depararnos. Esta es
la (pre)historia de D'Leh (Steven Strait),
joven cazador enamorado de Evolet (Camilla
Belle), hermosa
muchacha de ojos azules secuestrada junto con buena parte de
su aldea por unos embrutecidos guerreros que llegan a
caballo desde el otro lado de las montañas. Los pocos
hombres que quedan inician una misión de rescate que les
llevará más allá del mundo que conocen, desde las nevadas
cumbres de picos escarpados a frondosas selvas de fragoroso
verdor, terminando su aventura en plena construcción de las
pirámides (?). Lo dicho: en teoría, y a priori, un deleite
para los sentidos, una pretendida cinta de acción palomitera
plagada de batallas y monstruos pretéritos, que discurre,
sin embargo y por desgracia, por derroteros más cercanos al
Disney Channel que a lo que verdaderamente debería ser. Ya
los primeros minutos, con la tribu en plena persecución de
una manada de gigantescos mamuts, anticipan el tono inocente
y casi cómico que va a predominar en la narración, una
sensación que empieza a incomodar a una platea —incluso
adolescente, no ya adulta—, que no puede sacudirse el temor
a lo que está por llegar, impresión definitivamente plasmada
en el encuentro de D'Leh con un dientes de sable tan
espectacular como escandalosamente burdo en su recreación.
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Aceptada esta realidad,
queda centrarse simplemente en las pretendidas virtudes, por
otra parte inexistentes, de una cinta carente de vigor y rigor,
sin personajes interesantes —particularmente odioso es el elenco
infantil— ni situaciones sorprendentes, por no hablar del
sonrojante tratamiento de los hombres y mujeres primitivos,
dotados de perfectas dentaduras, improbables afeitados y
estéticas rastas que les convierten en una suerte de efebos
asilvestrados. La desidia de unos de por sí
ineptos actores principales es la nota dominante, craso error en
una propuesta que pretende anteponer la epopeya amorosa de la
pareja central a todo lo que sucede a su alrededor.
Ni Strait tiene fuerza para
emerger como héroe, ni Belle para surgir como materialización de
ese ideal de belleza, casi alegórico, por el que se han de beber
los vientos; las pocas escenas de acción adolecen de una falta
de planificación ciertamente tosca y extraña, un desinterés
general que llega al punto de que la imagen más poderosa sea tal
vez ese sencillo plano con los barcos enemigos recortando sus
velas contra el desierto aplastado por el sol. Y por si fuera
poco, la sublimación de D'Leh como Salvador —con mayúsculas— en
la secuencia final no queda sino como un triste intento de
plagio de los pasajes postreros del
"300"
de Frank Miller, un instante de dobles intenciones totalmente
falto de emoción, aunque al público al que se dirige este
armatoste pirotécnico tampoco creemos que le importe demasiado.
Emmerich, imposible creador a caballo entre la mediocridad y la
megalomanía, debería empezar a darse cuenta de que lo que
presenta en sus películas no requiere semejantes fastos visuales
y de producción; de hecho, los paisajes que regala la naturaleza
son lo único reseñable, de suerte que incluso los decorados de
cartón piedra y las fallidas propuestas digitales incomodan a la
vista. O eso, o contrata a un guionista, que tampoco le vendría
mal.
Calificación:
    
Imágenes
de "10.000" - Copyright © 2008 Warner Bros.
Pictures, Legendary Pictures y Centropolis Entertainment.
Fotos por Ollie Upton. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
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