CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Algo para
no recordar
Siempre he defendido que escribir una buena canción de amor es
tan complicado como estimulantes pueden ser los resultados, de
salir la cosa bien. No es tarea fácil encontrar los matices que
consigan decir algo nuevo de un tema tan trillado y, en efecto,
por desgracia lo usual es caer en el tópico. A este respecto,
podemos marcar un paralelismo con la actual comedia romántica
americana, en franca decadencia, que parece condenada a
convertirse en la misma canción de amor desfallecida, tópica,
repetida ad nauseam. Desde los tiempos de Meg Ryan como
indiscutible reina de la comedia romántica, muy pocas cintas
(quizás la última de ellas,
"Serendipity")
han conseguido rescatar el brillo y el, a veces, ingenio de un
subgénero que nos ha dado no pocos títulos recordados durante la
Historia del Cine.
Vendida en los medios
como una película «de los responsables de "El
Diablo viste de Prada"»,
lo cierto es que "27 vestidos" tiene bien poco que ver con el
film coprotagonizado por Meryl Streep. Y es que, sin ser aquélla
una cinta particularmente reseñable más allá de la
interpretación de Streep, hay que reconocer que al menos aún
contaba con un par de momentos a recordar. Sin embargo, el nuevo
guión de Aline Brosh McKenna
no parece decidido a hacer la menor concesión al ingenio: la
suya es una carrera contrarreloj para cubrir tantos tópicos como
sea posible en sus (innecesariamente largos) 107 minutos de
metraje.
La historia nos habla de
Jane (Katherine Heigl),
una neoyorkina romántica, idealista, llena de altruismo y
alegremente condenada a ser la eterna dama de honor en las bodas
de otras mujeres. Además, también se encuentra secretamente
enamorada de su jefe (Edward Burns).
Sin embargo, cuando la hermana pequeña de Jane (Malin
Akerman) aparece en la
ciudad y roba el corazón de éste, Jane comienza a replantearse
su vida. Por otro lado, la aparición de Kevin (James
Marsden), un reportero
con ideas en apariencia radicalmente opuestas a las de ella, que
pretende escribir un incendiario artículo acerca de su
“adicción” a las bodas, no hará sino complicar aún más las
cosas.
Lo peor de la segunda
película de Anne Fletcher
como directora no es, de hecho,
su absoluta previsibilidad. De hecho, podríamos decir que una de
las reglas no escritas de la comedia romántica americana es
precisamente dicho rasgo. Sin embargo, lo que sí se le puede (y
debería) exigir por contrapartida es una cierta chispa en la
narración, un cierto grado de entidad que consiga elevar una
simple acumulación de clichés a un nivel superior. Ahí tenemos,
una vez más, "Serendipity",
cuyo final es perfectamente anticipable desde la primera escena
(pero que, en cambio, demostró en el camino escogido para llegar
a tal desenlace un notable ingenio, coherencia y madura tristeza
por parte del guionista). Sin embargo, nada de todo esto
encontramos en "27 vestidos", que se limita a exponer los hechos
sin introducir ningún tipo de variación que les dé vida,
convirtiendo la cinta en una simple fórmula matemática que, en
última instancia, no se revela más que como un sonrojante
panfleto a favor del amor en su sentido más dulzón y rancio.
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Así, independientemente del macilento carisma de sus
protagonistas, le faltan escenas que provoquen interés en el
espectador, que le hagan desperezarse de tanta rutina creativa.
Y, por descontado, le sobra descaro en su desganada referencia a
otras cintas mucho más memorables del género (me remito a la
escena musical en el bar de carretera, prácticamente calcada a
algunas de "La boda de mi mejor amigo"). En definitiva, la misma
canción pero con peores acordes.
Calificación:
    
Imágenes
de "27 vestidos" - Copyright © 2008 Fox 2000
Pictures y Spyglass Entertainment. Fotos por Barry Wetcher. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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