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ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO
(Before the Devil knows you're dead)


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Dirección: Sidney Lumet.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 117 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Philip Seymour Hoffman (Andy Hanson), Ethan Hawke (Hank Hanson), Marisa Tomei (Gina), Albert Finney (Charles Hanson), Rosemary Harris (Nanette), Michael Shannon (Dex), Brian F. O'Byrne (Bobby), Amy Ryan (Martha).
Guión: Kelly Masterson.
Producción: Michael Cerenzie, Brian Linse, Paul Parmar y William S. Gilmore.
Música: Carter Burwell.
Fotografía:
Ron Fortunato.
Montaje: Tom Swartwout.
Diseño de producción: Christopher Nowak.
Vestuario: Tina Nigro.
Estreno en USA: 26 Octubre 2007.
Estreno en España: 23 Mayo 2008.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Ahora que coinciden y coincidirán en la cartelera viejos mitos de dentro y fuera de la pantalla, el director Sidney Lumet ha decidido curarse en salud y mezclar sus rasgos reconocibles con la audacia de los nuevos tiempos. No por otra razón —más que la de corroborar el largo y arcano título— inicia la película con una escena de cama entre Philip Seymour Hoffman y Marisa Tomei, explícita y libre de pasiones románticas. Posteriormente a una introducción tan abrupta para las convenciones narrativas, se plantea la efímera y lírica pregunta: ¿Podrías vivir un día y medio en el cielo "Antes que el Diablo sepa que has muerto"? Lumet no pretende ensayar sobre lo divino y lo humano, ni invocar espíritus literarios: aborda un largometraje quizá demasiado cinematográfico, al menos con la honestidad de quien ha dejado claro desde el principio la frialdad en la ejecución del trabajo y el lucimiento del artificio que otras veces ocultaban sus densos y enrevesados guiones.

 

  El suceso de un atraco frustrado sirve de excusa para, de fondo, abrir insatisfactorios y precipitados conflictos de envidias filiales, y, de forma, para desdoblar las imágenes en flashbacks solapados que se conectan mediante un horrible efecto sonoro y paralelismos de fotogramas congelados con tufillo televisivo. La siempre atractiva complementariedad de los puntos de vista no aporta nada al relato cuando esas perspectivas se predicen con facilidad o añaden detalles cotidianos casi nihilistas. La apuesta no parece tan vacua por su apariencia en sí como por venir de un director de tramas que, desde la reproducción inicial del atraco, está apostando por una falsa narración lineal, por vender la vanguardia vacía de originalidad. Esos saltos temporales aleatorios —tanto da retroceder un día que adelantarse una semana— parecen la estratagema barata de alguien carente de suficientes recursos para rellenar dos horas de metraje, desaprovechando la inmoralidad de los personajes y la fuerza de sus intérpretes, que caen irremisiblemente en la sobreactuación —sobre todo, el primer Ethan Hawke y el final Seymour Hoffman—. Las filias y fobias que sienten los protagonistas y que el propio espectador puede desarrollar hacia ellos como único bastión de una historia coja, fluctúan con la misma impropiedad que los cortes de imagen, destrozando la estructura para respetar valores convencionales.

  La fábula del hijo pródigo se voltea en una película que, vista su crudeza visual y verbal, no debería acompañarse de mensaje moralizante. La derrota sin derrotismo de unos avaros perdedores capaces de vender hasta a su propia madre, de drogarse y emborracharse a altos precios mientras su familia pide dinero, responde con aparente soltura a la nueva ola de cineastas debutantes o experimentados que se han dado cuenta de la negrura que rodea a los Estados Unidos. Esa actitud de lúcido pesimismo, más valiosa aún viniendo de alguien que creía en las causas imposibles —recordemos, por ejemplo, los modélicos litigios de “Veredicto final” (1982)—, pierde fuerza cuando los dejes tremendistas de personajes y realización empiezan a asomar los morros. No se podía ocultar al lobo durante tanto tiempo, y el diablo viene a cobrarse la factura de una apuesta perdida: el cruce de thriller con drama psicológico, ajustes de cuentas y tiroteos, y vías secundarias útiles para una resolución sin pulso trágico, no sólo chocan por su inoperancia, sino por alcanzar cotas de considerable irritación y aburrimiento.

  En la línea de las últimas producciones estelares con sello autoral, la desnudez casi teatralizada de la puesta en escena pinta de un gris más intenso el perfil de los roles. Desnaturalizados, fríos, inexpresivos hasta que explota un increíble caudal de odio interno que se propaga con la aleatoriedad de la rabia, los elementos que construyen esa Nueva York nebulosa imponen a la película la misma entidad que una historia irreal, no acostumbrada a verse en el cine más zalamero. Un par de apuntes despiertan por breve tiempo la personalidad de la cinta: el disfraz cutre, hortera y ochentero de Ethan Hawke durante el robo, del cual se burla otro personaje como ruptura definitiva con una manera de entender las heist movies que ya no sirve ni supone emoción. Y el lento y contenido desaguisado que Seymour Hoffman forma en su apartamento después de que lo abandone Marisa Tomei, el único momento en que las cosas, al fin, se rompen y canalizan una vida que el resto de las escenas esconde en alguna recóndita parte.

  Tal vez Lumet plantee la pregunta inicial como un reto: el desafío de disfrutar hora y media de película antes de que el fin se acerque y los acontecimientos fatales se acumulen. De ser así, de proponer un producto conscientemente plano y soporífero, afirmaría una victoria absoluta. Pero las continuas llamadas de atención sonoras y el mareo al que somete unos pobres acontecimientos sólo disfrazan su pulso narrativo tradicional. Los atractivos misterios se van disolviendo con la sospecha de que están vendiendo una moto que ni arranca ni llega todo lo lejos que debería. La decepción es mayor por esa promesa del comienzo y su tardía unión al desenlace, ambiguo como el estilo de estos renovados directores que parecen tener remordimientos de conciencia, por lo que desprecian el derecho a dictar sentencia con la seguridad de antes. Y, experto en estas lides, Lumet debería tener tatuado en la mente y el ojo que la buena defensa de uno mismo siempre precede a un fallo favorable.

Calificación:


Imágenes de "Antes que el Diablo sepa que has muerto" - Copyright © 2007 Funky Buddha Group, Capitol Films, Unity Productions y Linsefilm. Fotos por Will Hart. Distribuida en España por A.Zeta Cinema. Todos los derechos reservados.

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