CÓMO SE HIZO "ELEGY"
Notas de producción ©
2008
On
Pictures
Con Elegy, ISABEL COIXET, la elogiada directora española de Mi
Vida sin Mí y La Vida Secreta de las Palabras se convierte en la
primera directora que aborda la obra del famoso y polémico
novelista Premio Pulitzer de ficción, Philip Roth. Coixet es
conocida por su intensa concentración en las vidas interiores de
sus personajes. La película presenta el combate de pasión entre
una extraordinaria joven, Consuela, interpretada por PENÉLOPE
CRUZ (Volver, Todo Sobre mi Madre), y un sofisticado profesor de
universidad, David Kepesh, encarnado por BEN KINGSLEY (Gandhi,
Sexy Beast), sin tomar partido ni emitir juicios finales. Lo que
fácilmente podría considerarse una historia de seducción de
orientación masculina y sus consecuencias, se convierte en una
profunda investigación sobre el poder del amor y sus efectos
perdurables —tanto en la belleza como en el admirador. “Estoy en
un momento de mi vida en el que puedo intentar entender a la
gente –entender a los hombres” dice Coixet.
“En Elegy, David Kepesh
intenta escapar por medio del sexo; sin embargo, al final, a
través del sexo es como encuentra el amor. Me parece bastante
bonito”. De manera crucial, la directora ve a la menos
experimentada Consuela de Penélope Cruz como la más poderosa:
“Es la más fuerte de los dos. Quiere lo que quiere y no se
avergüenza”. El profesor Kepesh es un hombre seguro de sí mismo
y parece saberlo todo, pero ante una pasión devoradora, tiene
mucho que aprender. En la primera escena de la película, le
conocemos en su faceta de hombre célebre, en el programa The
Charlie Rose Show promocionando su provocativo nuevo libro sobre
los orígenes ocultos del hedonismo Norteamericano. Kepesh, que
aboga abiertamente por la “felicidad sexual”, atribuye los
orígenes de ésta a “Merrymount”, una colonia poco conocida
fundada por el rebelde Thomas Morton situada a solo treinta
millas de Plymouth Rock. Este asentamiento, refugio de rebeldes,
asociales y libre pensadores, no tardó en desaparecer. Como
Kepesh declara: “Los puritanos les cerraron el puesto” Y hasta
los años sesenta —la década de la mayoría de edad del profesor—
su mensaje prohibido de liberación no volvería a explotar de
nuevo en suelo Norteamericano. Con ironía, elocuencia y gran
humor, Kepesh se define a sí mismo como un orgulloso
descendiente espiritual de esos rebeldes pioneros. Sin embargo,
cuando se trata de lidiar con “los aspectos carnales de la
comedia humana,” hasta un viejo rebelde acata las normas. Se
paga un precio cuando se quebrantan hasta las reglas más
descabelladas. Puede que incluso se obtenga, como descubrirá,
una profunda y permanente gratificación.
Eso es lo que le sucede a un
hombre como Kepesh—un seductor múltiple de gran éxito que ama a
las mujeres pero jamás permite que se le acerquen demasiado
–cuando se encuentra cara a cara con la extraordinaria Consuela
Castillo. Esta hija de inmigrantes cubanos conservadores, una
mujer cuya deslumbrante belleza y cabellos negros como el
azabache lo traspasa y transforma, es una mezcla embriagadora de
lo divino y lo mundano. A pesar de todo, jamás podrá explotarla.
A pesar de los terribles
reveses que sufre Consuela, Cruz describe cómo su personaje
persigue sus propios objetivos y ejerce el control en la
relación con Kepesh: “El no es un depredador, y ella no es una
víctima. Ella sabe por qué quiere estar con este hombre”. A
medida que la relación crece, se destruye y resurge, tanto
Kepesh como Consuela deberán hacer frente a una pasión
apremiante, al excruciante dolor de la pérdida y la posibilidad
del amor.
A partir de un guión creado
por el candidato al Oscar NICHOLAS MEYER (The Seven-Per-Cent
Solution, Sommersby), Coixet embarcó a todo su equipo creativo
en la aventura de trasladar un relato íntimo de dos personas,
cuerpo a cuerpo, en una fascinante historia visual y drama
erótico. Ben Kingsley ve como el núcleo de este trabajo en
equipo “el análisis y la definición del amor entre hombres y
mujeres.” Esto es algo que el actor considera esencial, “ya que
lo único que impide que este planeta—este maldito “show”—se
venga abajo es el amor”.
Al retratar a este hombre
franco y seguro de sí mismo, aunque secretamente abrumado por la
soledad y los problemas, Kingsley aporta al personaje su gran
maestría y precisión, así como una sorprendente frescura. Según
Cruz trabajar con él es “una aventura alucinante –te engancha,
¿sabes?…como una maravillosa montaña rusa”. Kingsley no solo
logra envolver al público profundamente con el personaje que
interpreta, también permite hacer y deja campo libre a los demás
actores. El proceso depende de mantenerse abierto y aportar “una
sed por la verdad” afirma Kingsley: “Creo que si hay una norma
que compartimos todos los actores que merece la pena es la
vulnerabilidad…Construimos cosas de la nada pero con la
vulnerabilidad, es asombroso… algo sobre la condición humana
puede empezar a fluir.” El guionista Nicholas Meyer comenta que
este don para compartir momentos se aplica también al medio
cinematográfico mismo: “Lo que realmente le interesa es la
manera de trabajar estrechamente con la cámara para capturar esa
atmosfera de intimidad”.
La directora Coixet describe
un ejemplo concreto del tipo de impacto emocional que Kingsley
vierte en el rodaje: “Me parece que tiene los ojos más
increíbles que he visto. Recuerdo un día…una escena muy simple.
Ben había servido coñac y caminaba hacia Penélope con dos copas.
Yo estaba detrás de la cámara pensando: “Dios, esos ojos tienen
realmente hambre…es como si la devorara con los ojos” Después,
Coixet le preguntó a Kingsley qué es lo que estaba pensando
mientras rodaban la escena. Le dijo: “Estaba contemplando mi
muerte”. ¿Qué aporta un actor de su calibre a cada papel? Para
Kingsley la respuesta es muy sencilla: “Tengo que sorprenderme a
mí mismo”.
Plenamente consciente de que
su papel en la batalla carnal no durará para siempre, Kepesh
lucha por mantener una distancia de observador. El encuentro con
la extraordinaria mezcla de sensualidad y reserva de Consuela
Castillo le hace abrirse en formas totalmente inesperadas.
Kepesh elogia su elegante austeridad diciendo: “Sabe que es
hermosa, pero todavía no está segura de qué hacer con su
belleza.” Totalmente cautivado, considera el cuerpo de Consuela
“una verdadera obra de arte”.
Para Penélope Cruz
interpretar el papel de Consuela significa hacer realidad una
pasión que ha alimentado desde hace cinco años; desde que el
productor Tom Rosenberg le pidiera que leyera el libro. Para
ella Consuela es “uno de los personajes más difíciles de mi
carrera, uno de los más aterradores”. Cruz, una mujer que
representa totalmente el arquetipo de mujer imponente capaz de
dar lugar una obsesión que puede transformar a alguien
vitalmente, también aporta al personaje la tremenda honestidad
que ha caracterizado sus trabajos con Pedro Almodóvar y sobre
todo a su vehemente interpretación en No te Muevas, una película
italiana que obtuvo un gran éxito de crítica. La actriz se
regodea en las contradicciones de Consuela: “Me encanta porque
no se le puede encasillar. Es un montón de mujeres a la vez,
pero es ella misma, todo el tiempo –sincera,
compleja…desbordante e impredecible”.
Nicholas Meyer describe la
esencia del personaje de Consuela así: “una belleza
extraordinaria que te paraliza el corazón y que clava a Kepesh
en una pared como si de una mariposa se tratara y una
vulnerabilidad excepcional de la que poco sospecha él, porque
realmente no es capaz de verla. No la ve hasta que no es
demasiado tarde.” Penélope Cruz capta esta mezcla volátil
canalizando sus propios sentimientos y empleando su miedo. Es
una piedra de toque para la actriz: “El día que tenga ochenta
años seguiré teniendo la misma sensación –la sensación de que no
soy capaz de controlarlo todo. La cámara lo ve todo, tanto que
te das cuenta de que no puedes mentir.” La actriz aplaude a la
directora Coixet, también española, por fomentar la intimidad y
el riesgo en su interacción con otros actores, sobre todo en las
escenas de sexo: “Isabel las filmó de una manera preciosa. Han
quedado realmente bien. La magia que sentí cuando leí el libro
está ahí”.
Viendo que su mejor amigo
corre peligro por culpa de su fijación por Consuela y que
debería “dejar que el sexo sea solo sexo,” George O’Hearn, un
Pulitzer de la poesía, (interpretado por Dennis Hopper) advierte
a Kepesh: “Las mujeres hermosas son invisibles… Nadie puede ver
a la persona real… Estamos tan deslumbrados por el exterior que
nunca conseguimos llegar al interior.” En la película, oímos
esta observación mientras vemos unas evocadoras escenas de
Kepesh fotografiando a Consuela en la playa y más tarde
revelando las fotos en su cuarto oscuro —imágenes de deseo
congeladas en el tiempo. (Kepesh corteja Consuela con su
impresionante colección personal de imagenes fotográficas
clásicas; el acto ritual de sacar fotos vuelve a estar presente
como un importante elemento en el material de cierre de Elegy,
que depende desde el principio al fin de esta especie de
interacción entre la imagen externa y la realidad interior,
entre el ver y el ser visto). Una gran parte de la rica
conversación que tiene lugar entre los dos amantes sucede en sus
ojos. Coixet y su equipo creativo han procurado que esa conexión
sea también para el público íntima y personal.
Desde la notoria escena de la
masturbación que convirtió a El Mal de Portnoy en un provocativo
bestseller en 1969, Philip Roth ha sido tanto elogiado como
atacado por sus crónicas febriles, a menudo impúdicas, de cómo
el deseo sexual impulsa y atormenta las vidas de los hombres
norteamericanos. Al crear a Consuela, este provocativo escritor
va más allá de la barrera de la belleza y llega a la persona
real que existe en el interior de la imagen perfecta. El retrato
visual que se hace del personaje en la película es fundamental
para lograr esto en la pantalla.
Dado que Coixet maneja su
propia cámara (junto a su viejo colaborador Jean-Claude Larrieu,
el director de fotografía), Ben Kingsley afirma: “Isabel es
literalmente el ojo de la película…no exagerará, ni mentirá, ni
rodará nada que no sea cierto…siempre sé qué quiere decir y es
un placer para mí contarle mi historia”. El empático punto de
vista de Coixet, a menudo humorístico, va más allá de los
personajes principales y afecta a otros personajes que en otros
tipos de películas tendrían permitido ser unidimensionales. “Me
encantan todos los personajes de esta película. Las mujeres
saben lo que quieren y son más francas que los hombres”.
Consideremos por ejemplo a
Carolyn, el personaje que interpreta la candidata al Oscar
PATRICIA CLARKSON (Retrato de Abril y Buenas Noches y Buena
Suerte), una enérgica ejecutiva. Ella y Kepesh han mantenido una
fuerte relación sexual durante veinte años sin compromisos.
Carolyn (quien como Consuela, fue también en tiempos, la alumna
favorita y amante de Kepesh) nos es introducida mediante un
efusivo número de dormitorio, que Coixet clasifica como “destape
maravilloso”, en el que el personaje exuda la sensualidad y la
pericia de la mujer madura. “Patricia es intrépida”, asegura la
directora, “con una veracidad digna de ver.” Carolyn es un
personaje complejo; cuando ve que el impacto de Consuela
sobrepasa con mucho el suyo propio, se da cuenta de que este
romance supone el final de una necesaria amistad. Su dolor es
evidente; no hay precariedad en la liberación de esta mujer.
Nicholas Meyer destaca la total comprensión de Clarkson de las
contradicciones de Carolyn, “tremendamente triunfadora en su
vida profesional y llena de conflictos e insatisfacciones en su
vida privada,” además de la química incandescente que hay entre
ella y Ben Kingsley.
DENNIS HOPPER (Terciopelo
Azul, Apocalypse Now) aporta la misma profesionalidad (además de
su carisma personal) al granuja de George O’Hearn, el poeta
laureado que aconseja a su viejo amigo, mujeriego como él,
“separar” el reino de la aventura sexual del reino de la vida
real. Hopper dice, bromeando sobre las escenas de sorprendente
intimidad que tiene con Kingsley: “Es Terciopelo Azul y Sexy
Beast o Frank Booth y Gandhi cara a cara”. También reconoce que
es un placer trabajar con una gran actor y un “tipo tan legal”
como Kingsley.
George parece un hombre dueño
totalmente de su destino y, aunque algo dependiente de su
reputación, es un consumado hipster. Sin embargo, ante un
verdadero problema, el personaje de Hopper abre su corazón con
profunda desesperación y sorprendente franqueza. Las escenas
entre Kingsley y Hopper, pese a que en un primer momento los
personajes nos podrían parecer un tanto cínicos y
autosuficientes, cobran una dimensión totalmente nueva. El juego
cómico que estos dos hombres se han traido entre manos durante
décadas acaba convirtiéndose en algo muy serio, de gran
resonancia. El final de George supone tanto una lección para
Kepesh como una advertencia, cuando este hombre irreverente y
autosuficiente recibe un revés de la vida y reconecta con su
sufrida mujer, interpretada por DEBORAH HARRY (Mi Vida sin Mí)
la famosa cantante de Blondie, el icónico grupo pop.
Al final, el petulante George
O’Hearn acaba haciendo lo contrario de lo que predica. Ben
Kingsley atribuye la excelencia interpretativa de Dennis Hopper
a la amplitud de su expresión artística: “Dennis tiene un gran
don. No es solo un actor. Es el ojo del fotógrafo…que puede ver
en perspectiva y eso es esencial”.
Para el difícil papel de
Kenny Kepesh, un hijo adulto totalmente resentido con su padre
por sus multiples infidelidades, Coixet estaba encantada con la
elección de PETER SARSGAARD (El Precio de la Verdad, Kinsey)
porque “uno puede ver multitud de capas en sus personajes,
incluso en los más simples”. Un reprimido y sentencioso Kenny se
define a sí mismo por oposición a David Kepesh. A pesar de ser
un médico bien establecido, se mueve por su antigua ira.
Aún así, hay algo en el
corazón de Kenny que le lleva a destruir su propio matrimonio y
confesárselo a su padre. Sarsgaard ve una paradoja en la
necesidad de un hijo por competir por la atención de su padre.
Hablando desde el personaje, Sarsgaard confiesa que: “Creo que
el motivo de que vaya a decirle todas esas cosas no es por
echarle la culpa sino para demostrarle que soy una persona tan
interesante como él…En lo profundo de mi ser, me comporto así
para que mi padre se interese por mí. Cuando digo “tú no lo
entiendes” lo que intento decir es “Tú lo entiendes. ¿Podemos
ser amigos ahora? Yo he hecho algo parecido a lo que hiciste
tú”. El cambio es una constante en el mundo de ELEGY. Cuando
Kenny decide por fin abrirse a su padre, la frialdad
manipulativa que ha envenenado el vínculo padre-hijo ya ha
empezado a disolverse.
Consuela se convierte en una
obsesión para David Kepesh; los celos son compañeros constantes.
Kepesh está convencido de que se la robará un hombre más joven
porque en el pasado él habría sido ese hombre. No puede vivir
sin Consuela pero teme lo inevitable –su declive y su despedida.
Le hace preguntas perspicaces sobre sus antiguos novios y se
imagina una traición a cada momento.
Este maestro de la
manipulación, se encuentra atrapado en su propia imaginación.
Kepesh se ve a sí mismo como un viejo con una joven, y no le
gusta en absoluto. Cuando Consuela le invita a una fiesta
familiar para celebrar su graduación, Kepesh provoca una avería
en el coche para no ir. Furiosa por la táctica, Consuela decide
romper la relación. Kepesh está destrozado y se refugia en el
trabajo. La influencia de Consuela sobre él es especialmente
patente durante su ausencia.
Entonces, después de dos años
de soledad, recibe una llamada inesperada en Nochevieja.
Consuela, que necesita urgentemente verle, se presenta en su
piso esa misma noche. Las noticias que trae invertirán el orden
de las cosas. Para un hombre que siempre ha contado con poder
zafarse, Kepesh se enfrenta ahora a un cambio de polaridad:
vincularse y conectar a toda costa. Incluso aunque las
consecuencias inherentes del sexo dejan profundas huellas,
Kepesh descubre que las consecuencias del amor dejan huellas aún
más profundas.
El guionista candidato al
Oscar, NICHOLAS MEYER, aportó su considerable experiencia a la
hora de adaptar la novela corta de Roth para la productora
Lakeshore Entertainment (TOM ROSENBERG, GARY LUCCHESI, ANDRE
LAMAL). Según Meyer la adaptación es una cuestión de “entrelazar
imponderables”, lo cual incluye ponderar “en qué medida puede
funcionar una película si nunca has leído el libro y lo
indulgente que uno puede ser si sí lo ha hecho.” Para Meyer,
adaptar es el acto de traducir y require que el guionista viaje
por un campo de minas con tacto y habilidad “para llegar a algo
de lo cual todo el mundo diga “sí, esta podría ser la película
de este libro”. El atractivo esencial de las películas para
Meyer es que las mejores cuentan una buena historia, que él
define de una manera simple y empírica: “Una buena historia para
mí es aquella que después de que te la cuente entiendes por qué
quería contártela”.
Meyer también elogia a los
productores TOM ROSENBERG y GARY LUCCHESI por interesarse por
los materiales que plantean cuestiones: “En cierto modo, los dos
son unos románticos empedernidos”, sumamente ambiciosos y cultos
pero dispuestos a hacer una película para gente adulta y “no
solo películas como juguetes mecánicos”.
Durante la preparación del
rodaje de Elegy, Coixet y algunos miembros clave de su equipo
creativo, incluidos el diseñador de producción, CLAUDE PARÉ, y
la diseñadora de vestuario, KATIA STANO, tuvieron que solucionar
una serie de cuestiones para que la película tuviera una
atmósfera distintiva y una coherencia visual. Para Paré (cuyo
trabajo inmediatamente anterior a Elegy fue el espectáculo/
comedia de 130 millones de dólares, Night at the Museum), la
clave para evocar Manhattan con un presupuesto limitado era
convertir el piso de David Kepesh en un joyero de museo de las
elecciones y experiencias vitales de un hombre. Las obras de
arte que el profesor le enseña a Consuela se ven reflejadas en
el brillante tratamiento del director de fotografía JEAN CLAUDE
LARRIEU de la película, sobre todo en la paleta de colores y en
el uso de espejos y texturas de cristal.
Paré recuerda orgulloso el
momento en que Ben Kingsley vió por primera vez el decorado que
iba a representar el piso en el que David Kepesh ha vivido
durante décadas. “Ben entró en el decorado por primera vez
después de una semana de ensayos en la habitación de un hotel.
Llevaba una tartera con sopa y una cuchara. Entró por la puerta
principal, atravesó el salón y el comedor y llegó hasta la
cocina. Allí se sentó y empezó a tomarse su sopa.” Para
Kingsley, el sitio era exactamente como lo había imaginado.
“Para mí fue muy gratificante que él se encontrara cómodo y a
sus anchas en ese espacio”, confiesa Paré.
Katia Stano trabajó con
Isabel Coixet en Mi Vida Sin Mí y estaba encantada con volver a
trabajar con la directora. Su objetivo era que el vestuario de
cada actor contribuyera a definir la vida interior de su
personaje. Recuerda conversaciones detalladas con Kingsely sobre
cómo el hecho de que un simple botón de una chaqueta estuviera o
no abrochado podía añadir autenticidad a un momento dramático,
ya que revelaría cómo un experto seductor calibra su apariencia
para causar efecto.
En cuanto al vestuario de
Consuela, Stano decidió para Penélope Cruz resaltar “líneas
clásica limpias, muy elegante,” que reflejaran el orgullo de sus
padres inmigrantes por haber triunfado en una nueva tierra. Cada
detalle, hasta la elección de la lencería para la Carolyn de
Patricia Clarkson (“functional… pero elegante”), está encaminado
a hacer que el momento cobre vida y que la historia de los
personajes tenga un peso y una concreción.
Imágenes
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