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ELEGY


Dirección: Isabel Coixet.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 108 min.
Género: Drama.
Interpretación: Penélope Cruz (Consuela Castillo), Ben Kingsley (David Kepesh), Dennis Hopper (George O'Hearn), Patricia Clarkson (Carolyn), Peter Sarsgaard (Dr. Kenny Kepesh), Deborah Harry (Amy O'Hearn).
Guión: Nicholas Meyer; basado en la novela "El animal moribundo" de Philip Roth.
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi y Andre Lamal.
Fotografía: Jean-Claude Larrieu.
Montaje: Amy Duddleston.
Diseño de producción: Claude Paré.
Vestuario: Katia Stano.
Estreno en España: 18 Abril 2008.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Cuerpos y almas

  Poco a poco, la catalana Isabel Coixet ha sabido ganarse a crítica y público, con una filmografía que recogía un universo propio de sensibilidad poética y personajes heridos en sus emociones, donde el amor y su pérdida servían de banderín de enganche para una platea deseosa de experimentar una especie de catarsis interior que le removiese. En "Mi vida sin mí", una mujer ponía su alma al desnudo ante el espectador y le mostraba sus últimos deseos y aquellos otros que albergaba para después de su muerte. En "La vida secreta de las palabras", otra mujer huía de una realidad dramática que le había dejado cicatrices por dentro y por fuera. En ambas, un dolor interior, sufrido en silencio y soledad, lograba generar un clima de intimismo y emoción que brotaba con sinceridad y naturalidad, sin que pareciese buscado directamente por una narrativa calculada ni por una puesta en escena artificiosa. Su secreto estaba en la sugerencia y en la contención expresiva, en crear unos ambientes en los que el drama y el romanticismo se hallaban suspendidos en el aire y a la vez inundaban a los personajes, en donde el (des)equilibrio emocional entre todos ellos les empujaba a beber de una misma fuente que tenía a la muerte de telón de fondo.

 

  Ahora, Coixet inicia con “Elegy” su personal romance con Hollywood, y lo hace adaptando la novela de Philip Roth "El animal moribundo". Quizá sea por lo primero o por lo segundo —es la primera vez que no firma el guión, y que éste no es original—, pero el caso es que la película no respira el mismo aire fresco ni la misma intensidad emocional que las anteriores. Ha construido una obra con piezas prefabricadas, que se sustenta sobre una estructura falsa y un tanto desequilibrada, y en la que se adivinan artificios que la hacen endeble. Excesiva y reiterativa resulta la voz en off de David, un profesor sexagenario seductor de sus ex-alumnas que busca sexo sin compromiso, que recuerda el momento en que su corazón le traicionó con Consuela, una joven cubana que primero le mostró la belleza exterior y después la interior. Una y otra vez parece que Coixet necesita apoyarse en la voz evocadora del cínico profesor para suscitar emociones en el espectador y mantener el pulso narrativo, lo mismo que precisa de unos melodiosos acordes de piano para generar un romanticismo pasional suavizado, o de la figura de su amigo y cómplice George: las confidencias con este curioso personaje se convierten en vehículo de la directora para explicitar los propios deseos, inquietudes y temores del protagonista, en un artificio tan elemental como poco sutil.

  Si el guión opta por la explicación y abandona el arte de la sugerencia, de la mirada y del silencio, tampoco el montaje se luce con varios flashbacks tan innecesarios como subrayados mientras la acción presente continúa, e incluso con algún flashforward que parece fruto del desorden y genera desconcierto (por ejemplo, en la fiesta de graduación). Evidentemente, la cinta se arma sobre una historia de dualidades, entre seres licenciosos y puritanos, entre relaciones sexuales y amores comprometidos, entre un hijo de moral rígida (e hipócrita) y un padre presentado como honesto en su "liberación sexual" no sometido a moral alguna. Ese maniqueísmo queda patente en la figura del intransigente e incomprensivo hijo, que irrumpe en escena con un drama personal tan hueco y sin recorrido como forzado y artificial; o con el propio George, que en la secuencia del recital y del desenlace resulta patético y disparatado: dos subtramas de telefilm, demasiado discursivas y al servicio de un guión que cojea por varios frentes, que olvida los diálogos poéticos de sus anteriores films, y que tiene su guinda en esos momentos pseudo-pictóricos, tanto en las referencias a Las Meninas o a las Majas como a esas estampas romanticonas por la playa.

  Con todo, a Coixet le sale una curiosa mezcla en que lo hollywoodiense se hace demasiado presente y hunde el barco de las emociones a las que nos tenía acostumbrados. De nada le sirven las buenas interpretaciones de un siempre poderoso Ben Kingsley y una perturbadora Penélope Cruz, pues sus encuentros acaban siendo tan "narrativos" como poco "sugerentes". Es el ejemplo claro de dos grandes actuaciones que representan con oficio su papel pero que no suscitan emoción —no hay química ni encuentro verdadero entre ellos—, salvo en un breve instante como desenlace, que sin embargo ha necesitado de un recurso facilón con el que desencadenar el dramatismo y dar profundidad a la historia. La música funciona en su misión de aportar romanticismo y melancolía a la historia, a pesar de algún que otro experimento que suena a impostado; y la fotografía quizá sea el aspecto más cuidado en su búsqueda de atmósferas cerradas y asfixiantes, en las que parece que falta el aire a los personajes. Bien rodada, con fogonazos que recuerdan a la mejor Coixet, como son las planificaciones cuidadas (por ejemplo, la secuencia de un solitario y abatido David en la pista de squash que se pregunta «¿yo a quién quiero engañar?»).

  Al final, nos queda una peculiar historia de amor que surge donde menos se espera y que se afianza con la ausencia, donde lo sexual queda desprovisto de cualquier sentido moral y adquiere la ternura que el original literario no tenía, que mira al matrimonio como cárcel y fuente de problemas. También esconde un temor al paso del tiempo (en esto, como en otros aspectos visuales y de atmósferas, se ve la sintonía con Wong Kar Wai) y la llegada de la vejez, con la muerte como la nada que todo lo devora. Aun permaneciendo en las coordenadas temáticas de Isabel Coixet, la cinta rebaja su intimismo y las emociones quedan devaluadas, por lo que sus admiradores pueden quedar un poco decepcionados con esta historia de cuerpos y almas enfermos.

Calificación:


Imágenes de "Elegy" - Copyright © 2008 Lakeshore Entertainment. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.

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