CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Lo de
Laura Linney
es sencillamente increíble. Cada una de sus interpretaciones, no
importa si de índole más alimentaria (ahí está su reciente
participación en
"The nanny diaries [Diario de una
niñera]")
o en pequeñas producciones independientes que le permiten dar lo
mejor de sí misma ("Una historia de Brooklyn"),
son una muesca más a añadir en una larga lista de papeles que la
convierten en una de las mejores actrices del momento. Y su
papel en esta “La familia Savages”, desde luego, no hace más que
volver a confirmarlo.
Claro que la cinta se apoya
en un guión estupendo, que se atreve a bucear en algo tan
incómodo y difícil de mostrar en el cine, o al menos en el más
comercial, como la muerte; o, mejor dicho, ese momento delicado
de la vida en el que los padres enfilan la última recta del
camino y los hijos se ven enfrentados a la necesidad, en
demasiadas ocasiones no deseada, de hacerse cargo de ellos. Algo
que, además, se vuelve especialmente complicado cuando tener
cuarenta años, como les ocurre a los dos hermanos protagonistas
del film, no significa necesariamente tener la vida resuelta:
ambos viven en medio de la fragilidad emocional y laboral, con
todo un sistema de defensas que les evita asumir compromisos, y
esa incapacidad para encarar las responsabilidades les vuelve
especialmente vulnerables cuando deben hacerse cargo de un padre
que, además, fue el terror de su infancia, por mucho que ahora
sea poco más que un pobre desgraciado con demencia senil.
Lo bueno del libreto de
Tamara Jenkins es que
rehúye cualquier coartada que haga más digerible la propuesta:
ni el egoísmo de los hijos se disimula, ni se nos ayuda trazando
caracteres fáciles de encasillar. En lugar de ello, la historia
va desvelando las coartadas que nos escamotean la imagen de la
muerte: de hecho, apenas hay diferencias entre la idílica (o más
bien pesadillesca) urbanización en la que vive el patriarca
Savage, y la residencia espaciosa y luminosa en la que el
personaje de Laura Linney se empeña en meter a su progenitor.
Ambas, como bien le dice, en una de las escenas memorables de la
cinta, Philip Seymour Hoffman
a su hermana, no buscan otra cosa que esconder la realidad y
hacerla más asimilable... no para los que pronto se irán, sino
para los que se quedan.
De todo ello habla “La
familia Savages”, en un tono que rehúye las montañas rusas
emocionales y se mantiene en todo momento en una línea más
cercana a lo cotidiano. Aquí no hay familias friquis
estilo
"Pequeña Miss Sunshine",
sino un padre y unos hijos que caminan haciendo equilibrios en
el día a día. No hay grandes resoluciones, ni siquiera
respuestas, pero sí miradas entre tristes y cómicas a cómo
vivimos y cómo somos. Y un puñado de instantes de cine de muchos
quilates, como la escena de la discusión en el coche o ese plano
final, uno de los más hermosos de los últimos meses.
Inevitablemente, esa
contención, para una parte del público, equivaldrá a lentitud, a
morosidad, y es cierto que en algún momento la película parece
tomarse demasiado tiempo para avanzar. Pero a cambio nos ofrece
una obra tremendamente inteligente, emotiva sin recurrir a
trampas facilonas, y, sobre todo, tres interpretaciones de
altura: la de Laura Linney, la de Philip Seymour Hoffman... y la
de Philip Bosco
como el anciano Lenny Savage —pocas veces un gesto tan simple
como el de bajar el volumen de un audífono, o una mirada en
medio de un test, han sido capaces de expresar tal cúmulo de
poderosos sentimientos—.
Calificación:
    
Imágenes
de "La familia Savages" - Copyright © 2007
Fox Searchlight Pictures, Lone Star Film Group, This Is That, Ad
Hominem Enterprises y Cooper's Town Productions. Distribuida en
España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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