CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Con "There will be blood
(Pozos de ambición)", ya he visto las cinco películas que este
año han sido
nominadas al Oscar®
en la categoría más relevante de estos galardones.
"Expiación: Más allá de la pasión"
y "Juno"
me parecen muy interesantes, mas distan de ser obras maestras.
Otra,
"Michael Clayton",
está bien, pero tampoco hubiera pasado nada porque su lugar lo
hubieran ocupado títulos como
"American gangster",
"En el valle de Elah"
o "Zodiac".
Finalmente, con las otras dos,
"No es país para viejos"
y el largometraje que es objeto de este comentario, he sentido
una profunda decepción. Lo curioso del asunto es que ambas son
las más laureadas por la crítica, aparte de que han obtenido
importantes
galardones
durante las últimas semanas.
Será culpa mía, que no soy
capaz de conectar con cierto tipo de cine, pero la verdad es que
esta propuesta de Paul Thomas Anderson,
realizador que ni posee una vasta filmografía ni se prodiga
demasiado en la gran pantalla (tiempo tiene para ello, pues aún
es muy joven), me ha dejado completamente frío, y eso a pesar de
su apetecible argumento. Así, la cinta nos narra la historia de
Daniel Plainview, un hombre que se crea a sí mismo y que se
convierte en un poderoso empresario del petróleo durante los
primeros años de siglo XX, aun a costa de perder su humanidad.
Tras una magnífica primera
mitad en la que la película avanza con calma pero sin dejar de
resultar amena e interesante (durante estos minutos se nos
explica cómo el protagonista del relato va construyendo su
imperio y se instala en Little Boston), inexplicablemente todo
cambia en su segunda parte, que se torna aburrida, pesada y que
casi hace que pensemos que estamos viendo un filme diferente. El
metraje, a todas luces excesivo, provoca que se intensifiquen
estas sensaciones, sobrándole escenas a mansalva.
El director presta excesiva
atención a personajes como el predicador Eli Sunday o el hermano
de Plainview, no en el sentido de que su presencia sea
irrelevante para la narración, que no lo es, sino en el de que
les dedica demasiado tiempo a unos individuos que acentúan algo
que el espectador ya intuye sin necesidad de que se lo recalquen
de esa forma: el magnate camina hacia la locura y nadie,
absolutamente nadie podrá impedirlo. Por fortuna, la cinta
cuenta con una espléndida actuación de Daniel
Day-Lewis, siendo
imprescindible escuchar su voz en la versión original, además de
una encomiable puesta en escena y una cuidada fotografía.
Sin embargo, la banda
sonora de Jonny
Greenwood,
que finalmente no ha podido competir en los Oscar® al ser
descalificada por la
Academia,
no es precisamente uno de los puntos fuertes de la película.
Aparte de que la música tan sólo se escucha en determinados
pasajes de "There will be blood (Pozos de ambición)", sus
tonalidades experimentales llegan incluso a irritar, si bien lo
peor de todo es que las notas apenas tienen nada que ver con lo
que acontece en la pantalla. Y, desde luego, ése es un pecado
inexcusable para una partitura cinematográfica.
Calificación
película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes
de "There will be blood (Pozos de ambición)" - Copyright © 2007
Paramount Vantage, Miramax Films y Joanne Sellar/Ghoulardi Film
Company. Fotos por Melinda Sue Gordon. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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