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Dirección: Gregory Hoblit.
País: USA.
Año:
2008.
Duración: 100 min.
Género:
Thriller.
Interpretación: Diane Lane (Jennifer
Marsh), Billy Burke (detective Eric Box), Colin Hanks (Griffin
Dowd), Joseph Cross (Owen), Mary Beth Hurt (Stella), Daniel Liu
(Tom Moy), Perla Haney-Jardine (Annie), Peter Lewis (Richard
Brooks), Chris Cousins (David Williams), Brynn Baron (Sra.
Miller).
Guión: Robert Fyvolent, Mark
R. Brinker y Allison Burnett.
Producción: Steven Pearl, Andy
Cohen, Tom Rosenberg, Gary Lucchesi y Howard Koch Jr.
Música: Christopher Young.
Fotografía: Anastas Michos.
Montaje: David Rosenbloom.
Diseño de producción: Paul Eads.
Vestuario: Elisabetta Beraldo.
Estreno en USA: 25 Enero 2008.
Estreno en España: 4 Abril 2008. |
CRÍTICA
por
José Arce
La gran
aportación de Internet a la sociedad globalizada en la que
vivimos ha sido, sin duda, su capacidad para dar voz a todo el
que tenga algo que decir o mostrar. Una ventaja, sí, pero
también un riesgo por el hecho de contribuir a que lo más
retorcido de nuestra ya de por sí bastante vil esencia humana
pueda ser expuesto muchas veces sin límites por la celeridad de
expansión de los contenidos de la Red. Es la premisa de lo nuevo
de Gregory Hoblit, realizador atenazado por los
parámetros más convencionales y serviles del thriller
hollywoodiense, que llega a las pantallas con otra propuesta
tan formalmente correcta como limitada e insustancial.
Jennifer Marsh (Diane Lane) es
una agente del FBI que trabaja en la brigada de delitos
informáticos. Persigue hackers, piratas electrónicos,
delincuentes generalmente de medio pelo que distribuyen
copias ilegales de programas... nada especialmente
relevante. Hasta que se topa con una página web en la que se
muestran asesinatos que parecen reales. Cuando se confirma
que no se trata de un montaje, inicia una carrera
contrarreloj para localizar a un sádico asesino que aniquila
con la colaboración de los navegantes: cuantas más visitas
reciba su página, más rápido morirá la víctima. Semejante
idea argumental encuentra su efectividad, por una parte, en
lo emocionante de una trama policial rápida y palomitera, y
por otra, en el mensaje subyacente con el que el director
apunta directamente al espectador como voyeur
impasible y cómplice del furioso homicida. Las advertencias
por parte de las autoridades instando a los usuarios de
Internet a que no entren en la web no hacen sino multiplicar
el número de observadores... afortunadamente para una platea
que disfruta indudablemente con las tácticas exterminadoras
del psicópata anónimo, dignas de un
Jigsaw de la era de la
información.
Conocedor de los recursos del género en
el que ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria, el
realizador se sirve de las pautas básicas relativas a
presentación de personajes, ambientes, relaciones y contextos,
sin preocuparse lo más mínimo por aportar algo nuevo al
imaginario cinematográfico en el que se desenvuelve repitiendo
máximas e ideas similares una y otra vez. Cierto es que no juega
con un libreto especialmente novedoso, pero la sumisión a las
normas comerciales que buscan la simple recuperación de la
inversión no contribuyen en ningún punto a que la historia o la
interpretación de los actores aporten la más mínima emoción al
conjunto. El Bien triunfa, el Mal es derrotado, los secundarios
mueren y la vida sigue igual.
Diane
Lane, hermosa y madura, está correcta en un papel que salva sin
dificultad, acompañada por Billy Burke —que repite con el
director tras
"Fracture"—, tan
arquetípico como previsible, y Colin Hanks, rol aún más
encorsetado si cabe en los cánones que dictan cómo ha de ser el
acompañante prescindible del protagonista en una producción de
este calado. Así las cosas, los acontecimientos, envueltos en
una estética que acertadamente lo empapa todo de un frío azul
acerado, avanzan con mayor o menor brío en función de qué
pasajes se desarrollen y dependiendo de las simpatías que el
torturado en cuestión despierte en un público que ya sabe cómo
va a terminar todo; quizá por eso, por la imposibilidad de crear
la más mínima sorpresa que agite el intelecto del patio de
butacas, el tramo final de la película sea tan precipitado y
comercialmente frustrante, resuelto a toda prisa con chiste
doble incluido. Y puede también que, debido a esa rendición a
los dictámenes de las majors, esa polémica premisa de que
todos somos culpables no nos haga removernos incómodos en la
butaca. Esperemos que, en el futuro, Hoblit cambie su discurso y
trate de bucear en otros ámbitos temáticos antes de que acabe
tras las cámaras de seriales televisivos que, por otro lado,
aparecen hoy en día como propuestas mucho más interesantes y
sugerentes que sus últimas películas.
Calificación:
    
Imágenes de "Rastro oculto" - Copyright © 2008
Lakeshore Entertainment, Screen Gems y Cohen/Pearl Productions. Fotos por
John Bramley. Distribuida en España por
Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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