CRÍTICA
por
José Arce
Después de dirigir una decena larga de películas,
Tim Burton
sigue demostrando que, en demasiadas ocasiones, su trabajo
adolece de no pocas carencias tanto temáticas como formales.
Limitado por sus inclinaciones hacia el goticismo, la oscuridad
y los cuentos al revés, ha recreado
novelas
y cómics, homenajeado a figuras claves de la historia del cine e
incluso
actualizado —sin
éxito—
un clásico inmortal como es “El planeta de los simios”. Y sin
tratar de desmerecer su trabajo, hay que reconocer que buena
parte de sus triunfos se deben, sin ningún tipo de dudas, al
hecho de estar rodeado de un equipo de profesionales
descomunales, desde Danny Elfman a Henry Selick, por citar tan
sólo un par de nombres. Y ahora, en un momento de declive
creativo en su trayectoria —han pasado ya ocho años desde "Sleepy Hollow",
su última producción reseñable—, regresa adaptando sin ningún
tipo de pasión uno de los musicales más celebrados de los
últimos tiempos.
“Sweeney Todd, el barbero
diabólico de la calle Fleet” relata la historia de venganza de
Benjamin Barker (una vez más, Johnny Depp,
a estas alturas confirmado alter ego actoral de Burton), un
hombre injustamente acusado de un crimen que, tras quince años
en prisión, regresa rebautizado como el personaje del título
para vengarse del hombre que arruinó su vida, el juez Turpin (Alan
Rickman). Contará con
la ayuda de la señora Lovett (Helena Bonham
Carter), psicópata
inconfesa y dueña de un comercio en el que se elaboran las
peores empanadas de carne del sucio y pestilente Londres de
finales del siglo XIX. El primer y a la postre definitivo fallo
que encontramos en esta propuesta es la sumisión del libreto al
aspecto más puramente musical de su origen teatral. Más de las
tres cuartas partes de los diálogos son cantados, lo que acaba
provocando hastío en el espectador no incondicional del género,
derivado, más allá de la presentación de los números y
coreografías, del carácter insoportablemente reiterativo y
desfasado de los mismos. Odas a los bollos que elabora Lovett,
al amor, a la belleza de las jóvenes londinenses y a todo lo que
acontece y rodea los avatares de los protagonistas, que tratan
de transmitir el mayor interés posible en sus interpretaciones
aunque, desgraciadamente, no siempre lo consiguen; el resultado
final es el sopor de la platea, aburrida de la más que
previsible conclusión de la trama mucho antes de que finalice.
De nuevo, Johnny Depp saca
petróleo de su rol, en una composición del personaje central
soberbia, seca, austera y eterna y pretendidamente ausente,
incapaz de profesar el más mínimo sentimiento de culpa ante sus
actos y autocondenado al sufrimiento perpetuo; Helena Bonham
Carter ejerce
otra vez de novia
cadáver,
compartiendo con su compañero de reparto la inexistencia de
remordimiento y comportándose como una figura amoral y capaz de
ignorar todo lo que sucede a su alrededor con tal de lograr una
pizca de atención de su amor no correspondido. Alan Rickman
atemoriza con sólo observarle, mayormente las pocas ocasiones en
las que entona cánticos llenos de mensajes de pasión impura, y
Sacha Baron Cohen
aprovecha al límite su escasa
participación para arrancar sonrisas a los espectadores,
ganándose con rapidez el beneplácito de un palco deseoso de ver
figuras que transmitan algo más que apatía.
Huelga decir que la
recreación de los ambientes y decorados es espectacular, en
buena medida gracias al esfuerzo del genial
Dante Ferretti, y que
fotografía y labor de edición no le quedan a la zaga. Sin
embargo, en esta ocasión esto no basta, ni mucho menos —de
hecho, es lo mínimo exigible—; porque si en anteriores ocasiones
el dinamismo y la agilidad narrativa de Burton compensaban otras
lagunas mayores, en este caso no es así y el tedio se convierte
en la nota dominante, un entumecimiento sólo roto por los
momentos puramente gran guiñolescos que llegan con cuentagotas,
hasta el punto de que ciertos pasajes violentos pueden resultar
incluso injustificados. Debajo de todo esto, un arriesgado —y
ciertamente divertido— mensaje desesperanzador nos recuerda que
el mal lo invade todo y no hay camino para la salvación,
representado en la figura de un pequeño muchacho que queda como
la llave que puede resolver la situación, escogiendo el camino
más sádico y, por ende, más atractivo en términos
cinematográficos. Aun así, la sensación final
es más que decepcionante, un paso hacia atrás más de un director
que debería ir indagando en fórmulas nuevas,
por muy bien que le vayan las cosas de cara a la taquilla, si no
quiere acabar siendo rechazado por buena parte de los acólitos
que le han acompañado desde sus primeros y añorados pasos en la
industria.
Calificación:
    
Imágenes de "Sweeney Todd, el barbero
diabólico de la
calle Fleet" - Copyright © 2007 Warner Bros. Pictures, DreamWorks Pictures, Parkes/MacDonald Productions y Zanuck Company.
Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
España. Todos los derechos
reservados.
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