CRÍTICA
por
Leandro Marques
Sólo a un grupo selecto de
directores de cine les puede alcanzar una imagen para dejar
irrefutables indicios sobre de quién es la película que se está
mirando. Esto sucede, en la gran mayoría de los casos, con
realizadores que además de ser dueños de una estética muy
personal que los define, son poseedores de una constancia y
continuidad en los proyectos encarados, y de una trayectoria que
los respalda. Tim Burton,
no hay dudas de ello, es uno de estos autores. Él es uno de esos
artistas cuyos trabajos, por sus particularidades estéticas y
narrativas, ya no pueden ser observados en sí mismos, de forma
autónoma al resto de sus anteriores producciones, sino que
irremediablemente conducen a una mirada analítica más amplia,
que abarca a toda, o al menos parte, de su obra.
“Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet”,
adaptación al cine de la conocida obra musical, presenta los
ya típicos componentes audiovisuales de varias cintas del
realizador de "Big
fish".
Si bien no se trata de una película escrita por él, adquiere
su personalidad a través de una ambientación invadida por
tonos grisáceos contrapuestos por chispazos de un color
brillante (rojo más que sangre en este caso), en el marco de
una ciudad atravesada por neblina y sombras, con una notable
prolijidad en la composición de cada imagen, personajes que
lucen extraños y misteriosos, una banda de sonido siempre
presente y que, como sucedió también en sus producciones
animadas ("La novia cadáver de Tim Burton"
y “Pesadilla antes de Navidad”), adopta por momentos el género
musical como canal de expresión de los diálogos y pensamientos
de los protagonistas. Ya desde un inicio, que muestra la
llegada del protagonista principal a una sórdida y
fantasmagórica Londres de finales del XIX, el film anuncia que
retomará la línea de sus trabajos precedentes.
Sostenido por una delicada
composición visual, una excelente fotografía y el uso de una
cámara que acompaña con toques de humor —por el uso
de determinados planos—, el realizador, básicamente, se dedica
a dotar a cada escena de una atmósfera que transmita tensión e
intriga en cada instante.
Más allá
de lo que la historia se propone contar en sí, el film se
focaliza en los componentes audiovisuales que sirven de
vehículos para la comunicación y evolución de la trama. Sin
embargo, a diferencia de otros trabajos de Burton, el despliegue
técnico y estético utilizado en la película, ya no tan novedoso
ni original, pareciera no exponer demasiadas inquietudes ni
apostar a explorar territorios más desconocidos. Cada escena del
largometraje está montada de manera impecable, desde el punto de
vista técnico, y es innegable que Burton se mueve como pez en el
agua dentro del formato artístico escogido. Los puntos negativos
de esta situación pueden percibirse a lo largo de varios
fragmentos en los que la cinta luce monótona, densa, sin lugar
para sorpresas, como carente de curiosidad por recorrer nuevos
surcos o por avanzar más profundamente hacia lugares menos
seguros. Burton construye universos oscuros y
misteriosos con tanta naturalidad y aparente facilidad, que
hasta pareciera, en esta ocasión, que lo hace automáticamente.
La injusticia en este asunto radica en que si no se tratara de
un nuevo trabajo suyo, si fuera la obra de algún director
ignoto, probablemente recibiría más halagos que
cuestionamientos. Pero lo cierto es que se trata de la última
película de Tim Burton, que no se puede analizar en sí misma
sino dentro de lo que es el marco de su filmografía y que, en
este sentido, no es posible dejar de percibir una especie de
quietud como esencia de cada imagen. Una indefectible sensación
de que, esta vez, no hay mucho nuevo para decir o mostrar.
Johnny Depp, una vez
más cumpliendo un rol protagónico al lado del realizador,
encarna al complejo barbero del título. Separado de su bella
mujer y su hija recién nacida a la fuerza, por el capricho de un
poderoso juez, regresa a Londres atravesado por el dolor y la
sed de venganza. Insensible para el resto de las personas del
mundo, y extremadamente introvertido, sufre además la invasión
de una locura que le domina. Cada fase de la personalidad de
este personaje es representada con acierto y convicción por el
actor. Y por si fuera poco, hasta no desentona cuando canta (de
hecho, recuerda bastante a Ewan McGregor en "Moulin Rouge").
En esta oportunidad, al actor de "Charlie y la fábrica de chocolate"
lo acompañan, entre otros, dos actores que también interpretan
con acierto a personajes complicados: Helena
Bonham Carter y
Alan Rickman.
Y además, la cuota de extravagancia es aportada por
Sacha Baron Cohen,
ex Borat
que ofrece una participación pequeña en tiempo pero divertida en
contenido.
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La película se construye
a través de la elaboración de un clima constituido por tonos
oscuros, música, personajes intrigantes sobre los que se tiene
alguna información pero que permanecen en definitiva siempre más
allá, inaccesibles. El móvil de la trama, la venganza, no
despierta demasiado atractivo. Tampoco la presencia constante de
sangre, de muertes. Y a esto se suma que el personaje central,
Sweeney Todd, siempre distante y lejano a las emociones, obra
según una lógica que sólo encaja con los caprichos del guión y
con los de su propia locura. La búsqueda de
verosimilitud que encara el largometraje obedece a un enfoque
vinculado más con la concepción de una estética que de una
narrativa. El tema es
que justamente en la construcción de esta estética, tan asociada
a parte de la filmografía de Burton —en especial las ya
nombradas obras de animación y "Sleepy Hollow"—,
a la que no se le pueden encontrar defectos, sí se le puede
achacar su falta de imprevisibilidad y cierta parsimonia. Esto
de ninguna manera significa que se trate de una obra
insignificante o descuidada: es muy difícil no dejarse envolver
por la gozosa atmósfera audiovisual que se edifica escena tras
escena, ni puede desmerecerse la cuidadosa composición estética
de cada imagen, como tampoco la confortable sensación de estar
viajando por un universo extraño y misterioso. Simplemente
destaca el hecho de que esta vez Burton apeló más a una receta
conocida que a una apuesta artística basada en la exploración y
búsqueda de territorios aún sin descubrir. Aquel espectador no
muy familiarizado con la filmografía de este director,
seguramente se podrá encontrar con la propuesta de un viaje
fascinante y cargado de tensión. Para quien conozca más en
profundidad su obra, probablemente se tratará de la invitación a
un viaje placentero, pero hacia algún lugar al que ya ha viajado
con anterioridad. Con las implicancias negativas y positivas de
esa cuestión.
Calificación:
    
Imágenes de "Sweeney Todd, el barbero
diabólico de la
calle Fleet" - Copyright © 2007 Warner Bros. Pictures, DreamWorks Pictures, Parkes/MacDonald Productions y Zanuck Company.
Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
España. Todos los derechos
reservados.
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