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TODOS ESTAMOS INVITADOS


Dirección: Manuel Gutiérrez Aragón.
País:
España.
Año: 2008.
Duración: 95 min.
Género: Drama.
Interpretación: Óscar Jaenada (Josu Jon), José Coronado (Xabier Legazpi), Vanessa Incontrada (Francesca), Iñaki Miramón (Imanol Iríbar), Adolfo Fernández (Orkatz González), Kike Díaz de Rada (Lesaca), Leire Ucha (Olatz), Iñaki Font (Iraultza), Paul Zubillaga (Paco), Iñake Irastorza (madre de Josu).
Guión: Manuel Gutiérrez Aragón y Ángeles González-Sinde.
Producción: Enrique Cerezo y José Manuel Lorenzo.
Música: Ángel Illarramendi.
Fotografía:
Gonzalo Berridi.
Montaje: José Salcedo.
Dirección artística: Félix Murcia.
Vestuario: Estíbaliz Markiegi.
Estreno en España: 11 Abril 2008.

CRÍTICA por Miguel Laviña Guallart

Habla el silencio

  Mario Camus, Imanol Uribe, Emilio Martínez Lázaro o Helena Taberna, varios han sido los cineastas españoles que de forma frontal o referencial han abordado el terrorismo de ETA, aunque cada vez que llega una nueva película sobre el tema, parece que sea apenas la primera. Para las cuatro décadas en las que se alarga este asunto no son demasiadas —cierto que ha habido períodos en los que podía ser más complicado que en otros—, y algunas no han tenido suficiente repercusión. Da la sensación que sobre el cine español planea cierta incomodidad, un miedo que se adhiere también a otros terrenos circundantes al crimen terrorista. Un director tan sólido como Manuel Gutiérrez Aragón, poco sospechoso de sumarse a coyunturas o modas, pone ahora sobre la mesa toda una invitación a hablar —escribir— sobre la situación de aquellos que día a día están condenados a vivir bajo las amenazas y la exclusión.

 

  El realizador cántabro, junto a una guionista Ángeles González-Sinde, arma una ficción a partir de dos premisas argumentales destinadas a encontrarse, una tristemente cotidiana —la de un profesor universitario amenazado de muerte— y otra medianamente inspirada en un suceso real —la de un joven terrorista que hace unos años quedó amnésico tras un enfrentamiento con la Guardia Civil—. Hay largometrajes que nacen de forma tan vinculada a la realidad, que es difícil separar el hecho creativo como tal de todo aquello que conllevan. La reflexión, el análisis o el compromiso son sólo algunas de las funciones del celuloide, en muchos momentos un espejo donde la sociedad puede mirarse. El sano debate que genera esta cinta una vez que termina la proyección —es muy probable, empuja a ello—, apenas puede desligarse de su análisis dentro sus estrictos límites como obra cinematográfica.

  En este sentido, el principal riesgo de Gutiérrez Aragón es manejar una serie de arquetipos en los que se ve hundido de vez en cuando, pero que consigue remontar en un conjunto que no resulta homogéneo, pero sí de un profundo calado moral. Enlaza el devenir de ambos personajes, desde que uno se sabe amenazado y el otro parte de su desmemoria, en un implacable proceso que palpa el miedo y la soledad crecientes del profesor, paralelo al del reconocimiento de la sinrazón por parte del terrorista. Uno de sus mayores logros es plasmar ese clima de acoso, de miedo permanente, que por momentos adquiere la apariencia tortuosa de una pesadilla. Incluso de forma literal, con unas estupendas secuencias oníricas que contribuyen a cimentar esa sensación de anomalía que envuelve el relato.

  El efecto que produce la crónica de esta palpable realidad se ve frenado, de manera intermitente, por la inclusión de algunos elementos que no revisten la suficiente credibilidad. Por un lado, lo desdibujados y repetitivos que resultan los compañeros del joven terrorista en cada una de sus periódicas apariciones; de otro, la escasa naturalidad en los diálogos cotidianos del profesor y su compañera sentimental. El ritmo pausado, reflexivo, impuesto por el autor, unido a su penetrante mirada de la realidad, se ve en parte obstaculizado por estas concesiones al tópico. Se percibe que el director de "La vida que te espera" se maneja mejor en otras constantes narrativas de su obra, la magia que despiertan los bosques vascos o sus escapadas hacia el subconsciente. Pero al mismo tiempo, es cierta su determinación por pegarse a la actualidad, su esfuerzo por resultar verosímil, por resolver con mediana fluidez las secuencias colectivas y sus incursiones en la intriga. Opta por una puesta en escena sobria, precisa, vinculada también a los rasgos intimistas que le son propios, bajo el frío de una luz triste, deslucida, que subraya el dramatismo de la historia.

  Uno de los aspectos más sugerentes es la inclusión de la figura del etarra que ha perdido la memoria, un supuesto novedoso que le permite entrar en un terreno de cierta ambigüedad. Además de mirar de forma tangencial a la banda terrorista —ante todo es un film sobre las víctimas—, puede dejar en el aire preguntas sobre el olvido o la posible redención. Para caminar por esta cuerda de difícil equilibrio cuenta con un actor de inmenso talento, Óscar Jaenada, que vuelve sumergirse sin límites en la piel de un personaje —demoledora su confesión ante el sacerdote, conmovedoras las escenas junto a su madre—, junto al correcto trabajo de José Coronado, un actor muy limitado que al menos con los años gana en aplomo.

  El film sale adelante con notable esfuerzo, un camino complicado en su intento de integrar los distintos elementos discordantes, pero que logra reconducir hacia un emocionante tramo final. Las intenciones del director pueden ser superiores a lo visto en la pantalla, pero pese a las objeciones, su valor no puede medirse al margen de su significado, de aquello que lleva implícito. Es profundamente significativa la total ausencia de referencias políticas o sociales, lo que señala directamente a la soledad de los amenazados. También que articule lo narrado en torno a dos momentos clave, las rituales cenas con el grupo de amigos, donde todos están invitados, donde incide en el mirar hacia otro lado, en el rechazo del entorno cercano hacia aquellos que están señalados. Sin duda, a todos nos es fácil teorizar sobre el terrorismo de ETA desde la distancia y el anonimato, donde los largos tentáculos del miedo no nos paralizan. Gutiérrez Aragón da un paso al frente y nos pide que aceptemos esta invitación, en un trabajo que le llena de valentía y dignidad como autor, como persona.

Calificación:


Imágenes de "Todos estamos invitados" - Copyright © 2008 C.I.P.I. Cinematográfica y Telecinco Cinema. Fotos por Antonio Suárez. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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