CRÍTICA
Alejandro
G. Calvo
Desmontando
a Watling
Calif.:
*****
Desde hace
bastante tiempo se está observando un cambio en
los hábitos cinematográficos del público
europeo que al enfrentarse a la disyuntiva de
elegir un film de carácter genérico claramente
norteamericano (me refiere tanto a los thrillers
como a la comedia romántica, donde la
cinematografía norteamericana ha impuesto
claramente su ley en las dos últimas décadas,
al margen de la calidad del producto, se
entiende) tiene la última tendencia de escoger
un film bien de carácter nacional, bien de
carácter europeo, con especial gusto por el cine
francés (de momento, lamentablemente, el
impresionante mercado asiático sigue alejado del
público mayoritario). Evidentemente este
fenómeno no es tanto por el hecho de que los
productos patrios sean de buena calidad, como que
las fórmulas (y actores) usadas en el mercado
hollywoodiense están quedando caducas ante tanta
aglomeración de films idénticos, tanto en su
contenido dramático como en el sentimiento de
rechazo y aburrimiento que produce en el
espectador.
Sin duda
alguna, el debut cinematográfico de Inés
París y Daniela Fejerman, autoras
del cortometraje Vamos a dejarlo,
viene a apuntarse a este largo carro de comedias
románticas estrenadas en nuestro país con sello
nacional, que ha dado desde obras tan
interesantes y atractivas como El cielo
abierto (Miguel
Albadalejo) y Sagitario (Vicente
Molina Foix), pero también tan aburridas y
antipáticas como I love
you baby (Albacete/Menkes) o Corazón
de bombón (Sáenz de
Heredia). Así, A mi madre le gustan las
mujeres, film como se ve de explícito
título, consigue mantener un interesante
equilibrio entre la comedia inteligente aderezado
con toques psicóticos realmente divertidos
(y alguna que otra referencia acertadísima como
los versos de Safo) y la comedia habitual
de formato clásico de patrón norteamericano (algo
influida por la presencia en la producción de Fernando
Colomo) con sonrojante aunque inevitable happy
end, que al fin y al cabo no viene a
descubrir nada nuevo al caso.
De hecho,
la mayor satisfacción que me he llevado del film
es que donde me esperaba encontrar una película
de tonta modernez sobre la tolerancia al
colectivo de gays y lesbianas, que tantas malas
películas ha dado en nuestra cinematografía en
los noventa (ojo, aquí habría que apuntar la
ácida vivisección que hiciera Manuel
Toledano del ambiente gay neoyorquino en Cuernos
de espuma, o, vaya, cualquiera de
los bellos e inteligentes apuntes que hace Almodóvar en
cualquiera de sus películas), lo que de verdad
ofrece el film de París y Fejerman, es un
retrato psicológico del personaje de Elvira
(maravillosa Leonor Watling), hija
mediana de Sofía (una sobria Rosa María
Sardá) que no sólo tiene que aceptar que
su madre es lesbiana, sino también soportar su
continua frustración en las relaciones de pareja
así como su trabajo como escritora frustrada en
una editorial de tres al cuarto, ganando así en
múltiples matices evitando estancarse
únicamente en la frase enunciativa que presenta
la película. Leonor Watling compone un
personaje mágico, naïf, muy
bien dibujado, al que su divertidísima
interpretación convierte en un híbrido de
cualquiera de los papeles interpretados por Woody
Allen en cualquiera de sus films y, por
que no, el Travis Bickle de Robert
DeNiro en Taxi driver (con el
primero compartiría neuras y psicoanalista, así
como una total negación frente a las relaciones
de pareja; y con el segundo, su inseguridad, su
sentimiento de aislamiento y su estallido
final...); que con el competente guión escrito
por las realizadoras, consigue un bonito retrato
con neurótica al fondo, y de paso, acercarnos,
ahora sí, lo justo a una tolerancia tan
necesaria como obvia.
El resto
del film, desde la canción que lleva por nombre
el mismo que el del film hasta la boda final para
que todo el mundo acabe contento, ya es otra
historia, es ahí donde se nota el corte y
patrón tontorrón y forzado del cine
norteamericano; pero bueno, al fin y al cabo es
cada persona la que ha de juzgar si esto
desmerece o no al film. Yo, lo tengo claro.
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