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EL TRIUNFO DEL AMOR
(The triumph of love)


cartel Dirección: Clare Peploe.
Países:
Italia, Reino Unido.
Año: 2001.
Duración: 112 min.
Interpretación: Mira Sorvino (La Princesa/Phocion/Aspasie), Ben Kingsley (Hermocrates), Fiona Shaw (Leontine), Jay Rodan (Agis), Ignazio Oliva (Harlequin), Rachael Stirling (Hermidas/Corine), Luis Molteni (Dimas).
Guión: Clare Peploe, Marilyn Goldin y Bernardo Bertolucci; basado en la obra de Marivaux.
Producción: Bernardo Bertolucci.
Música: Jason Osborn.
Fotografía:
Fabio Cianchetti.
Montaje: Jacopo Quadri.
Diseño de producción: Ben van Os.
Dirección artística: Ettore Guerrieri.
Vestuario: Metka Kosak.
Decorados: Cinzia Sleiter.

 

CRÍTICA

Julio Rodríguez Chico

Valoración: *****

Una fresca comedia de enredo con sabor a cuento

Detrás de esta comedia romántica, enseguida se adivina la mano de Bernardo Bertolucci, y también la de una mujer, Clare Peploe. El preciosismo de la fotografía y la belleza de sus planos son una clara huella del cineasta italiano, aquí ejerciendo de productor; la sensibilidad artística con que recoge el sentimiento del amor y el arte de la seducción hablan del talento de su esposa y aquí directora de la película.

Estamos ante una bella adaptación de la obra del dramaturgo francés Pierre de Marivaux, representada por primera vez en Francia en 1732. En ese ambiente cortesano y palaciego se desarrolla la historia de una princesa, Leonide, que quiere devolver el trono al legítimo descendiente del rey, a quien su padre se lo usurpó injustamente, y de quien ahora se ha enamorado; el príncipe se haya recluido, con la sola compañía de un filósofo racionalista y de la hermana de éste; ambos le han educado en el odio al sexo femenino y en la aversión a los sentimientos amorosos. Para vencer tal resistencia, Leonide tejerá un plan maquiavélico, con el que enamorará a cada uno de los tres personajes, ayudado por su dama de compañía y por los criados del filósofo Hermócrates.

Para que el plan tenga éxito, la princesa enamorada tiene que recurrir a disfrazarse de hombre, y encubrirse bajo el nombre de Phocion. Desde este momento, el enredo argumental está servido: es un auténtico baile de máscaras. Con los personajes entrando y saliendo de escena de manera ordenada, Leonide se servirá de su labia inteligente y aduladora para despertar el amor en el frío filósofo, que pronto descubre su engaño, y que en el fondo no es más que un "bufón vanidoso"; también atraerá y encenderá la pasión en Leontina, una solterona que había olvidado que podía amar, y a la que el reciente amor le ciega hasta el punto de no descubrir el disfraz que se le ofrece en matrimonio; y, como es lógico, el príncipe corresponderá también a la mirada enamorada de la princesa, aunque permanecerá ciego en lo que a la identidad de su amada se refiere. A cada uno le seducirá con el arte del ingenio y de la palabra, con un refinamiento propio del siglo XVIII.

El peso de la película recae sobre Mira Sorvino, actriz estadounidense de origen italiano que declaró haberse ilusionado mucho con este trabajo, por volver a Italia para rodar y por el reto de interpretar un papel masculino. Efectivamente Sorvino es a la vez Leonide (o Aspasia, para el príncipe) y Phocion. Aunque hay que agradecer el esfuerzo que hace en la interpretación del caballero, sus modales resultan demasiado forzados; mucho mejor está en la faceta femenina, que interpreta con frescura. Los secundarios brillan a buena altura, especialmente el consagrado Ben Kingsley como filósofo frío y cerebral.

La puesta en escena no se despega de manera intencionada del carácter teatral de la obra de Marivaux -a la que permanece muy fiel en sus diálogos-, y se desarrolla fundamentalmente al aire libre, en los jardines del palacio. Por si hubiera alguna duda de ello, Clare Peploe muestra incluso a un público atento a la representación de los enredos -curiosamente visto por los ojos de Leontina, ciega de amor- y una despedida final del público por parte de los actores, ya ataviados con ropa actual. La fotografía refleja con acierto la luz que traspasa las ramas de los árboles, y plasma con vistosidad la belleza de los jardines. La música triunfal de Mozart, del francés Rameau, o las adaptaciones con algunos acordes de guitarra moderna, dan el tono romántico a las escenas, acompañando un guión muy medido y cuidado. El vestuario merece también una mención especial, que ayuda a caracterizar la película como de época.

Aunque la cámara muchas veces se detiene a contemplar la belleza del paisaje y de los comportamientos entre los amantes, resulta más llamativa su movilidad, al estilo Dogma, con la que capta unos primerísimos planos desde ángulos diversos intercalados por panorámicas, o los planos entrecortados de una misma escena y montados sin necesidad. En ocasiones nos ofrece auténticos cuadros pictóricos, como en la escena del columbio, o al mostrarnos a los diminutos personajes frente a una gran pared blanca recorrida por bellas enredaderas.

Como en realidad se trata de un cuento de hadas -eso es lo que declaró Sorvino-, tenemos un primer desenlace desconcertante y otro retardado. Al final, príncipe y princesa son llevados por blancos caballos en una hermosa carroza de oro. El amor ha triunfado y superado la frialdad de la razón y la violencia.

Aunque la comedia no encierra mucha profundidad en sus ideas, éstas se mueven en el orden del amor, como fuerza superadora de todas las dificultades y también como camino de conocimiento, muchas veces más fructífero y verdadero que el de la razón. Nos dice que no hay tal oposición y conflicto entre la razón y el corazón, no hay que reprimir los sentimientos. Su protagonista incluso llegó a decir que nos llevaba a plantearnos si "debemos ser indulgentes con quienes ultrajan a los demás" o "hasta dónde es lícito llegar en el amor o en la guerra".

En definitiva, una bella y entretenida película que gustará a los amantes de las comedias de enredo y de finales en que los príncipes comen perdices.


Imágenes de El triunfo del amor - Copyright © 2001 Fiction Productions, Han Way Films, Medusa Produzione, Navert Film, Odeon Film y Recorded Pictures Company. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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