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DESDE EL INFIERNO
(From hell)


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Dirección: Albert Hughes y Allen Hughes.
Países:
USA, República Checa.
Año: 2001.
Duración: 121 min.
Interpretación: Johnny Depp (Fred Abberline), Heather Graham (Mary Kelly), Ian Holm (Sir William Gull / Jack el Destripador), Jason Flemyng (John Netley), Robbie Coltrane (Peter Godley), Lesley Sharp (Kate Eddowes), Susan Lynch (Liz Stride), Terence Harvey (Ben Kidney), Katrin Cartlidge (Dark Annie Chapman), Estelle Skornik (Ada), Paul Rhys (Dr. Ferral), Nicholas McGaughey (oficial Bolt).
Guión: Terry Hayes y Rafael Yglesias; basado en la serie de libros de comics de Alan Moore y Eddie Campbell.
Producción: Jane Hamsher y Don Murphy.
Producción ejecutiva: Albert Hugues, Allen Hugues, Thomas M. Hammel y Amy Robinson.
Música: Trevor Jones.
Fotografía:
Peter Deming.
Montaje: George Bowers y Dan Lebental.
Diseño de producción: Martin Childs.
Dirección artística: Mark Raggett.
Vestuario: Kym Barrett.

 

CRÍTICA

Manuel Márquez

Del fenomenal juego que dan las tramas conspiratorias –y cuanto más alambicadas y rebuscadas, mejor...– en el género del suspense con tintes políticos, pueden dar fé cineastas tan afamados como Costa-Gavras u Oliver Stone –dos auténticos maestros del subgénero que han puesto en pie historias verdaderamente turbias acerca de acontecimientos y personajes políticos, más o menos recientes, en las cuales oscuras fuerzas desencadenaban las acciones más abyectas y reprochables–. From hell (Desde el infierno, U.S.A., 2001), de Allen y Albert Hughes, se sitúa en esa misma órbita, pero con la particularidad, no exenta de altos riesgos (tan altos como sus vuelos), de que su personaje central no se encuadra en un pasado reciente, sino que se remonta a más de un siglo atrás: ladies and gentlemen, ante Vdes., el mismísimo Jack el Destripador... , eso sí, envuelto en una trama rocambolesca, que más de una mente, por muy calenturienta que anduviera, descartaría por disparatada, ma non troppo... (y de la cual, por obvios motivos –habrá algún lector de esta reseña que no haya visto aún la película–, habré de omitir detalles mayores).

Hay un aspecto básico en el que esta película se sitúa en la tendencia más in del Hollywood actual, y es en su condición de pastiche: estamos ante una amalgama de elementos, tanto formales como temáticos, tremendamente variados y dispersos.

Una trama policiaca, con su componente de crimen y horror, y que sigue fielmente las líneas maestras de ese arquetipo argumental del poli listo y justiciero que, habiendo descubierto más de lo aconsejable, es postergado por sus superiores, lo cual no impide que, llevado por su innato sentido de la justicia, continúe las investigaciones por su cuenta y riesgo, en pos de una verdad que, finalmente, alcanza.... (un esquema mil veces desarrollado, por lo agradecido que resulta emocionalmente: en este sentido, el film, es evidente, no descubre la pólvora, ni lo pretende); y una trama amorosa, algo desvaída y poco convincente, circunstancias en las que pesa considerablemente la falta de intensidad de la interpretación de Heather Graham, un lastre difícil de superar.

El mundo onírico, reflejado en las visiones lisérgicas del inspector Abberline, cuyas reminiscencias con el personaje de Ichabod Crane al que el mismo Johny Depp diera vida en Sleepy hollow –tanto desde el punto de vista del estilismo como de la caracterización- son más que evidentes; y el mundo real, con esos decorados fantasmagóricos que escenifican muy propiamente el Londres victoriano, zona bajos fondos, y esos cadáveres descarnados y horrendos (y, tanto en un mundo como en otro, se pone una vez más de manifiesto la tremenda influencia que en la imaginería visual del género de suspense criminal ha alcanzado la opera prima de David Fincher: ¿cabe aún alguna duda sobre la existencia de un antes y un después de Seven...?).

En definitiva, un cúmulo inmenso de contrastes –y, en el fondo de todos ellos, el conflicto ley y orden (la policía) frente a lumpen y pobreza (el "cuerpo prostibulario" en el que el insigne Jack se va cebando despiadadamente...)–, al que se suma, en su punto más álgido, una tremenda dispersión de objetos de atención de la trama, lo cual genera una urdimbre tan densa que uno parece que llega a perderse –la pista irlandesa, la pista hampona, la pista esotérica, la pista médica... demasiadas pistas...–. Sorprendentemente, y aquí está la habilidad de los autores, y el mérito de la película (y, sobre todo, del guión que la sustenta), todo se resuelve de manera clara y consistente, en un cierre sin cabos sueltos –lo cual, visto lo visto, no resultaba tan fácil– y terminamos encontrándonos ante un producto estimable y solvente, que, probablemente, no pasará a la historia del gran cine, pero sí nos ha dejado un regusto agradable tras su contemplación. No es poco, en los tiempos que corren, y nos invita a seguir con atención este "salto a las ligas mayores" –que se diría en jerga beisbolera– de los hermanos Hughes, a la espera de próximas entregas.


Imágenes de Desde el infierno - Copyright © 2001 20th Century Fox. Fotos por Jurgen Vollmer. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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