CRÍTICA
Pedro
Luis Pascual Lacal
El
terror sobre ruedas

La idea de
atravesar los EE.UU. en coche conformando una
aventura a cada kilómetro que pasa es un sueño
con el que los americanos fantasean durante su
juventud. Fruto de esa realidad alucinada nace un
género cinematográfico a principios de los
setenta llamado road-movie. Una road
movie sencillamente es un film que se desarrolla
en torno a un viaje en carretera y a los hechos
que a los protagonistas les sucede en dicho
desplazamiento. Obviamente, sus subgéneros son
muy amplios y unos de los más inquietantes son
los que derivan del terror y del thriller.
Uno de
estos títulos es Nunca juegues con
extraños. John Dahl nos ha
sacado del tintero otra historia de carretera y
que tiene como protagonistas a un trío de
notables actores como la camaleónica Leele
Sobieski, el guapo de Paul Walker y el
expresivo Steve Zahn. Con
un guión que gana enteros a medida que avanza la
cinta pero que, sin embargo, echa en falta una
mayor tensión en momentos claves, Dahl montó un
film novedoso y entretenido. El director
de Montana ha sabido tratar con maestría una
historia tan sencilla como la que narra, cuya sinopsis
resume en unas breves líneas la simplicidad del
argumento de la cinta pero también nos anima a
ver una genuina historia de terror en la
carretera. En la trama lo cierto es que se
agradece la ausencia de sangre
gratuita y la aparición de los inhóspitos
paisajes de las autopistas de Utah y Nevada.
Allí aparecen los tiburones de la
carretera y que no son otros que los camiones. En
Nunca juegues con extraños surgen de
la nada esos enormes vehículos entre el océano
de pequeños turismos y constituyen una amenaza
constante para los mismos. Esa idea se
personifica en el camión de Clavo
Oxidado, una enorme mole negra que echa
humo y que tiene amenazantes luces delanteras.
Esto, unido a la presencia y voz aterradora de su
conductor conforman la mayor fuente de miedo
psicológico en la película de Dahl.
De todas
formas, esta cinta queda un escalón por debajo
de dos títulos que destacan por razones
distintas en el género de carretera:
por un lado, de la increíble y angustiosa ópera
prima de Steven Spielberg El diablo
sobre ruedas, que rebasa en intensidad a
Nunca juegues con extraños y, por
otro, de la aterradora cinta de Victor
Salva Jeepers
Creepers (con segunda parte en
preproducción) que destaca por su aspecto
macabro y por la fuerza de sus imágenes. El film
que nos ocupa se queda a medio camino entre estas
dos películas y de cintas de terror juvenil como
Sé lo que hicisteis el
último verano.
Dejando
de lado la parte narrativa (con sus deficiencias
notables y aspectos plausibles), cabe destacar el
escaso partido técnico que se saca a la cinta. Con
una mejor fotografía y una composición más
dinámica de los planos, la intensidad creada se
hubiera disparado hasta límites muchos más
propias de un thriller-road movie. Sin
embargo, y sin ser condescendientes, Nunca
juegues con extraños es un entretenimiento
muy efectivo y constituye una metáfora válida
de la peligrosidad que entraña jugar con los
sentimientos de gente a la que no se conoce
(aplicable a algunos cibernautas), ya que nunca
se sabe si del otro lado de la radio o de la
pantalla existe otro ser tan desiquilibrado como
el inquietante y aterrador Clavo
Oxidado.
Imágenes
de Nunca juegues con extraños - Copyright ©
2001 20th Century Fox, New Regency Pictures,
Liveplanet y Bad Robot. Fotos por Meri W.
Wallace. Todos los derechos reservados.
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juegues con extraños"
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