CRÍTICA
Julio
Rodríguez Chico
Valoración:
*****
Un
mundo feliz con demasiada luz
Desde los
títulos de crédito, se respira un ambiente
"new age" que recorrerá toda la
película: unos destellos de luz cósmica
iluminan la pantalla y crean una realidad
corpórea que poco a poco va ganando nitidez ante
nuestro ojos. A través de Prot, un
extraterrestre del planeta K-PAX, percibimos
difusamente unas siluetas de humanos que van y
vienen por la estación ferroviaria de Nueva
York. Casualmente y al revelar su origen
galáctico a la policía, es conducido al
Hospital psiquiátrico de Manhattan, donde el Dr.
Mark Powell se ocupará de él.
Desde ese
momento comienza una relación particular entre
médico y paciente. El Dr. Powell acabará ligado
al psicópata, que poco a poco irá
convenciéndole de su peculiar naturaleza. Sus
deslumbrantes conocimientos de astrofísica y
fundamentalmente su facilidad para acceder al
corazón de las personas espoleará al doctor a
averiguar la verdad de ese individuo, buceando en
su interior y en su pasado por medio de la
hipnosis.
Está claro
que Iain Softley
recurre a tópicos ya explotados por otras
películas con sello "new age", tan en
boga desde hace años, añadiendo un toque de
misterio y fantasía. Nos presenta un
mundo terrenal "con demasiada luz" pero
que no alcanza a ver lo verdaderamente
importante, con unos humanos que extraña que
"hayan vivido tanto tiempo" porque no
hacen otra cosa que crear y destruir sin sentido.
Tiene que venir alguien de fuera, de otro
planeta, para enseñar a esos individuos a
encontrar el equilibrio en sus vidas. Es la vieja
historia del salvador salvado -aquí del doctor
curado-, con un psiquiatra al que la rutina
cotidiana está minando su segundo matrimonio y
que se está refugiando en un trabajo absorbente:
está perdiéndose la vida.
Prot, con
una brillante inteligencia y una lógica
apabullante, se convierte en portavoz de su
mundo, en que no hay familia ni orden social,
donde no es necesario castigar a nadie porque
cada uno cumple su misión, y donde no impera la
ley humana "del ojo por ojo"; es una
vieja utopía, que también tiene su talón de
Aquiles pues allí nadie le echa en falta cuando
no está, porque no hay relaciones. Ya tenemos el
mensaje principal que nos lanza esta
pseudo-filosofía: aprovechemos las
circunstancias que se nos presentan para mirar
las estrellas, para descubrir "el ruiseñor
azul de la felicidad", para acoger y ayudar
a los demás, para desarrollar nuestro cometido
en la vida. Ésa será la terapia que el mismo
Prot aplicará a los enfermos de la planta, que
recobrarán la ilusión y la alegría por vivir
ante la estupefacción de los médicos.
La
trama no es original, y tampoco los perfiles
contrapuestos que encarnan los dos protagonistas,
entre los que se crea una perfecta interacción.
La labor de casting es clave para que la
película se sostenga con credibilidad. Kevin
Spacey logra una perfecta empatía con el
espectador: con sobriedad en los gestos y ojos
ocultos por gafas oscuras, con una ligera sonrisa
y cierta torpeza en sus movimientos, con un saber
decir las cosas de manera amable y convincente
logra trasmitir un afecto que atrae a enfermos,
médicos y espectadores; sobrecogedoras son las
escenas en que es hipnotizado, y vemos cómo
sufre con sus recuerdos. Con su misma ambigüedad
se nos muestra el personaje interpretado por Jeff
Bridges, desconcertado ante lo que observa
y reflexivo ante las palabras de Prot que le
hacen descubrir su propia existencia. La galería
de secundarios enfermos cumplen su papel coral al
servicio de la historia, como satélites de los
dos protagonistas, y colaboran con la
credibilidad que éstos aportan.
La
película discurre por senderos recorridos con
más acierto por Milos
Forman en Alguien
voló sobre el nido del cuco,
pero es una historia entretenida y cuidada, que
mantiene su propio ritmo aunque sea a costa de
fáciles golpes de efecto como
haber fijado el día y hora del regreso hacia
K-PAX, o haber prometido que se llevará a un
enfermo con él a su paraíso-; ellos mantienen
al espectador atento al desenlace, ansioso por
descubrir la realidad misteriosa de Prot. La
estructura seguida es simple y sencilla:
presentación de personajes con su planteamiento
vital, búsqueda de la verdad sobre el
extraterrestre, y cierre de la historia clínica
y de la parábola con mensaje incluido. Responde
perfectamente al cliché americano, también
patente al mostrarlo y explicarlo todo por si
acaso el espectador se hubiera perdido: demasiado
explícito y cerrado, pero es lo que corresponde.
Junto a los
recursos narrativos, el tratamiento de la luz
-auténtico tercer protagonista de la película-,
el juego de espacios que logra reduciendo con
frecuencia la profundidad de campo, el empleo de
la fotografía con fondos desenfocados, o el uso
inteligente de la cámara subjetiva permiten
mantener cierto suspense y dan un atractivo a la
película nada desdeñable.
Imágenes
de K-Pax - Copyright © 2001 Universal Pictures,
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