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LA DEFENSA LUZHIN
(The Luzhin defence)


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Dirección: Marleen Gorris.
Países:
Reino Unido, Francia.
Año: 2000.
Duración: 112 min.
Interpretación: John Turturro (Alexander Luzhin), Emily Watson (Natalia), Geraldine James (Vera), Stuart Wilson (Valentinov), Christopher Thompson (Stassard), Fabio Sartor (Turati), Peter Blythe (Ilya), Orla Brady (Anna), Mark Tandy (padre de Luzhin), Kelly Hunter (madre de Luzhin).
Guión: Peter Berry; basado en la novela de Vladimir Nabokov.
Producción: Caroline Wood, Stephen Evans, Louis Becker y Philippe Guez.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía:
Bernard Lutic.
Montaje: Michaël Reichwein.
Diseño de producción: Tony Burrough.
Dirección artística: Sarah Jane Cornish.
Vestuario: Jany Temime.
Título en Argentina: Alexander y Natalia.
Título en Chile:
La estrategia de Luzhin.

 

CRÍTICA

Josep Alemany

EL JAQUE MATE LUZHIN

«Las tres cosas que más activan al cerebro son la filosofía, el ajedrez y el café», decía un pensador alemán del siglo XIX, otorgando al ajedrez el primer puesto entre los juegos de inteligencia. Edgar Allan Poe, en Los crímenes de la calle Morgue, intenta desbancarlo en beneficio de las damas. Pero no logra convencernos. El caso es que el ajedrez, con razón o sin ella, sigue siendo el juego del intelecto por antonomasia. Sin embargo, se le han dedicado pocas obras. A pesar de la excelente reputación y de contar entre sus adeptos a varios de los artistas más singulares del siglo XX: Marcel Duchamp, Raymond Roussel, Vladimir Nabokov, Stanley Kubrick. Precisamente Nabokov escribió una novela cuyo protagonista principal era un jugador de ajedrez: La defensa (Editorial Anagrama). Marleen Gorris la ha llevado a la pantalla.

Años veinte, un hotel a orillas del lago Como. A la fauna y flora habitual de tan hermoso paraje, se le añaden los participantes en un torneo de ajedrez. Con esos ingredientes, Marleen Gorris llega rápidamente a la retina y al corazón del espectador. Por si fuera poco, entre los clientes del hotel encontramos ni más ni menos que a Emily Watson (Natalia) y a John Turturro (Luzhin).

Alexander Luzhin, un gran maestro de ajedrez, se prepara para enfrentarse a Turati. Pertenece a la categoría del jugador chiflado: un prodigio en el tablero y un despistado fuera de él. Un excéntrico más que añadir a la colección de John Turturro.

Natalia es una chica pizpireta y un tanto inconformista (está harta de los pretendientes «normales»). Luzhin tropieza con ella y no tarda en declarársele. Su idilio choca con la oposición de la madre de Natalia. Si los flash-backs nos van contando la infancia de Luzhin y su pasión por el ajedrez, a Natalia la conocemos, sobre todo, a través de las discusiones con su madre.

Y así va pasando agradablemente la película. En las eliminatorias, la mala influencia que sobre Luzhin ejerce Valentinov (Stuart Wilson), la neutraliza Natalia recurriendo a sus argumentos más convincentes (hace el amor con Luzhin). No tendrá, sin embargo, tanta suerte con una jugada posterior de Valentinov.

A propósito de las adaptaciones, el deporte favorito de los críticos consiste en comparar la obra literaria con la película a fin de alabar a una y hacer añicos a la otra. Por regla general ensalzan a la primera en detrimento de la segunda. Antonio Gnoli, por ejemplo, en el periódico italiano La Repubblica (15 de abril de 2001), esgrime las cualidades de La defensa de Nabokov para arremeter contra La defensa Luzhin de Gorris. Acabo de releer la novela y, francamente, no estoy de acuerdo. Tanto la novela como la película son obras logradas en sus ámbitos respectivos. Con sus más y sus menos, por supuesto.

NOVELA Y PELÍCULA EN UN GRAN TORNEO

Nabokov mueve con habilidad sus piezas –las palabras– para narrar cómo a Luzhin, tras un período al margen del juego, la vida se le convierte de repente en una partida de ajedrez, las jugadas repiten el esquema de su pasado. Así como en la partida contra Turati la defensa ideada por Luzhin no le sirvió de nada (p. 137), frente a Valentinov «su defensa había sido equivocada» (p. 245). Y, al verse indefenso, Luzhin se hace jaque mate a sí mismo.

En la novela, Luzhin encuentra por casualidad un ajedrez plegable en el forro de su chaqueta y vuelve a pensar en imágenes de ajedrez. Así se fragua la inevitable catástrofe. En la película, al haber abandonado por completo el juego, la intervención de Valentinov desencadena la tragedia. ¿Es mejor? ¿Es peor? Es diferente. Asimismo, la repetición de su pasado se expresa mediante el desfile de flash-backs antes de lanzarse por la ventana. Ello, junto a otros elementos –la manera de presentar su pasión adolescente por el ajedrez– da pie a una interpretación «psicológica». Algo que, por supuesto, evita Nabokov, gran fustigador de la escuela vienesa. En la novela, el hundimiento mental de Luzhin sigue la lógica de los movimientos de ajedrez.

A favor de la película hay que decir que logra recrear, mucho mejor que la novela, el ambiente cargado de magnetismo de los grandes torneos. Incluso entramos en la mente de Luzhin para ver las futuras combinaciones.

La puesta en escena de Gorris a veces está a punto de dormirse en el academicismo. También lo está la prosa de Nabokov. Ahora bien, si no nos dormimos nunca, es gracias a los actores principales. La actuación de Turturro, pese a algunas exageraciones, en conjunto resulta convincente. Emily Watson no desfallece en ningún momento. Encarna a un personaje lleno de compasión. En la novela, refiriéndose a España, dice que es un país «donde les hacen cosas terribles a los toros» (p. 187). Un comentario recurrente en la obra de Nabokov.

La innovación teórica más importante de La defensa Luzhin es el final de la partida aplazada. Se reanuda y la propia Natalia juega siguiendo las anotaciones de Luzhin. Algo inverosímil, desde luego. Pura ficción. Los torneos no funcionan así. Gorris y el guionista Peter Berry no se han atrevido a terminar la película con el trágico suicidio de Luzhin y le han añadido un sucedáneo de happy end.

La película me ha gustado. La novela también. La una no invalida a la otra, sino que se enriquecen mutuamente. Al menos es lo que me ha ocurrido a mí. Espero no ser el único.


Imágenes de La defensa Luzhin - Copyright © 2000 Renaissance Films, Clear Blue Sky Productions, Sherlock Media y Manga Films. Fuente: Manga Films. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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