CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
6
Banda Sonora Original: *****
Ultimamente,
Tony Scott parece
empeñado en sacarle los colores al tío Sam. Lo
hizo hace poco en Enemigo Público, y ahora
vuelve a insistir en su "labor
didáctica" con Spy Game (Juego de
Espías). No obstante, que nadie espere una
feroz crítica de un sistema tan imperfecto como
el estadounidenese (y mucho menos en estos
azarosos tiempos que nos ha tocado vivir); Scott
tan sólo lanza leves reproches sobre la
responsabilidad de su país en determinados
conflictos (como la venta de armas a terceros) y
los oscuros tejemanejes de las agencias secretas
que, en teoría, deberían estar al servicio de
los ciudadanos, que para eso sufragan
sus gastos. Para narrar todo esto, Scott se vale
de dos personajes opuestos (al menos en un
principio): el profesional Muir, que no tiene
tiempo de medir las consecuencias de sus actos, y
el rebelde Bishop, que cuestiona las órdenes de
sus superiores y se involucra en la vida de
aquéllos con los que trata para cumplir sus
misiones. El encarcelamiento en una prisión de
China del segundo quizás haga que Muir se rebele
definitivamente contra sus ataduras, aquéllas
que en otras ocasiones neutralizaron sus
emociones...
Spy
Game (Juego de Espías) es una cinta
con un guión a la antigua usanza (es decir,
priman los personajes sobre el espectáculo).
No es de extrañar, por ello, que uno de sus
protagonistas sea Robert Redford, que
varias décadas atrás encabezó el reparto de
sólidos thrillers políticos. Sin embargo, su
forma nada tiene que ver con la clásica
realización de aquellos filmes, y precisamente
de ahí viene el cacareado enfrentamiento entre
Redford y Scott durante el rodaje, pues los
gustos del primero no se acercan ni por asomo a
la vertiginosidad de, pongamos el caso, Michael Bay. Sin
embargo, hay que reconocer que, aun no siendo un
devoto del habitual estilo del señor Scott, la
película tiene ritmo, y ello a pesar de los
«flashback» que nos cuentan cómo se conocieron
Muir y Bishop. Quizás la parte más floja sea la
que transcurre en Vietnam (entre otras cosas
porque es la más inverosímil, ya que los
protagonistas tienen las mismas arrugas que vemos
varios lustros después), pero en general se
trata de una producción digna y con momentos
realmente sólidos (Muir interrogando a la novia
de Tom para saber si ella es también una espía;
el atentado en Beirut; la pregunta del doctor a
Bishop sobre el asesinato).
Respecto al
reparto, déjenme darles un ejemplo de cuán
antagónicos son los intérpretes principales. En
una escena en Alemania, Robert Redford (Muir) le
increpa a Brad Pitt (Bishop) por haber
desobedecido sus órdenes. Redford no necesita
para ello levantarse de su asiento, cosa que no
sucede con Pitt, que se desgañita y mueve sus
brazos sin parar (hasta lanza una silla por los
aires). Creo que no hace falta explicar más...
Finalmente,
Harry Gregson-Williams compone
una música dispar, pues a veces camina sobre lo
superficial (ese masivo empleo de ritmos
electrónicos) para, más tarde, acertar de lleno
en las escenas más intimistas (el fracaso de la
misión en Berlín; la estancia en Beirut con
Elizabeth). No obstante, la balanza entre
semejantes opuestos se inclina hacia uno de
ellos, el de la irregularidad, pues a mi mente me
llegan las imágenes en las que la música
aparece erróneamente sobre los diálogos de
algunos personajes. Detesto que una banda
sonora surja únicamente para remarcar ciertos
pasajes y no tenga tiempo a desarrollarse, pero
aún es peor que se deje notar. Desgraciadamente,
éste es el caso.
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