CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
5 /
10
Banda Sonora Original: *****
Puede que a muchos les cause
repelús el acusado patrioterismo de Tras la
Línea Enemiga, pero harían mal en
considerar como un auténtico bodrio a un filme
que, a pesar de sus nítidos defectos, no
deja de ser un eficaz entretenimiento, tan
intrascendente como vistoso. Porque, a
no ser que uno tenga miedo a que Hollywood le
convenza de la apacibilidad del ejército
estadounidense a través de su infantil
publicidad, ¿qué nos importa al resto del mundo
que se diviertan con su propaganda de abuelete
que cuenta batallitas? Cierto, nos pintan a los
soldados como gente ociosa que se lo pasa de
miedo en el ambiente militar, y que se aburren
mientras no entran en acción, planteándose
incluso dejar las armas ante sus interminables
bostezos. Es más, esta producción de John Davis nos hará
ver cuánto les puede gustar la Navidad a estos
hombres rudos y de altisonantes palabras (y si
no, atención a la seriedad con la que Reigart lo
anuncia). Ah, y los aliados de la
OTAN son gente mala que exige el cumplimiento
estricto de la ley e impide que los
estadounidenses hagan las cosas a su modo. Sí,
son discursos ya conocidos, pero, ¿y qué? ¿De
verdad determina esto las bondades o maldades de
una cinta? Desde mi punto de vista, no.
Porque, si hay que ponerse a buscar
imperfecciones en Tras la Línea Enemiga,
no necesitaremos excusas ideológicas para
hacerlo. Así, la película está estructurada
como si fuera un videojuego, y el protagonista,
que se queda solo en tierra extranjera, ha de
superar unas cuantas y variadas fases para
alcanzar su objetivo final: la huida. No
obstante, esto le da mucha agilidad al asunto,
consiguiéndose momentos tan tensos como el de la
localización de Burnett gracias a la última
tecnología por satélite (que, es curioso, en la
meca del cine llevan empleándola desde hace
lustros). Por si esto fuera poco, la
originalidad visual no existe (la argumental,
obviamente, tampoco). Top Gun, Salvar al Soldado Ryan, los
hermanos Scott e incluso Matrix desfilan
ante nuestros ojos con vertiginosidad,
dependiendo de cómo quiera resolver el
realizador una escena determinada.
En todo
caso, hay que agradacerle a John Moore, el
director, que sepa aprovechar los más de treinta
millones de dólares de presupuesto asignados al
filme, pues lucen en pantalla como si fueran el
doble. Además, el empleo de los efectos sonoros
es muy acertado, y la espectacularidad de escenas
como la del ataque de los misiles es
incontestable.
Dicen que fue el propio Gene
Hackman el que recomendó a Owen Wilson
para que protagonizara Tras la
Línea Enemiga. La verdad es que el joven
actor está bastante correcto, sobre todo
teniendo en cuenta algunas pésimas
interpretaciones que nos brindó en el pasado (The
Haunting -La Guarida-). En lo
que respecta al intérprete principal de El
Espantapájaros, se nota que no se ha
esforzado lo más mínimo en su trabajo y que tan
sólo participó en este proyecto para cobrar un
suculento cheque.
Finalmente,
la música de Don Davis cobra
importancia en escenas puntuales, adornándolas
con tonalidades épicas y grandilocuentes
(quizás exagera demasiado con el empleo de los
coros). Eso sí, es detestable el uso que
de ritmos y canciones se hace en el filme (ya
saben, para acercarlo a los gustos del público
más joven). Ya comprobarán lo surrealista que
resulta ver cómo Reigart y sus hombres dirigen
sus operaciones militares al compás de una
insufrible música discotequera. ¡Dichosas
modas!
Imágenes
de Tras la línea enemiga - Copyright © 2001
20th Century Fox y Davis Entertainment. Fotos por
Jurgen Vollmer. Todos los derechos reservados.
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