CRÍTICA
por
José Arce
A estas alturas, nadie duda
ya de que el fantástico es la mejor rampa de lanzamiento de las
jóvenes promesas del cine español de cara al mercado nacional e
internacional. Los ejemplos se suceden con celeridad y aumentan
progresivamente, una saludable tendencia a la que hay que unir
ahora el debut de F. Javier Gutiérrez, joven realizador
que con su ópera prima demuestra dos cosas: que el género está
en un envidiable estado de forma en nuestro país, y que el fin
del mundo no ha de acontecer siempre en territorio
norteamericano.
Ale (Víctor Clavijo)
es un joven desencantado que vive en un pequeño pueblo andaluz
haciendo chapuzas a domicilio. En una de ellas, repara el
televisor de un bar justo a tiempo para captar unas alarmantes
declaraciones del Secretario General de la ONU en las que
anuncia la llegada de un meteorito a la Tierra en un plazo de
tres días con consecuencias fatales para nuestro planeta.
Este es el inquietante punto de partida de una
propuesta tan exótica como sorprendente en el panorama patrio,
un agradable descubrimiento que adquiere aún más valor cuando
descubrimos que el inevitable apocalipsis no es sino un disfraz
para dibujar un drama intenso que a su vez toma el aspecto de
una suerte de survival horror en toda regla, psycho
y presas adolescentes incluidos. Cuando todo el mundo trata de
huir, Ale decide dedicar sus últimos momentos a emborracharse
sistemáticamente, hasta que su madre, Rosa (Mariana Cordero),
se entera de que un peligroso preso, Lucio (Eduard Fernández),
se ha escapado de la cárcel; es motivo de alarma, porque juró
venganza sobre su familia, responsable de su encierro…
La premisa inicial con la que
juega el film es qué haríamos nosotros en los instantes
postreros de nuestras existencias. Sin embargo, los
participantes de esta tragedia no pueden elegir, han de
aferrarse a los recuerdos de un pasado mejor —que, por otra
parte, desconocemos— como última salida ante una muerte segura,
ya que dedicarán el tiempo que les queda a la defensa
encarnizada de los suyos ante el asesino que puede llegar —o no—
en cualquier momento. Lo cierto es que hay que reconocer al
realizador, directamente llegado del mundo del cortometraje, una
sorprendente madurez en el plano técnico y formal; todo está
perfectamente planeado y dispuesto, conformando un aluvión de
pequeñas postales de gran poder visual aunque,
inevitablemente, terminan dotando al conjunto de una sensación
de mecánica frialdad —lo que no deja de chocar con la abrasadora
y desasosegante realidad que muestra— por lo excesivamente
pulcro de la desolación que lo domina todo. Sin embargo, y a
pesar de que es un lastre que puede llegar a provocar una
incómoda sensación de pesadez y lentitud en el espectador
—estamos ante una de esas películas que, o gustan mucho, o
resultan difíciles de digerir—, la valentía del planteamiento,
que renuncia al espectáculo de acción para ahondar en la
progresiva desesperación de los participantes, hace que las
virtudes de "3 días" superen ampliamente a sus defectos, máxime
cuando entra en acción Eduard Fernández, no menos temible por lo
obvio de su pretendidamente sorpresiva personalidad oculta.
El pulso de Gutiérrez no
sólo no tiembla a la hora de respetar su libreto, denso y
aplastante, sino que tampoco lo hace al exprimir las
posibilidades interpretativas de un elenco complicado en el
que los actores adultos cumplen —especial mención merece Mariana
Cordero— del mismo modo que los niños que conforman
prácticamente la mitad del reparto, cuestión siempre arriesgada,
más aún en un contexto tan redneck, rural y sangrante
como el que plantea el film. Así, la inocencia de los pequeños,
inconscientes ante lo que sucede, se estampa frontalmente con el
conocimiento de la realidad por parte de sus mayores, aferrados
a un burdo intento de cerrar un círculo dolorosamente abierto
tiempo atrás, antes de que todo termine. ¿Es esto menos lícito y
lógico que tratar de esconderse en las montañas o en las
entrañas de la tierra antes de la colisión, agotando estas horas
definitivas en compañía de nuestros seres queridos? En el fondo,
no importa demasiado, aunque nuestro protagonista tenga, después
de todo, una nimia —pero infinita— recompensa plasmada en la
bonita sonrisa de quien porta en su vientre el futuro de una
raza condenada.
Calificación:
    
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Films, Green Moon y Pentagrama Films. Distribuida en España por
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