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88 MINUTOS
(88 minutes)


Dirección: Jon Avnet.
Países:
USA y Alemania.
Año: 2007.
Duración: 108 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Al Pacino (Jack Gramm), Alicia Witt (Kim Cummings), Amy Brenneman (Shelly Barnes), Leelee Sobieski (Lauren Douglas), William Forsythe (agente Frank Parks), Deborah Kara Unger (Carol Lynn Johnson), Benjamin McKenzie (Mike Stempt), Neal McDonough (Jon Forster).
Guión: Gary Scott Thompson.
Producción: Gary Scott Thompson, Randall Emmett y Jon Avnet.
Música: Edward Shearmur.
Fotografía:
Denis Lenoir.
Montaje: Peter Berger.
Diseño de producción: Tracey Gallacher.
Vestuario: Mary McLeod y Debra McGuire.
Estreno en USA: 18 Abril 2008.
Estreno en España: 30 Abril 2008.

CRÍTICA por Tònia Pallejà

Para qué hacerlo mejor o diferente si simplemente puedes multiplicarlo

  Mientras veía "88 minutos" llegué a sopesar seriamente la posibilidad de que el guionista Gary Scott Thompson se hubiera enfrentado a su escritura durante una meningitis que cursara con fiebre alta, delirios y pérdidas de consciencia; de que Al Pacino hubiese firmado el contrato al borde de un precipicio lleno de hambrientos caimanes, con el cañón de una pistola clavado en su nuca; de que el director Jon Avnet tratara de sacar adelante su trabajo mientras atravesaba por un episodio de ceguera psicosomática que vino a coincidir con varias crisis epilépticas; y de que el resto del equipo técnico y artístico se hubiera visto afectado por una intoxicación alimentaria a causa del catering en mal estado, obligándoles a abandonar constantemente el rodaje para visitar el baño sin que a nadie se le ocurriera detener la filmación durante su ausencia. Pero ni siquiera así logré explicarme el cúmulo —nunca mejor dicho— de despropósitos que encierra esta película. Y, lo peor, mis fantasiosas especulaciones no me ayudaron a sobrellevar la penosa experiencia de verla.

 

  Podría despachar "88 minutos" diciendo que se trata de un telefilm de muy bajo perfil elevado inexplicablemente a la categoría de cine por la presencia de algunos nombres propios en su cartel. O que es un claro ejemplo de cómo una realización inepta puede ayudar a un guión disfuncional a convertirse en un completo desastre. O que, a falta de otros valores, tiene la involuntaria utilidad de servir como modelo en las escuelas de cine para ilustrar la manera en que nunca deberían hacerse las cosas. Y supongo que con estas líneas ya habría invertido más tiempo y esfuerzos que la persona (o personas) que se encargaron de supervisar esta producción y decidieron darle luz verde, ignorando que su distribución comercial podía entrañar graves daños contra la salud pública. Sin embargo, eso tampoco ayudaría a aplacar la sed de venganza que me sobrevino después. !Gerónimo!

  Intuyo que Scott Thompson y los tropecientos productores que debieron de ir sumando sus "brillantes" ideas al borrador original, pretendieron hacer un thriller tan rompedor e impactante que superara a todo lo que se había creado hasta entonces en el género. Y su "esforzada" forma de conseguirlo fue... ¡copiar todas aquellas tramas y conceptos que ha ido amontonando el género hasta nuestros días y embutirlos en una sola película! Evidentemente, la "ambiciosa" máxima que los guió fue "acumula, que con algo acertarás... o por lo menos los mantendrá mareados".

  Así pues, aunque a grandes rasgos "88 minutos" sigue la estructura de ese subgénero donde el protagonista tiene que salvar la vida de alguien (o la suya propia) a contrarreloj por exigencias de un villano, decidieron incorporarle la presencia de "algunos" elementos adicionales, que incluyen desde un psicópata asesino en serie que podría continuar operando desde la prisión a través de otra persona o tal vez siendo imitado por un segundo delincuente... o tal vez incluso ser inocente hasta un traumático crimen pasado cuyas consecuencias reverterían en la actualidad, pasando por un peligroso ex novio acosador, una misteriosa mujer que habría engañado al protagonista, apuntes de barato "drama" sobre la relación profesor-alumnos, complacientes observaciones sobre la pena de muerte y la implicación de la Psiquiatría en los juicios, ciertas notas de thriller erótico cuya principal función no es precisamente argumentativa, varias vueltas de tuerca hacia el thriller psicológico donde el héroe pasa de ser sospechoso a caer en una espiral paranoica en la que todo el mundo es culpable, y... bah, ya me cansé de enumerarlos todos.

  Por desgracia, los responsables de semejante potaje no cesaron tan pronto en su afán multiplicador, pues además creyeron adecuado adornarlo todo con un nutrido grupo de personajes secundarios, el doble de sospechosos, multitud de focos de acción y una generosa ración de informaciones cruzadas. Obviamente, la adición de algunos de estos ingredientes y subtramas hubiera mejorado la profundidad e interés de la cinta, pero al sobrecargarla con todos ellos a la vez sólo lograron impedir un desarrollo natural y comprensible. No obstante, poco satisfechos todavía con el resultado, su mayor "proeza" consistió en decidir que la película transcurriera en tiempo real, al igual que la famosa serie de televisión "24"... si bien por el camino encontraron la manera de estirar y encoger oportunamente su avance, aunque los muy malandrines no compartieran con la comunidad científica tamaño descubrimiento. El problema es que mientras que la serie estelarizada por el ya mítico Jack Bauer cuenta con varias temporadas para desarrollar su arco dramático, "88 minutos" sólo dispone de menos de dos horas para hacerlo. Sorprendentemente, ninguno de sus artífices había registrado la palabra "inviable" en su léxico.

  Salta a la vista que incluso un guionista con sobrado talento hubiera tenido serias dificultades para dar salida a este conglomerado de ingredientes, escenarios y motivaciones mediante una trama clara y lógica que a la vez resultara entretenida para el espectador. Pero Scott Thomas no es un guionista con talento. Quizás ni siquiera se le pueda considerar un guionista, pues entre los mayores logros de su currículum se encuentra su participación en "A todo gas" y en la televisiva "Las Vegas"... Creo que debí empezar por contar eso. Entonces, lo que tenemos a cambio es un inconexo y tedioso pastiche donde las acciones se van sucediendo sin ton ni son, empujadas por los convenientes giros del libreto, siendo el continuo baile de personajes la tónica reinante.

  Y hablando de los personajes... Ninguno tiene la más mínima profundidad o definición, pues es obvio que ejercen como meros títeres de los caprichos de un guión que los insta a aparecer y desaparecer sin mayor explicación. El único que goza de cierto dibujo es el protagonista, y sólo porque se trata de Al Pacino repitiendo por enésima vez su papel como mentor-investigador abatido y cínico que ya interpretó con escasas variaciones en films recientes como "Insomnio", "Relaciones confidenciales", "La prueba" o "Apostando al límite". Sea como sea, si algo nos quedó claro es que el alumnado de las facultades de Psiquiatría norteamericanas está compuesto en su mayoría por bellas jóvenes —por no hablar de la despampanante decana—, ante lo cual a su profesor no le queda otro remedio que mantener una aventura con ellas... o como mínimo intentarlo.

  Mención aparte merece la idea que tiene Scott Thompson sobre cómo generar intriga, y que no consiste en otra cosa más que en señalar como firme sospechoso a todo lo que se menea, que en "88 minutos" vendrían a ser cuarenta y la madre, pero sin ofrecer ningún dato acerca de su posible móvil para que el espectador entre en el juego. Y todo este laberinto de señuelos artificiales para que, a los pocos minutos, uno ya sepa quién es el malvado. No quiero destripar el misterio —si es que en algún momento llega a existir tal cosa—, únicamente indicar hasta dónde falla la película, ya que basta fijarse en aquel personaje al que el guión no insiste en acusar de manera evidente todo el tiempo, para conocer su identidad. Por si fuera poco, "88 minutos" nos obsequia con uno de esos ridículos desenlaces en los que el villano siente la incontrolable necesidad de contarnos su plan a través de una histriónica interpretación, risita maléfica incluida... Como lo leen.

  Pero, ah, amigos, todavía faltaba Jon Avnet para terminar de embarullarlo del todo. Este realizador comenzó de forma notable con largometrajes como "Tomates verdes fritos" y "The war: La guerra", para ir perdiendo crédito con "Íntimo y personal" y "El laberinto rojo", hasta que acabó relegado, tal vez como castigo, a la pequeña pantalla. En cualquier caso, por muy baja que sea su estima hacia él, cuando vean "88 minutos" estoy segura de que se preguntarán cómo llegó a esto.

  Ésta es una de esas películas en las que dirección y ritmo son confundidos como sinónimo de montaje. Avnet no sólo carece de estilo visual, sino que limita su función a cambiar simultaneamente de plano, escenario y personaje cada tres segundos, añadiendo todavía más caos a la ya de por sí arbitraria y fragmentada narrativa. Para colmo de las desgracias, ante la imposibilidad de establecer una atmósfera real en tales circunstancias, se empeña en crear falsa tensión intercalando fugaces imágenes a modo de flashback o agarrándose a chapuceros trucos de cámara y edición, en un sonrojante despliegue de recursos narrativos que no recordaba haber visto desde los más infames subproductos de los años 70.

  Ante esta confusa acumulación de eventos y datos sin sentido, al espectador no le queda otra salida que desconectar totalmente de lo que está sucediendo en la pantalla, sintiendo, además, que se le está tomando el pelo al intentar hacer aparecer como compleja una propuesta tremendamente simplona y obtusa que, en realidad, se ha complicado innecesariamente por una vía torpe y tramposa.

  Incomprensiblemente, ni siquiera los valores de producción pasan de un generoso aprobado raspado. La factura de la cinta se percibe barata en todo momento, los efectos resultan precarios y hasta risibles, y la fotografía, lejos de contribuir al clima asfixiante, sólo parece gastada y mortecina. Da la sensación de que la película misma —y ahora me refiero al soporte de los fotogramas, no a la "obra artística"— haya sido reciclada más veces que los propios clichés de la trama, hasta perder sus propiedades.

  Lo único que se salva de la quema es Al Pacino, como cabía esperar. Desde luego su interpretación no es ni brillante ni arriesgada, pero al menos mantiene bastante la integridad en medio de esta marea de absurdos acontecimientos. El numeroso elenco femenino —entre el que se encuentran Alicia Witt, Amy Brenneman, Deborah Kara Unger y Leah Cairns— simplemente esta ahí para lucir su atractivo. No digo que algunas de ellas no sean actrices razonablemente competentes, pero el libreto no les brinda ninguna oportunidad para demostrarlo. Con todo, la peor parte se la lleva Leelee Sobieski. Cierto que su papel es tan ingrato como el del resto de sus compañeras, pero una intérprete con más carisma y recursos al menos nos hubiera ahorrado el lamentable recital con que nos obsequia en determinado momento. Neal McDonough poco más puede hacer que explotar la vis siniestra que le otorga su pintoresco físico, y William Forsythe igualmente cumple con profesionalidad en una pequeña intervención.

  Como se desprende de lo dicho, "88 minutos" es ajena a cualquier clase de cualidad o calidad que la hagan tenuamente recomendable como simple pasatiempo. Sólo podría aconsejarla en el hipotético caso de que alguien no hubiera visto antes ningún thriller, pero con la advertencia de que ésta es una de las peores muestras recientes de este maltratado género. Y supongo que los más incondicionales fans de Al Pacino podrán digerirla más fácilmente, siempre que estén dispuestos a ver a este legendario actor rodeado de incompetencia, en un film que, una vez más, no está a su altura.

Calificación:


Imágenes de "88 minutos" - Copyright © 2007 Millennium Films, Randall Emmett/George Furla Productions, Equity Pictures Medienfonds GmbH & Co. KG III y Nu Image Entertainment. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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