CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Para qué hacerlo mejor o
diferente si simplemente puedes multiplicarlo
Mientras veía "88 minutos" llegué a sopesar seriamente la
posibilidad de que el guionista Gary Scott
Thompson se hubiera
enfrentado a su escritura durante una meningitis que cursara con
fiebre alta, delirios y pérdidas de consciencia; de que
Al Pacino
hubiese firmado el contrato al borde de un precipicio lleno de
hambrientos caimanes, con el cañón de una pistola clavado en su
nuca; de que el director Jon Avnet
tratara de sacar adelante su trabajo mientras atravesaba por un
episodio de ceguera psicosomática que vino a coincidir con
varias crisis epilépticas; y de que el resto del equipo técnico
y artístico se hubiera visto afectado por una intoxicación
alimentaria a causa del catering en mal estado,
obligándoles a abandonar constantemente el rodaje para visitar
el baño sin que a nadie se le ocurriera detener la filmación
durante su ausencia. Pero ni siquiera así logré explicarme el
cúmulo —nunca mejor dicho— de despropósitos que encierra esta
película. Y, lo peor, mis fantasiosas especulaciones no me
ayudaron a sobrellevar la penosa experiencia de verla.
Podría despachar "88 minutos" diciendo que se trata de
un telefilm de muy bajo perfil elevado inexplicablemente
a la categoría de cine por la presencia de algunos nombres
propios en su cartel.
O que es un claro ejemplo de cómo una realización inepta puede
ayudar a un guión disfuncional a convertirse en un completo
desastre. O que, a falta de otros valores, tiene la involuntaria
utilidad de servir como modelo en las escuelas de cine para
ilustrar la manera en que nunca deberían hacerse las cosas. Y
supongo que con estas líneas ya habría invertido más tiempo y
esfuerzos que la persona (o personas) que se encargaron de
supervisar esta producción y decidieron darle luz verde,
ignorando que su distribución comercial podía entrañar graves
daños contra la salud pública. Sin embargo, eso tampoco ayudaría
a aplacar la sed de venganza que me sobrevino después.
!Gerónimo!
Intuyo que Scott Thompson y los tropecientos productores que
debieron de ir sumando sus "brillantes" ideas al borrador
original, pretendieron hacer un thriller tan rompedor e
impactante que superara a todo lo que se había creado hasta
entonces en el género. Y su "esforzada" forma de conseguirlo
fue... ¡copiar todas aquellas tramas y conceptos que ha ido
amontonando el género hasta nuestros días y embutirlos en una
sola película! Evidentemente, la "ambiciosa" máxima que los guió
fue "acumula, que con algo acertarás... o por lo menos los
mantendrá mareados".
Así pues, aunque a grandes rasgos "88 minutos" sigue la
estructura de ese subgénero donde el protagonista tiene que
salvar la vida de alguien (o la suya propia) a contrarreloj por
exigencias de un villano, decidieron incorporarle la presencia
de "algunos" elementos adicionales, que incluyen desde un
psicópata asesino en serie que podría continuar operando desde
la prisión a través de otra persona o tal vez siendo imitado por
un segundo delincuente... o tal vez incluso ser inocente hasta
un traumático crimen pasado cuyas consecuencias reverterían en
la actualidad, pasando por un peligroso ex novio acosador, una
misteriosa mujer que habría engañado al protagonista, apuntes de
barato "drama" sobre la relación profesor-alumnos, complacientes
observaciones sobre la pena de muerte y la implicación de la
Psiquiatría en los juicios, ciertas notas de thriller
erótico cuya principal función no es precisamente argumentativa,
varias vueltas de tuerca hacia el thriller psicológico
donde el héroe pasa de ser sospechoso a caer en una espiral
paranoica en la que todo el mundo es culpable, y... bah, ya me
cansé de enumerarlos todos.
Por desgracia, los responsables de semejante potaje no cesaron
tan pronto en su afán multiplicador, pues además creyeron
adecuado adornarlo todo con un nutrido grupo de personajes
secundarios, el doble de sospechosos, multitud de focos de
acción y una generosa ración de informaciones cruzadas.
Obviamente, la adición de algunos de estos ingredientes y
subtramas hubiera mejorado la profundidad e interés de la cinta,
pero al sobrecargarla con todos ellos a la vez sólo lograron
impedir un desarrollo natural y comprensible. No obstante, poco
satisfechos todavía con el resultado, su mayor "proeza"
consistió en decidir que la película transcurriera en tiempo
real, al igual que la famosa serie de televisión "24"... si bien
por el camino encontraron la manera de estirar y encoger
oportunamente su avance, aunque los muy malandrines no
compartieran con la comunidad científica tamaño descubrimiento.
El problema es que mientras que la serie estelarizada por el ya
mítico Jack Bauer cuenta con varias temporadas para desarrollar
su arco dramático, "88 minutos" sólo dispone de menos de dos
horas para hacerlo. Sorprendentemente, ninguno de sus artífices
había registrado la palabra "inviable" en su léxico.
Salta a la vista que incluso un guionista con sobrado talento
hubiera tenido serias dificultades para dar salida a este
conglomerado de ingredientes, escenarios y motivaciones mediante
una trama clara y lógica que a la vez resultara entretenida para
el espectador. Pero Scott Thomas no es un guionista con talento.
Quizás ni siquiera se le pueda considerar un guionista, pues
entre los mayores logros de su currículum se encuentra su
participación en "A todo gas"
y en la televisiva "Las Vegas"... Creo que debí empezar por
contar eso. Entonces, lo que tenemos a cambio es un
inconexo y tedioso pastiche donde las acciones se van
sucediendo sin ton ni son, empujadas por los convenientes giros
del libreto, siendo el continuo baile de personajes la tónica
reinante.
Y hablando de los personajes... Ninguno tiene la más mínima
profundidad o definición, pues es obvio que ejercen como meros
títeres de los caprichos de un guión que los insta a aparecer y
desaparecer sin mayor explicación. El único que goza de cierto
dibujo es el protagonista, y sólo porque se trata de Al Pacino
repitiendo por enésima vez su papel como mentor-investigador
abatido y cínico que ya interpretó con escasas variaciones en
films recientes como "Insomnio",
"Relaciones confidenciales",
"La prueba"
o "Apostando al límite".
Sea como sea, si algo nos quedó claro es que el alumnado de las
facultades de Psiquiatría norteamericanas está compuesto en su
mayoría por bellas jóvenes —por no hablar de la despampanante
decana—, ante lo cual a su profesor no le queda otro remedio que
mantener una aventura con ellas... o como mínimo intentarlo.
Mención aparte merece la idea que tiene Scott Thompson sobre
cómo generar intriga, y que no consiste en otra cosa más que en
señalar como firme sospechoso a todo lo que se menea, que en "88
minutos" vendrían a ser cuarenta y la madre, pero sin ofrecer
ningún dato acerca de su posible móvil para que el espectador
entre en el juego. Y todo este laberinto de señuelos
artificiales para que, a los pocos minutos, uno ya sepa quién es
el malvado. No quiero destripar el misterio —si es que en algún
momento llega a existir tal cosa—, únicamente indicar hasta
dónde falla la película, ya que basta fijarse en aquel personaje
al que el guión no insiste en acusar de manera evidente todo el
tiempo, para conocer su identidad. Por si fuera poco, "88
minutos" nos obsequia con uno de esos ridículos desenlaces en
los que el villano siente la incontrolable necesidad de
contarnos su plan a través de una histriónica interpretación,
risita maléfica incluida... Como lo leen.
Pero, ah, amigos, todavía faltaba Jon Avnet para terminar de
embarullarlo del todo. Este realizador comenzó de forma notable
con largometrajes como "Tomates verdes fritos" y "The war: La
guerra", para ir perdiendo crédito con "Íntimo y personal" y "El
laberinto rojo", hasta que acabó relegado, tal vez como castigo,
a la pequeña pantalla. En cualquier caso, por muy baja que sea
su estima hacia él, cuando vean "88 minutos" estoy segura de que
se preguntarán cómo llegó a esto.
Ésta es una de esas películas en las que dirección y
ritmo son confundidos como sinónimo de montaje. Avnet no
sólo carece de estilo visual, sino que limita su función a
cambiar simultaneamente de plano, escenario y personaje cada
tres segundos, añadiendo todavía más caos a la ya de por sí
arbitraria y fragmentada narrativa.
Para colmo de las desgracias, ante la imposibilidad de
establecer una atmósfera real en tales circunstancias, se empeña
en crear falsa tensión intercalando fugaces imágenes a modo de
flashback o agarrándose a chapuceros trucos de cámara y
edición, en un sonrojante despliegue de recursos narrativos que
no recordaba haber visto desde los más infames subproductos de
los años 70.
Ante esta confusa acumulación de eventos y datos sin sentido, al
espectador no le queda otra salida que desconectar totalmente de
lo que está sucediendo en la pantalla, sintiendo, además, que se
le está tomando el pelo al intentar hacer aparecer como compleja
una propuesta tremendamente simplona y obtusa
que, en realidad, se ha complicado innecesariamente por una vía
torpe y tramposa.
Incomprensiblemente, ni siquiera los valores de producción pasan
de un generoso aprobado raspado. La factura de la cinta se
percibe barata en todo momento, los efectos resultan precarios y
hasta risibles, y la fotografía, lejos de contribuir al clima
asfixiante, sólo parece gastada y mortecina. Da la sensación de
que la película misma —y ahora me refiero al soporte de los
fotogramas, no a la "obra artística"— haya sido reciclada más
veces que los propios clichés de la trama, hasta perder sus
propiedades.
Lo único que se salva de la quema es Al Pacino, como cabía
esperar. Desde luego su interpretación no es ni brillante ni
arriesgada, pero al menos mantiene bastante la integridad en
medio de esta marea de absurdos acontecimientos. El numeroso
elenco femenino —entre el que se encuentran
Alicia Witt,
Amy Brenneman,
Deborah Kara Unger
y Leah Cairns—
simplemente esta ahí para lucir su atractivo. No digo que
algunas de ellas no sean actrices razonablemente competentes,
pero el libreto no les brinda ninguna oportunidad para
demostrarlo. Con todo, la peor parte se la lleva
Leelee Sobieski.
Cierto que su papel es tan ingrato como el del resto de sus
compañeras, pero una intérprete con más carisma y recursos al
menos nos hubiera ahorrado el lamentable recital con que nos
obsequia en determinado momento. Neal McDonough
poco más puede hacer
que explotar la vis siniestra que le otorga su pintoresco
físico, y William Forsythe
igualmente cumple con profesionalidad en una pequeña
intervención.
Como se desprende de lo dicho, "88 minutos" es ajena a cualquier
clase de cualidad o calidad que la hagan tenuamente recomendable
como simple pasatiempo. Sólo podría aconsejarla en el hipotético
caso de que alguien no hubiera visto antes ningún thriller,
pero con la advertencia de que ésta es una de las peores
muestras recientes de este maltratado género. Y supongo que los
más incondicionales fans de Al Pacino podrán digerirla más
fácilmente, siempre que estén dispuestos a ver a este legendario
actor rodeado de incompetencia, en un film que, una vez más, no
está a su altura.
Calificación:
    
Imágenes
de "88 minutos" - Copyright © 2007
Millennium Films, Randall Emmett/George Furla Productions,
Equity Pictures Medienfonds GmbH & Co. KG III y Nu Image
Entertainment. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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