CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Sinceramente, ésta es de esas críticas que a uno le dan ganas de
resumir en pocas palabras. Es decir, que podría resolverse en
una sola frase que dijera: «Pero, ¿esto que es?» Porque, si
alguna sensación perdura tras encenderse las luces de la sala
(bueno, en realidad, el desconcierto asoma desde bastante antes,
algo así como desde el minuto cinco de proyección, más o menos,
para rápidamente pasar a ser sustituido por una genuina y
aquilatada impresión, simple y fácil de describir, de cabreo),
es la de qué clase de barato producto de serie Z nos han colado
camuflado bajo una envoltura de aparente confianza (un actor de
prestigio, al menos hasta este título, como
Al Pacino, y
un director con su pequeña dosis de gloria, un
Jon Avnet
que parece a años luz de aquel
“Tomates verdes fritos” que, visto lo visto, le debió salir por
casualidad).
Porque
lo de la trama (?) es sencillamente de traca. Resultaría difícil
encontrar una mayor acumulación de clichés, uno encima de otro y
sin orden ni concierto,
hasta el punto de que cualquiera de los denostados telefilmes
con que nos obsequian las cadenas televisivas a la hora de la
siesta de los fines de semana parecerían merecedores de los
máximos galardones en comparación con este producto,
supuestamente, de primera línea. Ni hay lógica alguna en la
sucesión de acontecimientos que pretenden crear suspense en
torno al ultimátum que vive un psiquiatra del FBI que se ve
amenazado con morir en los dichosos 88 minutos, ni hay nada en
ella que transmita la más mínima verosimilitud... así que
difícil tenemos sufrir por un personaje que, francamente, nos
importa más bien poco. Es decir, que su desaparición sería
comparable al recorte de uno de esos muñecos de papel que antes
era frecuente ver en las espaldas de los despistados cada 28 de
diciembre... Sólo que, esta vez, uno no puede evitar sentir que
los inocentes somos los pobres desgraciados que hemos pagado una
entrada para recibir a cambio una burla en forma de celuloide
(ni me atrevo a llamarlo película) como ésta.
Claro que capítulo
aparte habría que dedicar a la estafa artística que supone ver a
alguien como Al Pacino encabezando este cartel. No es que uno
sea un defensor a ultranza de una supuesta pureza que impediría
a los grandes actores llenarse de vez en cuando los bolsillos,
pero lo que resulta imposible de creer es que de todos los
guiones que lleguen a su representante, lo mejor sea esta
estupidez indigna de su prestigio. La única escapatoria que nos
quedaría, ante lo cutre de su puesta en escena (resulta del todo
desproporcionado, por muy hollywoodiense que sea este
producto, que todas, absolutamente todas las mujeres que pululan
alrededor del protagonista sean bellas, sobre todo si ello se
compara con el pelucón y aspecto realmente lamentable que le han
reservado a él), sería recurrir a la salvífica idea de que, en
realidad, estamos ante una parodia... pero, si fuera así, habría
que decir que ésta no tendría ninguna gracia, así que ni por ese
sitio tenemos escapatoria.
Francamente, en unos tiempos en los que Hollywood busca nuevos
canales, debería, de vez en cuando, echar un vistazo a los
contenidos que pretende difundir por ellos. Porque resulta
difícil que nadie, sea cinéfilo o no, pueda considerar que sea
justificable pagar un precio por una solemne estupidez como “88
minutos”. Si ese aspecto básico permanece sin resolver, mal van,
porque, hoy en día, Hollywood no es ya el único punto que
distribuye entretenimiento al mundo.
Calificación:
    
Imágenes
de "88 minutos" - Copyright © 2007
Millennium Films, Randall Emmett/George Furla Productions,
Equity Pictures Medienfonds GmbH & Co. KG III y Nu Image
Entertainment. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
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