CÓMO SE HIZO "DUEÑOS DE LA
CALLE"
Notas de producción © 2008
Hispano Foxfilm
1. El proyecto
Gran admirador del galardonado autor de literatura policiaca
James Ellroy, el productor Erwin Stoff encontró en el guión de
DUEÑOS DE LA CALLE un posible proyecto para Keanu Reeves. Stoff
reconoció la importancia moral que tiene el relato en el mundo
actual y empezó a buscar maneras de realizar la película.
“Siempre he sido un admirador de la obra de James Ellroy y el
guión acabó sorbiéndome el seso”, recuerda Stoff. “Era la clase
de película que me gusta y me pareció que quedaría fenomenal en
la pantalla”. Para ayudar a promover el desarrollo del proyecto,
Stoff se hizo con los servicios del productor Lucas Foster,
sabiendo que su experiencia en numerosas películas de acción de
gran presupuesto, y su interés personal por la cultura policial
redundarían en ventajas para el proyecto. La película era
originariamente un relato de época ambientado en Los Ángeles
después del incidente de Rodney King, pero el equipo de
producción comenzó a revisar el concepto dotándolo de una
ambientación contemporánea a la vez que conservaban la temática
general del relato, respetando la idea original de Ellroy.
“Erwin y yo decidimos no realizar una película de época, lo que
fue una decisión importante que tuvo diversas consecuencias,
buenas y malas”, explica Lucas Foster. “Nos mantuvimos en
nuestros trece y quisimos realizar una película para adultos de
forma que tuviéramos libertad para poner los nervios de punta y
contar la verdad acerca de lo que es ser un policía en Los
Ángeles, o al menos nuestra percepción de esa verdad”. El equipo
de producción se dirigió al consumado guionista y director David
Ayer para que se hiciera cargo del proyecto, pero éste tuvo que
declinar el ofrecimiento debido a anteriores compromisos. Al
final, el proyecto de Ayer quedó en nada y el realizador no dejó
escapar la oportunidad de trabajar en la película, que parecía
hecha a la medida de su sensibilidad. Le atraía trabajar con
Keanu Reeves tanto como el material, que englobaba su interés y
su conocimiento interno del Cuerpo de Policía de Los Ángeles y
de la misma ciudad. Tal y como se aprecia en su anterior trabajo
en películas como TRAINING DAY, HARSH TIMES y S.W.A.T. LOS
HOMBRE DE HARRELSON, Ayer se inclina hacia el material que trate
las complejidades del trabajo policial, el poder y la
corrupción, y DUEÑOS DE LA CALLE era una gran oportunidad de
ahondar en esa investigación. “Me fascina la corrupción policial
y lo que puede sucederle psicológicamente a alguien a quien se
ha confiado el ejercicio de la fuerza letal en nuestro nombre”,
explica Ayer. “Dar a alguien la posibilidad de arrancarle a
alguien la vida supone entregarle un poder increíble y quiero
examinar el cambio que sufren psicológicamente los que perpetran
violencia, aunque sea en nuestro nombre”.
Aunque Ayer y Ellroy
pertenecen a épocas diferentes y sus puntos de vista artísticos
son distintos, ambos comparten un gran amor por la ciudad de Los
Ángeles con toda su belleza y su fealdad. El productor Erwin
Stoff intuyó que emparejar a Ellroy con Ayer dotaría de un
efecto singular al drama policiaco angelino. “Por muchos
conceptos pensé que formaban una pareja ideal, porque David
siente una fascinación tan intensa como la de Ellroy por Los
Ángeles y la cultura tribal de la policía”, comenta Stoff.
“David es un producto de la ciudad, se crió en sus calles y
puede preservar los personajes increíblemente complejos que creó
Ellroy y encajarlos en el Los Ángeles actual, tan diverso
étnicamente. Ambos encarnan sensibilidades muy semejantes
separadas por distintas épocas”.
Ayer añade que “James Ellroy
comprende de maravilla la psicología de la policía y la cultura
de los cuerpos encargados de hacer cumplir la ley, y lo que yo
pongo encima de la mesa es mi comprensión de cómo se desarrolla
actualmente tan importante actividad. Combinando el increíble
relato novelístico y el cuadro compuesto por Ellroy con mi
comprensión orgánica de lo que sucede en las calles de Los
Ángeles un día cualquiera, conseguimos un tapiz increíblemente
rico en un entorno muy realista”.
Los realizadores emprendieron
la tarea de dotar de su propia y singular interpretación al
género policiaco y de misterio, que se ha convertido en una
fuerza autónoma dentro de la literatura de ficción y el cine
norteamericanos. A diferencia de la mayoría de las películas de
tensión de ambiente urbano, DUEÑOS DE LA CALLE se empaparía de
realismo y de política contemporánea. “Desde el principio
procuramos realizar una película que trascendiera del género y
que no se limitase a seguir la ronda habitual del relato
policiaco tradicional”, explica Stoff. “Insistimos en hacer que
el mundo interior de esta película estuviera habitado por
personajes reales puestos en dilemas auténticos sin
embellecimientos”.
Abundando, Ayer afirma: “Para
mí, esta película es distinta a las demás del género por la
meticulosa atención a los detalles, por la intensidad de la
realidad y la artesanía puestas en cada aspecto del mundo físico
y el diseño de los personajes. Mantiene una conciencia del
tiempo en el momento actual y a la vez posee una intemporalidad
asociada con el género, cuya consecución ha supuesto todo un
reto”.
“A Ludlow le confían la
responsabilidad de eliminar a las personas que los poderes
fácticos consideran inconvenientes”, explica David Ayer. “Ludlow
es alguien que al principio tenía intenciones rectas y quería
salvar al mundo pero que se encontró circulando en dirección
contraria”.
El personaje de Tom Ludlow
representa esencialmente todos los ideales complejos y
contradictorios que encierra el título de la película: DUEÑOS DE
LA CALLE; él es el dueño de la calle y el protector de la
sociedad dispuesto a enfrentarse a los aspectos más repugnantes
de la comunidad. Imparte una justicia rápida y sin compromiso,
libre de las limitaciones de la burocracia y los protocolos
habituales. Mientras que los Estados Unidos se enorgullecen de
las garantías procesales y de los derechos personales
consagrados en la constitución, los miembros de “Ad Vice”, una
unidad especializada de la policía de Los Ángeles, son un mal
necesario que concede a los civiles y a la gente corriente las
libertades y la seguridad de las que disfrutan diariamente.
“Ludlow representa a los
hombres que hacen guardia por la noche; ve todo lo que nosotros
no queremos ver y nos protege de los males que acechan en la
oscuridad”, explica Erwin Stoff. “Hace aquello de lo que
nosotros somos incapaces y que puede que repudiemos, pero de lo
que nos beneficiamos cuando gozamos de la seguridad que
proporciona “Ad Vice””.
“Los de “Ad Vice” son los que
sufren para que nosotros no tengamos que hacerlo”, dice Lucas
Foster mostrándose de acuerdo. “Yo valoro la nobleza de la idea
de que haya personas cuyas vidas estén dedicadas a enfrentarse a
determinadas cosas para permitir que el resto vivamos nuestras
vidas y disfrutemos de nuestras libertades personales”.
Cuando por primera vez nos lo
presentan, el detective Tom Ludlow no se ha recuperado todavía
de la muerte de su esposa y encuentra consuelo en la bebida.
Vive en las sombras de las calles y, aunque trabaja solo, actúa
bajo la protección de la hermandad de “Ad Vice” y de su jefe, el
enigmático capitán Jack Wander.
“Ludlow empezó su carrera
lleno de virtuosas intenciones, deseoso de salvar al mundo pero,
no se sabe cómo, termina tomando un camino muy equivocado”,
comenta Ayer. “Es un hombre que tiene una brújula moral, que es
el motivo por el que está tan atribulado, dándose cuenta de
alguna forma de que su vida no discurre por donde debería”.
DUEÑOS DE LA CALLE plantea
algunas preguntas provocadoras. ¿Qué precio debería pagarse por
el bien superior y a expensas de quién? ¿Dónde reside la
responsabilidad de un sistema roto y cómo podemos acusar a
aquéllos que afrontan el peligro? ¿Quién protege a los que nos
protegen? Esencialmente es un relato de hermandad, lealtad y
supervivencia y de todas las zonas de claroscuro que hay entre
ellas.
“Lo que, para mí, hace
interesante este relato es la existencia de matices en los
personajes; todos tienen un tono de gris”, explica David Ayer.
“Es una película de tensión y misterio urbanos, por lo que todos
son un poco corruptos, pero es que creo que lo mismo sucede en
la vida real. Nadie se despierta y piensa que es uno de los
malos. A sus ojos, se han encontrado en situaciones que han
escapado a su control y ellos están tratando de sobrevivir”.
David Ayer prosigue diciendo
que aunque la película trata los aspectos más tenebrosos de
quiénes somos nosotros como personas, pone de manifiesto que
siempre existe la oportunidad de redimirse: “La película está
estructurada como una tragedia y transmite la misma sensación
que un accidente ferroviario, pero también contiene una
increíble redención: un mensaje que afirma que por muy lejos que
uno haya llegado, siempre hay forma de volver atrás”.
“Siempre que se intente
contar una historia en la que haya gente de verdad, habrá
heroísmo, tinieblas, idealismo, corrupción, traición y amor”,
dice Stoff. “Todas ésas son facetas de la vida presentes en
todas las ciudades y a nosotros no nos interesaba que la
narración sólo fuera tenebrosa y nihilista, que dejara al
espectador sin que nadie hallara un motivo más elevado. Si bien
la historia da, sin duda, un giro muy siniestro e inquietante,
en realidad es la historia de un héroe”.
2.
El reparto
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