CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Indiana Jones ha vuelto. Si
veinte años no son nada, imagínense ustedes diecinueve (uno
menos…): cual si fuerzas y talento, conservados con la ayuda de
alguna mágica poción, no hubieran mermado en ninguno de los
integrantes de los equipos técnico y artístico de la franquicia,
el legendario arqueólogo “usamericano” capaz de aunar
inteligencia, audacia, fuerza y principios morales a prueba de
la más demoledora tentación, vuelve a embelesar en su última
entrega; y lo hace explotando todos y cada uno de los elementos
con que ya lo hizo en las
tres
entregas
anteriores
—defectos incluidos—, dado que, en definitiva, pocos son los
aspectos en que cabe encontrar diferencias evolutivas de ésta
con respecto a aquéllas.
Acción
a raudales, desarrollada a un ritmo vertiginoso y con un
manejo magistral de los resortes emocionales basados en lo
paroxístico de las situaciones de riesgo (incluido lo
inverosímil de la resolución de la mayoría de estas
situaciones, claro está); impulso de la trama conforme a un
esquema inmutable y de eficacia más que probada (de
auténtico manual, vaya) y sobre puntales bien definidos
(aunque, en este caso, las componentes esotéricas nos
acerquen más a los territorios transitados por Íker Jiménez
y sus acólitos que a otros a los que las entregas previas de
la saga nos habían habituado); gotitas muy bien dosificadas
de humor (excesivamente infantiloide, desde luego) y amor
(¿qué sería del bueno de Indy sin un romance sobrevolando la
acción?), para descansar, de vez en cuando, de tanta subida
y bajada como esta montaña rusa nos ofrece a lo largo de un
metraje que (marca típica de la casa) nos hace dudar
seriamente acerca del buen funcionamiento de nuestros
relojes. ¿124 minutos? Si yo juraría que entré en la sala
hace poco más de tres cuartos de hora. Habrá que revisar la
pila…
Lo que
no hay que revisar son las credenciales de los “facedores” del
invento. En plena forma, sin el más mínimo atisbo de duda, sin
que quepa rebajar sus méritos por el hecho de que nos
encontremos, de alguna manera, ante más de lo mismo. Y, muy
especialmente, un Harrison Ford
que hace escasas concesiones (las indispensables para aportar
alguno de esos apuntes —más bien, gotitas— de humor a las que
antes aludía) a la nostalgia, la evocación o el abandono. Lejos
de componer un héroe crepuscular y en retirada (de esos de los
que el cine de acción y aventuras ha proporcionado, a lo largo
de su historia, un buen puñado, con magníficos resultados),
Harrison-Indy se nos presenta como el de siempre. Sí,
ciertamente, con más arrugas y menos pelo, pero con idéntico
vigor y una capacidad para la acción absolutamente intacta.
Cuesta trabajo asimilar que por este hombre ha pasado el tiempo
que ha pasado desde
la última cruzada.
¿Realista, creíble? Esto, amigos, es cine de aventuras. Y del
mejor. Esos detalles no cotizan, ni al alza ni a la baja. Así
es, así funciona. Y en cuanto a su sucesor in pectore,
Shia LaBeouf
cumple. Sin especial
brillantez, pero cumple, lo cual no es poco, teniendo en cuenta
dónde está situado el listón del reto al que se enfrenta. Da una
réplica siempre atenta y eficiente a su incombustible
progenitor, y deja, claramente, la puerta abierta a su posible
conversión (misterio que sólo resolverá el futuro más o menos
inmediato —sobre todo, en la taquilla—) en el elemento encargado
de garantizar la posible continuidad de la saga.
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Tema distinto es si esa
continuidad puede tener sentido, o no. Desde un punto de vista
comercial, no abrigo ni el más mínimo punto de incertidumbre
acerca de ello: esta película va a proporcionar tales espuertas
de dinero a sus promotores, que ganas no les van a faltar; de
forma que esa opción es bastante previsible. Pero, ¿cabe un
Indiana Jones sin Harrison Ford? Eso es algo que tengo bastante
menos claro. En cualquier caso, y en evitación de futuros
sustos, no se priven de esta oportunidad. La subida de los
precios del petróleo, la crisis inmobiliaria, el estancamiento
del PIB… todo desaparece de un plumazo en cuanto resuenan los
primeros (y majestuosos) acordes del maestro
John Williams y el
latigo restalla sobre nuestras cabezas. ¿Y no habíamos quedado
en que en eso precisamente consistía el camelo ese de la “magia
del cine”? Pues eso…
Calificación:
    
Imágenes
de "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de
Cristal" - Copyright © 2008 Paramount Pictures y Lucasfilm.
Fotos por David James. Distribuida en España por Universal Pictures International
Spain. Todos los derechos
reservados.
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