CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
El logotipo de Lucasfilm y la
vieja montaña de la Paramount parpadean, en silencio, antes de
que el “Hound dog” de Elvis Presley llene la pantalla y
certifique que sí, que han pasado muchos años. ¿Demasiados?
¿Para Indiana Jones, para nosotros, para ambos? ¿Son
prescindibles los regresos? ¿No lo son más las expectativas y la
excesiva importancia dada a una simple película? A lo largo de
“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” se comenta
que el conocimiento es un valioso tesoro… y un arma peligrosa.
Así que, para verdaderos interesados en la nueva entrega de
Indy, recomiendo una mente vacía o al menos despreocupada de
rumores, opiniones, datos y especulaciones.
Para
mí resultó facilísimo regresar al universo que allá en los
ochenta idearon Steven Spielberg,
George Lucas
y Philip
Kaufman. Igual de
sencillo que constatar el paso de veinte años en ese mundo
desquiciado de finales de los cincuenta que, como siempre,
recrea con asombrosa pericia la puesta en escena del
director. Pero —¡ay, el pero!— también fue fácil sucumbir al
pánico de que mis pronósticos más suspicaces se iban
cumpliendo, mientras me repetía, como Indy, «esto no
huele bien». Y no lo digo por echarme flores —ya hubiese
querido yo sorpresas—, sino porque enseguida veo venir a
David Koepp,
responsable de los mayores destrozos de la película. El
guionista recae en sus técnicas habituales, basadas en
continuos golpes de efecto y escasa sutileza a la hora de
introducir y manejar personajes —prueba de ello es el soso
reencuentro entre Indiana (Harrison Ford)
y Marion (Karen Allen),
que podría haber ofrecido muchísima sustancia—.
A favor
de esta cuarta aventura, y porque después del susto inicial le
voy cogiendo cariño, se halla hora y tres cuartos de metraje
intrépido, divertido y, a ratos, artesanal, pues gracias al
manejo de Spielberg la historia de Koepp se complementa con
pasajes muy visuales —desde la pura acción hasta el slapstick—
y una atmósfera de misterio que oculta la estupidez supina de la
trama. Preciso: todos los detonantes de la saga, desde un punto
de vista arqueológico o sólo lógico, son estúpidos, pero esa
perspectiva no nos interesa. El problema del guión, y a pesar de
que recupera un tema cinematográfico muy en boga en la época que
retrata, es su proximidad a la ciencia ficción pura y dura,
frente a la fantasía predominante de las
tres
primeras
entregas.
Desde luego, no puede negarse que “Indiana Jones y el Reino de
la Calavera de Cristal” es hija de su padre. Pero tampoco que
estará a punto de convertirse en la película favorita de Iker
Jiménez.
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El
clímax de la narración presenta evidentes conexiones con
el resto de la filmografía de Spielberg, como si
quisiera apropiarse de un personaje que en realidad
surgió de la cabeza de Lucas. Repito que todo es válido,
siempre y cuando el tono no se tome demasiado en serio a
sí mismo, cosa que termina sucediendo para pasmo de
espectadores que, como yo, no sean muy amigos de esta
clase de argumentos. Y perdonen mi falta de explicitud a
cambio de respetar la intriga de una historia, por lo
demás, más previsible que un jeroglífico para niños. A
esta parte mala —quince minutos sólo, que nadie se me
queje— se suma un cierto abuso del efecto digital, a
pesar de que el propio Spielberg reconoció su deseo de
respetar la vieja manera de rodar las cintas de
aventuras. Curiosamente, esta ayuda pixelada
resalta en aspectos secundarios, como los múltiples
animales que pueblan las escenas, y no tanto en las
secuencias que en la actualidad abusan de
postproducción, como las carreras y las persecuciones
—salvo el viaje de Mutt (Shia LaBeouf)
de liana en liana, que parece rodado por la Disney—.
Antes de que el argumento
sobre la maldita calavera, demasiado presente como para ser un
simple MacGuffin, derive en una ida de olla a Camboya, la
sonrisa es larga y ancha para el fan y el menos fan. Bien es
cierto que algunos de los mejores chistes sólo se entenderán con
conocimiento de causa de la trilogía original, así como ciertos
detalles de atrezo, gestos y referencias que, en apariencia,
restarían personalidad a una película pendiente de sus
antecesoras. Por suerte eso no sucede y desfilan brillantes
momentos de tensión y humor, desde la carrera automovilística de
arranque hasta las correrías por la selva del Amazonas, sin
olvidar que, ante todo, “Indiana
Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”
es una historia de personajes. Y lo que Koepp pierde de vista
Spielberg lo arregla definiendo las reacciones y sentimientos de
los protagonistas mediante tics recurrentes y cuidadas
caracterizaciones.
Esto beneficia a
Harrison Ford, quien sortea con soltura el desgaste físico sin
lucirse gratuitamente; y a Shia LaBeouf, sobre el que se han
vertido odios escépticos que no comparto, pues el muchacho asume
sin afán de protagonismo su papel, entre la fachada de rocker
y la mirada tierna. Karen Allen, John Hurt,
Jim Broadbent —que
viene a cubrir el vacío dejado por el fallecido Marcus (Denholm
Elliott)— y Ray Winstone
—personaje prescindible— completan un cast demasiado
abultado, porque frente a ellos hay otra estrella,
Cate Blanchett,
que cumple con su rol de villana sin transmitir los escalofríos
o el temor de otros enemigos en el historial de Indiana. Aún
así, su flema resulta divertida y cierto acento paródico no
premeditado favorece a los duelos y peleas, al más puro estilo
sin pretensiones del cine clásico —me viene a la mente “Cinco
tumbas al Cairo” (1943)—.
A falta de un guionista mejor
y de una excusa más arqueológica —dentro de lo que cabe—,
Indiana Jones regresa en una película tan prescindible como
agradable. No se aportan datos biográficos que no hubiésemos
podido imaginar por nuestra cuenta, el ritmo a veces coquetea
con sus sucedáneos —la saga de "The mummy (La momia)"
o
la de "La búsqueda"—
y el final se abre, literalmente, a la ambigüedad de su futuro.
Pero volver a aspirar el hálito de un cine de entretenimiento
cercano, sin que ningún detalle se rinda a la nostalgia, y tener
de nuevo la oportunidad de sentarse frente a una pantalla como
un niño que quiere reírse y retorcerse a partes iguales, bien
vale una entrada.
Calificación:
    
Imágenes
de "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de
Cristal" - Copyright © 2008 Paramount Pictures y Lucasfilm.
Fotos por David James. Distribuida en España por Universal Pictures International
Spain. Todos los derechos
reservados.
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