CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Reconozco que soy una neófita
en el universo de Iron Man, por lo que aquellos que consideren
que resulta imprescindible conocer la obra en la que se inspira
una película para juzgarla, y más aún si se trata de un cómic,
pueden abandonar desde ya la lectura de esta crítica.
Lo indiscutible es que
el superhéroe de Stan Lee
y Jack Kirby
se enfrentaba a dos retos de considerable altura: primero, ser
uno de los pocos personajes principales de la Marvel que aún
quedaban por adaptar a la gran pantalla; y segundo, abrir la
veda de la temporada veraniega, que este año se presenta plagada
de referencias al noveno arte. Tamaña responsabilidad se la ha
tomado el director Jon Favreau
con, quizá, demasiada relajación, aunque en todo caso cumplidor:
“Iron Man” es un simple divertimento de tarde, una loa a un
héroe egocéntrico, Tony Stark, y un rápido trazado de apuntes
previos a la serialidad del producto. La película pierde
contenido, pero gana en soltura sin la densidad del hombre
asfixiado por sus remordimientos de conciencia —un estilo de
trama que el público no suele aceptar bien en una primera
entrega, como sucedió en la incomprendida "Hulk"
(2003) de Ang Lee—, y que, además, lo habría asemejado a
Batman,
otro hombre millonario acuciado por venganzas personales.
Parece
claro que, en lugar de enfangarse con una historia compleja
y un conflicto de muchas páginas, el guión explota al máximo
la presentación de héroe y villano, encarnados con precisión
por Robert Downey Jr.
y Jeff
Bridges —en
especial este último, casi irreconocible por su espesa barba
y el rapado de cabeza—. La fabricación y perfeccionamiento
del traje, con sus previsibles fallos —proceso que suelen
ahorrarse las adaptaciones, como los bocetos de "Spider-Man 2"
(2002)— añade humanidad a un protagonista que, a primeras,
carece de motivos sustanciales para pasarse al lado “bueno”.
Por ello resulta más interesante la introducción de la
cinta, que, tras un flashback donde se presenta el
disipado estilo de vida de Tony Stark, coloca al prepotente
magnate frente al cañón de las armas que fabrica su empresa.
El esquema de “señor de la guerra” que descubre de repente
los oscuros usos de su trabajo habría sido demasiado obvio y
aleccionador —sobran las polémicas sobre supuestas alusiones
al conflicto con Afganistán, asuntos en los que no mete la
cabeza una producción tan falta de pretensiones—.
En lugar
de eso, y a pesar de que los personajes se resientan de una
falta de poso dramático —sólo atisbado en lo que parece ser el
alcoholismo del héroe—, los diálogos y acciones de Stark
potencian su lado más carismático, que puede hacerse tan
espontáneo como insoportable. Del mismo modo, los lazos
afectivos con su jefe, reconvertido en Iron Monger, y su
secretaria Pepper Potts —la sosa Gwyneth
Paltrow de siempre—
pierden notoriedad en la trama y sólo rellenan un par de escenas
breves y estúpidas. Aunque peor habría sido regalar repentinos
sentimientos a flor de piel a un protagonista tan frívolo y
zambullirlo en la típica inercia de
escoge-a-la-chica-o-a-la-humanidad.
La temperatura del conjunto
no la eleva ni el color rojo trueno del traje de Iron Man, pues
la tecnología ocupa un papel destacado tanto dentro como fuera
de las imágenes. Los avanzados equipos con los que trabaja Stark
en su taller lo aíslan en mayor medida del resto de los
personajes —aunque se introduzca un robot cargante y poco
creíble—, ocasión ideal para que grandes marcas se ceben con
publicidad indirecta. El diseño de los efectos especiales, tal
vez por carecer de grandes combates, muestran un realismo
cercano al high-tech y a la ciencia que sólo pueden pagar
los ricachones de Malibu. Prescinde de los grandes efectismos,
no tanto de un score machacón, y confía en que la
personalidad de Stark no quede eclipsada por una armadura de
cuerpo entero y expresión agresiva, esfuerzo conseguido sólo a
medias desde el momento en que Iron Man parece haber nacido más
por hobby y capricho de un hombre de gustos caros —de ahí
la declaración que cierra el film— que para salvaguardar el
mundo —objetivo que demuestra en una escena en el desierto,
bastante satírica, por otra parte—.
Aviso para navegantes:
“Iron Man” no sólo constituye un aperitivo ligero y digno en el
horizonte de superhéroes que ya preparan sus arsenales, sino que
conecta de forma expresa con ellos.
Quienes aguanten pacientemente los créditos de cierre, conocerán
a un nuevo personaje clave en la sociedad Escudo que se menciona
a lo largo del metraje, y que también hará acto de presencia en
"El increíble Hulk"
(2008) de Louis Leterrier, donde se prevé un cameo de Tony
Stark. ¿Ganas de enlazar espectadores y, por ende, entradas, o
bien sencillas conexiones respetuosas dentro del universo
Marvel? Iron Man certifica que un envoltorio potente y atractivo
siempre viene avalado por mucho dinero.
Calificación:
    
Imágenes de "Iron Man" - Copyright © 2008 Marvel
Studios y Fairview Entertainment. Distribuida
en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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