CRÍTICA
por
José Arce
Llegará el día, es
inevitable, en el que la audiencia termine por rechazar
sistemáticamente toda producción que venga asociada a un nombre
asiático, al menos en el campo del terror espectral. La cuestión
es saber cuándo la industria hollywoodiense decidirá, de
una vez por todas, dejar de reciclar todo lo que haya sonado más
o menos a éxito en el aquel continente. Pero es que además,
lejos de limitarse a adaptar sus producciones, la maquinaria del
dólar también fagocita a los realizadores: el éxodo conoció su
primera ola comercial “americanizadora” a mediados de los
noventa, con John Woo, Tsui Hark, Ringo Lam y demás hoy
defenestrados, cuando no retornados a sus lugares de origen; los
siguientes en llegar, Hideo Nakata y los hermanos Pang, punta de
lanza del tan exprimido J-horror que continúa su
descalabro con una nueva adaptación, en esta ocasión de una
cinta tailandesa.
Ben (Joshua
Jackson) y Jane (Rachael
Taylor) acaban de
contraer matrimonio. Él es un fotógrafo reputado a pesar de su
juventud, y tiene asegurado un puesto en una empresa con sede en
Tokio, ciudad que conoce a la perfección y en la que tiene a sus
mejores amigos. Cuando la feliz pareja se traslada al país del
Sol Naciente, comienza a ser acosada por la visión de una mujer
a la que atropellan en un desgraciado accidente. Semejante punto
de partida ya de por sí provoca una desidia inicial en el
observador, sobresaturado con planteamientos de este calado en
los últimos años —o meses, incluso, tal es la celeridad con la
que nos bombardean con estas propuestas—. Obligadamente
constreñida por las solicitudes del espectador occidental,
“Retratos del más allá” vuelve a sacrificar todas las complejas
implicaciones ancestrales, sociales y culturales de
la cinta original en aras de la consecución de un pelotazo de taquilla a
todas luces imposible de lograr; unos cuantos planos con la
dichosa muchacha de ojos rasgados y largos cabellos morenos
pululando indecisa alrededor de los protagonistas, algún que
otro crujido, susurros en la noche y planos tramposos que
muestran algo que, cuando se enciende la luz, ya no está ahí.
Con este material, en el que no falta un trágico episodio del
pasado que implica directamente a la parte central del reparto y
alguna que otra muerte más o menos resultona, los responsables
del largometraje pretenden que el espectador se aferre a su
butaca presa de una constante inquietud, cuando lo único que
logran es que se revuelva incómodo deseoso de que la proyección
termine para poder olvidar el soporífero despropósito que acaba
de presenciar.
Lo
previsible de la trama desde el primer momento es, a estas
alturas, casi una cuestión irrelevante. Pero es que la
presentación es tan plana, sosa y reiterativa que
resulta casi más complicado lograr una apatía tal en la platea
que despertar en ella interés por lo que acontece.
Joshua Jackson continúa
involucionando como actor, demostrando una vez más que su
incapacidad para sacudirse el halo de actor eternamente
destinado a la pequeña pantalla, carente del más mínimo carisma
e incapaz de aportar una pizca de emoción a un papel que, por
otra parte y tal y como está planteado, no da mucho más de sí;
por su parte, Rachael Taylor, una de tantas escuálidas promesas
del cine reciente americano, trata de componer el que debería
ser el rol más poderoso del film, aunque finalmente todo queda
en un triste bosquejo deslavazado, prescindible y
definitivamente exterminable, débil e inane, de lo que se
pretende. John Hensley
y David Denman,
arrogantes y ridículos, reflejo descarado del triunfante talante
yanqui en tierras extranjeras, levantan, hay que reconocerlo, el
ánimo de un público deseoso de que el espíritu vengador los
aniquile sin compasión. ¿O de verdad pretenden que nos
identifiquemos con ellos y nos pongamos de su parte?
Sin alardes visuales
relevantes, con un montaje lineal simplón y una banda sonora
repetitiva y pretenciosamente dramática, poco más se puede
reseñar sobre este producto de consumo rápido —a pesar de su
lentitud narrativa—, desembarco de Masayuki
Ochiai en una fábrica
de los sueños decadente —al menos en lo que a la serie B
fantástica se refiere—, un director joven que tiene ante sí una
fugaz oportunidad de demostrar lo que vale como realizador
aunque posiblemente quede sumisamente aplastado en la rueda de
los remakes y los productos destinados a las estanterías
de los videoclubes. Sinceramente, ojalá no sea así.
Calificación:
    
Imágenes
de "Retratos del más allá" - Copyright ©
2008 Regency Enterprises, New Regency, Vertigo Entertainment y
Ozla Pictures. Fotos por Bill Kaye. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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