CÓMO SE HIZO "EL
INTERCAMBIO"
Notas de producción © 2008
Universal Pictures
1. El proyecto
La historia de Los Ángeles
está marcada por sensacionales relatos de corrupción,
encubrimientos y asesinatos durante los años que siguieron a la
fundación de la ciudad. Desde el juicio por violación y
asesinato de la joven actriz Virginia Rappe por Roscoe “Fatty”
Arbuckle en 1921, pasando por el secuestro del evangelista Aimee
Semple McPherson en 1926, hasta el asesinato de la Dalia Negra
en 1947, el escándalo ha formado parte de la vida diaria de la
ciudad, envolviendo a sus personalidades políticas en un aura
negativa. Pero fue la casi olvidada lucha de una mujer de clase
trabajadora para encontrar a su hijo desaparecido lo que, casi
80 años después, haría posible la unión de algunos de los
cineastas mejor considerados de Hollywood para contar su
historia. Nadie recordaba la increíble batalla librada por
Christine Collins hasta que un ex-periodista la redescubrió por
casualidad. Los enormes sótanos del Ayuntamiento de Los Ángeles
albergan casi cien años de historia en sus archivos, entre los
que se encuentran decenas de miles de páginas con los informes
sobre Christine Collins y las sesiones del Consejo Municipal de
Bienestar Social a finales de los años veinte del siglo pasado.
Cuentan la historia de la desaparición de Walter, su hijo de 9
años, y las enrevesadas maquinaciones del Departamento de
Policía de Los Ángeles durante y después de la más que
deficiente investigación. Hace unos cuantos años, el guionista
J. Michael Straczynski, que había trabajado para Los Angeles
Times, The Herald Examiner y Time, entre otras publicaciones,
descubrió la asombrosa historia de la mujer que detuvo la
maquinaria política de la ciudad. Ya se sabe que un periodista
depende de su fuente, y Michael Straczynski sabía que había algo
interesante cuando un viejo contacto suyo se puso contacto en
él. El guionista recuerda: “Una fuente que tenía en el
Ayuntamiento me llamó para decirme que estaban quemando archivos
viejos y que debería echar un vistazo a uno antes de que acabara
en la incineradora. Me fui allí corriendo y leí la transcripción
de la vista oral que celebró el Consejo Municipal de Bienestar
Social para el caso de Christine Collins. Empecé a leer el
testimonio y lo primero que pensé fue: ‘Esto no puede haber
pasado, debe haber un error’, y me quedé enganchado”.
En el año 1928, Los
Ángeles estaba en manos de una infraestructura política
despótica a cuya cabeza se encontraba el alcalde George E.
Cryer, respaldado por el jefe de policía James E. “Dos pistolas”
Davis (a menudo fotografiado adoptando una postura de matón con
sus dos pistolas) y su grupo de policías pistoleros que
aterrorizaban la ciudad. Pero el reinado del alcalde y del jefe
empezó a hacer aguas cuando Christine Collins, una madre soltera
que criaba a su hijo de 9 años en un barrio obrero denunció la
desaparición del niño. Después de meses de búsqueda, la policía
solo había obtenido una creciente publicidad negativa.
Cuando se encontró a un
chico en DeKalb, Illinois, que decía ser Walter, Christine y
todos los que participaban en la búsqueda contuvieron la
respiración. Después de ver las fotos, las autoridades estaban
convencidas de que el caso estaba resuelto. Christine reunió el
dinero necesario para traer al niño y la policía de Los Ángeles
organizó un auténtico montaje mediático para el reencuentro
entre el niño y la desesperada madre. Estaban convencidos de que
distraería la atención del público y alejaría la presión a la
que empezaban a estar sometidos por su incapacidad para resolver
este caso (y la mayoría de casos) y que además haría olvidar los
numerosos escándalos de corrupción.
Pero el problema fue que el niño en cuestión no era Walter.
A pesar de que Christine
Collins declaró inmediatamente y en repetidas ocasiones que el
niño no era su hijo, el agente encargado del caso, el capitán
J.J. Jones, según lo que ella contó en la vista ante el Consejo
Municipal, le dijo que “probara el niño un par semanas”.
Confundida y desorientada, aceptó. Y el caso se cerró.
A las tres semanas,
Christine Collins volvió con el niño diciendo que no era Walter
por mucho que dijera la policía. El capitán Jones no estaba
acostumbrado a que cuestionaran sus decisiones, y menos una
mujer. Con la aprobación tácita de Davis, el jefe de policía,
sometió a Christine a una campaña difamatoria y la hizo ingresar
en el ala de psiquiátrica del hospital del condado para no
reconocer su equivocación. Allí estuvo encerrada cinco horribles
días bajo un “Código 12” reservado para personas difíciles,
normalmente mujeres, a las que se ingresaba en el ala
psiquiátrica sin orden judicial.
El niño que dijo ser
Walter acabó reconociendo que tenía 12 años y que se llamaba
Arthur Hutchens (también usaba el alias de Billy Fields), un
chico del Oeste Medio que se había escapado de su casa y que
quería llegar a Hollywood para conocer a Tom Mix, su actor
favorito. Cuando oyó a alguien en un bar de carretera de
Illinois decir que tenía un parecido asombroso con el chico
Collins, se le ocurrió entregarse a las autoridades locales y
hacerse pasar por Walter para que Christine le pagara el billete
de autobús a Los Ángeles, le alojara y alimentara. Sin saberlo,
su plan desencadenaría una serie de acontecimientos que
cambiaría para siempre el comportamiento de la policía de Los
Ángeles.
Lo que al principio era
una historia interesante no tardó en convertirse en un relato
absorbente para J. Michael Straczynski a medida que iba
descubriendo más detalles. Dedicó un año a seguir el complicado
itinerario que recorrió Christine Collins durante siete años
para descubrir qué le había pasado a su hijo. Pero lo que
descubrió en los polvorientos archivos era mucho más grave que
la farsa ideada por el joven Arthur Hutchens. Había una historia
paralela, la de Gordon Northcott, un hombre depravado que
alternativamente reconocía y negaba haber matado a Walter, y la
del terrible y violento poder que ejercían las autoridades de
Los Ángeles en la época.
El guionista también
descubrió que un ministro presbiteriano llamado Gustav A.
Briegleb había ayudado a Christine Collins. Como una auténtica
espina clavada en el costado del sistema, el activista alentaba
a la gente a luchar contra la corrupción desde su programa de
radio y sus sermones. Trabajó con Christine y su abogado para
que el caso de Walter no se enterrara y para desvelar el
tratamiento inhumano al que había sido sometida en el ala
psiquiátrica. Consiguieron que varios líderes políticos
dimitieran y desenmascararon la corrupción que había invadido el
departamento de policía.
Christine Collins murió en
1935 sin saber lo que le había pasado a su hijo. El guionista J.
Michael Straczynski habla de su legado: “Todo se basa en el
deseo de Christine Collins por descubrir lo que pasó, en que
nunca se rindió, pasase lo que pasase. Nunca abandonó su
búsqueda. Su tenacidad le dio fuerzas para soportar cosas que
habrían roto a cualquiera, pero ella nunca dejó de luchar.
Quería rendirle un homenaje”.
Hablando del guión, dice:
“Mi intención era muy simple, quería honrar a Christine Collins.
Por lo tanto, debía contar la historia con la mayor honradez
posible, dejar patente que nunca perdió la esperanza y siguió
buscando a su hijo. Su simple pregunta: ‘¿Dónde está mi hijo?’
consiguió desmoronar toda la estructura municipal de Los
Ángeles”. Para hacer más veraz la historia, el guionista incluyó
frases sacadas del testimonio de Christine y de otras personas.
Una vez escrito el guión,
J. Michael Straczynski empezó a buscar a los cineastas y a la
actriz que estuvieran a la altura de esta pionera de la defensa
de las víctimas. Los encontró en Clint Eastwood, Imagine
Entertainment y Angelina Jolie.
Esta sorprendente historia
basada en hechos reales llamó la atención de los oscarizados
productores Brian Grazer y Ron Howard, a los que siempre se les
ha dado muy bien llevar historias verdaderas a la gran pantalla.
Basta con recordar éxitos como American Gangster, Una mente
maravillosa, Cinderella Man, el hombre que no se dejó tumbar,
Friday Night Lights y Apolo 13.
“Me entusiasma trabajar
con historias reales”, dice Brian Grazer. “Me gustó el tema de
EL INTERCAMBIO; me fascinó la época en que se desarrollaron los
acontecimientos, a pesar de que en muchas ocasiones ocurrían
cosas repugnantes. El hecho de ser real da mucha fuerza
emocional a la historia”.
Conscientes de que al
director y productor Clint Eastwood también le gustaba trabajar
con material basado en la realidad, le llamaron para hablar del
guión. “Me lo llevé porque me iba a Berlín”, recuerda el
director. “Lo leí durante el viaje de vuelta y me gustó mucho.
Llamé a Brian y a Ron nada más llegar para decirles que lo
haría, y me dijeron que Angelina Jolie lo había leído y quería
hacer el papel. Contesté: ‘Estaría genial, me gusta su trabajo’.
Y así fue, simple y directo”.
Rob Lorenz, el socio
productor de Clint Eastwood, también estaba entusiasmado con el
guión. “Al llegar a la página 15, me di cuenta de que era una
historia real. Joe se había molestado en insertar recortes de
prensa de la época cada 15 ó 20 páginas para recordarnos que
todo había ocurrido. No sólo me pareció una historia asombrosa,
también me sorprendió muchísimo que nadie la conociera”.
Con un guión al que Clint
Eastwood describió como “más extraño que la ficción”, su socio
Rob Lorenz y él decidieron unirse al equipo de Imagine
Entertainment para rodar esta cautivadora historia. Todos
querían que la oscarizada Angelina Jolie encarnase a la madre
cuya misión en la vida es buscar a su hijo desaparecido. El
director dice: “Angelina es única. Me recuerda mucho a algunas
actrices de la era dorada de los años cuarenta, Katharine
Hepburn, Ingrid Bergman, Bette Davis, Susan Hayward. Todas eran
únicas, tenían mucha presencia. Es una actriz tremenda”.
Ron Howard y Brian Grazer
también querían a Angelina Jolie. “Conseguí mi primer sueño, que
Clint Eastwood dirigiera la película”, dice Brian Grazer. “A
continuación, pensamos en Angelina Jolie. Era perfecta para el
papel. Sabe comunicar emociones, se mete en la piel de los
personajes”.
A pesar de la calidad de
los cineastas, la actriz no estaba convencida de querer
interpretar el papel de una madre a la que le secuestran a su
hijo. Era comprensible, ya que acababa de interpretar el
conmovedor papel de Marianne Pearl en Un corazón invencible.
Pero estaba dispuesta a leer el guión, y la historia de J.
Michael Straczynski le hizo cambiar de parecer.
“Es una historia
extraordinaria”, dice la actriz. “Cuando empecé a leerla, no
podía parar. Christine Collins fue una mujer admirable, pero
como actriz había muchas cosas en la historia donde no quería
meterme. No quería hacer una película acerca de un niño
desaparecido porque creo que puede ser peligroso dejar entrar
ciertas cosas en mi mundo, mis pensamientos. Pero me convenció
la fuerza que demostró tener esa mujer. Me gustó mucho la
historia porque expone la corrupción de los que están en el
poder”. Los cineastas debían buscar a los hombres y mujeres que
acompañarían a Angelina Jolie en su encarnación de Christine
Collins.
Durante la larga búsqueda
de Christine Collins, en la que debió enfrentarse a una opinión
pública cambiante, policías incrédulos y grupos de pistoleros,
aparecieron partidarios y detractores. Entre los primeros
estaban el reverendo Gustav Briegleb, pastor de las iglesias
presbiterianas de Saint Paul y Westlake en Los Ángeles, y el
abogado S.S. Hahn, conocido por defender casos criminales. Entre
los segundos, y durante los siete años que duró la
investigación, estaba el capitán J.J. Jones. El guionista J.
Michael Straczynski mantuvo los nombres de los personajes reales
siempre que fue posible y reunió en uno a varios personajes
típicos de Los Ángeles de la época.
El reverendo Briegleb era
considerado como un activista intrépido que actuaba de perro
guardián contra la desbocada corrupción de la municipalidad y la
industria del cine. El reverendo no dudaba en decir a sus
conciudadanos que se dejaban engañar demasiado fácilmente por la
policía, y que ya era hora de mirar más de cerca el
comportamiento de las fuerzas del orden. Gustav Briegleb,
interpretado por el conocido y gran actor John Malkovich, sabía
muy bien cómo funcionaba el mecanismo político municipal y tuvo
un papel de gran importancia en la búsqueda de Christine
Collins, hasta el punto de salvarle la vida (en la película).
Angelina Jolie explica que
su personaje y el del reverendo tuvieron “una amistad
maravillosa” en la realidad. Dice: “Era un hombre conocido en la
época; la ayudó y la guió. Le comunicó a Christine una sensación
de fuerza como sólo consigue una persona con autoridad. El
reverendo le dijo: ‘No está loca, esa gente no es buena. Puede
que sean la autoridad, pero no se merecen su respeto. Debe
cuestionar sus actuaciones’. La ayudó a encontrar su propia
voz”.
El director y productor
Clint Eastwood ya había trabajado con John Malkovich en la
dramática En la línea de fuego, y tenía ganas de volver a hacer
algo con el actor. “Hace mucho que me gusta el trabajo de John”,
dice el director. “Me pareció que sería interesante en ese
papel. John siempre aporta una cierta desestabilización, un
toque de extrañeza, es un camaleón”.
John Malkovich tenía ganas
de meterse en la piel de este cruzado de la justicia. Hablando
del activismo del reverendo, comenta: “Diría que está entre los
primeros ejemplos de cómo se puede hacer presión a través de los
medios. Briegleb tenía un programa de radio y daba sermones. Se
concentró en la policía de Los Ángeles y en lo que le parecía un
comportamiento vergonzoso”.
En opinión del reverendo
Briegleb, la policía de Los Ángeles en la década de 1920 era la
fuerza más violenta y corrupta “a este lado de las Rocosas”. El
actor cree que su personaje era un hombre que defendía la
justicia incluso cuando no era bien visto y podía ser peligroso.
Dice: “Me asombró leer la frase del jefe de policía Davis que
repite mi personaje: ‘Juzgaremos a los pistoleros en las calles
de Los Ángeles. No me los traigan vivos, los quiero muertos.
Cualquier agente que muestre la menor compasión merecerá una
reprimenda’”. Es posible que la presión ejercida por el jefe de
policía explique por qué intentaron resolver el caso Walter
Collins cuanto antes, sin tener en cuenta que el chico que
habían entregado a la madre no era el desaparecido.
El legendario letrado S.S.
Hahn, interpretado por GEOFF PIERSON, se encargó del caso
Collins y preparó el camino para la prohibición de los
encarcelamientos realizados bajo el famoso “Código 12”. Era
miembro de una prominente familia de Los Ángeles, de la que
destacaremos al famoso supervisor del condado de Los Ángeles,
Kenneth Hahn, y al penúltimo alcalde de la ciudad, James Hahn.
El actor Jeffrey Donovan
encarna al despiadado capitán de policía J.J. Jones, que obliga
a Christine Collins a aceptar al niño. A pesar de que la mujer
demandó a la ciudad y ganó el pleito, por lo que el municipio
debía indemnizarla con 10.800 dólares, nunca cobró un centavo.
El actor se sintió
fascinado por el hecho de que su personaje fuera real y por el
enorme poder que ostentaba. “Lo que le hizo a esa mujer es
impensable”, dice. “Cuando mi personaje decidió ingresarla en un
manicomio, le bastó con chascar los dedos, ni se molestó en
pedir una orden”.
La retorcida historia de
un carismático pederasta llamado Gordon Stewart Northcott se
mezcla con la desaparición de Walter Collins. En 1928, Sanford
Clark (EDDIE ALDERSON), el sobrino de 15 años de Gordon
Northcott (Jason Butler Harner), llevó a la policía a la granja
de pollos de su tío situada cerca de Wineville, California. Los
agentes, liderados por el detective Lester Ybarra (Michael
Kelly), hicieron un horrible descubrimiento: los cadáveres de
varios niños matados a hachazos y enterrados. Sanford Clark
afirmó que uno de ellos era Walter, pero nunca se pudo
demostrar.
La investigación sacó a la
luz la espeluznante vida que llevaban los Northcott en su
“granja de la muerte” y consiguió resolver algunos casos de
niños desaparecidos en la región. Se descubrió que Northcott, de
24 años, y su madre Sarah Louise Northcott, habían secuestrado,
torturado y matado a niños en su propiedad. El asesino en serie
fue condenado y ejecutado por la muerte de cuatro niños, aunque
se estima que mató a muchos más. El homicida, un narcisista
amante de la publicidad, jugó con Christine Collins hasta el día
de su ejecución cambiando constantemente de versión acerca de lo
que le hizo a Walter. La madre de Northcott fue condenada a
cadena perpetua en la prisión de San Quentin.
Cuando buscaba al actor
para encarnar a Northcott, Clint Eastwood se quedó asombrado
ante el parecido entre Jason Butler Harner y el infame asesino:
“Es irónico”, dice, “se parece al asesino en serie. Una vez
maquillado, el parecido es asombroso. Además, Jason es un actor
estupendo”.
Siempre es difícil
interpretar a un psicópata, pero el retorcido comportamiento de
Northcott con Christine Collins lo hacía aún más complicado, tal
como comenta el actor: “Desde el momento en que Gordon la ve en
el tribunal, empieza a jugar al gato y al ratón. La trata con
cierta familiaridad porque ella también sale en los titulares.
Para él, son almas gemelas”.
DENIS O’HARE da vida al
Dr. Jonathan Steel, el médico que gobierna brutalmente el ala
psiquiátrica del Hospital del Condado donde ingresa Christine
Collins bajo el famoso “Código 12”. El actor explica que “era
una excusa para castigar a cualquiera que discrepase,
protestase, causase problemas o pusiese objeciones a los métodos
de la policía, lo que abarcaba a mucha gente, sobre todo
mujeres”.
Una de las pacientes
forzosas del Dr. Steel es Carol Dexter, una prostituta cuya
relación con un policía acabó mal. Debe aguantar el tratamiento
vejatorio del personal del manicomio, y se convierte en una
inesperada ayuda para Christine después de su ingreso. Le
explica los mecanismos del lugar e intenta evitar que sufra los
mismos ultrajes por los que ha pasado. Para hacer de “paloma
sucia” (así llamaban en la época a las chicas de mala vida), el
director escogió a Amy Ryan, nominada por la Academia.
Después de su aclamada
interpretación en Adiós pequeña adiós, la actriz tenía ganas de
entrar en otro periodo de la historia de Estados Unidos. “Carol
le dice a Christine: ‘Si estamos locas, no hay que hacernos
caso’. Si una mujer tenía una opinión y se oponía a las
autoridades, debía estar loca. Por lo tanto, había que
encerrarla”, dice la actriz.
Angelina Jolie interpretó
a una paciente en un hospital psiquiátrico en Inocencia
interrumpida (por lo que ganó el Oscar en 1999), y dice: “La
última vez que estuve en un hospital psiquiátrico en una
película, mi personaje era parecido al de Amy. Era la más
dinámica, la más divertida”.
Para dar cuerpo a la
historia, el guionista reunió a varias personas en un solo
personaje. El productor Robert Lorenz dice: “Joe hizo un trabajo
excelente a la hora de ordenar los hechos y de crear personajes
compuestos por varias personas para empujar la historia hacia
delante. Es increíble ver lo bien que encajan porque partió de
la realidad”. Entre estos personajes está el detective Lester
Ybarra, que resuelve el caso Northcott y establece una posible
relación con Walter Collins. También imaginó la vida del jefe de
policía James E. Davis (interpretado por Colm Feore), que habría
preferido que Christine Collins desapareciese.
Por último mencionaremos
al joven actor GATTLIN GRIFFITH, que encarna a Walter a los 9
años, y a DEVON CONTI, que da vida a Arthur Hutchens, el chico
de 12 años que intenta suplantarle.
2.
El diseño
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Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Malpaso Productions.
Fotos por Tony Rivetti Jr. Distribuida en España por Universal Pictures International
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