CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
La
naturaleza sin adulterar
Siempre
resulta atrayente que una cinta de China llegue a nuestra
cartelera, y más aún si conserva la sencillez de una mirada pura
e inocente que se acerca a la realidad más tradicional y
profunda de ese gran país. El viaje que emprende el juez Feng a
la provincia de Yunnan es el último de su dilatada carrera. En
su gira anual a ese cantón del sudoeste de China va acompañado
de su secretaria Yang y del joven Ah-Luo, que acaba de salir de
la universidad y planea casarse en uno de los pueblos. Los tres
se ponen en camino con la intención de impartir justicia en
lugares de culturas y tradiciones ancestrales, donde la
superstición convive con la humanidad, y donde los conflictos se
dirimen por leyes no escritas bajo la autoridad de ese tribunal
ambulante.
Con un tempo
lento y una actitud contemplativa, el debutante Liu Jie
nos lleva por peligrosos senderos hasta rincones apenas
explorados de una China rural, por hermosos desfiladeros y altas
montañas que son todo un reto para el individuo, minúsculo en
tan extenso territorio pero grande cuando la cámara se acerca a
cada una de esas minorías étnicas. Porque las localizaciones son
ciertamente de gran belleza, pero el director sabe no perderse
en ellas y evitar que se conviertan en estampas de promoción
turística. En cambio, Liu Jie sí pone todo el interés en recoger
la sencillez de unos modos de vida que atienden más al sentido
de supervivencia y a los buenos sentimientos que a cualquier
normativa legal o a la fría burocracia. No sólo se entretiene en
mostrarnos algunos de los casos con un sentido del humor tan
esperpéntico como desconcertante, sino que también se acerca a
los personajes con una enorme delicadeza y sensibilidad.
A través del
trío protagonista queda reflejado un mundo en transición desde
la tradición a la modernidad. El juez Feng encarna la sabiduría
y astucia de la experiencia a la hora de resolver los
conflictos, y un conocimiento profundo de las personas y de las
particularidad locales; Ah-Luo se nos muestra con un ímpetu
juvenil que busca resolverlo todo con la aplicación frontal e
intransigente de la ley; y Yang es el mejor modelo de fiel
compañera que compensa la energía de su jefe con paciencia y
mansedumbre, y que lleva veinte años queriendo mostrar sus
sentimientos al juez. Una callada y delicada historia de amor
apenas insinuada, dos personas que hacen su último viaje
poniendo orden en los pueblos pero que no saben hacerlo en sus
vidas, y otra que anuncia nuevos e inciertos tiempos para la
China del siglo XXI. El largometraje comienza como una
concatenación casi cómica de situaciones de lo más disparatadas,
como la del cerdo "acusado" de remover los restos de los
antepasados de un campesino o el robo del escudo del Estado,
pero va cogiendo cuerpo dramático conforme avanza y logra
algunas escenas llenas de ternura y aire cargado de nostalgia,
hasta desembocar en un trágico final con sabor metafórico al
aludir al penoso sistema judicial chino (simbolizado en el
escudo que porta el juez).
Una realidad
tan primigenia no podía ser filmada con artificio formal ni con
un elaborado montaje, que le hubieran quitado su frescura
natural. Por eso, la sencillez de sus personajes encuentra su
correlato en una planificación transparente que no quita
protagonismo al tema, con preferencia por los planos fijos y por
una cámara que se sitúa discretamente donde pueda recoger los
encuentros sin interferir. La fotografía y la ausencia de música
incorporada desde fuera aportan el naturalismo que la historia
encierra, con momentos de contenida y soterrada emoción, en
especial entre Feng y Yang.
Está claro
que no nos encontramos ante una película que busque de frente el
entretenimiento ni que ceda ante las exigencias de la taquilla,
sino más bien ante una mirada un tanto crítica y aparentemente
ingenua a una de las realidades que vive la China actual. Una
mirada pura y sin contaminar de occidentalismo para una cinta
que camina a ritmo lento y con algún altibajo narrativo, bien
interpretada por la pareja protagonista, y magníficamente
fotografiada por Harrison Zhang. Una cinta cómica al
principio y poética al final, bien contada pero que tarda en
alcanzar su sentido pleno, ardua, tediosa e incluso aburrida
para quien no esté acostumbrado al cine oriental sin adulterar
(nada que ver con Wong Kar Wai, Zhang Yimou o Ang Lee),
meritoria y auténtica en su original historia y en su
costumbrista puesta en escena.
Calificación:
    
Imágenes
de "El último viaje del juez Feng" - Copyright ©
2006 3C Films, IC Films y Beijing Children's Art Theater. Distribuida en
España por Karma Films. Todos los derechos
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