CÓMO SE HIZO "EL DESAFÍO:
FROST CONTRA NIXON"
Notas de producción © 2008
Universal Pictures
1. El proyecto
El dramaturgo y guionista
Peter Morgan entró en contacto con el mundo de David Frost y de
Richard Nixon en 1992. Vio un programa biográfico del
presentador y le fascinó lo que David Frost había sido capaz de
conseguir del famoso y astuto personaje en las famosas “David
Frost entrevista a Richard Nixon”, emitidas en 1977. Tal como le
dijo el guionista al periodista Richard Brooks en una entrevista
publicada en el Sunday Times en julio de 2006 “me sentí empujado
por la imagen de esos dos hombres. El glamuroso Frost, a 15.000
metros en el aire, yendo de un lado a otro del Atlántico en el
Concorde. Y Nixon, encerrado en una cueva y para quien la vida
no era nada fácil”. El dramaturgo y guionista siempre se había
sentido atraído por las figuras históricas complejas, como la
reina Isabel II, Idi Amin Dada y Enrique VIII. Empezó a estudiar
a Richard Nixon y a su mayor, y quizá más inesperado
antagonista, David Frost. El presentador, auténtico playboy de
la televisión británica, apostó su credibilidad y su carrera a
cambio de la oportunidad de obtener una confesión durante las
entrevistas. El contraste de la vida de ambos intrigó a Peter
Morgan, que estaba convencido de que la historia podía
convertirse en una obra de teatro, siempre y cuando las
entrevistas se presentaran como “una pelea entre gladiadores,
con las palabras y las ideas como únicas armas”. Peter Morgan
empezó a documentarse: “Me di cuenta de que ambos campos se
preparaban como lo hacen dos jugadores de ajedrez o dos
boxeadores, había mucha estrategia. Pensé que sería posible
redactar las escenas de las entrevistas con las palabras que
usaron y darles un giro para obtener las subidas y bajadas de un
auténtico enfrentamiento”. Al estudiar a los dos personajes,
descubrió algo que le sería muy útil a la hora de escribir la
obra: eran totalmente opuestos en cosas básicas. Explica: “Si se
separa al Nixon ser humano del Nixon político, es imposible no
sentir compasión por alguien para quien la vida en sí era
difícil, la comunicación, la amistad... Al otro lado tenemos a
David Frost, alguien para quien comunicar era innato, como lo
era hacer amigos y caer bien. Nixon era todo lo contrario; no se
fiaba de nadie, se sentía herido, es probable que no tuviera
muchos amigos íntimos, no era feliz en su matrimonio, estaba
solo”.
El dramaturgo
también cree que el presentador, conocido por su ironía, humor y
capacidad de adulación, era más capaz de lo que dejaba entrever:
“Frost era muy inseguro intelectualmente”, dice. “No le tomaban
en serio”. Y refiriéndose al entrevistado, subraya: “Hay algo
que no puede decirse de Nixon, y es que fuera un estúpido. Tenía
un gran intelecto”. Peter Morgan, con los ingredientes en la
mano, empezó a entusiasmarse.
Mientras
redactaba la obra, el dramaturgo se entrevistó en repetidas
ocasiones con sir David Frost y con muchas de las personas que
participaron en esas entrevistas y que aparecen representadas en
la obra de teatro que se estrenó en el West End de Londres. Tal
como dijo a Gareth McLean en la entrevista que publicó el
Guardian en agosto de 2006: “Cada uno me contaba la historia a
su manera. Incluso las personas que estuvieron presentes en las
entrevistas tienen versiones diferentes. No hay una sola verdad
acerca de lo que pasó detrás de la cámara o entre bambalinas. No
me preocupó que mi imaginación participara en la historia”.
David Frost
personificaba un tema recurrente mientras Peter Morgan escribía
la obra: la creciente influencia y borrosa responsabilidad del
cuarto estado a la hora de influir en la opinión pública, algo
tan relevante ahora como lo era en la época posterior al caso
Watergate, cuando se grabaron las entrevistas Frost/Nixon, e
incluso antes en la historia estadounidense.
Desde la
primera “Charla al lado del hogar” de Franklin D. Roosevelt
emitida por la radio en marzo de 1933, temas que van desde las
crisis bancarias y la seguridad nacional hasta la última guerra
y/o conflicto han estado al alcance de un público hambriento.
Hacía tiempo que los políticos se esforzaban en controlar los
medios mediante mensajes perfectos, pero con la penetración de
la televisión, nació un nuevo método para ganarse a la opinión
pública. El concepto ofrecía un amplio margen dramático a Peter
Morgan.
El escritor
intentó descubrir hasta qué punto el medio televisivo había
afectado a la idea que se tenía de Frost y de Nixon. Le
sorprendió ver hasta qué punto les cambió la televisión y cómo
sabían manejar el medio.
En numerosas
ocasiones, la televisión había sido la enemiga de Nixon durante
su carrera, pero también había sido su gran aliada en su ascenso
al poder. En septiembre de 1952, la había usado con maestría
durante el “Checkers Speech”, un discurso sentimental para
defenderse del escándalo ético en el que estaba metido y que
casi le impidió presentarse como vicepresidente de la
candidatura republicana. Se mostró austero y directo, un
auténtico producto de su educación cuáquera. A petición de
Eisenhower, en marzo de 1954, el entonces vicepresidente
manipuló con brillantez a los medios con su poderoso discurso
durante la comisión de investigación a McCarthy, haciendo
tambalear a un hombre que muchos consideraban sin tacha.
Pero la
televisión no siempre fue su aliada. Los debates entre Nixon y
Kennedy emitidos en 1960 marcaron el principio de una nueva era
en la que los políticos podían presentar un mensaje que sería
analizado por los expertos. Nixon, sudoroso y con el maquillaje
corrido, fue el gran perdedor ante un JFK impecable y tranquilo.
A partir de ese día, no se juzgaría a los candidatos por su
experiencia, sino por su atractivo televisivo.
Con el tiempo
Nixon acabó ganando el sillón presidencial. Desde su reunión con
el presidente Nguyen Van Thieu en Vietnam del Sur, en julio de
1969, hasta la otra histórica reunión con el presidente Mao
Zedong, se esforzó en ser lo más televisivo posible. Pero
entonces salió a la luz el caso Watergate.
La fuerza con
que la televisión atacó a Nixon pudo con los éxitos de dos
mandatos. Pasaron los años y las razones que le obligaron a
dimitir empezaron a olvidarse. El 9 de agosto de 1974, el ex
presidente empezó a buscar a través de su representante, el
legendario hollywoodiense Irving “Swifty” Lazar, la forma de
recordar sus logros a sus compatriotas. Nixon estaba dispuesto a
dar otra oportunidad al poderoso medio para ayudarle o
traicionarle. Siempre y cuando él pusiera las condiciones y
escogiera al que le parecía el oponente más débil.
David Frost
empezó trabajando en la televisión como un joven cómico cuyo
boyante entusiasmo equilibraba con sarcasmo los terribles
acontecimientos del “falso” programa de noticias “That Was the
Week That Was” (Así fue la semana que fue). La innovadora sátira
fue víctima de los políticos con los que se metía ya que,
durante la campaña electoral, la BBC canceló el programa por
miedo a que fuera una “influencia nefasta”. A continuación,
David Frost trabajó en la versión estadounidense entre 1964 y
1965.
A finales de
los años sesenta encabezó “The Frost Programme”, para la ITV
británica. Fue un precursor de los “juicios televisivos” que se
convirtieron en un auténtico género. También representó un
cambio total para el cómico. Se le empezó a considerar un
entrevistador serio. Pero la atracción de la fama en Estados
Unidos fue más fuerte. Entre 1969 y 1972 se convirtió en el
presentador del programa “The David Frost Show”, por donde
pasaron invitados de la talla de Richard Burton y los Rolling
Stones. El programa acabó y no pudo encontrar trabajo en otra
cadena.
Presentó otro
programa de celebridades en Australia, pero deseaba volver a
trabajar en Estados Unidos y que le tomaran en serio. Cuando se
le ocurrió la idea de entrevistar a Richard Nixon, tuvo que
convencer a varias personas de que era el hombre adecuado.
Irónicamente, su reputación de “peso ligero” fue la razón por la
que Nixon aceptó la serie de entrevistas.
Cuando se
emitió el especial, la clase política se dio cuenta del terrible
poder de un primer plano y de la presión aplicada a Nixon para
hacerle confesar. A partir de ese día, ya no se usó la pequeña
pantalla para mandar mensajes, sino para ofrecer un paquete
“personalidad más físico”, que a menudo sustituiría un discurso
serio.
El poder del
medio y su influencia en la política fascinó a Peter Morgan, que
lo convertiría en el tema principal de la obra. El dramaturgo
era consciente de que se examinaría el medio televisivo. Tal
como dice, los dos hombres tiraron los dados y se jugaron el
todo por el todo. Nixon confiaba en sus formidables dotes de
negociador y estadista. Frost contaba con el don de hacer hablar
a la gente y revelar lo que quizá no hubieran querido. Esos dos
ingredientes garantizaban un buen programa.
Las
entrevistas Frost/Nixon, según el guionista James Reston,
“siguen siendo el programa político más visto en la historia de
la televisión”, con más de 45 millones de telespectadores. Fue
la última aparición televisiva de Richard Nixon antes de su
muerte en abril de 1994.
La obra de
Peter Morgan se estrenó en el Donmar Warehouse del West End
londinense el 10 de agosto de 2006, dirigida por Michael
Grandage. Uno de los principales críticos teatrales de
Inglaterra, Benedict Nightingale, de The London Times, escribió:
“Demos la bienvenida a la absorbente dirección de Michael
Grandage de una obra que anoche consiguió dos cosas inesperadas.
Mostró a David Frost dejando de lado su pelaje de gato
callejero, sacar las uñas y convertirse en un tigre de la talla
de cualquier Humphry o Paxman. Y despertó una cierta compasión
por su poco simpática presa, Richard Nixon... Como ocurre a
menudo con el docudrama, no se sabe hasta qué punto puede uno
fiarse de ‘Frost/Nixon’, pero es imposible dudar de la
autenticidad y fuerza de su final... Realidad o ficción, es un
drama fascinante”.
Frank
Langella y Michael Sheen interpretan a Richard Nixon y a David
Frost, respectivamente. Crearon sus papeles para el estreno
londinense y volvieron a meterse en la piel de los personajes en
Broadway. Frank Langella obtuvo un Tony por su encarnación del
presidente. Los actores se habían familiarizado con los gestos y
excentricidades de sus personajes y, todavía más importante,
habían estudiado la relación que surgió entre los dos
antagonistas durante sus breves encuentros televisivos.
Era muy
importante que David Frost apoyara el proyecto. El periodista es
el propietario de los derechos de las entrevistas y de cualquier
interpretación creativa de las mismas, incluso en el escenario.
Para asegurarse de que “Frost/Nixon” fuera una obra de teatro, y
no una biografía autorizada, David Frost entendió que no debería
ejercer control editorial sobre la obra. Sin embargo, se le
pidió que asesorase los hechos en su contexto histórico.
Reconoce que quedó bastante satisfecho con los resultados.
David Frost
no deseaba que la historia fuera una repetición exacta de los
hechos, sino que se contara con justicia. Recuerda la primera
vez que vio a Michael Sheen interpretándole: “Durante los
primeros 20 minutos me sentí bastante raro viendo a alguien
haciendo de mí. Poco a poco empecé a pensar que no era yo, sino
el personaje de Frost. Estaba más interesado en el contenido y
en que se hubiera respetado dicho contenido”.
El viaje que
llevaría a la obra del escenario a la gran pantalla empezó
cuando dos cineastas estadounidenses fueron al West End a verla.
“Creo que todo ocurrió en el segundo ensayo general en Londres,
al que asistieron un director y un productor. Me llamaron
inmediatamente. Estaban realmente interesados y convencidos de
que se podía filmar”, recuerda Peter Morgan. Pero, en principio,
no creía que “Frost/Nixon” pudiera convertirse en un guión.
“Había escrito guiones antes. Pero en este caso, me había
esforzado para que no fuera adaptable. Había partes muy
teatrales porque quería que solo fuera una obra de teatro”. Por
suerte, el autor empezó a cambiar de parecer.
Los cineastas
interesados en llevar la obra al cine eran Ron Howard y Brian
Grazer, de Imagine Entertainment. Al asociarse con Tim Bevan y
Eric Fellner, de Working Title Films, pudieron ofrecer un
acuerdo que dejó atrás propuestas de otros directores y
productores. Los cuatro quedaron impresionados por “esta
historia basada en personajes y en la intensidad del conflicto
entre los dos hombres”, dice Peter Howard.
Hablando del
material, el dramaturgo dice: “Millones de personas en todo el
mundo siguieron las entrevistas, pero el auténtico drama era la
dinámica que surgió entre los dos hombres y que muy poca gente
entendió. Fue una batalla entre dos mentes en la que cada uno
luchaba por salvar su vida profesional y en la que solo podía
haber un vencedor”.
A Ron Howard
no le preocupaba que fuera una obra de teatro; estaba convencido
de que la historia podía trasladarse a otro medio. “No me
preocupaba tanto abrir la historia visualmente, como hacer que
sonara sincera en un mundo con el que podíamos identificarnos”.
Mientras
tanto, la obra “Frost/Nixon”, después de su éxito londinense, se
estrenó en el Bernard B. Jacobs Theatre de Broadway en abril de
2007. El director Michael Grandage fue nominado a un Tony y a un
Drama Desk al Mejor Director. La obra fue nominada a un Tony y a
un Drama Desk al Mejor Drama, y Frank Langella se llevó ambos
premios por su interpretación. Michael Sheen fue nominado, entre
otros, al Drama League a la Mejor Interpretación y, en Londres,
fue nominado al Premio Olivier y al Premio del Evening Standard.
Imagine y
Working Title encargaron el guión a Peter Morgan y este se puso
a trabajar. Recuerda: “Mientras escribía la obra, viajé a
Washington DC para hablar con Jim Reston y Bob Zelnick. Conocí a
Kissinger, pero me limité a la Costa Este”.
Para
documentarse para el guión, debería viajar más lejos. “No había
visto la Costa Oeste”, dice. “No conocía el lugar donde se
habían rodado las entrevistas en el condado de Orange, en
California. No había estado en el Museo Nixon, ni en la
Biblioteca Nixon, ni en la Fundación Nixon. No había visto el
helicóptero, no conocía a la gente que trabajaba con él. No
había estado en el republicano condado de Orange, ni en San
Clemente. Fue genial verlo todo, y además me acompañó Ron
después de comprometerse a dirigir la película”.
El resultado
fue un guión, por mucho que Peter Morgan pensara que no era
posible adaptar la obra de teatro. “Estaban convencidos, tan
convencidos, que acabaron por hacerme creer que quizá podía
hacerse una película”, explica. El guión satisfizo plenamente al
director y a los productores.
“Lo que Peter
Morgan nos ha dado, primero con la obra de teatro y ahora con el
guión”, dice el director Ron Howard, “es una historia muy rica.
Es divertida, inteligente, pero sobre todo es intensa y llena de
suspense”.
El autor se
quedó muy sorprendido al ver sus palabras plasmadas en la
pantalla: “Me gusta la forma en que Ron ha conseguido hacer
accesible un material muy difícil. Ha tenido el don de saber
democratizar una historia que habría podido ser demasiado
compleja, y convertirla en algo que apetece ver en el cine. Es
lo que yo deseaba. No quería que fuera una de esas películas
reservadas a unos cuantos”.
La última
representación de “Frost/Nixon” en Broadway tuvo lugar el 19 de
agosto de 2007, unos cuatro meses después del estreno. El rodaje
empezó cinco días más tarde.
2.
El reparto
>>
Imágenes
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Entertainment, Working Title Films, Studio Canal y Relativity
Media. Fotos por Ralph Nelson. Distribuida en España por
Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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