CÓMO SE HIZO "CINTURÓN
ROJO"
Notas de producción ©
2008
Sony
Pictures
El guionista y director David Mamet, quien jamás ha sentido
miedo de recorrer los caminos menos transitados, ha vuelto a
alejarse de nuevo de los convencionalismos para crear la
película Cinturón Rojo, un proyecto que trata por todos los
medios de dejar bien en claro que “no es una película de artes
marciales”. En su lugar, Cinturón Rojo aborda temas intemporales
como el honor y el respeto a través del arte del Jiu-Jitsu
brasileño y del deporte de las artes marciales mixtas, en rápida
expansión, dos temas que jamás han aparecido en una
superproducción. Pero no se trata de sacar tajada de la última
moda del mundo del deporte; el amor y respeto de Mamet por el
jiu-jitsu se remonta a hace cinco años, cuando este ex-luchador
en el instituto, boxeador y profesional del kung fu empezó a
estudiar Jiu-Jitsu brasileño en Los Ángeles junto a Renato
Magno, cinturón negro y coreógrafo de los combates de Cinturón
Rojo. Pero ¿cuál es la esencia de esta arte marcial originaria
de Japón y perfeccionada en Brasil? “El jiu-Jitsu es un arte
marcial al igual que lo son el boxeo o el savate (kickboxing
francés)”, explica Mamet. “Lo principal del Jiu-Jitsu es que el
entendimiento vencerá a la fuerza. Y aunque es filosófico,
realmente es extraordinariamente práctico. No uses más fuerza de
la que necesitas; el conocimiento conquistará a la fuerza. Si
tomas dos fuerzas y las enfrentas, una de ellas será una fuerza
perdida, de modo que una de ellas acabará perdiendo fuelle. Si
tienes un tipo más fuerte y otro más débil y el más débil puede
agotar al más fuerte, dejarle sin fuelle, el más débil podrá
poner entonces en práctica sus dotes. Es como si (John) Machado
me estuviera diciendo “el jiu-jitsu no te pone a prueba de
puñetazos. Lo que hace es darte la oportunidad en el último
momento para poder dar la vuelta al combate”. Mamet, actualmente
cinturón azul de Jiu-Jitsu, pronto se vio absorbido por las
técnicas y filosofías del arte, y cuando está sobre el tatami,
no le importa nada más. “Es aterrador”, exclamó Chiwetel
Ejiofor, estrella protagonista de Cinturón Rojo. “Se le pone una
mirada como de no andarse con tonterías y después se lanza. Le
he visto abalanzarse, y es fuerte y tiene mucha maña”. E incluso
mucho más que aprender las bases, Mamet se sintió fascinado por
la cultura y la gente que rodea al Jiu-Jitsu, lo que le inspiró
a documentar lo que había visto y aprendido.
“Decidí bastante pronto en mi
experiencia con el Jiu-Jitsu que el mundo era fascinante porque
trasciende muchos estratos sociales distintos”, ha expresado.
“Los tipos con los que entrenas, algunos son polis, otros
gorilas, otros miembros de las fuerzas de élite de la marina o
tipos del SWAT. Algunos eran dobles de cine y otros éramos gente
normal que simplemente queríamos aprender a defendernos. Me
sentí inspirado porque quería escribir una historia acerca de
esta gente, escribir una historia acerca de estos luchadores,
pero me llevó un tiempo saber cuál sería la historia”.
Finalmente, Mamet comenzó a
escribir y, como lo quiso el destino, la historia acabó cerca de
casa, en Hollywood, con la Academia de Jiu-Jitsu propiedad del
protagonista de la cinta, Mike Terry (interpretado por Chiwetel
Ejiofor), como el núcleo donde siempre acaba llegando la acción.
“En Hollywood hay una gran
influencia entre las artes marciales y la industria del cine. El
negocio del celuloide tiene películas en las que suceden peleas
y en las que aparecen especialistas, y prácticamente todos ellos
estudian artes marciales mixtas por diferentes motivos. Además,
las estrellas de cine también necesitan gente que les proteja,
de modo que cuentan con gorilas y guardas de seguridad y toda la
pesca. Y Cinturón Rojo es la historia de estas personas tan
diferentes que se encuentran a través de la academia. Así que no
es tanto que decidiera ambientarla en Hollywood, sino que me
puse a buscar la cultura de las artes marciales en Hollywood y
escribir acerca de ella”.
Mientras elaboraba el guión,
dos influencias muy distintas y nada convencionales tiñeron el
trabajo de Mamet. “Una es la película del samurai, acerca del
héroe sin nombre, popularizada por Clint Eastwood”, explica
Mamet. “Pero en realidad lo que esa película es, ese spaghetti
western, es Sanjuro Yojimbo, el compañero, el guerrero solitario
que tantas veces hizo Akira Kurosawa. Y la otra influencia es el
cine de combate americano, cine negro. Una película como la
original “Noche en la ciudad” (“Night and the City”) o “Más dura
será la caída” (“The Harder They Fall”) o “The Set-up” o
“Champion” o “Marcado por el odio” (“Somebody Up There Likes
Me”) o la historia de Jake La Motta, “Toro salvaje” (“Raging
Bull”).
En el corazón de Cinturón
Rojo se encuentra su protagonista, Mike Terry, un veterano de la
guerra del Golfo que posee y gestiona una escuela Jiu-Jitsu que
lucha por salir adelante, pero que también vive con un código de
honor que transmite a sus pupilos.
“Mike Terry es un tipo sin
dobleces en muchos sentidos, lo cual no quiere decir que sea
simple”, dice Ejiofor. “Pero es un tipo sencillo y tiene una
existencia en Los Ángeles que para él tiene sentido, como
profesor en su escuela. Enseña Jiu-Jitsu de una forma
increíblemente seria basándose tanto en su propia experiencia,
conocimiento y percepción como en su creencia en las filosofías
del Jiu-Jitsu. Intenta aplicar esos valores en su vida, incluso
cuando la situación parece hacerlo imposible. Evidentemente, las
situaciones así se conspiran en la acomodada vida de Los
Ángeles”.
El código de vida de Terry
incluye el dicho de que “la competición debilita al luchador”.
Así, a pesar de las grandes tentaciones económicas que supone
luchar en el circuito profesional de las artes marciales mixtas,
Terry permanece fiel a su arte y a sus convicciones morales. Sin
embargo, a lo largo de la película, Terry se verá obligado a
cuestionarse esas convicciones y acabará saltándose su código.
“La película trata acerca de
un tipo que no forma a los luchadores para competir, sino, como
él dice, para que prevalezcan, y les instruye para salir del
callejón y no saltar al cuadrilátero, pero finalmente él se ve
obligado a participar en una competición. De modo que en cierto
sentido es una película de samuráis porque se ha dedicado a una
vocación superior. Si eres cura y te dedicas a una vocación
superior, haces voto de pobreza. Es lo que haces, y sabes que si
te haces cura haces voto de pobreza. De modo que este tipo hace,
en efecto, un voto de pobreza y, debido a determinados hechos,
debe renunciar a dicho voto; no porque se haya vuelto codicioso,
sino porque determinados actos suyos provocaron una necesidad de
dinero en su vida para su mujer y la gente de la que es
responsable, por lo que debe dejar de lado ese voto de pobreza y
le suceden ciertas cosas”.
Sólo faltaba una cosa, y
Mamet pronto encontró la pieza que completaría el rompecabezas
de su historia. “Es un guión que siempre estuvo como buscando el
gancho, eso que realmente hiciera que tuviera sentido”, afirma
el productor Chrisann Verges. “Y en el momento en que (Mamet)
tuvo la idea de las tres canicas y escoger cuál será tu
desventaja, le vino todo lo demás”.
En la historia de Mamet,
Terry realiza un ritual en su gimnasio aprendido de su profesor
de Jiu-Jitsu (interpretado por Dan Inosanto). Se colocan tres
canicas, una negra y dos blancas, en un cuenco. Antes de la
lucha, los combatientes sacan una canica del cuenco. Si resulta
ser blanca, el luchador emprenderá una lucha normal con todas
las extremidades. De lo contrario, si resulta ser negra, deberá
luchar con una desventaja, como por ejemplo con una mano atada.
Este ritual tiene una función clave a lo largo de toda la
película, y ató todos los cabos sueltos de Mamet, que acabó el
guión de Cinturón Rojo y después se embarcó en la aventura de
hacer la película. Sin embargo, no sería cosa fácil.
“En este momento”, recuerda
Verges, “casi nadie estaba interesado en hacer una película
acerca de artes marciales mixtas”. En Hollywood, las películas
de acción de boxeo, karate y kung fu han tenido un gran éxito
entre el gran público. Las artes marciales mixtas, un deporte
que no se introdujo en Estados Unidos hasta el primer Ultimate
Fighting Championship de 1993, jamás han servido de telón de
fondo de un gran largometraje. Y la industria, como la mayoría
de los americanos medios hasta los últimos años, se mostraba
recelosa de este deporte, que combina jiu-jitsu, lucha, boxeo y
kickboxing en un único evento.
“Las artes marciales mixtas
son simplemente eso, un deporte mixto”, explica Randy Couture
(Dylan Flynn), tres veces campeón de pesos pesados y dos veces
campeón de pesos ligeros del UFC y antiguo suplente olímpico de
lucha. “E independientemente de la formación deportiva que
tengas o del arte marcial que hayas practicado, este deporte, y
el jiu-jitsu en concreto, nos mostraron que no existe un único
estilo de arte marcial que englobe todo lo que podría suceder en
un combate. De modo que el profesional del jiu-jitsu debe
aprender kickboxing y algo de Muay Thai y técnicas de lucha para
hacer frente a atletas con esas formaciones concretas. Yo, que
procedo del mundo de la lucha, tuve que aprender a golpear y
aprender algo de jiu-jitsu, y se convierte en un deporte muy
mixto, en el que has de aprender los distintos estilos para ser
un luchador completo. Si descuidas uno de esos estilos,
posiblemente alguien te lo deje claro, y de una forma muy
rápida”.
Cuando el deporte fue
regulado, a principios del nuevo milenio, volvió a la televisión
por cable y permitió producir una serie de telerrealidad llamada
"The Ultimate Fighter". A consecuencia de ello, los aficionados
empezaron a acudir a ver los combates en manadas, y pronto las
competiciones del UFC eran acontecimientos masivos que superaban
sistemáticamente a las competiciones de boxeo en los canales de
pago por visión. ¿Por qué? Porque era real.
“Muchas veces lo comparo con
el ajedrez cinético”, afirma Couture. “Y creo que la gente, una
vez supera el asombro inicial y se acostumbra más o menos a las
tácticas, la técnica, la disciplina y todo lo que hace falta
para ser un luchador completo, así como las numerosas
dimensiones de este deporte, se ve muy atraída por este deporte.
La gente se queda enganchada". Una de esas personas fue David
Mamet. “Es más interesante porque hay más posibilidades",
afirma. “Y una vez has visto artes marciales mixtas,
especialmente si entiendes algo de las diversas técnicas, ver el
boxeo pierde todo el color. El boxeo se practica de pie. La
finalidad última es dejar inconsciente a tu rival, darle una
sacudida tal que perda el conocimiento y caiga en la lona, y
noquearlo. Así que, más o menos, eso es lo único que puede
suceder, aunque a veces el árbitro puede intervenir y declarar
un ganador por puntos. Pero en las artes marciales mixtas,
pueden suceder un montón de cosas. Puedes ganar por puntos, el
oponente puede perder el conocimiento o puede hacer algo que no
se ve en el boxeo: puede hacer tap (rendirse). Es decir, que una
persona puede encontrarse en una posición tal que, si el
oponente aplica un poco más de presión, puede perder el
conocimiento o romperse algo. Así que esa persona puede decir
simplemente: “Tap, tú ganas”. Y puede hacerlo porque le están
golpeando, porque está exhausto, porque le están asfixiando,
porque le están agarrando forma que se asfixia o porque se le va
a romper algo”.
Así que no es ninguna
sorpresa que el mundo de las artes marciales mixtas
profesionales se convirtiera en una parte muy importante del
guión de Cinturón Rojo. La pregunta era quién podría apoyar una
película de ese estilo.
Esa pregunta halló pronto
respuesta en Tom Bernard y Michael Barker, de Sony Classics, que
dieron luz verde al proyecto. Cinco semanas más tarde, empezaba
la preproducción de Cinturón Rojo.
“El periodo de preproducción
fue bastante corto, pero nos dimos cuenta en seguida de que lo
más importante era que los actores empezaran a entrenar”,
recuerda Verges. “Así que primero hicimos el casting de la
película, y elegimos a Chiwetel bastante pronto en el proceso de
preproducción. Vive en Londres, así que tuvimos que ponerlo a
entrenar con uno de los Gracie, de la famosa familia Gracie de
jiu-jitsu. Se entrenó a conciencia durante tres semanas en
Londres. Le trajimos aquí tres semanas antes de que empezara el
rodaje, y estuvo ensayando y aprendiendo intensivamente. Acudía
al estudio cada día. Cuando seleccionamos a los actores, les
reunimos un par de veces por semana y estuvimos trabajando en
las luchas, lo que se notó mucho cuando empezamos a rodar".
Para Mamet, la elección de
Chiwetel Ejiofor para el papel de Mike Terry fue muy sencilla.
“Me había cruzado con él varias veces, porque tenemos el mismo
agente”, cuenta Mamet. “Antes incluso de que viera nada de lo
que podía hacer, una noche estaba cenando con mi agente y en ese
momento entró Chiwetel, y el agente dijo: “Te voy a presentar a
un tío que es el mejor actor del mundo”. Y yo dije; “Ah,
excelente. Buen trabajo de agente”. Pero después vi un par de
películas de Chiwetel, en concreto Negocios ocultos (Dirty
Pretty Things) y Pisando fuerte (Kinky Boots), y me dije: ‘Este
agente, Bernal, tiene razón’. Hubo un momento en que estaba
viendo Sin retorno (Fail-Safe), una de las mejores películas de
Sid Lumet. Y estaba viendo a Henry Fonda, que probablemente sea
uno de los mejores actores de la Historia. Henry Fonda siempre
siempre era sincero y sencillo, y nunca se inventó nada.
Chiwetel es igual, también tiene algo, como un don del cielo. Y
lo utiliza de forma espectacular, generosa y sencillamente, y es
un magnífico, magnífico actor”.
Lo que atrajo a Ejiofor, a
quien también se ha visto en American Gangster, Hijos de los
hombres (Children of Men), y Plan oculto (Inside Man), fue que
el guión de Cinturón Rojo no era la típica historia de una
“película de lucha”. El guión tenía mucho más, y le permitía
abordar asuntos que pocas veces se ven en las películas de
deportes de combate.
“Tuve que leerlo un par de
veces porque era muy novedoso”, comenta Ejiofor a propósito del
guión. “En realidad no había forma de predecir qué iba a pasar.
No había nada que pudiera saltarse, las típicas páginas que
puedes saltarte o leer a medias. Todo tenía una relevancia real
y específica, y todo era igual de importante. Cuando lo terminé
sentí que tenía que empezar de nuevo, así que lo volví a leer de
cabo a rabo, porque era mucho más complejo de lo que había
pensado al principio. Supongo que cuando empiezas a leer un
guión que sabes que trata de jiu-jitsu o de artes marciales,
crees que, en cierto sentido, se va a ajustar a una cierta
fórmula. Y cuando lo lees, lo haces con eso en la mente,
pensando que va a ser un tipo de película muy concreto. El guión
habla de un tipo que es experto en artes marciales, así que
resulta obvio que va a tener problemas y que va a usar su
conocimiento de artes marciales. Tienes la sensación de que ya
conoces el guión. Sin embargo, aquí hay una dimensión mucho más
profunda. Al final, es una historia sobre personas, y sobre cómo
las personas utilizan lo que tienen para sobrevivir ante
cualquier situación. Y sobre cómo las cosas no han cambiado y
que, en cierto sentido, algunos términos, ética y moral han
desaparecido de la escritura de guiones y de la literatura. En
la vida de la gente hay cosas verdaderamente importantes. Por
ejemplo, cómo escogen vivir sus vidas, y eso es lo que trata la
película”.
Emily Mortimer, que intepreta
el papel de Laura Black, se muestra de acuerdo. “Existe un
conflicto sobre lo que significa ser un héroe, sobre si es
posible hacer sólo el bien en el mundo y cómo, algunas veces,
esforzarse por hacer el bien en el mundo termina causando dolor
y problemas. Así que no creo que haya leído nunca antes un guión
tan cercano a ese un tema y un argumento de ese tipo. [Mamet] es
un extraordinario y magnífico escritor, y es impresionante
porque, en cierto modo, esta película es de acción, pero aún así
tiene inteligencia y es interesante, y supongo que, en ese
sentido, es una película de samurai. Funciona a la perfección en
todos esos niveles, y por eso me encantó”.
Con Ejiofor y Mortimer dentro
del proyecto, el casting del resto de personajes de Cinturón
Rojo iba a ser clave para el éxito de la película.
Afortunadamente, la profundidad del proyecto y la oportunidad de
trabajar junto a Mamet atrajeron a un plantel de los mejores
actores de esta generación, incluidos Alice Braga, Tim Allen,
Joe Mantegna, Rodrigo Santoro, Ricky Jay, Max Martini y David
Paymer.
“El casting es más que
fundamental”, afirma Mamet, “es la película entera. Si no pueden
actuar o no son la persona adecuada para su papel, no se va a
ningún sitio. Así que todo se reduce a hacer un buen casting”.
La productora Chrisann Verges
puntualiza: “En esta película, se ha salido un poco de su norma.
Yo la veo como una mezcla entre los actores habituales de Mamet
–Ricky Jay, Joe Mantegna, J. J. Johnston, David Paymer, Rebecca
Pidgeon–, y después está el elemento brasileño, con Rodrigo
Santoro y Alice Braga, que fue delicioso, y por supuesto,
Chiwetel, que fue lo que nos trajo suerte”.
Sin embargo, no se puede
ambientar una película en el mundo del jiu-jitsu y las artes
marciales mixtas sin luchadores, y aunque sobre el papel podría
haber sido una gran dificultad encontrar luchadores y cinturones
negros de jiu-jitsu que pudiesen actuar y luchar, la comunidad
local se movilizó con entusiasmo para echar una mano.
“Renato Magno es mi profesor,
y la película está inspirada en gran medida en él y su mundo”,
relata Mamet. “Y como él conoce a todo el mundo y goza de un
gran respeto, pudo llegar a los mejores luchadores, para que
aparecieran en la película o sugirieran movimientos en la
coreografía que Renato estaba preparando. Y es como hacer una
película sobre música y que alguien llame a Slava Rostropovhich,
muerto y todo, o a Yo-Yo Ma, y diga: ‘Oye, ven por aquí, a ver
qué te parece. ¿Cómo crees que debemos hacer esto?’ Pues así lo
hicieron estos tíos, con muchísima elegancia”.
“Queríamos hacerlo lo mejor
posible”, añade Verges. “David está muy involucrado en el mundo
del jiu-jitsu, todo el mundo quería ayudarle, y conseguimos a la
mejor persona para que nos asesorara sobre jiu-jitsu, que fue
Renato Magno. También trajo a su primo, John Machado, y a Rico
Chiapparelli. Y se convirtieron en los coreógrafos de los
combates. Después conocí a Jack Gill. Busqué meticulosamente a
buenos coordinadores de dobles que fuesen adecuados para esta
película, encontramos a Jack, y Jack y Dave conectaron a las mil
maravillas. Así que al final tienes los dos elementos: el
coordinador de especialistas de Hollywood y los coreógrafos
brasileños para las luchas”.
En cuanto a la selección de
los luchadores pra la película, Mamet reunió a una amplia gama
de atletas del presente y del pasado, como la leyenda del judo
Gene LeBell (antiguo especialista de cine), el gran experto en
artes marciales Dan Inosanto (Joao Moro), el campeón del UFC
Randy Couture (Dylan Flynn), el antiguo campeón de boxeo de peso
ligero Ray ‘Boom Boom’ Mancini (George), los maestros de
Jiu-Jitsu John Machado (Augusto Silva) y Renato Magno (Romero),
el destacado luchador Rico Chiapparelli (Sanchez), y los
competidores de artes marciales mixtas Enson Inoue (Taketa
Morisaki) y Frank Trigg. Algunos dirían que un reparto así es
algo arriesgado. Pero no Mamet.
“Los luchadores pertenecen a
esa clase de gente que tiene que darlo todo ante el público y
bajo gran presión”, afirma. “Y 'Boom Boom' Mancini, por ejemplo,
campeón del mundo, sale en una película. Y John Machado y Rico
Chiapparelli son campeones, la mayoría de ellos lo son, porque
están a la altura cuando hay mucha presión, por lo que (actuar)
debería ser muy sencillo. Y la verdad, no complican nada las
cosas. Es mucho más sencillo coger a alguien que no sea actor
pero que tenga un don que elegir a un actor que haya estado en
una escuela de arte dramático".
Una vez terminado el casting,
la mayor parte de los directores ensayan con los actores. Pero,
según explica Verges: "Él no ensaya nunca. Se reúne con los
actores, habla con ellos, pero no ensayan".
Sin embargo, el proceso de
escritura del guión siguió su curso. "La escritura del guión es
eterna", afirma Mamet. "A veces, la eternidad es un mes, otras
veces, son diez años. Y cuando empiezas la preproducción de una
película, reescribes el guión una y otra vez, porque sucede que
visitas una localización y piensas: 'Eh, un minuto. Ahora veo
que lo que escribí no va a funcionar porque, por la razón que
sea, no entendí cuál era la ubicación, o porque no tenemos
dinero, bla, bla, bla, bla". Así que estás reescribiendo
continuamente durante la preproducción de la película, que es el
periodo más importante, a excepción de la postproducción. El
rodaje en sí, curiosamente en muchos sentidos, la parte más
previsible y, por tanto, el más sencillo de los tres periodos.
Así que en la proproducción escribes, reescribes y vuelves a
reescribir. Y también puede suceder que te des cuenta de que no
hay dinero suficiente. Entonces dices: "Vaya, he encontrado la
localización, exactamente lo que quería. Pero si ruedo aquí, el
productor dirá: 'No vas a tener dinero para rodar aquella otra
escena en Marte'". Así que estás continuamente replanteando el
guión en términos de lo que podrían llamarse consideraciones no
artísticas".
Rodada en localizaciones de
Los Ángeles y Santa Mónica, el primer asunto una vez se completó
el reparto fue meter a Ejiofor en el gimnasio en Londres, con el
experto en jiu-jitsu Roger Gracie.
"Yo había oído nombrarlo",
dice Ejiofor a propósito del jiu-jitsu. "Siempre pensé que es
una palabra con muy buena onda: jiu-jitsu. Si alguna vez pensaba
sobre ello, me parecía que podía ser algo interesante, así que
me gustó cuando oí que [Cinturón Rojo] trataba sobre el
jiu-jitsu, sólo por aprender un poco más sobre ello. Después
aprendí que es un arte marcial, y también una filosofía. Es
muchas cosas a la vez. También está la increíble historia de su
evolución de Japón a Brasil. Descubrir y averiguar todas esas
cosas fue interesante de verdad".
Después vinieron las sesiones
de ejercicios que, no hace falta decirlo, fueron todo un nuevo
mundo para el actor británico. "Creo que la diferencia es que el
contacto real es muy intenso porque es una lucha", cuenta. "Gran
parte del jiu-jitsu es lucha, forcejeo; se basa mucho en la
intuición y en ser intuitivo sobre qué respuesta dar, y en
sentir de verdad cada una de las distitnas posiciones y el juego
de ajedrez, para sentir cuándo alguien te permite hacer algo
para conseguir ventaja en otro sitio. Todo eso lo sabes cuando
has evolucionado a un nivel superior, y por eso es tan adictivo.
Por eso la gente se pierde un poco con el jiu-jitsu, porque es
muy físico, pero al mismo tiempo requiere mucha habilidad.
Después le aplicas todo el aspecto filosófico, y te das cuenta
de que puedes aprender grandes lecciones para la vida de este
arte marcial. Por eso David quedó fascinado por él, y por eso
estamos todos aquí".
Incluso los brasileños
Rodrigo Santoro (Bruno Silva) y Alice Braga (Sondra Terry),
ninguno de los cuales lucha en la película, quedaron absortos
por el jiu-jitsu y empezaron a tomar clases con Renato Magno y
John Machado cuando el rodaje empezó en California.
"Tomé un par de clases con
ellos y fue encantador", cuenta Alice Braga. "Pedí a Chrisann,
David y a los chicos, Renato y John, que diéramos algunas clases
para sentir lo que era, porque mi personaje creció en una
familia totalmente dedicada al jiu-jitsu. Así que probablemente
ella lo conoce también, y yo quería sentir eso, entender qué es.
En mi opinión, es un arte marcial muy bello, porque no trata
sólo sobre la lucha. Trata sobre cómo evitar la lucha. El
objetivo no es golpear, sino aprender a salir de allí. Y es muy
mental, así que tiene una gran belleza".
Santoro está de acuerdo. "El
jiu-jitsu no es sólo un modo de lucha, y no es sólo algo
físico", afirma. "Es algo muy mental, muy filosófico y muy
espiritual, en el sentido de que tienes que controlar la mente y
permanecer tranquilo. Todo depende de lo calmado que estés, de
lo centrado. Algunas veces, viendo las peleas (del UFC), he
visto a unos tiarrones inmensos que, a causa de la multitud o de
todo el aparato, se distraen un segundo, y ahí los tienes:
derrota instantánea. Todo va sobre eso. Tienes que ser confiado,
estar tranquilo, centrado, y saber lo que estás haciendo. Así
que gran parte de todo está aquí (se señala la cabeza); eso es
lo que he aprendido".
Durante el mes y medio previo
al rodaje, Santoro practicó este arte tan propular en su Brasil
natal, donde no es sólo un deporte, sino un modo de vida.
"Crecí escuchando historias y
viendo a todos esos tipos de Río, donde yo vivo", cuenta
Santoro. "El jiu-jitsu es muy, muy popular, es como una
religión. Muchísima gente lo practica y oyes hablar de ello todo
el tiempo".
Y con la cultura brasileña
impregnando toda la película, era importante que actores de ese
país interpretaran papeles en Cinturón Rojo, una autenticidad
sobre la que Mamet insistió una y otra vez.
"Mucha gente puede
interpretar a los brasileños, ciertamente, pero son diferentes,
culturalmente son diferentes", afirma convencido. "Al igual que
cada país es diferente, los brasileños tienen sus propios
ritmos, sus propias inflexiones al hablar inglés. Y cuando
observas el trabajo de Alice te das cuenta de que es una joya.
¿Quién mejor para interpretar este papel? Yo la había visto en
Children of God, por supuesto, y en Lower City. Es
impresionante. Y Rodrigo es... bueno, es su Montgomery Clift. Le
vimos en Los 300 y en un par de películas más, y nos dimos
cuenta de que es el hombre de moda en Brasil, es el Matinee
Idol. Hemos tenido mucha, muchísima suerte con estos actores. Y
como Hamlet dice de los actores, más vale un mal epitafio a
vuestra muerte que sufrir en vida su censura. Así que el que los
actores digan: "Sí, me entusiasma la perspectiva de venir a
trabajar contigo, trabajar duro, no dormir y darlo todo" es un
cumplido fantástico.
Santoro y Alice Braga fueron
los afortunados en cuanto al reparto internacional, porque son
brasileños que interpretan a brasileños. Ejiofor y Emily
Mortimer, como nativos del Reino Unido, aparentemente tenían una
tarea más difícil al intepretar a estadounidenses. Pero para
ambos, actores veteranos, lo único que hizo falta fue un poco de
práctica.
"Chiwetal y yo nos decíamos
que todo va bien hasta el momento en que alguien dice: 'Eh,
venga, improvisa unas cuantas líneas al principio de la escena'"
narra Emily Mortimer entre sonrisas. "En ese momento te dices
'Oh, Dios mío, ¿qué? No sé'. Y te vas a casa y aprendes cómo
decir tus diálogos con acento estadounidense, y luego vuelves al
rodaje y las dices, y todo va de maravilla hasta que alguien te
dice algo diferente y entonces te quedas sin habla. Y
probablemente podrías hacerlo, pero has perdido la confianza. Si
no lo has ensayado, te parece que no puedes decirlo. Así que,
sí, a veces las pasas canutas, pero ahora llevo tres películas
seguidas en las que he interpretado con acento estadunidense, y
ahora ya casi me atrevo a abrir la boca sin haber ensayado
antes".
Una vez empezó el rodaje,
Mamet se encontró en seguida en su elemento, e incluso con un
nuevo plantel de actores a su alrededor, ahbía suficientes caras
familiares que habían trabajado con él antes como para que el
ambiente en el set fuera distendido.
"Es muy familiar, porque
muchas veces ves a gente que conoces y que han sido amigos tuyos
toda la vida", contaba el veterano actor Joe Mantegna (Jerry
Weiss), que lleva años trabajando con Mamet. "David es leal más
allá de lo que cualquiera pueda imaginarse razonablemente, lo
que le convierte en la extraordinaria persona que es. Nunca
olvida a nadie, y muchas veces en los platós de rodaje hay una
buena mezcla de viejos y nuevos, y bueno, yo pestañeé y me di
cuenta que formaba parte de los viejos, lo que me hizo darme
cuenta de que muchas caras me eran conocidas y algunas otras no,
y esos eran los nuevos. Y eso es lo que es fenomenal. Existe una
continuidad entre sus sets, en el sentido de que hay gente, no
sólo entre los actores y el equipo técnico, sino en todas
partes, que han estado de algún modo en el círculo de su vida
durante muchos años. Así que todo tiene un ambiente muy
familiar, y es agradable, es realmente muy agradable".
El segundo día, Mantegna
recibió un cursillo acelerado sobre "los nuevos" con los
diversos personajes en el set. "Es muy típico, en cierto
sentido, que Dave intente generalmente rodearse de personas de
las que sabe que van a cuadrar en el programa", dice. "Es un
grupo escogido, y eso es lo que me gusta. Conocí a todo el
mundo, desde antiguos amigos de Chicago hasta dos tíos que hacen
polvo a la gente en Brasil entrenándoles en las artes marciales,
lo que estaba muy bien. Así que teníamos una buena mezcla en
cuanto a profesiones, nacionalidades, razas, antecedentes y un
montón de cosas más. "Así que era una maravilla: estábamos todos
en la misma página, en el sentido de que estábamos allí por el
deseo y la voluntad de un hombre que había desempeñado un papel
decisivo al aportar todos los ingredientes y mezclarlos, y a
nosotros nos correspondía preparar el pastel".
Otra cara familiar para los
espectadores que apareció en el set fue Tim Allen, el adorado
actor de la exitosa serie Un chapuzas en casa (Home
Improvement), y progagonista de numerosas comedias y películas
familiares. Sin embargo, muchos se sorprenderán de que el papel
de Allen en Cinturón Rojo no sea cómico.
"No hay nada humorístico en
su personaje", comenta Allen, que interpreta al héroe de acción
de Hollywood Chet Frank. "Y me gusta que sea así. Para mí, no
tiene oído. Una vez hice una película con Marty Short en la que
teníamos que hacer una escena muy seria, y ahora lo relaciono
totalmente. La comedia es tan natural para mí, que si no hay
humor en la escena me parece que no hay ninguna razón para
pagarme. Y aquí tiene sentido, porque aquí no me están pagando.
(Se ríe) Pero eso es lo que yo hago. Sin embargo, David ha
tenido una gran habilidad para pulsar mis demás resortes y hacer
que utilice otros músculos, lo que no está mal".
Ciertamente, Allen no
arrancará ninguna carcajada de los espectadores por su sólida
interpretación de Frank, pero eso no significa que no pasara los
días de rodaje gastando bromas a sus compañeros y al equipo
técnico.
"Es divertidísimo", dice
Ejiofor al ser preguntado sobre Allen. "Y es estupendo trabajar
con él. Existen diversas formas de hacer un casting, y puedes
terminar con gente que tiene muy poca relación con el personaje
que interpretan, pero que resultan muy convincentes. O con gente
que es exactamente igual que su personaje. Y después está el
tipo de gente que es muy distinta en muchos sentidos al
personaje que intepretan, pero que pertenecen al mismo mundo. Es
un aspecto fascinante del casting, y creo que el público va a
ver un lado diferente de Tim Allen con Chet Frank, y que le va a
parecer muy interesante".
Para Allen, como para la
mayor parte de actores de Cinturón Rojo, lo llamativo de la
historia no es que fuese una película de patadas y golpes, sino
que existen otros niveles bajo la superficie que terminan
revelándose a medida que la historia se desarrolla.
"Es una fábula moral",
explica Allen, "y fue verdaderamente atrayente. Leer el guión
fue un placer. A lo largo de los años, he tenido encima de la
mesa muchos guiones de esos en los que no puedes esperar, y con
éste fua algo así. Estaba muy bien estructurado, y el conjunto
era brillante".
Randy Couture, luchador
profesional de talla mundial, no quedó tan embaucado como Allen
la primera vez que leyó el guión, en particular porque el
protagonista, Mike Terry, no aprueba el circuito profesional de
lucha.
"Cuando leí el guión por
primera vez, no sabía bien si me había gustado o no", recuerda
Couture. "En cierto sentido, estaba en contra de lo que yo he
estado haciendo los últimos diez años de mi vida, que es
participar en combates, y al protagonista, en realidad, no le
gusta luchar: cree que la lucha debilita al combatiente, a causa
de las normas y todo eso. Es una visión muy tradicional de las
artes marciales y la forma en que se aplican. Así que me llevó
un poco de tiempo congraciarme con el guión, hasta que vi que
era una especie de historia de samurai americano en la que uno
de sus estudiantes se suicida por cuestiones de honor, y el
honor cobra una gran importancia. Una vez lo puse en tal
perspectiva, empezó a tener mucho más sentido para mi".
Sin embargo, para Couture,
que ha luchado ante decenas de miles de personas en los UFC y ha
aparecido en televisión incontables veces, estar en un set de
rodaje con Mamet y un plantel de actores conocidos podría haber
sido más amedrentador que luchar contra un oponente experto con
poder para dejarle K.O. en cada mano. Pero Mamet, acostumbrado
ya a ese tipo de situaciones, hizo que el campeón de artes
marciales mixtas se sintiera cómodo inmediatamente.
"Creo que David tiene un
enfoque un poco diferente, porque está pendiente del guión",
afirma Couture. "Parece decir, 'bueno, di lo que dirías en una
situación así', y es ligeramente diferente a tener que pasar
horas memorizando diálogos y repitiéndolos palabra por palabra,
lo que permite un flujo un poco más libre. Es prácticamente
vivir y respirar, y eso está bien. Crea un ambiente en el que te
sientes cómodo. Puedes adaptar las cosas a tu propio lenguaje y
sintaxis".
El rodaje sucede
principalmente en la academia de jiu-jitsu de Terry y en el
estadio donde se grabaron las luchas, con algunas escenas
intercaladas en casa de Terry, en la comisaría de polícia local,
y en la mansión de Chet Frank. El contraste más fuerte era, por
tanto, pasar de un gimnasio de lucha muy usado a un estado
repleto de personas y fans vociferantes.
"Un día podía ser totalmente
distinto al siguiente", recuerda Ejiofor. "Así que las cosas que
hacíamos en la academia, que está viaje y destartalada, ya
sabes, sin ninguna flotirtura, y casi parece una película
distinta a los lujosos decorados y las cosas que hacíamso en los
demás sitios. Así que existe la sensación de que todo se mueve a
su propio ritmo y que estos mundos distintos se combinan en
cierto modo, que es exactamente lo que pasa. Y lo fantástico de
eso es que diferentes personas entran y salen del set de rodaje,
y entonces vives una experiencia como si fuera una película
completamente distinta. Así que, aunque algunos días existía una
especie de reverencia silenciosa hacia toda la cosa y a
continuación una especie de jovialidad, otros días la sensación
era de frenesí, de rapidez, cuando rodábamos todas las escenas
de lucha".
Y cuando llegaba la hora de
hacer esas secuencias de lucha, todas las personas que no
estaban trabajando en ese momento dejaban lo que estuvieran
haciendo para presenciar un arte al que nunca habían estado
expuestos anteriormente. "Toda la parte de la lucha es tan
nueva, que todo el mundo estaba impresionado y querían saber
más", afirma Ejiofor. Traducir las sutilezas del jiu-jitsu a la
gran pantalla no iba a ser fácil, sin embargo, y Mamet se dio
cuenta pronto del problema.
"Cuando era un chaval existía
un programa llamado Kung Fu, que popularizó una forma de artes
marciales, basadas en técnicas de golpear", explica Mamet. "Y el
Kung Fu se hizo muy popular, y las películas de Chuck Norris
tuvieron gran éxito, y las películas de Billy Jack tuvieron un
gran éxito, y dio para hacer películas de Kung Fu durante 30
años. Guay. Pero el jiu-jitsu no es un deporte de ataque. Es un
deporte cuerpo a cuerpo. Y la gente, en realidad, nunca ha visto
una película basada en la técnica del jiu-jitsu. Es
completamente distinta de las formas de ataque y, por lo tanto,
la forma en que lo ruedas también tiene que ser diferente. Lo
bueno de las formas de ataque es que es muy atractivo filmarlas.
Los combatientes se acercan, y se separan. Se vuelven a acercar,
y se vuelven a separar. El público puede seguirlo. Vale, veo de
que va. Veo un puñetazo en ese lado. Vale, ya sé de que va. El
otro tipo ha reaccionado y se ha echado hacia atrás, oh, y ahora
el otro acorta distancias. Tal vez, una de las razones por las
que nunca antes se había grabado una película de jiu-jitsu es
porque la mayor parte del jiu-jitsu sucede de tal forma que si
no sabes lo que estás mirando no puedes entenderlo, porque los
que luchan están mezclados en una maraña de piernas y brazos, y
lo más drástico puede ser que uno de ellos trabaje varios
minutos para poner la mano debajo, y eso es lo que decidirá el
combate".
Era una situación en la que
podían haberse tomado licencias para dar los combates un estilo
más hollywoodense o espectacular, pero Mamet no quiso ni oír
hablar de eso, insistiendo en que la autenticidad de las
secuencias de lucha era fundamental.
"Es importante para mí que
todo sea completamente auténtico, porque esa es la razón de esta
película", afirmaba. "Es una película sobre jiu-jitsu. Así que,
puesto que es un deporte, una ciencia y un arte que siento muy
profundamente, aparte del respeto que me inspiran mis profesores
y el arte que han creado, es importante que sea completamente
auténtico. No hay nada de esta película que nmo sea auténtico.
Son movimientos reales de jiu-jitsu, y no sólo eso, isno que
también son todos los movimientos básicos porque son esos los
que permiten ganar un combate".
Les presentamos a Renato
Magno, el primer cinturón negro de Rigan Machado y profesor de
Mamet. Siguiendo sus instrucciones, los actores y los luchadores
reales fueron coreografiados en lucha que son lo más reales que
se verán nunca en una pantalla.
"La coreografía es todo obra
de Renato", relata Mamet. "Teníamos seis luchas en la película,
y sabíamos que cada una de ellas tenía que ser un poquito
diferente. Y Renato no sólo se encargó de coreografiarlas, sino
también de producirlas. Es decir, que fue él quien llamó a los
demás expertos para que ayudaran un poco por aquí y otro poco
por allá, y al final las escenas de lucha resultaron muy reales.
Así es exactamente como son las luchas, y teníamos clases de
luchas muy diferentes en la película. Así que, lo que he
intentado hacer durante toda la película es mostrar, mediante
cada una de las luchas, los distintos modos en los que hoy en
día en Hollywood estas personas, la mayor parte de las cuales
vive en Los Angeles, utilizan el jiu-jitsu. ¿Quién es la gente
que lo utiliza? Los policías lo utilizan, los porteros de
discoteca lo utilizan, los especialistas lo utilizan, las
fuerzas especiales lo utilizan. Así que hay varias luchas sobre
cómo se aplicaría en cada una de estas situaciones".
Sin embargo, a pesar de la
autenticidad de todas las luchas de Cinturón Rojo, el público no
se vería verdaderamente inmerso en la acción realista si el
protagonista Mike Terry no luchara de forma tan visceral cuando
suena el gong. Ahí es donde los meses de entrenamiento intensivo
de Ejiofor dieron resultado.
"Dado que el jiu-jitsu era
una disciplina completamente nueva para mí, fue muy útil conocer
primero lo más básico y toda su filosofía, para poder practicar
los movimientos básicos, o lo que podía de ellos", ha afirmado.
"Después unes todo en una lucha y, en cierto sentido, te
preguntas.... te dices: '¿Puedo atacar al tipo este mientras
hago todo esto? Ese movimiento me encanta. Lo he estado
practicando una y otra vez'. Así que, de una forma o de otra,
ese movimiento encuentra su camino hacia la lucha. Así que es
muy útil poder hacer las dos cosas: tener la coreografía,
obviamente, pero también tener una formación de base suficiente
para poder hacerlo todo. También tuve mucha suerte, porque John
Machado, contra el que lucho en la película, se encargó también
de enseñarme jiu-jitsu. Así que tuve una especie de doble
ventaja. Quiero decir, Jack Gill es el coordinador de
especialistas, pero John Machado y Renato fueron de muchísima
utilidad para recrear toda la lucha, porque obviamente son
expertos en jiu-jitsu. Así que resulta de gran ayuda tener a
alguien que te está enseñando y que también participa en la
película. Yo nunca había experimentado algo así antes. Y no
conozco a mucha gente que lo haya hecho. Pero es genial".
Pero para obtener una
respuesta definitiva sobre la autenticidad de las escenas de
lucha en Cinturón Rojo, tal vez sea mejor preguntar a un
luchador profesional.
"Creo que lo que he visto es
técnicamente muy auténtico", afirma Randy Couture. "Han
utilizado a atletas reales, y todos los compañeros han recibido
formación sobre jiu-jitsu y técnicas de combate. Creo que todo
lo que se hace relacionado con el género de la lucha ante una
cámara se ve siempre un poco "hollywoodizado", pero aquí no hay
nada de eso. No puedes salir ahí fuera y coser la cara a
puñetazos, desafortunadamente, pero a mí me parece bastante
realista".
Encontrar un lugar para rodar
la secuencia de la luchna final fue probablemente la lucha más
dura de todas. Sólo hay que preguntárselo a la productora
Chrisann Verges.
"Estudiamos todos los
estadios disponibles, la mayoría de los cuales son bastante
grandes", recuerda Verges. "Pero ninguno estaba disponible.
Estábamos empezando a preocuparnos en serio por el tema y el
estado que utilizamos (en Long Beach) de hecho cerró un torneo
de volleyball femenino para poder acomodarnos. Así que tuvimos
mucha suerte".
Tal vez sí, pero el producto
acabado que es Cinturón Rojo no tiene nada que ver con la
suerte. Lo que ha permitido hacer esta película ha sido la
visión de David Mamet y el trabajo excelente de un reparto y un
equipo técnico estelares que refleja verdaderamente no sólo la
cultura y el arte dle jiu-jitsu y del circuito de lucha
profesional, sino también un significado más profundo del honor,
la lealtad y la integridad, y lo que eso significa en el mundo
de hoy en día. En otras palabras, lleva el sello inconfundible
de Mamet de principio a fin.
"Creo que la parte de la
lucha es nueva, pero todos los demás elementos son clásicos,
clásicos de mamet", afirma Verges. "¿Cómo se puede mejorar este
guión de David Mamet y algunos combates?"
"Creo que el éxito de esta
película será masivo", afirma Mamet. "¿Por qué? Porque el
mercado de las películas de artes marciales mixtas es muy grande
y, más importante aún, porque es una película muy buena. Es una
historia típica americana y también es una historia típica
japonesa. Es una película de samuráis con un samurái americano".
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Cinturón rojo" - Copyright © 2008 Sony
Pictures Classics. Fotos por Lorey Sebastian. Distribuida en España por Sony Pictures
Releasing de España. Todos los derechos
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