CÓMO SE HIZO "A CIEGAS"
Notas de producción © 2008
Notro Films
En 1995, el célebre escritor
José Saramago publicó la novela Ensayo sobre la ceguera, una
fábula apocalíptica sobre una epidemia de ceguera que ataca
primero a un hombre, luego a una ciudad y, por último, a todo el
planeta, con una furia y velocidad devastadoras. Aunque la
historia trataba sobre una pérdida repentina de visión, el libro
abrió los ojos a los lectores sobre una nueva y reveladora
visión del mundo. El libro fue aclamado por la crítica como un
futuro clásico, una magnífica parábola sobre estos tiempos
proclives a las catástrofes y nuestra ceguera metafórica ante
las conexiones que tenemos los unos con los otros. Se convirtió
en un bestseller internacional, que contribuyó, junto con una
obra que invita a la reflexión, a que en 1998 Saramago ganase el
Premio Nobel de Literatura. La novela no tardó en ganarse
millones de admiradores en todo el mundo y muchos directores se
sintieron atraídos por su complejo mundo, que nunca antes se
había visto en la pantalla. Al fin y al cabo, ¿cómo se hace una
película que convenza visualmente en la que casi nadie puede
ver? Hacía falta una visión grandilocuente y alguien que tuvo
esa visión desde el principio fue Fernando Meirelles, que por
entonces era un prometedor director brasileño apasionado por el
cine grande, intenso y envolvente. Al mismo tiempo, Saramago
rechazaba a todos sus pretendientes, diciendo que no estaba
interesado en una versión cinematográfica de Ensayo sobre la
ceguera y Meirelles pasó a dirigir otra película, su novedosa y
épica, a la vez que lírica, historia sobre la vida en las
favelas brasileñas, “Ciudad de Dios”. Mientras, el guionista,
actor y director canadiense Don McKellar también estaba
intentando conseguir los derechos del libro. A McKellar, entre
cuyas películas se encuentra el drama apocalíptico “Last Night,”
le atraparon los temas de Saramago nada más leer la traducción
inglesa de Ensayo sobre la ceguera y sabía que no iban a dejarle
tranquilo hasta que escribiese su visión de la adaptación. Se
puso en contacto con el productor Niv Fichman de Rhombus Media –
con el que había colaborado en “Last Night” y como guionista en
la ganadora de un Oscar® “El violín rojo” – con la idea de
hacerse con los derechos. Tan pronto como Fichman leyó el libro,
se quedó igualmente entusiasmado, pero aún se enfrentaban a un
grave obstáculo: convencer a Saramago.
“Siempre me resistí (a
vender los derechos de Ensayo sobre la ceguera) porque es un
libro violento sobre la degradación social y no quería que
cayera en manos equivocadas.”, dijo Saramago en una entrevista
concedida a New York Times Magazine en 2007.
Pero Fichman y McKellar no
aceptarían un no por respuesta. Sólo querían tener la
oportunidad de reunirse con Saramago y exponerle sus ideas. Tras
meses de continuas llamadas, de convencerle y camelarle,
finalmente recibieron la noticia de que se reuniría con ellos...
si estaban dispuestos a viajar a su casa de Lanzarote. La
respuesta inmediata de Fichman fue: “Fantástico. Sí. ¿Dónde está
Lanzarote?”
De camino a su cita con el
octogenario autor, planearon su estrategia. No hablarían del
libro o de su visión de la película, sino que intentarían hacer
ver a Saramago la libertad creativa que aportaría su equipo,
establecido en Canadá, a la película. "Creo que Saramago tenía
miedo de que un estudio convirtiera esto en una película de
zombies y que se perdiera la referencia política subyacente de
la historia,” dice Fichman. “Así que le explicamos que nosotros
tendríamos el control y que no le tendríamos que enviar las
tomas diarias a nadie. Le explicamos que tendríamos libertad
para escoger a los actores, para rodar cómo y dónde quisiéramos
y para hacer lo que consideráramos que era mejor para la
película”.
La estrategia valió la
pena. "Creo que a Saramago le impresionó nuestro grado de
compromiso”, recuerda McKellar, "Creo que confió en que teníamos
la integridad que estaba buscando y que no pondríamos en riesgo
la película”.
Finalmente, Saramago
aceptó y McKellar empezó a trabajar en uno de los retos más
estimulantes de su carrera. "Sabía que sería muy difícil que la
película tuviera el tono del libro de Saramago”, explica
McKellar, "Ninguno de los personajes tiene nombre ni pasado, lo
cual es muy poco corriente en una historia de Hollywood. La
película, al igual que la novela, aborda directamente el tema de
la visión y los puntos de vista y te pide que veas las cosas
desde otra perspectiva. Para mí, como guionista, resultó muy
liberador”.
McKellar también
comprendió que la película tendría que divergir del libro en
varios aspectos clave. Sobre todo, tenía que considerar la idea
de que en la sala de cine, el público iba a desarrollar una
insólita relación de voyeurismo con estos personajes que pueden
ser vistos pero que no pueden ver. En el libro, sólo la Mujer
del Médico pude ver todos los terribles sucesos que están
ocurriendo, pero en la película, el público se convierte, como
ella, en testigo. Ambos compartirían la carga de la visión y
esta era una situación delicada con la que McKellar debía ir con
cuidado.
"Como la Mujer del Médico,
el público está viendo a la gente, y aquí entra en cuestión la
humanidad de observar y no actuar, que es uno de los temas
fundamentales de la película," señala McKellar. "En algunas
escenas, sobre todo en la escena de la violación, estás viendo
cosas que no necesariamente quieres ver. Quieres tener la
libertad de mirar a otro lado, de girar la cabeza, pero no está
permitido. Quería que el público compartiera la perspectiva de
la Mujer del Médico, que cada vez tiene más responsabilidad”.
La Mujer del Médico ayudó
a McKellar a adentrarse en la historia. “Incluso le pregunté a
Saramago por qué la Mujer del Médico tarda tanto en pasar a la
acción en el hospital. ¿Por qué no actuó antes? ¿Por qué, cuando
vio lo que sucedía, no agarró sus tijeras y mató? Me dijo que
tomó conciencia de la responsabilidad que entraña ver, primero
hacia sí misma, luego hacia su marido, luego hacia su pequeña
familia, luego hacia su pabellón, y finalmente hacia el mundo en
el que tiene que crear una nueva civilización. Era una
responsabilidad que no sabía que tenía. Toma conciencia a través
de acciones y circunstancias, y eso es algo que quería que se
percibiera claramente en la película”.
La fuerza del guión
cautivó a todos los que lo leyeron y también interesó a dos
productores adicionales: Andrea Barata Ribeiro de O2 Filmes, que
había producido “Ciudad de Dios” y su reciente secuela “City of
Men”, y a Sonoko Sakai, fundador de Bee Vine Pictures (afincada
en Los Ángeles y Japón), que acaba de producir la adaptación de
Francois Girard de “Seda”.
Cuando Niv Fichman leyó el
guión de Don McKellar, lleno de suspense, revelador y
sorprendentemente visual, supo que necesitaría un productor
acorde con su sentido del ritmo, el equilibrio y creatividad,
así como un profundo interés en el espectro de la naturaleza
humana. Esto les llevó de nuevo a Fernando Meirelles que, en
estos años, se había convertido en un aclamado director
internacional. Había abierto camino a una era de cine global con
“Ciudad de Dios”, llena de brillantez visual y acción pero
también de escenas de una intensidad inolvidable.
La película fue nominada a
cuatro Oscars ®, incluido el de Mejor Director. Meirelles se
mudó a Hollywood para dirigir la sobrecogedora adaptación del
thriller político de John Le Carré ambientado en África “El
jardinero fiel”, protagonizado por Ralph Fiennes y Rachel Weisz,
y que obtuvo otras cuatro nominaciones a los Oscars. Su
capacidad de trasladar al público a nuevos mundos que cambian
nuestras perspectivas con un estilo ambicioso fue un factor
decisivo.
“Cuando soñaba con lo que
sería perfecto para A CIEGAS, pensaba en la energía cinética y
las interpretaciones naturales de ‘Ciudad de Dios,’ combinadas
con la elegancia y la política muy sutil de ‘El jardinero fiel,’
así que supe que Meirelles era la elección acertada”, dice
Fichman. “Empezamos con un libro de un Premio Nobel, teníamos
una adaptación de uno de los mejores guionistas del mundo y
ahora, con uno de los directores más innovadores, habíamos
creado un conjunto que nos dio una fuerza increíble.” “Sólo
hicieron falta cinco minutos para convencer a Meirelles para que
tomase el timón de A CIEGAS,” recuerda el productor Andrea
Barata Ribeiro, "Fernando podía haber hecho cualquier película,
pero cualquiera que haya trabajado con él sabe que su
preocupación es hacer del mundo un lugar mejor, y esta historia
siempre fue importante para él”.
Meirelles empezó con los
ojos cerrados, literalmente. Pasó horas con los ojos tapados,
pensando en cómo se oiría el mundo y qué se sentiría si te
quedaras ciego de repente. En busca de inspiración, releyó el
libro una y otra vez, seis o siete veces, dejándose empapar por
las múltiples facetas del retrato que hace Saramago de una
humanidad sitiada. Entendió que la historia podía interpretarse
de muchas maneras: como una metáfora de las reacciones
personales y políticas ante los desastres naturales; como una
alegoría de los peligros del futuro; como una reflexión sobre
elegir no ver lo que sucede a tu alrededor; como un análisis de
los instintos primarios; como una exploración de la conciencia
humana, con sus flaquezas pero también con una fortaleza
sorprendente... – y quería que todo esto estuviese en la
película, pero no de una forma explícita. “Esta historia no
tiene una verdad, y todas las distintas interpretaciones tienen
sentido”, afirma.
“Hay muchos dilemas
morales y creo que la película, en este sentido, va más allá que
el libro, en el que las cosas son más en blanco y negro. He
añadido mucho gris. Es una historia que debe generar muchas
preguntas pero no dar ninguna respuesta. Plantea cuestiones
sobre la evolución del hombre, nos hace reflexionar de forma
crítica, pero no apunta a ninguna dirección en concreto. Como en
la historia, cada uno tendrá que descubrir por sí mismo su
propio camino.” En cuanto al estilo visual de la película,
Meirelles prescindió del gris.
Quería dar énfasis al tipo
de ceguera inesperada descrita por Saramago, no una oscuridad
sin luz, sino una niebla impermeable y deslumbrante que impide
ver claramente, pero no tapa. "Mi primer instinto fue hacer de
esta historia oscura una película muy luminosa, con un brillo
casi agobiante," comenta. De este modo, aunque los personajes
pierden la vista, el civismo y las estructuras sociales se
desmoronan, la película mantiene una luminosidad deslumbrante
que sugiere una luz al otro lado de la oscuridad.
Meirelles es conocido por
hacer películas visualmente llamativas llenas de energía sobre
temas exigentes, pero con A CIEGAS se enfrentó quizás al mayor
reto de todos: ¿cómo ruedas una historia en la que ninguno de
los personajes, salvo uno, tiene un plano subjetivo? Para
solucionarlo, Mereilles se arriesgó a ir cambiando los planos
subjetivos a lo largo de la película. Empieza con una posición
de narrador omnisciente pero luego, dentro del hospital
convertido en gulag, cambia al punto de vista subjetivo de la
Mujer del Médico, porque es la única que ve.
Una vez que el público se
ha acostumbrado a ese mundo, el plano subjetivo vuelve a
cambiar, esta vez al Hombre del Parche Negro, que conecta a los
que están en cuarentena con historias del mundo exterior y con
sus propios mundos interiores. Por último, cuando la historia se
traslada a la ciudad arrasada por la guerra, el punto de vista
subjetivo de la película se convierte en una fusión de la
narración del Hombre del Parche Negro y las imágenes que ven los
ojos de la Mujer del Médico.
El resultado es una
especie de multiplicidad construida con voces y perspectivas con
resonancias del estilo de la prosa de Saramago y que deja
entrever una forma distinta de ver. Para resaltar esta idea,
Meirelles dividió la historia en lo que él ve como tres
secciones estilísticas distintas.
“El primer acto es donde
todo el mundo se queda ciego, todo se mueve muy deprisa y es
casi una película de acción,” señala. “Me pareció importante que
el público experimentara la opresión de no saber qué está
pasando al principio.” Entonces, de nuevo, todo cambia. “Para el
segundo acto, en el que el médico y su mujer llegan al
psiquiátrico y experimentan la ceguera, utilizamos muchas
imágenes abstractas para conseguir la sensación de estar
realmente desorientado. Este acto también introduce al personaje
del Hombre del Parche Negro como narrador y al Camarero que se
declara a sí mismo Rey del Ala Tres. La historia toma otra
dirección con un grupo que pelea contra el otro en una especie
de guerra de bandas. Luego, tras el incendio del psiquiátrico,
se abre una nueva puerta, la gente se va y se convierte una vez
más en una película nueva." Aunque su visión era compleja, una
vez en el rodaje, Meirelles tuvo una mentalidad muy abierta,
permitiendo la improvisación y los accidentes creativos.
“Fernando tiene la facultad de hacer que todo el mundo se sienta
cómodo. No hay fronteras. En el set se escuchaba portugués,
inglés, francés, español y japonés, pero sólo hablábamos en un
único lenguaje: el lenguaje con el que se hace una buena
historia”, resume el productor Sonoko Sakai.
En el corazón de A CIEGAS
están el Médico y la Esposa del Médico, dos personas corrientes
arrancadas de su vida cotidiana en un remolino de desorientación
y confusión.
La Mujer del Médico, la
única persona en la historia que, por una cuestión de suerte, es
inmune a la infección y aún ve (a pesar de fingir que es ciega),
se convierte en cierta manera en los ojos del público y en su
guía a través de todo lo que les sucede a los que han perdido la
vista. Guía al público por el mundo terrorífico y amenazador del
sanatorio abandonado, en donde cualquiera puede ser asesinado en
cualquier momento, ya sea por los guardas asustados o por los
propios reclusos frenéticos. Para su sorpresa, sintiéndose
contra las cuerdas, se convierte en una auténtica líder de los
ciegos, a los que estimula para que aprendan a vivir con su
angustia e incertidumbre.
Para interpretar a la
Mujer del Médico, los productores ficharon a Julianne Moore,
cuatro veces nominada al Oscar® y a la que se la conoce por sus
emotivas interpretaciones llenas de sutiles matices en títulos
como “Lejos del cielo”, “Las horas”, “El fin del romace” y, más
recientemente, en la visión de Alfonso Cuarón de un futuro
distópico, “Hijos de los hombres.” Moore se sintió
inmediatamente ligada a su personaje, al que no ve
necesariamente como una heroína sino como alguien impulsado,
como todos nosotros, a sobrevivir, un impulso que la lleva a
lugares oscuros pero también a encontrar una fuerza en su
interior que no sabía que tuviera.
“La Mujer del Médico es
una persona normal, y creo que es una de las mejores cosas de la
novela. No es perfecta, y lo que hace inicialmente (limpiar,
atar cables, etc.) es sólo una parte mínima de lo que podría
estar haciendo realmente. Al principio, su mayor preocupación es
su marido. Sin embargo, su capacidad de ver la aísla, pero al
mismo tiempo la convierte en líder,” comenta Moore. “Creo que
con este personaje Saramago incorpora la idea de
responsabilidad. Se pregunta quiénes somos y la responsabilidad
que tenemos hacia los demás, hacia el mundo en que vivimos y
hacia lo que hacemos en él. Tienes que plantearte si eres
realmente consciente de las consecuencias de tus actos, y ahí es
donde entra en juego la Mujer del Médico”.
Moore llevaba tiempo
queriendo trabajar con Meirelles cuando recibió el guión de A
CIEGAS. “Cuando me enteré de que iba a dirigir esta película, me
interesó mucho participar. Es un director brillante con un punto
de vista sorprendente”, dice. “Después de leer el guión, sentí
que A CIEGAS era algo grande e importante y una historia
necesaria en estos momentos." La actriz sorprendió a los
productores cuando llegó al rodaje teñida de rubio. Meirelles le
había pedido que se cortara el pelo para la película, pero ella
fue más lejos, una idea que se le ocurrió mientras leía el
guión. “Supe que era lo correcto para el personaje”, explica.
“El pelo rojo te hace destacar, porque estás en minoría. Quería
que la Mujer no resaltara tanto".
Durante el rodaje,
Meirelles se quedó asombrado de cómo Moore combinaba la técnica
con la ternura emocional. "Técnicamente, es como una máquina.
Dices algo y ella responde inmediatamente. Entiende
perfectamente la historia, el momento, la trama, y sabe
exactamente a qué distancia debe estar de la cámara. Al mismo
tiempo, es puro cine. Tiene algo, y no sé muy bien cómo
llamarlo... ¿carisma? ¿expresividad? Sea lo que sea, cada día me
quedaba sobrecogido por su actuación.” En contraste con el valor
adquirido por su mujer, el Médico pierde el ánimo. Al principio
de la historia es un líder dentro de la comunidad, fuerte y
responsable, pero una vez que se queda ciego y le confinan al
hospital, debe lidiar con una creciente sensación de impotencia
y desesperación que le lleva al sometimiento.” Para interpretar
al Médico, los productores eligieron a Mark Ruffalo, cuya
carrera despegó con su papel de vulnerable encantador en el
éxito independiente “Puedes contar conmigo” y que dado
interpretaciones memorables en películas como “Olvídate de mí”,
“Collateral”, “Todos los hombres del rey”, “Zodiac” y,
recientemente, “Un cruce en el destino” con Joaquin Phoenix.
Ruffalo era la elección perfecta para interpretar a este hombre
respetado en su comunidad que vive una pesadilla que nunca
hubiera podido imaginar.
Nada más leer el guión,
Ruffalo no pudo resistirse a querer explorar la intensa
experiencia del Médico en el mundo de los que acaban de perder
la vista. “Lo que me pareció interesante es que el médico acaba
descubriendo que él no es como pensaba y, en un momento
sobrecogedor, también descubre que su mujer no es quien pensaba
que era. La verdad interesante de este asunto es que él esperaba
que fuera su mujer la que estuviera en su situación”.
“Él es como pensaba que
era su mujer y es un momento muy difícil para cualquiera el que
se desmoronen todas tus percepciones,” dice. “Creo que
finalmente el Médico hace las paces con su incapacidad y su
declive y admite su admiración ante la fortaleza de su mujer."
Ruffalo se había reunido por primera vez con Meirelles en Cannes
en 2007 para hablar sobre el personaje del Médico, pero parecía
que el rodaje coincidiría con el nacimiento del tercer hijo de
Ruffalo.
A pesar de lo mucho que le
interesaba el papel, Ruffalo dejó claro que necesitaba estar con
su mujer en el parto. Aún así, Meirelles estaba convencido de
que era perfecto para el papel y modificó las fechas de rodaje
para que Ruffalo pudiera terminar a tiempo – y, por suerte, el
bebé cooperó.
"Mark es de una honestidad
brutal, no sólo sus personajes, sino él mismo. Aporta calidez al
Médico y creo que su actuación es brillante.”, dice Meirelles.
Si la Mujer del Médico se
convierte en los ojos de A CIEGAS, el personaje conocido como El
Hombre del Parche Negro permite acceder al alma de la historia.
Empedernido parlanchín que
también actúa de narrador de la historia, el Hombre del Parche
Negro siempre fue para Fernando Meirelles la manifestación en la
pantalla del escritor José Saramago. "Fue como si el novelista
formara parte del reparto. Como paciente del Médico y como
hombre que ya está ciego de un ojo cuando ataca el “Mal Blanco”,
el Hombre del Parche Negro está en una posición privilegiada
para explorar el mundo de los ciegos, ya que es el que mejor lo
conoce”.
Sale a relucir cuando trae
noticias – ¿o son rumores? – de lo que sucedió en el mundo
exterior en los días posteriores a que los primeros ciegos
fueran confinados, hilando historias de autobuses que vuelcan,
aviones que chocan entre sí y sobre la disolución del gobierno,
pero a medida que avanza la película, se convierte en su voz
interior.
El Hombre del Parche Negro
requería un actor con madurez, sensibilidad y elegancia, lo que
les llevó a Danny Glover, un veterano con multitud de registros:
la acción cómica de la saga de “Arma letal”, junto a Mel Gibson,
interpretar a Nelson Mandela en el telefilme “Mandela”; a Paul
Garner en la adaptación de Jonathan Demme de la novela
“Beloved”, de Toni Morrison; y a Albert en la adaptación de
Steven Spielberg de “El color púrpura”, para dar un giro a su
carrera con el exitoso musical “Dreamgirls”.
“El Hombre del Parche
Negro llega a este nuevo mundo de ceguera medio ciego, así que
creo que entiende dónde está dentro de su propia verdad, dentro
de sí mismo. Me pareció que este personaje se parecía mucho a
Saramago, porque no se disculpa en ningún momento −es quien es y
lo acepta," explica Glover. Sobre todo, a Glover le sobrecogió
la profundidad de A CIEGAS y todas las sensaciones que le
provocó. "La estética humana se basa en la capacidad de ver”,
señala.
“Creo que lo que dice
Saramago es que si eliminamos eso, las relaciones que creamos y
el camino hasta formar esas relaciones serán trascendentes y
duraderas. La clave es cómo sale la gente de esta experiencia, y
creo que todo tiene que ver con la idea de que si en los siglos
XXI y XXII no encontramos un nuevo ethos, estaremos perdidos".
Uno de los personajes más
misteriosos de A CIEGAS es la Chica de las Gafas Oscuras,
interpretada por Alice Braga, que hizo de Angelica en “Ciudad de
Dios” y que acaba de participar en otra historia apocalíptica,
“Soy leyenda”, junto Will Smith. Meirelles siempre la tuvo en
mente para el papel.
"Alice es muy buena actriz
y una muy buena amiga mía y tenía claro que quería que hubiera
un actor brasileño en A CIEGAS,” dice. “Al principio, me
preocupaba que tuviera que actuar en inglés, un idioma que
aprendió hace tres o cuatro años, pero asumí el riesgo y mereció
la pena. Creo que tiene un carisma innato".
Braga enfocó su personaje
como alguien que empieza siendo bastante reservada y enigmática
pero que poco a poco se va abriendo más, sobre todo al medida
que se encariña con el Niño Estrábico huérfano, que necesita su
ayuda para sobrevivir a los peligros del “campamento” en
cuarentena. "La Chica de las Gafas Oscuras es misteriosa," dice
Braga. "Aunque se acuesta con hombres porque es dinero fácil, no
quería tratarla únicamente como a una prostituta. Al principio
es bastante dura, pero luego desarrolla un sentimiento maternal
muy fuerte".
A Meirelles le impresionó
todo lo que aportó Braga a la evolución del personaje. “Cuando
llega por primera vez al hospital, tapada con sus gafas y con el
pelo cubriéndole la cara, no sabes quién es ni entiendes su
relación con el Niño. Parece muy fría, sin calidez ni afecto,
pero entonces empieza a ver con diferentes ojos, desde dentro. A
medida que trascurren las escenas, se vuelve más amable, un ser
humano real. Este es el arco de su personaje. Debido a su
ceguera, la Chica de las Gafas Oscuras aprende a ver”.
Para interpretar al
personaje conocido como el Ladrón, que al principio de A CIEGAS
es el buen samaritano que lleva a casa al Primer Ciego, los
productores recurrieron a una elección poco habitual: el
guionista de la película, Don McKellar, que también es un actor
con experiencia. "No escribí el papel del Ladrón para mí,"
aclara McKellar, “pero siempre me pareció un personaje muy
interesante. Primero le vemos como un buen samaritano que lleva
a casa al Primer Ciego, pero después resulta que se aprovecha de
la situación cuando le roba el coche”.
“Me gusta que te hagan
creer el ladrón es el malo. Es un personaje patético que al
principio crees que es el malo de la obra y luego te das cuenta
de que nada más lejos de la realidad. Hay algo de encanto en su
desesperación pero cuando entra en escena el Rey del Ala Tres,
conoces lo que es la auténtica desesperación".
El Rey se conoce primero
como el Camarero, su profesión antes de la aparición de la
“ceguera blanca”, pero dentro del hospital en cuarentena, el
Camarero se nombra a sí mismo real dictador y luego del resto
del hospital, ya que empieza a controlar los escasos recurso
proporcionados por el gobierno – comida, principalmente –
pidiendo a cambio joyas, bienes y, por último, mujeres.
El papel fue a parar a
manos de una de las estrellas de cine más prometedoras, Gael
García Bernal, que se dio a conocer con los rompedores filmes de
Alejandro González Iñárritu "Y tu mamá también" y “Amores
Perros” y que obtuvo premios y reconocimiento con su
interpretación del joven Che Guevara en “Diarios de
motocicleta”, de Walter Salles.
Bernal hacía tiempo que
admiraba la novela. “Siempre me pareció una historia
trascendente,” dice. “Es sobre la incapacidad de la gente para
vivir juntos, sobre lo que pasa cuando la gente realmente no ve
a los demás. Me gusta que se cree una situación que pone a
prueba todas las estructuras sociales y morales que nos han
enseñado. Los pabellones se vuelven caóticos y corruptos, como
el mundo, pero al final es una historia de esperanza porque lo
único que puede salvarnos somos nosotros mismos”.
Bernal sabía que sería un
papel extremadamente exigente, un retrato de la corrupción del
poder que a la vez conservaba su propio sentido de humanidad,
que debía ser cómica, salvaje y auténtica a la vez. "Creo que el
Rey simplemente es muy práctico, muy pragmático. Parece frío
porque no es un idealista y no ve esperanza, pero es un
superviviente, igual que el resto,” dice Bernal.
“Decir que el Rey es malo
sería ir en contra del sentido de la historia. Escoge soluciones
prácticas en beneficio de su pabellón y la fuerza que tiene el
personaje es que sus acciones resultan en un debate muy
acalorado sobre la moral".
El primer hombre que se
queda ciego en A CIEGAS, el paciente cero, se convierte en el
impulsor de la historia. El público asiste en suspense a cómo
pierde repentinamente la visión mientras espera a que se ponga
verde un semáforo, a cómo va dando bandazos por un mundo ahora
hostil e intenta entender lo que le está pasando y el porqué.
Tras aceptar que un
desconocido le lleve a casa (y que más tarde será el Ladrón),
pronto transmite la extraña infección a su enfadada y
desconsolada esposa y empieza una reacción en cadena que pronto
estará fuera de control.
El Primer Ciego y su mujer
son quizás los personajes que más cambiaron en la adaptación de
Don McKellar de la novela de Saramago. Para empezar, añadió una
nota de tensión conyugal, lo que aporta a las escenas una
tensión emocional aún mayor, y se convierte en un tema en sí
mismo, ya que la ceguera abre una grieta invisible entre la
pareja, que al principio está insegura sobre qué les une si no
pueden ver.
En segundo lugar, aunque
en la novela no se habla de la etnicidad de los personajes,
McKellar y Fernando Meirelles tomaron la decisión de usar a dos
actores de origen asiático para añadir a la película una mezcla
de culturas típica de cualquier ciudad post-moderna, pero una
vez tomada la decisión, tardaron meses en dar con los actores
adecuados.
Finalmente, escogieron a
los japoneses Yusuke Iseya y Yoshino Kimura, que habían
protagonizado en 2007 el éxito japonés “Sukiyaki Western:
Django,” un remake de un Spaghetti Western de Sergio Corbuccinde
de 1966, en el que también actuaba Quentin Tarantino, del
director inconformista Takashi Miike. Los dos hablaban el inglés
justo para que los papeles funcionaran, pero lo importante es
que había entre ellos una química que les permitía trabajar
juntos en silencio.
"Fernando comprendió que
aunque los papeles estaban escritos en inglés, la pareja podía
hablar en japonés entre ellos, así que no necesitábamos que
dominasen el inglés”, dice Sonoko Sakai. “Esto nos permitió
buscar a grandes actores, como Iseya y Kimura”.
Desde el primer momento,
Fernando Meirelles supo que para llevar a la pantalla a A CIEGAS
irónicamente necesitaría unas imágenes completamente originales
que pudieran trasmitir la desorientación y el horror de los
personajes para que el público se quedara fascinado con ese
mundo. Para conseguirlo, incorporó a la producción a gran parte
del equipo artístico de “Ciudad de Dios”, entre ellos: el
director de fotografía nominado a un Oscar® César Charlone, que
usó su experiencia en los “talleres sobre ceguera” para ayudar a
crear la simulación visual del “Mal blanco”en la película; el
nominado al Oscar al mejor montaje Daniel Rezende, que trabajó
codo con codo con Meirelles para estructurar los cambios de
plano en la película y los sinuosos puntos de vista; y el
diseñador de producción Tulé Peak, que convirtió una cárcel en
un improvisado campo de internamiento que la crítica comparó con
el Infierno de Dante, al tiempo que transformó una ciudad
cosmopolita en una metrópolis devastada.
Fieles al deseo de
Saramago de que la película, igual que la novela, estuviera
ambientada en una ciudad no identificada que aporte una
universalidad atemporal, A CIEGAS fue rodada en tres países
diferentes, sin que sean identificables. La mayoría los
exteriores del principio fueron rodados en Sao Paulo, la ciudad
natal de Meirelles. La parte central de la película, ambientada
en el psiquiátrico convertido en campo de cuarentena, se rodó en
la antigua cárcel de Guelph (Canadá); y el clímax, que se
desarrolla en el paisaje arrasado de una metrópolis dominada por
el caos, fue rodado en Sao Paulo y Montevideo (ciudad sugerida
por el director de fotografía, de origen uruguayo).
A Meirelles, que estudió
arquitectura, le fascina la estructura, pero también la
providencia creativa. Sus momentos favoritos como director son
cuando un simple corte cambia el sentido de una escena, cuando
un movimiento de cámara parece tener alma de repente, cuando la
música consigue el tono adecuado para una escena, cuando un
actor conecta con una emoción llena de fuerza... y todo esto
sucede en A CIEGAS. Uno de sus referentes fue la cita que
aparece en el epigrama de la novela de José Saramago (del
antiguo Libro de las exhortaciones): “Si puedes ver, mira, y si
puedes mirar, observa.”. Al fin y al cabo esta historia sobre la
ceguera, como resume Meirelles, “trata en realidad de aprender a
ver”.
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Focus Features International, Alliance Films, Fox Film do
Brasil, Gaga Communications, Asmik Ace Entertainment, MIkado,
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Media, O2 Filmes, Bee Vine Pictures y Very Independent
Production. Fotos por Alexandre Ermel. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos
reservados.
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