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NOCHES DE TORMENTA
(Nights in Rodanthe)


cartel
Dirección: George C. Wolfe.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 97 min.
Género: Drama romántico.
Interpretación: Richard Gere (Paul), Diane Lane (Adrienne), Christopher Meloni (Jack), Viola Davis (Jean), Becky Ann Baker (Dot), Scott Glenn (Robert Torrelson), Linda Molloy (Jill Torrelson), Pablo Schreiber (Charlie Torrelson), Mae Whitman (Amanda), Charlie Tahan (Danny).
Guión: Ann Peacock y John Romano; basado en la novela de Nicholas Sparks.
Producción: Denise Di Novi.
Música: Jeanine Tesori.
Fotografía:
Affonso Beato.
Montaje: Brian A. Kates.
Diseño de producción: Patrizia Von Brandenstein.
Vestuario: Victoria Farrell.
Estreno en USA: 26 Septiembre 2008.
Estreno en España: 24 Octubre 2008.

CÓMO SE HIZO "NOCHES DE TORMENTA"
Notas de producción © 2008 Warner Bros. Pictures

  “Se trata de una historia de personas que descubren que hay una segunda parte en sus vidas”, comenta el director George C. Wolfe. Con un bagaje marcadamente teatral, Wolfe es un famoso director de teatro, con dos premios Tony en su haber, y que hace su debut cinematográfico con “Noches de tormenta”. “La gente se pasa gran parte de su vida tomando decisiones y haciendo elecciones sobre lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto, y a menudo siente que no pueden hacer nada por cambiar las cosas”, comenta. “Es como si llegaran a cierto punto y dijeran ‘Vale, ésta es mi vida; esto es lo que he hecho con ella y esto es lo que tengo’”. “Pero ¿qué ocurre cuando se adentran en la segunda mitad de sus vidas?”, se pregunta el productor Denise Di Novi. “¿Puedes encontrar el amor? ¿Puedes dar con el compañero de tu vida aunque no lo hayas encontrado todavía o lo hayas encontrado y lo hayas perdido? La gente siempre está descubriendo nuevos intereses y nuevas facetas de sí mismos. La idea de encontrar tu alma gemela en la mitad del camino no es algo tan inusual; a veces se tarda mucho tiempo y a veces ocurre cuando menos te lo esperas. El sueño de encontrar el amor verdadero no acaba a los 25. Ése es el mensaje de ‘Noches de tormenta’ y creo que muchas personas pueden verse reflejadas e inspiradas en esta película”. “Es una historia de amor para adultos”, añade Richard Gere, que interpreta a Paul. “Se trata de personas que ya han tenido una vida antes de conocerse y que no están buscando una relación para definirse”. No obstante, se trata de una relación que alterará la forma en que se definen y que, a su vez, cambiará el transcurso de su vida más allá del tiempo que pasan juntos. Wolfe lo explica así: “Las circunstancias y la dinámica evolucionan. A veces la vida y el universo nos ofrecen algo que no nos esperábamos y para lo que aún no hemos abandonado nuestras esperanzas”. “Noches de tormenta” sugiere que nunca es demasiado tarde para encontrar una verdadera relación y que tampoco nunca es demasiado tarde para recuperar ese yo que perdiste por el camino mientras vivías la vida que creías que querías (o que los demás esperaban de ti). Por encima de todo, se trata de una historia de amor dramática típica de Nicholas Sparks.

 

  Diane Lane, que interpreta a Adrienne, atribuye el atractivo de Sparks a “su sensibilidad hacia el corazón de las personas. Creo que a la gente le gusta ver que los demás son como uno y necesitan lo mismo que nosotros, independientemente de su tiempo, edad o circunstancias. El amor lo traspasa todo”.

  Sparks, autor de best-sellers tan memorables como El Diario de Noah, Mensaje En Una Botella y Un Paseo Para Recordar — estas dos últimas producidas para la pantalla por Di Novi — cree que Noches de Tormenta supone un regreso temático a sus orígenes como narrador de historias. “Es una de las novelas intrínsecamente más románticas que haya escrito nunca. Tiene una tormenta, una isla aislada y una pareja con sus propias heridas que se cura mutuamente y eso implica un amplio abanico de emociones humanas: felicidad, tristeza, furia, frustración, pasión, impaciencia y paciencia”.

  “Lo que me gusta del trabajo de Nick es que da el mismo peso a los personajes masculinos”, añade Di Novi, que habla como fan y como colaborador creativo al mismo tiempo, y que cree que la vida emocional de los hombres es a menudo minusvalorada en el cine y en la ficción. “Paul es un hombre complicado. No es sólo el tipo del que se enamora Adrienne. Su experiencia es tan complicada como la de ella y se trata de un elemento de la historia que George y yo nos esforzamos mucho por recrear en la pantalla. Ése es uno de los motivos por los que quería que fuera el director.

  “Me encanta el trabajo de George”, prosigue citando la aclamada dirección a manos de Wolfe del drama “Lackawanna Blues”. “Su atención al detalle en esa obra, desde el vestuario y los decorados hasta la riqueza general de todo ese mundo que creó tenía un gran impacto emocional. Y yo sabía que aportaría esa sensibilidad también a este proyecto”.

  Otro aspecto al que han hecho frente los creadores de este film es la forma en que Paul y Adrienne se conocen como personas independientes y totalmente formadas que son capaces de relacionarse pero que llevan al mismo tiempo no sólo una carga emocional, sino también sus propias historias, opiniones y responsabilidades. Según Wolfe: “Ya han experimentado muchas cosas como la pérdida de los padres, el nacimiento de los hijos, los planes y frustraciones y el dolor al que todos tenemos que enfrentarnos”.

  Paul, que es cirujano, acude a los Outer Banks de Rodanthe para encontrarse con Robert Torrelson, el viudo de una paciente suya que ha muerto accidentalmente. Está claro que lo ha hecho para atar cabos sueltos y, quizás, evitar una demanda, pero hay motivos mucho más fuertes que le impulsan a hacerlo.

  Gere lo explica así: “Paul decidió hace tiempo anteponer su carrera a todo, para ser todo lo buen médico que le fuera posible, no por el dinero, sino para ayudar de verdad a la gente. Y lo ha logrado, aunque por el camino se ha distanciado de su hijo y ha perdido su matrimonio y su hogar. Ahora que se enfrenta a una crisis emocional y espiritual, abandona todas las demás piedras de toque de su vida anterior. Llega al hotel sin ninguna atadura”.

  Adrienne llega igualmente libre de ataduras, aunque “sin hacer” podría ser un término más cercano a la realidad. Mientras sigue enfrentándose al hecho de que su marido ha tenido una aventura con otra mujer, se ve sacudida por una noticia mucho más desconcertante como es que su marido ha cambiado de idea y quiere volver con ella. Evidentemente, eso es lo que quieren sus dos hijos, sobre todo su hija Amanda, que ejerce una gran presión para que así sea. Sin duda sería la solución más sencilla, pero… ¿es eso lo que de verdad desea Adrienne?

  “Está en un punto de inflexión: primero se enfrenta al divorcio, y ahora a una posible reconciliación. Adrienne se ha dejado gran parte de su libertad por el camino anteponiendo su familia a todo y se sentía cómoda con ello, aunque en los últimos tiempos se ha ido forjando una nueva identidad en solitario y descubre que no le resulta tan fácil renunciar a ella y volver atrás”, explica Lane.

  “No creo que Adrienne se sienta preparada para un romance”, añade. “No es eso lo que tiene en la cabeza. Probablemente no se siente preparada para nada en ese preciso momento, excepto quizás para pasar tres meses en un balneario”.

  Cuando Jean, la amiga de Adrienne, se va de vacaciones y le pide que se haga cargo de sus obligaciones en la gestión de un pintoresco hotel que posee en los Outer Banks durante un fin de semana, Adrienne lo ve como una gran oportunidad para aclarar las cosas. Al mismo tiempo, el establecimiento ofrece a Paul un lugar confortable en el que prepararse para su difícil encuentro con Torrelson.

  Este marco también le da a Wolfe la oportunidad de demostrar lo que cree que es uno de los principales temas de la historia: cómo las fuerzas de la naturaleza pueden reflejar la evolución de una relación y cómo una tormenta incontrolable se convierte en una metáfora del poder del amor.

  Así, cada uno de ellos llega al hotel en lo que el director describe como “un estado maravillosamente vulnerable. Es como en la vida real, la fe y los elementos se combinan para crear la oportunidad perfecta. Allí, gracias a una serie de circunstancias – cenas, conversaciones, confrontaciones y la entrada en escena en última instancia de un huracán que les obliga a refugiarse en la casa – llegan a conocerse de una forma sincera y poderosa que sólo es posible cuando las personas están fuera de su elemento natural y se ven desprovistas de todas las cosas artificiales que suelen definirlas y hacerlas sentir seguras”.

  “Hablar con un extraño te permite mostrarte de una forma que rara vez puedes hacer con la gente que conoces”, afirma Wolfe. Ser el centro de atención de un desconocido puede llevarnos a vernos a nosotros mismos con nuevos ojos y ver, por primera vez en muchos años, la fuerza que habíamos olvidado que teníamos o quizás los deseos y arrepentimientos que hemos llegado a aceptar. “Lo que Paul hace aflorar en Adrienne, y viceversa, es la audacia del ‘¿Quién te crees que eres?’ Y ésa es una buena pregunta”, afirma Lane. “‘Dame un minuto para pensarlo… ¡¿quién me creo que soy?!’ Eso es lo que la gente encuentra al comienzo de una relación: la oportunidad de decir y hacer algo a propósito en lugar de empujada por las circunstancias. Puede resultar incómodo, pero es muy liberador”.

  “De esta forma, Paul y Adrienne actúan como catalizadores de la auto-realización del otro”, aporta la guionista Ann Peacock. “Paul le permite a Adrienne hacer lo que más le conviene a ella en lugar de lo que se ha visto condicionada a hacer y Adrienne le permite a Paul bajar la guardia y abrirse a la posibilidad del amor y el perdón”.

  “Es definitivamente una historia para aprender”, sugiere Gere. “Todos somos niños tratando de entender quiénes somos, dónde estamos y qué es todo esto. Lo bonito en ‘Noches de tormenta’ es que muestra cómo dos personas en crisis pueden superar sus barreras, acercarse la una a la otra y tener un enorme impacto mutuo en un período de tiempo relativamente corto”. Y ese impacto puede a menudo superarles a ambos. De acuerdo con Di Novi: “Lo que descubren el uno en el otro, el tipo de conexión que establecen, es una de esas cosas únicas en la vida, un amor tan profundo que, como dice Adrienne en la película, te hace que quieras compartirlo con el resto del mundo”.

  “Noches de tormenta” es la tercera película en la que coinciden Richard Gere y Diane Lane. Hace 24 años ya interpretaron a una pareja de amantes alocados en “Cotton Club”, de Francis Ford Coppola, y más recientemente han sido a una pareja cuyo tambaleante matrimonio sigue irradiando calor en las cenizas en el memorable drama de 2002 “Infiel”.

  A propósito de su más que notable química en la pantalla, Gere y Lane empiezan a gastar bromas incluso cuando se están riendo de ello. Lane cita el ejemplo de los actores con una química fabulosa en la vida real cuyas escenas románticas resultan inexplicablemente planas en pantalla antes de bromear diciendo: “Richard y yo somos todo lo contrario. No sentimos absolutamente nada cuando estamos juntos…”, momento en el que Gere interviene para corroborarlo: “Pero nada, nada de nada. Y, en cambio, mira lo que pasa en la pantalla. Es un milagro”.

  A decir verdad, continua diciendo: “Nuestra amistad ha evolucionado con los años y se ha convertido en una especie de confianza. Me encanta trabajar con ella”. Gere también cree que las diferencias entre los que eran en los tiempos de “Cotton Club”, como actores y como personas, y los que son ahora, es algo similar al tipo de relación que se establece entre Paul y Adrienne. “Lo importante para mí al aceptar este papel, y creo que para Diane también, fue que no era una historia sobre jovencitos que se enamoran. No es ese tipo de película. Hay escenas en las que apenas nos miramos pero existe una comunicación tan fuerte y profunda que se puede sentir perfectamente”.

  Lane añade: “Lo que puedes aportar a una relación en ese momento es normalmente mucho más que lo que puedes ofrecer a los 18. Tienes más perspectiva, más personalidad y aprecias mucho más las cosas, y al otro”.

  Y todos estos elementos se dan la mano en el desarrollo de la relación entre Paul y Adrienne, dos personas atrapadas por una tormenta en los Outer Banks: “No parece que estés viendo a dos actores en ningún momento. En lugar de ello, es como si estuvieras viendo a dos seres humanos viviendo su vida”, señala Wolfe.

  Al igual que siempre hay una oportunidad para enamorarse y encontrar el sentido de la vida, siempre hay una oportunidad para aprender, mejorar y hacer lo correcto con la gente que te rodea. Aparte de Paul y Adrienne hay otros actores clave en este drama que les ayudan o crean problemas hasta hacerles llegar a esta encrucijada.

  Es la tragedia de Torrelson la que precipita el viaje de Paul a los Outer Banks y, posteriormente, la oportunidad de buscarse en serio a sí mismo. Es Jack, el marido de Adrienne, quien crea la crisis que la deja a la deriva. Y es Jean con su decisión de dejar el hotel ese fatídico fin de semana en manos de Adrienne quien les ofrece el marco perfecto para que estalle la tormenta y se enamoren.

  La situación de Paul con Torrelson se produce casi al mismo tiempo que la ruptura de su matrimonio y el mayor distanciamiento con su hijo pero, de los tres problemas, éste es el que parece tener más fácil solución. Wolfe lo explica así: “Paul está concentrado en su crisis profesional. Se le ha muerto una paciente y su marido ha presentado una demanda por mala praxis. Como suele pasarle a la gente muy concentrada, profesional y formada como Paul, no está especialmente bien dotado para hacer frente al fracaso, la pérdida y la frustración. Es bueno solucionando las cosas. Le gusta saltarse las complicaciones e ir directamente al resultado. Y por eso ha acudido a Rodanthe para arreglar la situación”.

  Scott Glenn, que interpreta al viudo, comenta: “Lo que Paul no entiende es que a Torrelson no le interesa el dinero. No se trata de la demanda, quiere una disculpa. Quiere asegurarse de que la persona que más amaba y que ha fallecido no sea un número más, ya que era alguien importante y valioso. Lo importante para él es llamar la atención del medico y escucharle decir que se ha equivocado y que lo siente”.

  “Scott es genial”, afirma Di Novi. “La escena en la que Torrelson se enfrenta a Paul es indescriptiblemente hermosa. Se trata de un hombre que está sufriendo mucho, pero al que le cuesta mucho expresarlo. Está claro que es la primera vez que Paul tiene que conectar con otro ser humano de esta forma”.

  Mientras que Paul se esfuerza porque su encuentro tenga algún sentido y se pregunta cómo se va a enfrentar a su siguiente desafío — lograr acercarse a su hijo —Adrienne está tratando de descubrir lo que siente por Jack, cuyas encendidas peticiones, incluso en este lugar tan remoto, le llegan muy de cerca a través del teléfono.

  Christopher Meloni, que interpreta a Jack, considera que su papel es “el de catalizador: Jack es el resorte que pone en marcha el viaje de Adrienne. La empuja a enfrentarse a este dilema en el que debe reconciliarlo y analizarlo todo para descubrir qué está bien y qué está mal para ella y qué va a hacer ahora”.

  El papel es más complejo de lo que podría parecer en un primer momento. Di Novi señala que: “Aquí no hay malos. Nadie planea hacer nada mal. Adrienne se enamoró de Jack por algo y tenemos que entender que es por algo que ha estado tantos años casada con él. Era esencial que el actor que interpretara a Jack fuera capaz de aportar todos esos matices y que no fuera un personaje plano”.

  “Tenía que ser un rival a la altura, para que Adrienne pudiera verse verdaderamente atraída hacia él y resultara creíble”, concluye Wolfe. Por último, explica Meloni: “Jack es sincero al esperar formar parte de la familia de nuevo, pero no creo que esté volviendo por los motivos correctos. Incluso cuando es sincero, te das cuenta de que hay algo que no está bien con él y, espero que el público capte parte del recelo que Adrienne siente hacia él sin saber necesariamente por qué”.

  Una persona que sin duda estaría de acuerdo es su leal amiga y confidente, Jean, interpretada por Viola Davis. Jean aporta valentía, humor y opiniones sinceras… sin que se le pida. Está claro que las dos mujeres han vivido muchas cosas juntas, ya que la casa de Jean, el hotel, está llena de cosas que las dos hicieron cuando eran niñas, además de fotos y recuerdos que comparten el espacio con los souvenirs de los viajes de Jean y la combinación ecléctica de objetos de arte que ha elaborado ella misma o que ha ido coleccionando a lo largo de los años.

  En palabras de Di Novi: “Jean representa a una mujer totalmente liberada. Sabe quién es y no le preocupa lo que piense la gente. Da rienda suelta a la expresión de su arte y su talento y vive la vida al máximo, tal y como a Adrienne le gustaría hacerlo algunas veces”.

  Sin duda, Adrienne tiene esos mismos elementos en su naturaleza, pero, como señala Davis: “Aunque Jean persiguió los sueños que ambas tenían cuando eran jóvenes, Adrienne es la que aparcó algunos de ellos para criar hijos y llevar una vida más estable y convencional, renunciando a parte de su libertad y anteponiendo las necesidades de todos los demás. Hacen una buena pareja porque la una equilibra las decisiones de la otra compartiendo al mismo tiempo un mismo punto de vista”.

  De igual forma, el estilo alocado de Jean es muy diferente de la vida que vive Davis, que aportó nuevos matices al desafío y la diversión que implicaba el papel, y ése fue uno de los motivos por los que Wolfe la eligió. “Definitivamente nos soy yo”, explica. “Jean es mucho más extravagante y libre y hace cosas que yo nunca haría. Yo soy mucho más sensata e introvertida”.

  Wolfe y Davis están ambas vinculadas al Public Theatre, pero es la primera vez que las dos colaboran tan estrechamente como director y actor. Al ficharla para “Noches de tormenta”, confiaba en que “Viola sería capaz de transmitir la calidez y vitalidad de Jean así como la fortaleza de su alma, una mujer que defiende a capa y espada a su mejor amiga”.

  En el reparto también encontramos a Mae Whitman (“Arrested Development”) que interpreta a Amanda, la sensible y cabezota hija de Adrienne, y cuyo deseo de que sus padres se reconcilien pesa mucho en su madre, y Pablo Schreiber (“Bajo escucha”) que es Charlie, el hijo de Robert Torrelson, que deja salir su dolor con toda su rabia cuando Paul acude a hablar con ellos.

  La producción comenzó en mayo de 2007 en la pequeña ciudad de Rodanthe y su entorno en los Outer Banks, una cadena de islas de unos 5 km que forman una barrera en paralelo a la costa de Carolina del Norte y soportan las duras y violentas condiciones oceánicas cada temporada. También se les conoce como la “tumba del Atlántico” porque esta región tan proclive a los huracanes presenta una de las mayores tasas de naufragios del mundo.

  “Los libros de Nick siempre se desarrollan en Carolina del Norte, y Rodanthe es un lugar aislado y muy concreto de los Outer Banks”, explica Di Novi confirmando que los desafíos que supuso el rodaje allí bien merecieron la pena. “Hay algo innegablemente mágico en este lugar que sabíamos que no podríamos conseguir en ningún otro sitio. Es un marco que rara vez se ve en el cine, un rincón ciertamente único de EE.UU. que pocas personas conocen”.

  Al buscar las localizaciones para la película, Wolfe quedó especialmente impactado por la forma en que los Outer Banks encajaban en el drama romántico de la historia. “Es un paisaje increíblemente hermoso, pero también vulnerable y expuesto, una extensión de terreno relativamente estrecha rodeada por agua a ambos lados. La fuerza del océano y el cielo se hacían sentir de verdad allí. A mí me quedó muy claro cómo las fuerzas de la naturaleza desempeñan un papel clave en el nacimiento del amor entre estas dos personas”.

  El guionista John Romano señala cómo Nicholas Sparks sigue la tradición de los narradores de historias de explotar esas poderosas fuerzas externas en el estado emocional de sus personajes y el dramatismo de sus vidas. “El huracán estalla en el exterior, haciendo que se unan, pero también se produce una tormenta en el interior de la casa, entre ellos dos, que es como un reflejo del de fuera. Existe un flujo perfecto entre las turbulencias de fuera y las de dentro. La intención de George era que eso se reflejara en la pantalla; se ve en la forma en que lo imaginó él, en los diálogos, en la forma en que lo filmó y en la que los actores lo interpretaron con su tremenda capacidad para el subtexto”.

  Aunque pueda ser cierto que la naturaleza y las circunstancias conspiran dramáticamente para unir a Paul y Adrienne, también es cierto que esas mismas fuerzas parecían decididas a acabar con ellos y repartir todos sus materiales a lo largo de la costa.

  Wolfe recuerda con una sonrisa: “Algunos días empezábamos a rodar y era como si el océano dijera ‘No vais a grabar esa escena porque voy a llevarme ese trozo del plató.’ Y así era. Así que teníamos que reprogramarlo todo. Fue un proceso fascinante, especialmente para mí, que he vivido de siempre en Nueva York y tuve que negociar activamente nuestra relación con la naturaleza para hacer lo que queríamos”.

  A pesar de contar con una cuidadosa planificación para evitar la temporada de tormentas, la producción se vio sorprendida el segundo día por una tormenta nor’easter, con vientos de 88 km/hora y lluvia. Fue la tormenta más madrugadora en la zona de los últimos 30 años, y trajo consigo las mareas más altas de la última década.

  “La marea barrió casi la totalidad de la arena que había debajo de la casa”, comenta la oscarizada diseñadora de producción Patrizia von Brandenstein (“Amadeus”), refiriéndose a la principal localización exterior de la película: una estructura local ya existente que no sólo había perdido más de 1 metro de arena de sus cimientos, sino también dos tramos con escalones de 5,5 metros, además de todos los equipos y bienes que se habían guardado allí. “Seguía en pie, pero en un estado muy precario. Con la arena suelta y la que se había llevado la marea, pudimos ver cómo se habían colocado debajo de la casa unas grandes bolsas de arena para estabilizarla durante una tormenta anterior, además de las raíces y tocones de cipreses, probablemente centenarios, que estaban ahora expuestos ahora al haber quedado al borde del agua como un recuerdo de los tiempos en los que esta zona era un bosque costero”.

  Bajo el mando de von Brandenstein, el equipo trajo varias unidades de construcción del cercano Wilmington y trabajó durante cuatro días para reconstruir la casa. “Las dos escaleras que habían desaparecido con la tormenta aparecieron un par de semanas después y se volvieron a utilizar”, comenta. “Con esta mentalidad recicladora, les encontramos utilidad en los demás escenarios, y eso le venía muy bien en cierto sentido a la historia. Me gusta la idea de recuperar, de coger algo que parece una ruina y reconstruirlo. Eso se puede ver en la forma en que Adrienne convierte los maderos que flotan a la deriva en cajas de madera y en cómo Paul recupera y reconstruye sus vidas”.

  Los interiores se filmaron en una confortable construcción para dos familias de Topsail Island, a unos 65 km de Wilmington, convertida en un espacio más grande en el que recrear el salón del hotel, el comedor y la cocina con sólo quitar unas paredes.

  Para Wolfe, el propio hotel se convirtió en “un personaje más de la historia, un lugar con historia y alma, cargado de años y vidas, una especie de hogar de las fuerzas espirituales”. Consciente de la historia multicultural única del lugar e imaginando la riqueza de su historia para Jean y su hogar ancestral, trató de recrear algunos de esos elementos en la decoración del lugar con los numerosísimos objetos artísticos de temática espiritual que generación tras generación decoraban el hotel y compartían su espacio con las propias creaciones y colecciones de Jean fruto de sus intereses y exploraciones.

  Otro aspecto del patrimonio cultural de Rodanthe se convirtió en uno de los detalles exteriores del hotel más destacados, sus contraventanas de un azul profundo al que, como Wolfe descubrió más tarde, la población local denomina "azul haint” y que databan de los tiempos en el que los sobrevivientes de los barcos de esclavos naufragados se asentaron en la zona aportando la influencia de sus culturas y religiones a la población indígena. De acuerdo con la tradición local, la gente pinta las contraventanas de sus casas de este color azul para mantener alejados a los “haints” (espíritus merodeadores, en inglés antiguo). Aunque las leyendas que hablan de visitas del más allá no son ya más que fábulas, la costumbre, y el color, perduran en nuestros días. "Suele ser un azul grisáceo, pero el nuestro era más oscuro porque a Jane le gustan las cosas fuertes y vibrantes", comenta von Brandenstein.

  Las contraventanas también desempeñan un papel destacado para crear el tono de la tormenta inminente. Su incesante resonar al chocar contra las ventanas anuncia los problemas y ayuda a crear una sensación de incertidumbre creciente y volatilidad hasta alcanzar el clímax.

  El hotel y su complicada topografía, el océano y el tiempo en su conjunto, como señala Wolfe, “representan la vida. Incluso el hecho de que la casa esté posicionada con el océano a un lado y la carretera intercostera al otro, es representativo de lo que son la vida y el amor, ambos frágiles y heroicos. Y, lo que es más importante, es algo duradero, aunque parezca que nada puede durar.

  “Creo que dentro de todos nosotros existe una necesidad de ver una verdad emocional y posibilidades emocionales cuando vamos al cine. Todos entendemos lo frágil que es la vida, lo frágil que es el amor y lo precioso que es el tiempo que pasamos juntos. En cierto sentido, la felicidad es como una pompa de jabón: si la coges demasiado fuerte, la destruyes. Es maravilloso ver a dos personas que siguen aprendiendo quiénes son y reviven la idea de que es posible vivir un gran amor”.

  “Espero que el público tenga la sensación de haber vivido algo junto con estos personajes”, comenta Di Novi. “Me encantaría pensar que puedan verse inspirados y animados y que salgan del cine con una perspectiva un poco diferente. Puede que incluso salgan con ganas de encontrar a esa persona especial si todavía no lo han hecho o de cuidar un poco más lo que tienen”.


Imágenes y notas de cómo se hizo "Noches de tormenta" - Copyright © 2008 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures y Di Novi Pictures. Fotos por Michael Tackett. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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