CÓMO SE HIZO "NOCHES DE
TORMENTA"
Notas de producción © 2008
Warner Bros. Pictures
“Se trata de una historia de
personas que descubren que hay una segunda parte en sus vidas”,
comenta el director George C. Wolfe. Con un bagaje marcadamente
teatral, Wolfe es un famoso director de teatro, con dos premios
Tony en su haber, y que hace su debut cinematográfico con
“Noches de tormenta”. “La gente se pasa gran parte de su vida
tomando decisiones y haciendo elecciones sobre lo que es bueno o
malo, correcto o incorrecto, y a menudo siente que no pueden
hacer nada por cambiar las cosas”, comenta. “Es como si llegaran
a cierto punto y dijeran ‘Vale, ésta es mi vida; esto es lo que
he hecho con ella y esto es lo que tengo’”. “Pero ¿qué ocurre
cuando se adentran en la segunda mitad de sus vidas?”, se
pregunta el productor Denise Di Novi. “¿Puedes encontrar el
amor? ¿Puedes dar con el compañero de tu vida aunque no lo hayas
encontrado todavía o lo hayas encontrado y lo hayas perdido? La
gente siempre está descubriendo nuevos intereses y nuevas
facetas de sí mismos. La idea de encontrar tu alma gemela en la
mitad del camino no es algo tan inusual; a veces se tarda mucho
tiempo y a veces ocurre cuando menos te lo esperas. El sueño de
encontrar el amor verdadero no acaba a los 25. Ése es el mensaje
de ‘Noches de tormenta’ y creo que muchas personas pueden verse
reflejadas e inspiradas en esta película”. “Es una historia de
amor para adultos”, añade Richard Gere, que interpreta a Paul.
“Se trata de personas que ya han tenido una vida antes de
conocerse y que no están buscando una relación para definirse”.
No obstante, se trata de una relación que alterará la forma en
que se definen y que, a su vez, cambiará el transcurso de su
vida más allá del tiempo que pasan juntos. Wolfe lo explica así:
“Las circunstancias y la dinámica evolucionan. A veces la vida y
el universo nos ofrecen algo que no nos esperábamos y para lo
que aún no hemos abandonado nuestras esperanzas”. “Noches de
tormenta” sugiere que nunca es demasiado tarde para encontrar
una verdadera relación y que tampoco nunca es demasiado tarde
para recuperar ese yo que perdiste por el camino mientras vivías
la vida que creías que querías (o que los demás esperaban de
ti). Por encima de todo, se trata de una historia de amor
dramática típica de Nicholas Sparks.
Diane Lane, que interpreta
a Adrienne, atribuye el atractivo de Sparks a “su sensibilidad
hacia el corazón de las personas. Creo que a la gente le gusta
ver que los demás son como uno y necesitan lo mismo que
nosotros, independientemente de su tiempo, edad o
circunstancias. El amor lo traspasa todo”.
Sparks, autor de
best-sellers tan memorables como El Diario de Noah, Mensaje En
Una Botella y Un Paseo Para Recordar — estas dos últimas
producidas para la pantalla por Di Novi — cree que Noches de
Tormenta supone un regreso temático a sus orígenes como narrador
de historias. “Es una de las novelas intrínsecamente más
románticas que haya escrito nunca. Tiene una tormenta, una isla
aislada y una pareja con sus propias heridas que se cura
mutuamente y eso implica un amplio abanico de emociones humanas:
felicidad, tristeza, furia, frustración, pasión, impaciencia y
paciencia”.
“Lo que me gusta del
trabajo de Nick es que da el mismo peso a los personajes
masculinos”, añade Di Novi, que habla como fan y como
colaborador creativo al mismo tiempo, y que cree que la vida
emocional de los hombres es a menudo minusvalorada en el cine y
en la ficción. “Paul es un hombre complicado. No es sólo el tipo
del que se enamora Adrienne. Su experiencia es tan complicada
como la de ella y se trata de un elemento de la historia que
George y yo nos esforzamos mucho por recrear en la pantalla. Ése
es uno de los motivos por los que quería que fuera el director.
“Me encanta el trabajo de
George”, prosigue citando la aclamada dirección a manos de Wolfe
del drama “Lackawanna Blues”. “Su atención al detalle en esa
obra, desde el vestuario y los decorados hasta la riqueza
general de todo ese mundo que creó tenía un gran impacto
emocional. Y yo sabía que aportaría esa sensibilidad también a
este proyecto”.
Otro aspecto al que han
hecho frente los creadores de este film es la forma en que Paul
y Adrienne se conocen como personas independientes y totalmente
formadas que son capaces de relacionarse pero que llevan al
mismo tiempo no sólo una carga emocional, sino también sus
propias historias, opiniones y responsabilidades. Según Wolfe:
“Ya han experimentado muchas cosas como la pérdida de los
padres, el nacimiento de los hijos, los planes y frustraciones y
el dolor al que todos tenemos que enfrentarnos”.
Paul, que es cirujano,
acude a los Outer Banks de Rodanthe para encontrarse con Robert
Torrelson, el viudo de una paciente suya que ha muerto
accidentalmente. Está claro que lo ha hecho para atar cabos
sueltos y, quizás, evitar una demanda, pero hay motivos mucho
más fuertes que le impulsan a hacerlo.
Gere lo explica así: “Paul
decidió hace tiempo anteponer su carrera a todo, para ser todo
lo buen médico que le fuera posible, no por el dinero, sino para
ayudar de verdad a la gente. Y lo ha logrado, aunque por el
camino se ha distanciado de su hijo y ha perdido su matrimonio y
su hogar. Ahora que se enfrenta a una crisis emocional y
espiritual, abandona todas las demás piedras de toque de su vida
anterior. Llega al hotel sin ninguna atadura”.
Adrienne llega igualmente
libre de ataduras, aunque “sin hacer” podría ser un término más
cercano a la realidad. Mientras sigue enfrentándose al hecho de
que su marido ha tenido una aventura con otra mujer, se ve
sacudida por una noticia mucho más desconcertante como es que su
marido ha cambiado de idea y quiere volver con ella.
Evidentemente, eso es lo que quieren sus dos hijos, sobre todo
su hija Amanda, que ejerce una gran presión para que así sea.
Sin duda sería la solución más sencilla, pero… ¿es eso lo que de
verdad desea Adrienne?
“Está en un punto de
inflexión: primero se enfrenta al divorcio, y ahora a una
posible reconciliación. Adrienne se ha dejado gran parte de su
libertad por el camino anteponiendo su familia a todo y se
sentía cómoda con ello, aunque en los últimos tiempos se ha ido
forjando una nueva identidad en solitario y descubre que no le
resulta tan fácil renunciar a ella y volver atrás”, explica
Lane.
“No creo que Adrienne se
sienta preparada para un romance”, añade. “No es eso lo que
tiene en la cabeza. Probablemente no se siente preparada para
nada en ese preciso momento, excepto quizás para pasar tres
meses en un balneario”.
Cuando Jean, la amiga de
Adrienne, se va de vacaciones y le pide que se haga cargo de sus
obligaciones en la gestión de un pintoresco hotel que posee en
los Outer Banks durante un fin de semana, Adrienne lo ve como
una gran oportunidad para aclarar las cosas. Al mismo tiempo, el
establecimiento ofrece a Paul un lugar confortable en el que
prepararse para su difícil encuentro con Torrelson.
Este marco también le da a
Wolfe la oportunidad de demostrar lo que cree que es uno de los
principales temas de la historia: cómo las fuerzas de la
naturaleza pueden reflejar la evolución de una relación y cómo
una tormenta incontrolable se convierte en una metáfora del
poder del amor.
Así, cada uno de ellos
llega al hotel en lo que el director describe como “un estado
maravillosamente vulnerable. Es como en la vida real, la fe y
los elementos se combinan para crear la oportunidad perfecta.
Allí, gracias a una serie de circunstancias – cenas,
conversaciones, confrontaciones y la entrada en escena en última
instancia de un huracán que les obliga a refugiarse en la casa –
llegan a conocerse de una forma sincera y poderosa que sólo es
posible cuando las personas están fuera de su elemento natural y
se ven desprovistas de todas las cosas artificiales que suelen
definirlas y hacerlas sentir seguras”.
“Hablar con un extraño te
permite mostrarte de una forma que rara vez puedes hacer con la
gente que conoces”, afirma Wolfe. Ser el centro de atención de
un desconocido puede llevarnos a vernos a nosotros mismos con
nuevos ojos y ver, por primera vez en muchos años, la fuerza que
habíamos olvidado que teníamos o quizás los deseos y
arrepentimientos que hemos llegado a aceptar. “Lo que Paul hace
aflorar en Adrienne, y viceversa, es la audacia del ‘¿Quién te
crees que eres?’ Y ésa es una buena pregunta”, afirma Lane.
“‘Dame un minuto para pensarlo… ¡¿quién me creo que soy?!’ Eso
es lo que la gente encuentra al comienzo de una relación: la
oportunidad de decir y hacer algo a propósito en lugar de
empujada por las circunstancias. Puede resultar incómodo, pero
es muy liberador”.
“De esta forma, Paul y
Adrienne actúan como catalizadores de la auto-realización del
otro”, aporta la guionista Ann Peacock. “Paul le permite a
Adrienne hacer lo que más le conviene a ella en lugar de lo que
se ha visto condicionada a hacer y Adrienne le permite a Paul
bajar la guardia y abrirse a la posibilidad del amor y el
perdón”.
“Es definitivamente una
historia para aprender”, sugiere Gere. “Todos somos niños
tratando de entender quiénes somos, dónde estamos y qué es todo
esto. Lo bonito en ‘Noches de tormenta’ es que muestra cómo dos
personas en crisis pueden superar sus barreras, acercarse la una
a la otra y tener un enorme impacto mutuo en un período de
tiempo relativamente corto”. Y ese impacto puede a menudo
superarles a ambos. De acuerdo con Di Novi: “Lo que descubren el
uno en el otro, el tipo de conexión que establecen, es una de
esas cosas únicas en la vida, un amor tan profundo que, como
dice Adrienne en la película, te hace que quieras compartirlo
con el resto del mundo”.
“Noches de tormenta” es la
tercera película en la que coinciden Richard Gere y Diane Lane.
Hace 24 años ya interpretaron a una pareja de amantes alocados
en “Cotton Club”, de Francis Ford Coppola, y más recientemente
han sido a una pareja cuyo tambaleante matrimonio sigue
irradiando calor en las cenizas en el memorable drama de 2002
“Infiel”.
A propósito de su más que
notable química en la pantalla, Gere y Lane empiezan a gastar
bromas incluso cuando se están riendo de ello. Lane cita el
ejemplo de los actores con una química fabulosa en la vida real
cuyas escenas románticas resultan inexplicablemente planas en
pantalla antes de bromear diciendo: “Richard y yo somos todo lo
contrario. No sentimos absolutamente nada cuando estamos
juntos…”, momento en el que Gere interviene para corroborarlo:
“Pero nada, nada de nada. Y, en cambio, mira lo que pasa en la
pantalla. Es un milagro”.
A decir verdad, continua
diciendo: “Nuestra amistad ha evolucionado con los años y se ha
convertido en una especie de confianza. Me encanta trabajar con
ella”. Gere también cree que las diferencias entre los que eran
en los tiempos de “Cotton Club”, como actores y como personas, y
los que son ahora, es algo similar al tipo de relación que se
establece entre Paul y Adrienne. “Lo importante para mí al
aceptar este papel, y creo que para Diane también, fue que no
era una historia sobre jovencitos que se enamoran. No es ese
tipo de película. Hay escenas en las que apenas nos miramos pero
existe una comunicación tan fuerte y profunda que se puede
sentir perfectamente”.
Lane añade: “Lo que puedes
aportar a una relación en ese momento es normalmente mucho más
que lo que puedes ofrecer a los 18. Tienes más perspectiva, más
personalidad y aprecias mucho más las cosas, y al otro”.
Y todos estos elementos se
dan la mano en el desarrollo de la relación entre Paul y
Adrienne, dos personas atrapadas por una tormenta en los Outer
Banks: “No parece que estés viendo a dos actores en ningún
momento. En lugar de ello, es como si estuvieras viendo a dos
seres humanos viviendo su vida”, señala Wolfe.
Al igual que siempre hay
una oportunidad para enamorarse y encontrar el sentido de la
vida, siempre hay una oportunidad para aprender, mejorar y hacer
lo correcto con la gente que te rodea. Aparte de Paul y Adrienne
hay otros actores clave en este drama que les ayudan o crean
problemas hasta hacerles llegar a esta encrucijada.
Es la tragedia de
Torrelson la que precipita el viaje de Paul a los Outer Banks y,
posteriormente, la oportunidad de buscarse en serio a sí mismo.
Es Jack, el marido de Adrienne, quien crea la crisis que la deja
a la deriva. Y es Jean con su decisión de dejar el hotel ese
fatídico fin de semana en manos de Adrienne quien les ofrece el
marco perfecto para que estalle la tormenta y se enamoren.
La situación de Paul con
Torrelson se produce casi al mismo tiempo que la ruptura de su
matrimonio y el mayor distanciamiento con su hijo pero, de los
tres problemas, éste es el que parece tener más fácil solución.
Wolfe lo explica así: “Paul está concentrado en su crisis
profesional. Se le ha muerto una paciente y su marido ha
presentado una demanda por mala praxis. Como suele pasarle a la
gente muy concentrada, profesional y formada como Paul, no está
especialmente bien dotado para hacer frente al fracaso, la
pérdida y la frustración. Es bueno solucionando las cosas. Le
gusta saltarse las complicaciones e ir directamente al
resultado. Y por eso ha acudido a Rodanthe para arreglar la
situación”.
Scott Glenn, que
interpreta al viudo, comenta: “Lo que Paul no entiende es que a
Torrelson no le interesa el dinero. No se trata de la demanda,
quiere una disculpa. Quiere asegurarse de que la persona que más
amaba y que ha fallecido no sea un número más, ya que era
alguien importante y valioso. Lo importante para él es llamar la
atención del medico y escucharle decir que se ha equivocado y
que lo siente”.
“Scott es genial”, afirma
Di Novi. “La escena en la que Torrelson se enfrenta a Paul es
indescriptiblemente hermosa. Se trata de un hombre que está
sufriendo mucho, pero al que le cuesta mucho expresarlo. Está
claro que es la primera vez que Paul tiene que conectar con otro
ser humano de esta forma”.
Mientras que Paul se
esfuerza porque su encuentro tenga algún sentido y se pregunta
cómo se va a enfrentar a su siguiente desafío — lograr acercarse
a su hijo —Adrienne está tratando de descubrir lo que siente por
Jack, cuyas encendidas peticiones, incluso en este lugar tan
remoto, le llegan muy de cerca a través del teléfono.
Christopher Meloni, que
interpreta a Jack, considera que su papel es “el de catalizador:
Jack es el resorte que pone en marcha el viaje de Adrienne. La
empuja a enfrentarse a este dilema en el que debe reconciliarlo
y analizarlo todo para descubrir qué está bien y qué está mal
para ella y qué va a hacer ahora”.
El papel es más complejo
de lo que podría parecer en un primer momento. Di Novi señala
que: “Aquí no hay malos. Nadie planea hacer nada mal. Adrienne
se enamoró de Jack por algo y tenemos que entender que es por
algo que ha estado tantos años casada con él. Era esencial que
el actor que interpretara a Jack fuera capaz de aportar todos
esos matices y que no fuera un personaje plano”.
“Tenía que ser un rival a
la altura, para que Adrienne pudiera verse verdaderamente
atraída hacia él y resultara creíble”, concluye Wolfe. Por
último, explica Meloni: “Jack es sincero al esperar formar parte
de la familia de nuevo, pero no creo que esté volviendo por los
motivos correctos. Incluso cuando es sincero, te das cuenta de
que hay algo que no está bien con él y, espero que el público
capte parte del recelo que Adrienne siente hacia él sin saber
necesariamente por qué”.
Una persona que sin duda
estaría de acuerdo es su leal amiga y confidente, Jean,
interpretada por Viola Davis. Jean aporta valentía, humor y
opiniones sinceras… sin que se le pida. Está claro que las dos
mujeres han vivido muchas cosas juntas, ya que la casa de Jean,
el hotel, está llena de cosas que las dos hicieron cuando eran
niñas, además de fotos y recuerdos que comparten el espacio con
los souvenirs de los viajes de Jean y la combinación ecléctica
de objetos de arte que ha elaborado ella misma o que ha ido
coleccionando a lo largo de los años.
En palabras de Di Novi:
“Jean representa a una mujer totalmente liberada. Sabe quién es
y no le preocupa lo que piense la gente. Da rienda suelta a la
expresión de su arte y su talento y vive la vida al máximo, tal
y como a Adrienne le gustaría hacerlo algunas veces”.
Sin duda, Adrienne tiene
esos mismos elementos en su naturaleza, pero, como señala Davis:
“Aunque Jean persiguió los sueños que ambas tenían cuando eran
jóvenes, Adrienne es la que aparcó algunos de ellos para criar
hijos y llevar una vida más estable y convencional, renunciando
a parte de su libertad y anteponiendo las necesidades de todos
los demás. Hacen una buena pareja porque la una equilibra las
decisiones de la otra compartiendo al mismo tiempo un mismo
punto de vista”.
De igual forma, el estilo
alocado de Jean es muy diferente de la vida que vive Davis, que
aportó nuevos matices al desafío y la diversión que implicaba el
papel, y ése fue uno de los motivos por los que Wolfe la eligió.
“Definitivamente nos soy yo”, explica. “Jean es mucho más
extravagante y libre y hace cosas que yo nunca haría. Yo soy
mucho más sensata e introvertida”.
Wolfe y Davis están ambas
vinculadas al Public Theatre, pero es la primera vez que las dos
colaboran tan estrechamente como director y actor. Al ficharla
para “Noches de tormenta”, confiaba en que “Viola sería capaz de
transmitir la calidez y vitalidad de Jean así como la fortaleza
de su alma, una mujer que defiende a capa y espada a su mejor
amiga”.
En el reparto también
encontramos a Mae Whitman (“Arrested Development”) que
interpreta a Amanda, la sensible y cabezota hija de Adrienne, y
cuyo deseo de que sus padres se reconcilien pesa mucho en su
madre, y Pablo Schreiber (“Bajo escucha”) que es Charlie, el
hijo de Robert Torrelson, que deja salir su dolor con toda su
rabia cuando Paul acude a hablar con ellos.
La producción comenzó en
mayo de 2007 en la pequeña ciudad de Rodanthe y su entorno en
los Outer Banks, una cadena de islas de unos 5 km que forman una
barrera en paralelo a la costa de Carolina del Norte y soportan
las duras y violentas condiciones oceánicas cada temporada.
También se les conoce como la “tumba del Atlántico” porque esta
región tan proclive a los huracanes presenta una de las mayores
tasas de naufragios del mundo.
“Los libros de Nick
siempre se desarrollan en Carolina del Norte, y Rodanthe es un
lugar aislado y muy concreto de los Outer Banks”, explica Di
Novi confirmando que los desafíos que supuso el rodaje allí bien
merecieron la pena. “Hay algo innegablemente mágico en este
lugar que sabíamos que no podríamos conseguir en ningún otro
sitio. Es un marco que rara vez se ve en el cine, un rincón
ciertamente único de EE.UU. que pocas personas conocen”.
Al buscar las
localizaciones para la película, Wolfe quedó especialmente
impactado por la forma en que los Outer Banks encajaban en el
drama romántico de la historia. “Es un paisaje increíblemente
hermoso, pero también vulnerable y expuesto, una extensión de
terreno relativamente estrecha rodeada por agua a ambos lados.
La fuerza del océano y el cielo se hacían sentir de verdad allí.
A mí me quedó muy claro cómo las fuerzas de la naturaleza
desempeñan un papel clave en el nacimiento del amor entre estas
dos personas”.
El guionista John Romano
señala cómo Nicholas Sparks sigue la tradición de los narradores
de historias de explotar esas poderosas fuerzas externas en el
estado emocional de sus personajes y el dramatismo de sus vidas.
“El huracán estalla en el exterior, haciendo que se unan, pero
también se produce una tormenta en el interior de la casa, entre
ellos dos, que es como un reflejo del de fuera. Existe un flujo
perfecto entre las turbulencias de fuera y las de dentro. La
intención de George era que eso se reflejara en la pantalla; se
ve en la forma en que lo imaginó él, en los diálogos, en la
forma en que lo filmó y en la que los actores lo interpretaron
con su tremenda capacidad para el subtexto”.
Aunque pueda ser cierto
que la naturaleza y las circunstancias conspiran dramáticamente
para unir a Paul y Adrienne, también es cierto que esas mismas
fuerzas parecían decididas a acabar con ellos y repartir todos
sus materiales a lo largo de la costa.
Wolfe recuerda con una
sonrisa: “Algunos días empezábamos a rodar y era como si el
océano dijera ‘No vais a grabar esa escena porque voy a llevarme
ese trozo del plató.’ Y así era. Así que teníamos que
reprogramarlo todo. Fue un proceso fascinante, especialmente
para mí, que he vivido de siempre en Nueva York y tuve que
negociar activamente nuestra relación con la naturaleza para
hacer lo que queríamos”.
A pesar de contar con una
cuidadosa planificación para evitar la temporada de tormentas,
la producción se vio sorprendida el segundo día por una tormenta
nor’easter, con vientos de 88 km/hora y lluvia. Fue la tormenta
más madrugadora en la zona de los últimos 30 años, y trajo
consigo las mareas más altas de la última década.
“La marea barrió casi la
totalidad de la arena que había debajo de la casa”, comenta la
oscarizada diseñadora de producción Patrizia von Brandenstein
(“Amadeus”), refiriéndose a la principal localización exterior
de la película: una estructura local ya existente que no sólo
había perdido más de 1 metro de arena de sus cimientos, sino
también dos tramos con escalones de 5,5 metros, además de todos
los equipos y bienes que se habían guardado allí. “Seguía en
pie, pero en un estado muy precario. Con la arena suelta y la
que se había llevado la marea, pudimos ver cómo se habían
colocado debajo de la casa unas grandes bolsas de arena para
estabilizarla durante una tormenta anterior, además de las
raíces y tocones de cipreses, probablemente centenarios, que
estaban ahora expuestos ahora al haber quedado al borde del agua
como un recuerdo de los tiempos en los que esta zona era un
bosque costero”.
Bajo el mando de von
Brandenstein, el equipo trajo varias unidades de construcción
del cercano Wilmington y trabajó durante cuatro días para
reconstruir la casa. “Las dos escaleras que habían desaparecido
con la tormenta aparecieron un par de semanas después y se
volvieron a utilizar”, comenta. “Con esta mentalidad
recicladora, les encontramos utilidad en los demás escenarios, y
eso le venía muy bien en cierto sentido a la historia. Me gusta
la idea de recuperar, de coger algo que parece una ruina y
reconstruirlo. Eso se puede ver en la forma en que Adrienne
convierte los maderos que flotan a la deriva en cajas de madera
y en cómo Paul recupera y reconstruye sus vidas”.
Los interiores se filmaron
en una confortable construcción para dos familias de Topsail
Island, a unos 65 km de Wilmington, convertida en un espacio más
grande en el que recrear el salón del hotel, el comedor y la
cocina con sólo quitar unas paredes.
Para Wolfe, el propio
hotel se convirtió en “un personaje más de la historia, un lugar
con historia y alma, cargado de años y vidas, una especie de
hogar de las fuerzas espirituales”. Consciente de la historia
multicultural única del lugar e imaginando la riqueza de su
historia para Jean y su hogar ancestral, trató de recrear
algunos de esos elementos en la decoración del lugar con los
numerosísimos objetos artísticos de temática espiritual que
generación tras generación decoraban el hotel y compartían su
espacio con las propias creaciones y colecciones de Jean fruto
de sus intereses y exploraciones.
Otro aspecto del
patrimonio cultural de Rodanthe se convirtió en uno de los
detalles exteriores del hotel más destacados, sus contraventanas
de un azul profundo al que, como Wolfe descubrió más tarde, la
población local denomina "azul haint” y que databan de los
tiempos en el que los sobrevivientes de los barcos de esclavos
naufragados se asentaron en la zona aportando la influencia de
sus culturas y religiones a la población indígena. De acuerdo
con la tradición local, la gente pinta las contraventanas de sus
casas de este color azul para mantener alejados a los “haints”
(espíritus merodeadores, en inglés antiguo). Aunque las leyendas
que hablan de visitas del más allá no son ya más que fábulas, la
costumbre, y el color, perduran en nuestros días. "Suele ser un
azul grisáceo, pero el nuestro era más oscuro porque a Jane le
gustan las cosas fuertes y vibrantes", comenta von Brandenstein.
Las contraventanas también
desempeñan un papel destacado para crear el tono de la tormenta
inminente. Su incesante resonar al chocar contra las ventanas
anuncia los problemas y ayuda a crear una sensación de
incertidumbre creciente y volatilidad hasta alcanzar el clímax.
El hotel y su complicada
topografía, el océano y el tiempo en su conjunto, como señala
Wolfe, “representan la vida. Incluso el hecho de que la casa
esté posicionada con el océano a un lado y la carretera
intercostera al otro, es representativo de lo que son la vida y
el amor, ambos frágiles y heroicos. Y, lo que es más importante,
es algo duradero, aunque parezca que nada puede durar.
“Creo que dentro de todos
nosotros existe una necesidad de ver una verdad emocional y
posibilidades emocionales cuando vamos al cine. Todos entendemos
lo frágil que es la vida, lo frágil que es el amor y lo precioso
que es el tiempo que pasamos juntos. En cierto sentido, la
felicidad es como una pompa de jabón: si la coges demasiado
fuerte, la destruyes. Es maravilloso ver a dos personas que
siguen aprendiendo quiénes son y reviven la idea de que es
posible vivir un gran amor”.
“Espero que el público
tenga la sensación de haber vivido algo junto con estos
personajes”, comenta Di Novi. “Me encantaría pensar que puedan
verse inspirados y animados y que salgan del cine con una
perspectiva un poco diferente. Puede que incluso salgan con
ganas de encontrar a esa persona especial si todavía no lo han
hecho o de cuidar un poco más lo que tienen”.
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Noches de tormenta" - Copyright © 2008 Warner
Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures y Di Novi Pictures.
Fotos por Michael Tackett. Distribuida en España por Warner
Bros. Pictures International España. Todos los derechos
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